2.2. Distribución de los recursos.
En el Perú, se generaron asentamientos de riqueza, y esta concentración mantuvo
la influencia política de las elites más ricas, asentadas principalmente en la
costa peruana, que marginó a gran parte de la población, perdiendo así sus
potenciales aportes, la misma que todavía persiste hasta nuestros días. Esta
marginación se tradujo específicamente en un menor acceso a derechos políticos y
económicos de los que menos tienen, un desprecio por la raza indígena, acceso
limitado a la educación básica regular de calidad, acceso limitado a los
recursos naturales, uso restringido de las instituciones financieras y de los
derechos de propiedad. Persistiendo problemas como el régimen de servidumbre
colonial que se basó en la concentración de recursos naturales (minas y tierras
en manos de los españoles y criollos), en la servidumbre de la fuerza laboral
indígena, bajo diversas modalidades por lo menos hasta inicios de los años
setenta del siglo XX (Haber, 1997) y de fuerza laboral poco calificada hasta
nuestros días.
Como es conocido, las primeras estimaciones del nivel de desigualdad fueron
hechas por Richard Webb (1961) y por Adolfo Figueroa (1973). Sus resultados no
sólo confirmaron las hipótesis convencionales que la desigualdad en el Perú no
es solo una de las más extremas en América Latina, sino que, además, mostraron
que las drásticas reformas en el sistema de propiedad y en las instituciones del
Estado, como las que se intentaron en los años setenta, no tuvieron impacto
significativo en la reducción de las desigualdades.