Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
PARTE PRIMERA
CAPÍTULO 2.- FILOSOFÍA DE LA CIENCIA.
Solo hay lo dado
En la postura del positivista se dividen las proposiciones significativas en dos
clases: las proposiciones formales como las de la lógica o las matemáticas
puras, que decían eran tautológicas, y las proposiciones fácticas, que se
requería fueran verificables empíricamente. Se suponía que estas clases
contenían todas las proposiciones posibles, de suerte que si una oración no
lograba expresar nada que fuese formalmente verdadero o falso, ni expresar algo
que pudiera someterse a una prueba empírica, se adoptaba el criterio de que ella
no constituía una proposición en absoluto; podía tener un significado emotivo,
pero literalmente carecía de sentido. “Es gibt nur das Gegebene” (“Sólo se da
[hay] lo dado”).
El criterio de verdad o de falsedad de una proposición se hallará en el hecho de
que, en circunstancias definidas (dadas en la definición), ciertos datos estarán
presentes o no estarán presentes. Si soy incapaz, en principio, de verificar una
proposición, esto es, si ignoro en absoluto cómo proceder o lo que tengo que
hacer para averiguar su verdad o su falsedad, entonces evidentemente ignoro lo
que efectivamente dice la proposición y seré incapaz de interpretarla, y de
advenir, con ayuda de definiciones, de las palabras a posibles experiencias, ya
que en la medida en que sea capaz de hacer lo anterior, seré también capaz de
enunciar, por lo menos en principio, su método de verificación (aun cuando,
frecuentemente, a causa de dificultades prácticas sea incapaz de realizarlo).
“La enunciación de las circunstancias en que una proposición resulta verdadera,
es lo mismo que la enunciación de su significado, y no otra cosa. Y ..., esas
“circunstancias tendrán finalmente que ser descubiertas en lo dado. El
significado de toda proposición en última instancia tendrá que ser determinado
por lo dado, y no por cosa alguna distinta.” (Schlick, 1932-33; p 93).
Una proposición posee un significado enunciable, sólo cuando muestra una
diferencia comprobable entre la situación de que sea verdadera y la de que sea
falsa. Una proposición que refiera una situación del mundo y la misma en los
casos de ser la proposición verdadera y falsa respectivamente, es una
proposición que no comunica nada sobre el mundo, es una proposición vacía, no es
posible otorgarle significado. Ahora bien, sólo tenemos una diferencia
verificable cuando ésta se realiza en lo dado, ya que sin género de dudas
verificable no significa otra cosa que «capaz de ser exhibido en lo dado». Por
ende, “Lo que da un significado teorético a un enunciado no son las imágenes y
pensamientos a que pueda dar lugar, sino la posibilidad de deducir de ella
enunciados perceptivos, en otras palabras, la posibilidad de su
verificación”(Carnap, 1935; p 10).
Pero estrictamente hablando, el significado de una proposición acerca de objetos
físicos, sólo se agotaría mediante un número indefinidamente grande de posibles
verificaciones; de esto ha de inferirse que en último análisis nunca es posible
demostrar que dicha proposición sea absolutamente cierta. En realidad, se
acostumbra reconocer que aún las proposiciones de la ciencia que poseen mayor
certeza, siempre son consideradas como hipótesis, constantemente abiertas a
mayor precisión y a perfeccionamientos. “De este modo, el significado de todo
enunciado físico, queda finalmente alojado en una interminable concatenación de
datos y, por ende, el dato aislado carece aquí de interés. De ahí que si alguna
vez dijo un positivista que los únicos objetos de la ciencia son las
experiencias dadas, es innegable que estaba equivocado; lo único que el
científico busca son las normas que regulan las conexiones entre las
experiencias y mediante las que éstas pueden ser previstas. Nadie negará que la
única verificación de las leyes naturales radica en el hecho de que permiten
formular predicciones exactas; de esta manera, queda refutada la objeción
corriente de que lo inmediatamente dado, que cuando más puede ser objeto de la
psicología, falsamente queda convertido en objeto de la física.” (Schlick,
1932-33, p 98).