Historia y evolución del pensamiento científico
Ramón Ruiz Limón
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Tipos de problemas del Conocimiento
Antes de
examinar las formas en que adquirimos el conocimiento y
sus fuentes, es quizás útil determinar si es razonable
aceptar que obtenemos alguna clase
de
conocimiento de alguna manera, y cuál podría ser el valor de tal
conocimiento, en el caso de que fuera aceptado que tal conocimiento
puede lograrse.
El problema ontológico o metafísico,
o
"¿Qué existe? La suposición básica conocida de
Rene
Descartes (1596-1650): "«Cogito, ergo sum» pienso, luego existo" se
originó
de
un problema largo tiempo recalcado por la teología de la Iglesia
Cristiana. ¿Cómo puede la "mente" conocer la "materia"? o en otras
palabras, ¿Cómo podemos llegar a conocer algo acerca del mundo?
¡Quizá es solamente una ficción
de
nuestra imaginación!... La respuesta ele Descartes fue ingeniosa y
persuasiva; continúa inquietando a los filósofos y científicos ele
hoy en clía. Permítaseme suponer, elijo Descartes, que nada existe
en lo absoluto acerca del universo, excepto, el hecho indiscutible
ele que estoy pensando, aquí y ahora, y que, debido a que estoy
pensando, debe existir una entidad que realiza el pensar, esto es,
Yo. Más aún, debe haber una parte ele mí que conoce y una parte (más
básica) que es como todo lo demás, un objeto de conocimiento.
Pero inmediatamente, Descartes se vio ante un problema
ulterior: ¿Qué sucede si sólo yo existo, y el resto del universo
existe solamente en los procesos de mi pensamiento? Descartes estaba
profundamente preocupado con esta posibilidad (que posteriormente
fue llamadla solipsismo), porque para un filósofo
religioso que no podía dudar de la existencia de Dios, el dudar ele
la existencia del universo implicaba que Dios podría estar jugando
un sudo truco de representación falsa. Es importante ciarse cuenta
que el paso de "pienso, luego existo" a "el
universo existe" no se da lógicamente, se da solamente si se
aceptan las premisas adicionales: "Dios existe y es infinitamente
bueno y honrado" y "Dios me da las percepciones del mundo". El
sofista Gorgias resolvió el dilema hace algunos 2500 años:
"Nada existe. Si algo existiera no podría ser conocido. Si
algo pudiera ser conocido no podría
ser comunicado". El no estaba interesado particularmente en los
dilemas lógicos y teológicos, y la preocupación del hombre por lo
espiritual relegó el problema hasta el siglo XVII.
Aún entonces, la conclusión lógica
final
cíe que nada existe, excepto la mente del que percibe, fue evitada
por Descartes,
Leibnitz
y
Berkeley.
Para ellos, Dios viene al rescate: si parece que el mundo está ahí,
así debe ser; parafraseando a Descartes: Dios no es un embustero de
confianza. El solipsismo, al negar la existencia del
universo, es por tanto ateísta y a la inversa; el teísmo tradicional
necesita de la consideración de que el universo es real. (Se podría
argüir que el solipsismo es una forma de teísmo que podríamos llamar
"autoteísmo", lo que significa "yo soy el Dios de mi propio
universo". Pero esta variante difícilmente podría ser considerada
"tradicional"). Hoy en cha, las ciencias exactas has exorcizado en
alto grado la duda última acerca
de
la existencia del mundo como un problema metafísico insoluble.
Ninguna respuesta puede ser aprobada o rechazada.