El incremento de la competencia
La impresión general es que vamos hacia un mundo mucho más exigente, competitivo
e impredecible que aquel del cual venimos. Este cambio puede atribuirse al
derrumbe de los sistemas de economía centralmente planificada de los países
socialistas, a la hegemonía del sistema económico capitalista en su versión
neoliberal, y a la disputa por el aprovechamiento máximo de los factores de la
producción, como la mano de obra barata disponible en muchos lugares del mundo,
y la presión de los desempleados sobre el ingreso de los que conservan sus
empleos. Esas acrecentadas exigencias de competitividad exigen mejorar
substancialmente el nivel de calidad de los productos y servicios, de la
tecnología, del funcionamiento de las organizaciones y del desempeño de los
hombres, para conquistar niveles mas altos de eficiencia y competitividad .
En el campo de las manufacturas, es particularmente importante en las nuevas
condiciones la calidad de los servicios de apoyo (información al cliente,
posventa, garantías, financiación, capacitación, mantenimiento, etc.) como
fuente de ventajas competitivas entre productos que han evolucionado en su
calidad técnica, de prestación funcional y de satisfacción de los requisitos del
cliente, de manera muy similar.
El neto predominio actual de la oferta sobre la demanda efectiva ubica al
cliente como rey y árbitro de la situación, y hace de la fidelización del
cliente un objetivo central de las empresas, entre otras cosas, por los costos
crecientes de captación de clientes nuevos.
Para mantener competitividad suele ser indispensable, sobre todo en el nivel
internacional, la obtención de certificaciones de calidad de proceso, según
normas internacionalmente aceptadas, para sustituir la homologación por
producto, poco práctica en una época de permanente innovación tecnológica y
productos de corta vida, por una homologación por proceso, o empresa, que
asegure la posibilidad de acceso a nuevos mercados.