Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
PARTE TERCERA: LOS MARCOS CONCEPTUALES DE LA ECONOMÍA.
CAPÍTULO 7.- LA ESTATICA Y EL EQUILIBRIO: LA ECONOMÍA MARGINALISTA.
La escuela austriaca: Carl Menger
A propósito de Carl Menger, Friedrich A. Hayek (1935) decía: “La historia de la
economía política es rica en ejemplos de precursores olvidados, cuya obra no
despertó ningún eco en su tiempo y que sólo fueron redescubiertos cuando sus
ideas más importantes habían sido ya difundidas por otros. Es también rica en
notables coincidencias de descubrimientos simultáneos y de singulares peripecias
de algunos libros. Pero difícilmente se encontrará en esta historia, ni en la de
ninguna otra rama del saber, el ejemplo de un autor que haya revolucionado los
fundamentos de una ciencia ya bien establecida y haya conseguido por ello
general reconocimiento y que, a pesar de todo, haya sido tan desconocido como
Carl Menger. Apenas si existen casos paralelos al de los Principios, que tras
haber ejercido un influjo firme y permanente hayan tenido, debido a causas
totalmente accidentales, tan limitada difusión.” Por su parte, Joseph A.
Schumpeter (1954) nos dirá que “Menger ... pertenece al género de aquellos que
han sido capaces de demoler la estructura preexistente de una ciencia para
asentarla sobre fundamentos totalmente nuevos.”
El hecho de que William Stanley Jevons, Carl Menger y Léon Walras descubrieran
casi al mismo tiempo y cada uno por su lado el principio de la utilidad marginal
es tan conocido que no es necesario insistir en ello. No obstante, el
codescubridor austriaco del denominado principio marginal y de la teoría
subjetiva del valor, muestra claras diferencias con el economista británico. “A
diferencia de Jevons, Menger desarrolló su argumento más en función de unas
necesidades subjetivamente sentidas, que en función del placer.” (Spiegel, s.d.).
La discusión por Menger del valor y de la naturaleza de los bienes ocupa
aproximadamente la mitad del contenido de sus Principios de economía política.
El resto está dedicado a la exposición de las teorías de los precios y del
dinero. “Su teoría de los precios resultó, sin embargo, fragmentaria, ya que,
..., no incorporó a su análisis ni los costos, ni la oferta, y lo desarrolló
además en condiciones de trueque, en vez de servirse de la ayuda de las
funciones o curvas de demanda.” (Spiegel, s.d.; Hayek, 1935).
Finalmente, debe destacarse que Menger prefería interpretar las relaciones
económicas como causales y, de acuerdo con este criterio, definiría a los bienes
como cosas útiles que pueden entrar a formar parte de relaciones causa-efectos,
con respecto a la satisfacción de las necesidades humanas. En opinión de Spiegel,
la moderna economía no ha adherido a esta idea de Menger y ha preferido una
interpretación en forma de relaciones de interdependencia mutua.
En 1871, Carl MENGER llamaba utilidades o cosas útiles a aquéllas que tienen la
virtud de poder entrar en relación causal con la satisfacción de las necesidades
humanas. En aquellas cosas en que el hombre reconozca esta conexión causal y
tenga, al mismo tiempo, el poder de emplearlas en la satisfacción de sus
necesidades, las llamó MENGER bienes. Así pues, en su opinión, una cosa alcanza
la cualidad de bien si en ella confluyen las cuatro condiciones siguientes, a
saber: a) existencia de una necesidad humana; b) que la cosa tenga cualidades
que la capaciten para mantener una relación o conexión causal con la
satisfacción de dicha necesidad; c) un conocimiento por parte del hombre de esta
relación causal; d) un poder de disposición sobre la cosa, de tal modo que pueda
ser utilizada de hecho para la satisfacción de la mencionada necesidad. En
definitiva, cuando no confluyen todas y cada una de estas cuatro condiciones una
cosa no alcanza o pierde su cualidad de bien (Menger, 1871).
Sin embargo, esta relación de las cosas con los hombres no es, ni debe ser,
necesariamente una relación inmediata. Puede ser también una relación mediata.
De ahí que Menger nos hable de bienes de primer orden, bienes de segundo orden,
de tercer orden, ... y bienes de órdenes superiores. “Este orden indica tan sólo
que un bien -contemplado desde la perspectiva de una determinada utilización del
mismo- tiene una relación causal unas veces cercana y otras más distante
respecto de la satisfacción de una necesidad humana, y que no se trata, por
tanto, de una propiedad inserta en el bien.” “Lo primordial, a nuestro entender
[nos dirá Menger], es la comprensión de la conexión causal entre los bienes y la
satisfacción de las necesidades humanas y de la relación causal más o menos
directa de los primeros respecto de las segundas.” (Menger, 1871).