Un recorrido por los marcos conceptuales de la Economía.
PARTE TERCERA: LOS MARCOS CONCEPTUALES DE LA ECONOMÍA.
CAPÍTULO 9.- LA IMPORTANCIA DE LA DEMANDA Y DEL CORTO PLAZO ECONÓMICO: JOHN
MAYNARD KEYNES.
Introducción
J.M. Keynes proporcionó un marco conceptual distinto al heredado. Subrayaba la
incertidumbre a la que se enfrentan los agentes y la volatilidad de las
expectativas, consideraba las demandas de inversión y de dinero como altamente
inestables, con elasticidades respecto al tipo de interés muy baja en el primer
caso y muy alta en el segundo; lo cual relegaba a una posición secundaria a la
política monetaria. El modelo tenía imperfecciones, como el venir referido a una
economía cerrada, cuya corrección, junto con el esfuerzo por depurarlos de los
rasgos debidos a la gran depresión, irían abriendo el camino a una
rehabilitación del pensamiento marginalista. No obstante, como ya había pasado
con la llamada revolución marginalista, la constitución de la gran síntesis no
fue inmediata y requirió un desarrollo desde los trabajos de Hicks y Hansen
(1937) y Don Patinkin (1956) hasta los autores de los manuales de macroeconomía
de los años setenta.
En la economía descrita por el modelo de Keynes, los mecanismos de mercado no
tendían a ajustarla a una situación de pleno empleo. La razón no estaba en la
rigidez a la baja de los salarios nominales, sino en la inflexibilidad del tipo
de interés, resultado de la preferencia por la liquidez del público, y de la
incapacidad de los tipos de interés alcanzables para suscitar una demanda de
inversión suficiente en situaciones de fuerte incertidumbre. De este modo, la
rehabilitación del pensamiento marginalista exigía detectar en el modelo de
Keynes los factores que podían desviar la economía, en el corto plazo, de las
sendas de normalidad, pero que no fuesen persistentes en el largo plazo. Así, la
confianza de los empresarios podía ser importante y hundir a una economía en una
depresión a corto plazo; pero a largo plazo tenderían a ceder ante factores y
fuerzas más objetivos. La demanda de dinero debía mostrar una mayor estabilidad
relativa frente a lo dicho por Keynes, sin trampas de liquidez y sin elasticidad
elevada al tipo de interés. Las fuerzas reales de la productividad y la
frugalidad tendrían a situar el tipo de interés a un nivel normal a largo plazo,
aunque factores monetarios pudieran mantenerlo desviado de la normalidad de
pleno empleo en el corto plazo.
Una vez introducidas estas piezas, junto con la curva de oferta en el mercado de
trabajo, se disponía de un modelo neoclásico de equilibrio general, que
describía una economía con tendencia a la posición de equilibrio con pleno
empleo a largo plazo a través del juego de los mecanismos de mercado
competitivos. Se obtenía así un equilibrio macroeconómico que completaba la
teoría del equilibrio general microeconómico trazada por Walras y Pareto.
En la economía competitiva descrita por el modelo de la síntesis, los agentes
continuaban sus transacciones hasta que los precios equilibrasen las ofertas y
las demandas de los mercados correspondientes; a largo plazo, era impensable un
hundimiento de las expectativas o una rigidez del tipo de interés, no era
posible la trampa de la liquidez, la plena flexibilidad de precios y salarios
aseguraría la tendencia de la economía al equilibrio con plena utilización de
los factores productivos a largo plazo. Bastaría, sin embargo, con introducir la
noción de inflexibilidad de los salarios monetarios en el corto plazo para que
el modelo pudiera generar situaciones de equilibrio de renta con paro
involuntario, en respuesta a desfallecimientos de la demanda agregada en el
período corto (Rojo, 1984). Se obtenía de este modo la síntesis neoclásica,
cuyas máximas figuras, dentro de una amplia bibliografía, serían Hicks (con su
artículo de 1937: “Mr. Keynes and the Classics: A Suggested Interpretation”),
Modigliani (“Liquidity Preference and the Theory of Interest and Money”, 1944) y
Patinkin (Money, Interest and Prices, 1965); sin olvidar a Samuelson, cuyo libro
de texto conformará el punto de inicio de la formación de generaciones de
economistas en todo el mundo.
El modelo neoclásico, con plena flexibilidad de precios y salarios y tendencia a
alcanzar el vector de precios correspondiente al equilibrio con pleno empleo a
largo plazo, se presentaba como el caso teórico general; el modelo de Keynes,
con rigidez a la baja de los salarios monetarios capaz de provocar situaciones
de equilibrio con subempleo, aparecía como un caso teórico especial, aplicable
al corto plazo -aunque se aceptaba que el caso teórico especial era más realista
en sus supuestos y, por tanto, de mayor valor en la economía aplicada. En
resumen, el modelo teórico a corto plazo -keynesiano- se presentaba como
derivado del modelo general a largo plazo -neoclásico- mediante la introducción
de un supuesto específico -la rigidez a la baja de los salarios-; el modelo
neoclásico ofrecía un integración de la teoría del valor y la teoría de la renta
y, a través de él, la macroeconomía aparecía fundamentada en la microeconomía
más tradicional.
El esquema teórico básico estimuló, por una parte, la búsqueda de los
fundamentos microeconómicos de la macroeconomía y, por otra, los estudios
empíricos orientados a contrastar y depurar las hipótesis articuladas en el
modelo. Además, a partir de este marco conceptual, parecía posible formular e
instrumentar políticas macroeconómicas con una elevada fundamentación
científica. Esta formulación de políticas se vio facilitada por el esquema IS-LM.