Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
CAPÍTULO 4.- LAS CIENCIAS SOCIALES: INTERESES Y MODOS DE EXPLICACIÓN.
Modalidades de explicación científica
En opinión de Jon Elster, la distinción más esclarecedora y fecunda es la que se
hace entre diversas modalidades de explicación científica, las cuales a su vez
están estrechamente relacionadas con estrategias de formación de teorías. Sólo
ciertos tipos de teorías pueden llegar a dar explicaciones satisfactorias en un
campo determinado. Distingue así entre explicación causal, funcional e
intencional; y tres campos de investigación científica: física -en sentido
amplio-, biología y ciencias sociales. La pregunta en este caso es ¿Qué tipos de
explicación son adecuados, característicos y pertinentes para qué campos de
investigación? No obstante, para este autor, la explicación causal tiene un
claro predominio sobre las demás.
Si bien para J. Elster cada una de las ciencias tiende a caracterizarse por un
tipo de explicación, de hecho los científicos sociales suelen ofrecer
explicaciones pertenecientes a los tres tipos. La medida en que esto es así es
una cuestión empírica en la cual no vamos a entrar. Por ejemplo, los economistas
han ofrecido, ofrecen y ofrecerán explicaciones causales, funcionales e
intencionales, y ello a pesar de que su ámbito «natural» sea el de ese último
tipo de explicación. Veamos, pues, el contenido de las mismas.
La explicación causal.
En principio debe distinguirse muy claramente entre la cuestión de la naturaleza
de la causación y la de la explicación causal, entre acontecimientos causales y
explicación causal. “Si un acontecimiento causó otro es una cuestión aparte de
por qué lo causó. La descripción de un acontecimiento por medio de sus rasgos
causalmente irrelevantes recogerá la misma causa, aun cuando no proveerá una
explicación de por qué tuvo ese efecto en particular” (Beauchamp Rosemberg,
1981). Los rasgos causalmente pertinentes son aquellos que se mencionan en la
ley causal que enuncia la conjunción regular bajo la que queda subsumido el par
de acontecimientos. Así, los enunciados causales verdaderos y singulares no
siempre proporcionan una explicación causal. Dan una explicación sólo cuando los
rasgos mencionados en el enunciado también están mencionados en la ley bajo la
cual quedan subsumidos los acontecimientos. El enunciado, suponiendo que sea
verdadero, de que «poner en un estante un ejemplar de la Fenomenología de Hegel
causó la rotura del estante» no explica nada, porque el rasgo causalmente
pertinente, es decir, el peso del libro, no se menciona.
La explicación causal, entonces, subsume los acontecimientos bajo leyes
causales. Dos casos importantes son los que podemos denominar epifenómenos y
causación precedente. Puede haber un enunciado universal, legaliforme y
verdadero que diga que A siempre es seguido por B y, sin embargo, B puede ser un
simple epifenómeno si A y B son ambos efectos de una causa común C. En otras
palabras, el problema de los epifenómenos es idéntico al problema de distinguir
entre la correlación verdadera (o explicativa) y la espuria. Además, puede haber
una ley verdadera que asegure que se produce A, dadas ciertas condiciones
iniciales, y, sin embargo, lo que verdaderamente produce A en un caso
determinado -donde se dan esas condiciones- puede ser un mecanismo totalmente
diferente que, por así decirlo, precede al mecanismo que subyace en esa ley. En
otros términos, el problema de la causación precedente es idéntico al de
distinguir entre obligación y explicación.
Por otra parte, en términos generales, se piensa que la relación causal obedece
a los tres principios siguientes: determinismo, localidad y asimetría temporal.