B.- LA PERSPECTIVA FILOSÓFICA.
El estudio del concepto de cultura tiene como fundamento la pregunta por la
esencia misma del hombre: qué es, qué hace y por qué lo hace. Los filósofos
griegos representaban el concepto elitista de la cultura. Lo que parece ser
evidente del ser humano es que es capaz de simbolizar. Para el filósofo
existencialista Sartre (1960), la cultura es configurada por un "conjunto de
formas" en procesos de construcción, destrucción y reconstrucción, los cuales
constituyen la principal dimensión de la existencia de cualquier sociedad o
sujeto social. Las formas culturales de una sociedad determinada que vive estos
procesos de construcción, destrucción y reconstrucción, no hace recordar la
dialéctica Hegeliana de los procesos históricos. Por otro lado, Valentine (1970)
afirma que la cultura comprende todas aquéllas formas de observar el mundo y de
reflexionar sobre él, de comprender las relaciones existentes entre las
personas, los objetos y los sucesos, de establecer preferencias y propósitos, de
realizar acciones y perseguir objetivos.
André Malraux (1976) define a la cultura como "la unión de todas las formas de
arte, de amor, de pensamiento que, a través del curso de los milenios, han
permitido al hombre ser menos esclavo." La cultura es entonces una manera de
expresar la libertad, dice Malraux (1976) cuando afirma que "La cultura pues, es
liberación del hombre, liberación de la ignorancia, de la mendicididad política;
la cultura se nos presenta como el conocimiento de lo que ha hecho del hombre
otra cosa que un accidente del universo".
Béjar N. (1979) afirma que la cultura "es un proceso por medio del cual el
hombre se encuentra a sí mismo en su propio yo, en su familia, en su Estado
nacional, en la humanidad, puesto que su esencia como homo sapiens es un proceso
continuo de desbastar su medio y su persona, de "afinarse" es decir, de hacerse
más hombre, de encontrarse." Fundamentado en Kant, Nicola Abbagnano (1983)
conceptualiza la cultura como la formación, mejoramiento y perfeccionamiento del
hombre, al describirla como "la formación total y auténticamente humana del
hombre". Adorno (1986; citado por Espinoza y Pérez: 1994) afirma que " lo
específicamente cultural es precisamente sustraído a lo nudamente necesario".