URUGUAY
UN DESTINO INCIERTO
Jorge Otero Menéndez
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“Las Cuestiones se resuelven Lentamente”
Diversas personalidades, en nuestro país, mostraron un gran
conocimiento de la temática financiera que abordaban. Lo hacían, muchas de
ellas, con un ponderado sentido práctico. Quienes no procedían de ese modo
pretendían vencer la realidad en nombre de una irrestricta libertad económica.
La cual era tomada como un dogma. Así ha ocurrido casi desde siempre por estos
sitios: quienes lo defienden son también aquellos que terminan – o empiezan -
apoyando fórmulas autoritarias de gobierno. Sucede que es el único camino que
encuentran, desde su propia intolerancia, para hacer efectiva la dicha libertad.
No fue producto original de la casualidad que el denominado neo liberalismo
hincó sus más firmes raíces en las dictaduras del Cono Sur. Desde entonces sigue
vigente, llegando los gobiernos en su acatamiento, al extremo, en diversas
ocasiones, a favorecer la especulación. En última instancia, a socializar,
fundamentalmente, las pérdidas originadas en inversiones improductivas que
buscaban – buscan - obtener una mayor ganancia sin riesgo alguno. Y lo vienen
obteniendo. No pueden existir dudas que ese es su afán desde que, en cada
oportunidad que ocurre el favorecimiento a la actividad financiera, se advierte
de las consecuencias negativas que supondrá para el país. Si esa actividad no es
atendida, sin distinguirse entre el prudente ahorrista que busca cuidar su
capital y el especulador que aprovecha de tasas pasivas sensiblemente superiores
a las ofrecidas por los Bancos de primera línea en el mundo.
Si la primera vez los sucesos podían ser atribuidos a un error, la persistencia
en la aplicación de la política muestra la adhesión que los resultados
despiertan en ellos.
El caso de Julio Herrera y Obes y de varios de los integrantes de la elite de
entonces, por ejemplo, es el más claro en ese sentido. Tal vez por aquél tiempo
la transparencia informativa de los intereses de los ocupantes del poder fuera
mayor a la actual. O el del gobierno de Máximo Tajes a estar a la versión del
representante francés acreditado en Uruguay, aunque nada fue comparable a la
imoralidad reinante durante el período militarista. El conde de Saint Foix, en
informe enviado a su Ministerio el miércoles 6 de abril de 1887,
señala: « ....Las cuestiones se resuelven lentamente en Montevideo, sobre todo
cuando se trata de medidas financieras y de la distribución de innumerables
comisiones a los miembros del Gobierno y del Parlamento. Como éste debe discutir
los ocho ocho o diez proyectos sometidos a su aprobación y pagar en medio de
avideces varias la parte de cada uno, puede ser que nuestros financistas tengan
tiempo para presentar sus propuestas en Montevideo.
No se podría imaginar, señor Ministro, cuán viva ha sido la recuperación de los
negocios luego del fin de la dictadura del General Santos. Esta recuperación,
que se ha manifestado sobre todo en los ingresos de la Aduana y en el valor de
las propiedades inmobiliarias se debe a las reformas introducidas por la
Administración del General Tajes ..... todo el mundo aquí opina que los días
oscuros han terminado, que hay menos deshonestidad que en el pasado en el manejo
de los fondos públicos, y que el Uruguay jamás soportará el yugo odioso impuesto
desde hace ya siete años por una fracción militar cuyas exacciones inimaginables
habían dejado en seco un tesoro del cual se servían a puñadas los amigos del
Dictador y el General Santos el primero [1]».
[1] Citado por Benjamín Nahum en La crisis de 1890. Tomo 2. El testimonio
francés. Ediciones de la Banda Oriental 1999.