Contribuciones a las Ciencias Sociales
Diciembre 2009

 

LOS ELEMENTOS DE COMUNICACIÓN Y SU IMPORTANCIA EN LA IMPLANTACIÓN DEL SISTEMA ECONÓMICO ROMANO EN LA PENÍNSULA IBÉRICA


Inmaculada C. Pérez Parra  (CV)
Juan Manuel García Barea
(CV)
jmgarciabarea@gmail.com

 

Palabras claves: vías de comunicación, rutas, caminos naturales, vías marítimas y vías fluviales.

Las vías de comunicación se consideran elementos activos dentro del proceso de romanización. La utilización de un sistema que conecte todo el territorio peninsular beneficia la labor romanizadora, pues permite elaborar un sistema de mercado económico mucho más amplio y controlado donde los productos tienen un mayor recorrido y rapidez entre zonas geográfica relativamente alejadas.
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Pérez Parra y García Barea: Los elementos de comunicación y su importancia en la implantación del sistema económico romano en la Península Ibérica, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, diciembre 2009, www.eumed.net/rev/cccss/06/ppgb4.htm 


Igualmente la capacidad militar romanos pueden actuar con mayor celeridad en los periodos de conquista por beneficiarse de un sistema de conexión territorial interregional, vías que pueden conectar perfectamente los territorios del sur con los del norte peninsular, al igual que las regiones del este y del oeste de la Península Ibérica.

Estos elementos que acabamos de comentar tienen como objetivo principal, tanto de forma directa como indirecta, la transmisión de pautas culturales ajenas a las tradicionalmente existentes en las poblaciones indígenas.

Antes de la llegada de Roma se conservaba una red de caminos naturales que servían como ejes de vertebración a la hora de la actividad económica entre los pueblo indígenas. Aunque no exista un sistema de mercado único, los contactos para conseguir productos deficitarios por determinados pueblos traerían consigo la creación de estas redes de caminos que lograban conectar unas regiones con otras, incluso a distancias amplias.

Roma no estaría al margen de este conocimiento e intentaría aprovechar este sistema para su benéfico económico. La conexión existente entre territorios es un elemento de avance en el proceso de romanización, pues Roma no se tiene que preocupar por realizar obras de ingeniería de gran envergadura desde un primer momento.

Aprovechando los recorridos previos los romanos puede tener mayor facilidad para acceder a mercados que producen cierto tipo de productos, conoce las distancias que hay entre ellos y, por supuesto, tienen facilidad para transportar a sus tropas en un territorio que en los inicios fue bastante desconocido.

La zona sur y este peninsular sí contarían con unas vías de comunicación más desarrolladas y de un trazado mayor, como por ejemplo sería la ruta de Hércules Heraclea. La presencia del mundo cartaginés, de la cultura griega y la explotación mineral de los yacimientos situados en Sierra Morena o en las cercanías de Cartago-Nova habían provocado la formación de estas vías que comunicaban por tierra estos núcleos de producción con las principales puertos financieros del sur y del este peninsular, preferentemente las ciudades de Gadir y Cartago-Nova.

La misma ruta Heraclea se ramificaba hasta contactar zonas tan alejadas geográficamente entre sí como el sur de la Península Ibérica con la zona norte de Italia y, posteriormente, se alargará hasta llegar a la capital romana y Roma lo adaptó a sus necesidades económicas

Otras de las rutas más importantes que desarrollaron su trazado por el sur peninsular era la que unía las ciudades de Gades, Carteia y Malaca; Cástulo e Hispalis y por último Carteia y Corduba

Hasta el reinado de Augusto prácticamente se conservarán los mismos sistemas de comunicaciones prerromanos sin apenas sufrir una alteración destacable. Las política de conquista de Augusto sobre los pueblos del norte de la Península y su recalificación del régimen administrativo republicano provocó el mantenimiento y la mejora de las redes de comunicación existentes.

Pero cuando hablamos de vías de comunicación no debemos pensar únicamente en las vías terrestres que cruzan la Península Ibérica.

La vía marítima representa un modelo de comunicación más seguro que el sistema terrestre que conectaba las ciudades portuarias con otras regiones de la cuenca del Mediterráneo.

Los grandes centros peninsulares marítimos se situaban en el este y en el sur de la mismas, zonas donde existía una tradición de puertos marítimos de importancia destacada con tradición prerromana. Estas ciudades serán centros urbanos con una importante capacidad financiera, veladoras de un sistema económico de mercado integrador del mar Mediterráneo y trasmisoras de dicha red a los territorios situados en su radio de acción, tanto zonas cercanas geográficamente como alejadas pero que mantienen vínculos comerciales con las mismas ciudades.

Además de las vías marítimas contamos con otro modelo de comunicación acuáticas, las vías fluviales. La comunicación marítima era un elemento básico en las relaciones comerciales con los territorios alejados, pero contaban sólo con la plataforma costera.

El interior del territorio estaba conectado a estos centros bien por vías terrestres, tanto de red secundaria como primaria en el caso de las ciudades más importantes. Si se daban las condiciones geográficas concretas, se realizaba el trazado de un sistema de comunicaciones fluviales que lograban conectar zonas costeras con zonas interiores.

Los grandes ríos de la Península Ibérica, como el Ebro, el Guadalquivir o el Guadiana, son propicios para que este sistema se plantee como medio de comunicación con unas cuencas amplias y con núcleos de población repartidos a lo largo de cada uno de sus orillas.

A su vez, los afluentes de estos ríos servirían como ramales de comunicación para conectar territorios todavía más alejados; e incluso estos afluentes de grandes ríos tendrían a su vez otros afluentes que, si la navegabilidad lo permitía, actuaban como nuevas vías interiores a menor escala pero válidas para el traslado de productos.

El sistema de interconexión entre territorios costeros hasta zonas del interior se realizaba mendiante embarcaciones que se adaptaban al contexto fluvial para navegar con movilidad por aguas poco profundas. Generalmente se utilizaban rates movidas a remo, las scaphae o embarcaciones auxiliares de descarga y además utilizadas para la pesca fluvial y lyntres, embarcaciones pequeñas de una sola pieza.

Pero todo este sistema de navegación y de organización comercial no surgía de manera innata y necesitaba todo un dispositivo de control y circunspección por parte de las autoridades romanas. Posiblemente toda esta trama que recorría el valle de un río fueron utilizados desde la etapa de los pueblos prerromanos interesados en la explotación económica del territorio.

Los productos agropecuarios y sobre todo los metales que surgían en zonas interiores eran trasladados desde esos puntos hacia los centros financieros importantes de la costa, aglutinantes de todo ese beneficio económico.

Roma, tras la conquista del territorios aprovechará de estas vías de comunicación para ejercer la misma función que hasta entonces habían desarrollado los pueblos prerromanos pero, posiblemente, adaptó este sistema a su propio conglomerado administrativo creando funcionarios y asociaciones de barqueros encargados de este trabajo.

BIBLIOGRAFÍA

ARCE, J., 1989: “Estrabón sobre la Bética”. Estudios sobre Urso, Colonia Iulia Genetiva, Sevilla, pp. 213-222.

DE FRANCISCO MARTÍN, J., 1989: Conquista y romanización de Lusitania. Ed. Univ. de Salamanca. Salamanca.

FORNELL MUÑOZ, A., 1997: “La navegabilidad del curso alto del Guadalquivir en época romana”. Florentia Iliberritana nº 8: 125-147. Granada.

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