Contribuciones a las Ciencias Sociales
Diciembre 2009

 

LA VIDA URBANA EN EL SUR DE LA PENÍNSULA IBÉRICA: PRERROMANOS VERSUS ROMANOS. EL CONCEPTO DE “NO CIUDAD”


Inmaculada C. Pérez Parra  (CV)
Juan Manuel García Barea
(CV)
jmgarciabarea@gmail.com

 

Palabras claves: romanización, urbanismo y “no ciudad”

Cuando analizamos a la zona del sur de la Península Ibérica en la época romana podemos caer en la confusión cultural del territorio. Dentro de esta región podemos diferenciar varias zonas: por un lado la zona turdetana que se correspondería aproximadamente con la zona conocida geográficamente como Andalucía Media-Baja, con límites geográficos difíciles de alcanzar y con vías acuáticas tan importantes como el río Guadalquivir y el río Genil.
 



Para citar este artículo puede utilizar el siguiente formato:
Pérez Parra y García Barea: La vida urbana en el sur de la Península Ibérica: prerromanos versus romanos. El concepto de “no ciudad”, en Contribuciones a las Ciencias Sociales, diciembre 2009, www.eumed.net/rev/cccss/06/ppgb3.htm 


Por otro lado la zona de la Alta Andalucía, identificada generalmente a través de los textos clásicos como Oretania que se corresponde con occidental y septentrional de Sierra Morena con componentes célticos y túrdulos.

Por último, la zona de costa atlántica y mediterránea, los sistemas penibéticos y la zona intrabética pobladas por componentes feno-púnicos, bastetanos y oretanos.

En la investigación del desarrollo del urbanismo durante la etapa romana existen dos tendencias principales: por un lado el interés de Roma por fomentar la vida urbana y por otro la de transformar el modelo urbano preexistente según su propio sistema.

Es cierto que Roma basa su actuación en convertir la vida de las poblaciones autóctonas. Por este motivo recurre al urbanismo como elemento conversor para la población en las zonas geográficas que por sus condiciones culturales se encuentran muy alejadas de dicho sistema. De ahí el fomento de la urbanidad.

Por otro lado está el término de transformar el modelo urbano preexistente. Por el verbo transformar no debemos entender el término desaparecer pues las ciudades indígenas se adaptaron al nuevo patrón urbanístico romano. Esta percepción hay que corroborarlas con ejemplos empíricos.

Si a Roma le interesa la explotación del territorio, primero tendrá que asentarse en zonas fértiles donde haya más recursos para abastecerse. Si los pueblos indígenas tienen núcleos de población fundados en esas tierras, lógicamente Roma aprovechará estos centros urbanos.

El territorio pasó a estar dominado por la nueva potencia mediterránea, pero la lógica de conservar los núcleos indígenas es beneficiosa para Roma, pues a medida que mantiene el contacto y la presencia con la población autóctona comienza a comprender el nuevo territorio conquistado, la sociedad indígena se favorece económicamente de la explotación del terreno.

La ciudad de Carteia, situada en la bahía de Algeciras, tradicionalmente denominada como primera colonia que funda Roma en la Península Ibérica en el 171 a.C. Pero en realidad fue una ciudad reconvertida porque en su origen fue un núcleo púnico, por lo que es un claro ejemplo del aprovechamiento de las construcciones prerromanas por los conquistadores. Es decir, el ser la primera ciudad que recibe un tratamiento político estatutario al ser nombrada como Colonia Latina Libertinorum, no significa que lleve consigo una reestructuración.

Pero tenemos otros ejemplos: los núcleos de Itálica y de Córdoba serán, a orillas del Guadalquivir, otras fundaciones en la región de la Turdetania. Por los textos clásicos se puede apreciar que ambos asentamientos se fundaron para agrupar a las tropas veteranas romanas pero las nuevas tendencias historiográficas piensan que estas ciudades poseen un carácter inconfundiblemente turdetano por el trazado y la ordenación del espacio urbano.

En la zona del este peninsular Roma también se aplicó este modelo de aprovechamiento de los núcleos urbano prerromanos ibéricos, donde además de aprovechar la propia estructura urbana se beneficiaron de los sistema se explotación económica de las tierras de la zona, especializados esencialmente en el cultivo del cereal y del olivo. Un ejemplo lo hallamos en Cástulo, ciudad prerromana que aún mantiene rasgos físicos urbanos a pesar de la llegada y la consolidación del nuevo pueblo conquistador.

Pero esta situación no es un elemento original de Roma, pues anteriormente Cartago no aplicó un cambio sustancial de la organización del territorio y de las explotaciones prerromanas. Sin embargo sí se ha sugerido que será en poca cartaginesa, y más concretamente en el periodo bárquida, cuando los asentamientos urbanos adopten una nueva planimetría a imitación del modelo griego.

Según investigaciones, la realidad prerromana que se nos ha transmitido a través de las obras latinas no ofrecen una visión exacta de los elementos culturales indígenas, por lo que dificulta nuestra comprensión sobre la urbanización en el sur peninsular. Por el concepto de no ciudad se debe entender que las realidades urbanísticas y organizativas del territorio indígenas se mantuvieron a pesar de la llegada de Roma a la vez que la no ciudad dominó la organización dentro de la Península Ibérica.

Es cierto que la creación de ciudades ex-nihilo y el fomento de la civitas romana provocó modificaciones en los sistemas sociales, políticos y económicos prerromanos. Es el caso del ager de las nuevas ciudades, que abarcó e integró terrenos pertenecientes a las antiguas ciudades indígenas. Pero en muchos casos la división territorial, el control y la explotación de estos terrenos seguían una directrices ajenas el modelo romano tradicional.

Los asentamientos indígenas mantuvieron su presencia en este nuevo sistema dominado por Roma. Los castella, que tradicionalmente se habían definidos como elementos urbanísticos de origen romano para el control del territorio que no ostentaban la “dignidad de la civitas” en realidad habría que entenderlos como centro urbanos indígena muy modestos, de carácter autónomo, militarizados y en los que apenas existía edificaciones de carácter monumental

Estos asentamientos se utilizaron para controlar, organizar y explotar el territorio que pertenecería a un determinado núcleo de mayor importancia y que pervivieron hasta la época Flavia, cuando ya quedan bajo la autoridad estatal romana.

Los castros también están documentados como sistema de poblamiento dentro del entramado de organización territorial en el sur de la Península Ibérica. Se relacionan con asentamientos de origen étnico que posteriormente que se integraron en determinados oppida en su proceso de constitución, como equivalente a pagi o vici”.

Los registros arqueológicos no son muy numerosos al respecto, por lo que la información que tenemos sobre estos asentamientos es muy escueta; sobre todo se concierne a la transmisión de información literaria que en muchos casos la terminología latina no consiguió explicar bien su contexto.

Y aunque se relaciona con el mundo agrario, por sus sobrenombres se pueden descubrir nuevos datos acerca de estos asentamientos: los pagi poseen un contenido muy heterogéneo que provoca que se relacionen con una serie de cronología, procedencia de grupos humanos, lugar geográfico o incluso actividades económicas determinadas, como pueden ser augustus, carbulensis y singilensis, suburbanus o marmorarius.

Las stationes también guardan un sustrato prerromano. Aunque su planteamiento en el sistema de organización económica del territorio (habría que hablar de reorganización) se ha relacionado desde la presencia de Roma, parece ser que este modelo consistió en realidad en unas adaptaciones urbanísticas de realidades indígenas preexistentes Este sistema estaba destinado a una función tributaria en vías que conectaban zonas de importante actividad económica.

De igual manera las turres eran construcciones que se relacionaban con el con el control de las vías de comercio de los productos minerales, desde las zonas de extracción y producción interiores hasta las ciudades comerciales situadas en la franja costera; o bien, eran modelos de construcción que se vinculaban a la organización territorial prerromana.

Por la aparición en estos núcleos de materiales constructivos y restos de cultura material romana se ha pensado que estas construcciones son creaciones de la política de conquista y explotación económica de Roma, aunque la nueva tendencia de la historiografía se decanta por relacionarlas con el mundo indígena.

BIBLIOGRAFÍA

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