La capacitación sistemática
La capacitación debe ser vista como una parte normal de la vida de trabajo de
toda persona, cualquiera sea su tarea o posición jerárquica. Toda persona que
trabaja debe tener la posibilidad de dedicar anualmente una parte de su tiempo
de trabajo (aproximadamente una semana cuando menos) a su propia capacitación.
Esto no es solo una proposición humanística: responde a una necesidad práctica
de las organizaciones en esta época de revolución tecnológica y de nuevas
exigencias de productividad. La experiencia ha mostrado que es la más barata y
rentable de las inversiones. De hecho, hay estudios que muestran que las 150
empresas que lideran los mercados mundiales, en ramas tan variadas como la
electrónica, los camiones, los seguros y los servicios de comida, entre muchos
otros, invierten anualmente en capacitación unos recursos que oscilan en
promedio entre el 8 y el 10 % de la masa salarial bruta, o sea realmente mucho
dinero.
Esos mismos estudios muestran, dentro de muchas variantes individuales, tres
grandes tendencias u orientaciones para la capacitación. La primera es la
actualización y profundización en la especialidad de cada uno, a fin de
mantenerse al día con los avances y mejorar la eficiencia. La segunda ya se
aparta de ese enfoque clásico y recomienda complementarlo con una ampliación de
la visión hacia otros campos vinculados con el propio, porque en una época tan
dinámica es peligroso para la propia estabilidad laboral el exceso de
especialización y porque se trabaja con más calidad cuando se conoce un campo
más amplio. En otras palabras, hay que buscar la polivalencia y la poli
competencia por la calidad del trabajo...y por la propia seguridad laboral. La
tercera reconoce la necesidad de conocer métodos y técnicas de dinámica social,
para desempeñarse mejor en el trabajo en equipo, que es básico en la nueva forma
de trabajar de las organizaciones.
Es importante saber que toda capacitación genera expectativas con respecto a las
posibilidades de aplicación. La organización que decide encarar seriamente un
programa de capacitación de su personal debe prepararse también para ofrecer
esas posibilidades de aplicación, a fin de no frustrar las expectativas
generadas.