Descentralización vertical
La descentralización puede ocurrir en cuatro niveles diferentes, que también
pueden considerarse como formas de descentralización vertical: la
desconcentración, la delegación, la devolución y la privatización. Aunque la
desconcentración no implica crear otro órgano de gobierno subordinado, sí exige
la concesión de atribuciones precisas y permanentes a la entidad respectiva. Se
puede entender como el traslado de competencias de los niveles superiores de
administración a los inferiores; cuando hay dispersión del poder, sin embargo,
son pocas las decisiones que pueden adoptarse sin recurrir al centro. La
delegación encierra el traspaso de cierta autoridad y de algunas facultades de
toma de decisiones a los funcionarios locales, aunque la administración central
mantiene el derecho de derogar las decisiones locales y puede recuperar esas
facultades en cualquier momento.
Con la devolución se conceden facultades decisorias a las administraciones
locales y se permite que estas tengan plena responsabilidad, sin necesidad de
remitirse al gobierno central; ello implica facultades financieras, así como la
de ejecutar proyectos y programas de desarrollo local.
La privatización implica la descentralización de las funciones públicas en
beneficio de alguna entidad individual, colectiva o privada; esta forma, junto
con la anterior, constituye niveles más fuertes de descentralización.