1.- EL COMPONENTE INDÍGENA.
La cultura dominante durante la época prehispánica, es la cultura imperialista
del autoritarismo teocrático de los Aztecas impuesta por la fuerza a los demás
pueblos indígenas sojuzgados. Las bases para la legitimación del Estado Mexicano
en esta dimensión imperial de México-Technotitlan, las constituyen la religión y
los mitos de origen y ascendencia divina de los reyes, como el mito del Quinto
Sol, los cuales cohesionaron al pueblo y sus gobernantes nos explica Florescano
(1994). Bartolomé de las Casas (1974) relata que la sociedad indígena es una
sociedad altamente jerarquizada, en donde "la gente común de la tierra es la más
domesticada del mundo, es la más sujeta a sus príncipes e caciques" (Bartolomé de
las Casas 1974; citado por Espinoza y Pérez: 1994). Este orden prehispánico,
según Campos (1992) encuentra su expresión "En el orden estratificado de aquel
mundo cerrado y autosuficiente, el vínculo con la tierra era religioso y su
fertilidad la garantía visible del orden cósmico".
La cultura indígena es una "Cultura centrada en la religión ceremonial, la
guerra y el comercio; con una ciencia impregnada de religión y de magia, y por
lo tanto muy débil desarrollo de la tecnología...Cultura represiva y represora.
En la ceremonia equivalente al bautizo se decía al infante azteca: "habéis
venido al lugar de cansancio, de trabajos y congojas, donde hace frío y
viento..." (Rodríguez y Ramírez: 1992). Según Espinoza y Pérez, para comprender
la herencia cultural indígena,".. hay que penetrar en su cosmovisión cíclica,
del eterno retorno al origen (M. Eliade: 1960), de rituales, de purificación,
donde lo religioso y lo cotidiano, confunden su espacio y su tiempo." Este
componente actúa como "el inconsciente silencioso de nuestra personalidad social"
(Espinoza y Pérez: 1994).
El "Otro", es el concepto usado por los europeos para denominar originalmente al
indígena y que adquirió importancia desde el ex estructuralista búlgaro Todorov
"metió las narices en Colón y la conquista de México bajo el sonrosado escándalo
de una mujer indígena aperreada por alguno de los conquistadores", según reporta
Tola de Habich (1996). La expresión "encuentro con el Otro", es una expresión
con un "cierto sabor metafísico", nos dice Ginzburg (1996), "aunque en el seno
de estas relaciones pone de relieve la intersección e la otredad natural y la
cultural". Desde entonces, el concepto prevalece entre los académicos, sobretodo
los filósofos, sociólogos, psicólogos, etc., concepto que "ha sido clavado con
su alfiler y su bonita etiqueta a todo aquél que no rellenaba los requisitos
básicos del esquema racial ario de la civilización europea", concluye Tola de
Habich (1996).