Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
CAPÍTULO 3.- LAS TEORÍAS COMO ESTRUCTURAS CONCEPTUALES
Los programas de investigación científica
Para Lakatos, las más importantes series de teorías se caracterizan por una
cierta continuidad entre sus miembros. Ésta se origina en un programa de
investigación que consiste en reglas metodológicas: algunas nos dicen las rutas
de investigación que deben ser evitadas (heurística negativa), y otras, los
caminos que deben seguirse (heurística positiva). “Se puede señalar que la
heurística positiva y negativa suministra una definición primaria e implícita
del «marco conceptual» (y, por tanto, del lenguaje). El reconocimiento de que la
historia de la ciencia es la historia de los programas de investigación en lugar
de ser la historia de las teorías, puede por ello entenderse como una defensa
parcial del punto de vista según el cual la historia de la ciencia es la
historia de los marcos conceptuales o de los lenguajes científicos.” (Lakatos,
1978, p 65, nota 155). Veamos, entonces, estos nuevos conceptos.
Todos los programas de investigación científica pueden ser caracterizados por su
«núcleo firme». La heurística negativa del programa impide que apliquemos el
modus tollens a este «núcleo firme». Por el contrario, debemos utilizar nuestra
inteligencia para incorporar e incluso inventar hipótesis auxiliares que formen
un cinturón protector en torno a ese centro, y contra ella debemos dirigir el
modus tollens. El cinturón protector de hipótesis auxiliares debe recibir los
impactos de las contrastaciones y, para defender al núcleo firme, será ajustado
y reajustado e incluso completamente sustituido. Un programa de investigación
tiene éxito si ello conduce a un cambio progresivo de problemática; fracasa, si
conduce a un cambio regresivo. Pero, el «núcleo» es «irrefutable» por decisión
metodológica de sus defensores; las anomalías sólo deben originar cambio en el
cinturón «protector» de hipótesis auxiliares «observacionales» y en las
condiciones iniciales. El auténtico centro firme del programa realmente no nace
ya dotado de toda su fuerza, por el contrario, se desarrolla lentamente mediante
un proceso largo, preliminar, de ensayos y errores (Lakatos, 1978, p 67).
El «progreso teórico» de un programa de investigación puede ser verificado
inmediatamente, pero no ocurre lo mismo con el «progreso empírico». Podemos
decir que hay que exigir que cada etapa de un programa de investigación
incremente el contenido de forma consistente; que cada etapa constituya un
cambio de problemática teóricamente progresivo. Además de esto, lo único que
necesitamos es que ocasionalmente se aprecie retrospectivamente que el
incremento ha sido corroborado; también el programa en su conjunto debe exhibir
un cambio empírico intermitentemente progresivo. No exigimos que cada nuevo paso
produzca inmediatamente un nuevo hecho observado. Nuestro término «intermitente»
suministra suficiente espacio racional para que sea posible la adhesión
dogmática a un programa a pesar de las refutaciones aparentes (Lakatos, 1978, pp
67-8).
Pero, además, los programas de investigación también se caracterizan por su
heurística positiva: por la construcción del «cinturón protector» y por la
autonomía relativa de la ciencia teórica. Un programa progresivo sólo puede
digerir la evidencia en contra de un modo fragmentario, las anomalías nunca
desaparecen completamente. Pero no hay que pensar que son abordadas en cualquier
orden o que el cinturón protector es construido de forma ecléctica, sin un plan
preconcebido. El orden suele decidirse en el gabinete del teórico con
independencia de las anomalías conocidas. Pocos científicos teóricos implicados
en un programa de investigación se ocupan excesivamente de las «refutaciones».
Mantienen una política de investigación a largo plazo que anticipa esas
refutaciones. Esta política de investigación, u orden de investigación, queda
establecida, con mayor o menor detalle, en la heurística positiva del programa
de investigación. La heurística negativa especifica el núcleo firme del programa
que es «irrefutable» por decisión metodológica de sus defensores; la heurística
positiva consiste en un conjunto, parcialmente estructurado, de sugerencias o
pistas sobre cómo cambiar y desarrollar las «versiones refutables» del programa
de investigación, sobre cómo modificar y complicar el cinturón protector
«refutable». (Lakatos, 1978, pp 68-9).
La heurística positiva del programa impide que el científico se pierda en el
océano de anomalías. La heurística positiva establece un esquema que enumera una
secuencia de modelos crecientemente complicados simuladores de la realidad: la
atención del científico se concentra en la construcción de sus modelos según las
instrucciones establecidas en la parte positiva de su programa. Ignora los
contraejemplos reales, los «datos» disponibles. “Si un científico (o matemático)
cuenta con una heurística positiva rehúsa involucrarse en temas observacionales.
«Permanecerá sentado, cerrará los ojos y se olvidará de los datos» ... Por
supuesto, en ocasiones preguntará a la Naturaleza con penetración y resultará
estimulado por un SI, pero no defraudado si oye un NO.” (Lakatos, 1978, p 69,
nota 167).
Esta metodología explica la autonomía relativa de la ciencia teórica. La
selección racional de problemas que realizan los científicos que trabajan en
programas de investigación importantes está determinada por la heurística
positiva del programa y no por las anomalías embarazosas. Éstas se enumeran pero
se archivan después con la esperanza de que, llegado el momento, se convertirán
en corroboraciones del programa. Sólo aquellos científicos que trabajan en
ejercicios de prueba y error o en una fase degenerada de un programa de
investigación cuya heurística positiva se quedó sin contenido, se ven obligados
a redoblar su atención a las anomalías (Lakatos, 1978, pp 71-2).
Esta metodología ofrece simultáneamente una reconstrucción racional de la
ciencia. O, en otros términos, es asimismo un programa de investigación
científico. Y, como programa de investigación científica, comparte algunos
puntos con sus rivales y cuenta con otros discrepantes. Así, toma del
convencionalismo la libertad de aceptar racionalmente, mediante convención, no
sólo los «enunciados fácticos» singulares en un sentido espacio-temporal, sino
también las teorías espacio-temporalmente universales .
La unidad básica para la evaluación no debe ser una teoría aislada o una
conjunción de teorías, sino un programa de investigación con un núcleo firme
convencionalmente aceptado (y, por tanto, «irrefutable» por decisión
provisional) y con una heurística positiva. “El científico enumera anomalías,
pero mientras su programa de investigación conserve su empuje, puede dejarlas
aparte. La selección de sus problemas está fundamentalmente dictada por la
heurística positiva de su programa y no por las anomalías. Sólo cuando se
debilita la fuerza impulsora de la heurística positiva, se puede otorgar más
atención a las anomalías. Así es como se alcanza la autonomía de la ciencia
teórica.
La metodología de Lakatos es más exigente que el convencionalismo. Ofrece
criterios de progreso y de estancamiento internos a los programas, y también
reglas para la eliminación de programas de investigación completos. Se dice que
un programa progresa mientras sucede que su crecimiento teórico se anticipa a su
crecimiento empírico; esto es, mientras continúe prediciendo hechos nuevos con
algún éxito (cambio progresivo de problemática); un programa está estancado si
su crecimiento teórico se retrasa con relación al crecimiento empírico; esto es,
si sólo ofrece explicaciones post-hoc de descubrimientos casuales o de hechos
anticipados y descubiertos en el seno de un programa rival (cambio regresivo de
problemática). Si un programa de investigación explica de forma progresiva más
hechos que un programa rival, supera a este último, que puede ser eliminado o
archivado .
Pero, dado que no debemos exigir la existencia de progreso para cada paso dado,
resulta muy difícil decidir cuándo un programa de investigación ha degenerado
más allá de toda esperanza o cuándo uno de los dos programas rivales ha
conseguido una ventaja decisiva sobre el otro. En la metodología de Lakatos,
como en el convencionalismo, no puede existir una racionalidad instantánea y
mucho menos mecánica. “Ni la prueba lógica de inconsistencia ni el veredicto de
anomalía emitido por el científico experimental pueden derrotar de un golpe a un
programa de investigación. Sólo ex-post podemos ser «sabios».” (Lakatos, 1978).
Pero, llegados a este extremo, surge un problema vinculado con el radical
convencionalismo de esta presentación de la metodología de los programas de
investigación científicos. Es necesario, y así lo hace Lakatos, postular algún
principio extrametodológico que permita poner en relación (por tenue que sea) el
juego científico de aceptaciones y rechazos pragmáticos con la verosimilitud. En
caso contrario, podríamos no ser capaces de distinguir el divertimento del
trabajo serio.