CUESTIONES

Francisco Javier Contreras H.

NO MEZCLEMOS RELIGIÓN CON POLÍTICA

No debemos mezclar religión con política, son dos cosas que hacen daño juntas. Esto es como revolver agua con aceite, y todos sabemos que no se pueden juntar. El agua pura es buena para tomar, quita la sed y nos da mil satisfacciones más; el aceite puro nos sirve para comer, aderezar los alimentos, y mil cosas más; pero si los mezclamos queda una cosa echada a perder: lo que resulta, ni sirve para quitar la sed, ni sirve para freír un huevo, ni sirve para nada. Igual pasa cuando revolvemos religión con política.

Religión es un camino para relacionarse con Dios, es una ruta espiritual que esperamos nos ayude a alcanzar la perfección y por ello nos lleve al cielo y; entre tanto se da ese caso, nos permita vivir mejor. Política es un camino para imponer el punto de vista de mi grupo sobre el grupo contrario; INTENTANDO GANARLE A MI PRÓJIMO JAMÁS LOGRARÉ LA PERFECCIÓN. Cuando revuelvo religión con política; utilizo el ansia de servir a Dios de mis seguidores, para que apoyen la imposición de mis puntos de vista sobre los puntos de vista del grupo contrario. No bueno. No señor, No bueno.

Cristo nos aclaró que lo de Dios a Dios y lo del César al César. Nunca dijo que aprovechemos las cosas de Dios para dominar al César, o que nos sirvamos de su palabra para hacer que otros hagan las cosas como nosotros queremos. Hay una sutil diferencia entre dar a otros un consejo sobre cómo ser mejores, que pretextando que yo poseo la verdad completa, presionarles para que actúen como yo quiera.

A los que no alcanzan a separar la religión de la política, se les denomina fundamentalistas. Son personas que en la escala evolutiva social están muy atrasados; son niños, socialmente hablando. Aclaremos este punto:

Así como un ser humano vive etapas; por ejemplo: un día es bebé, luego niño, adolescente, joven, adulto, etc.; así mismo los grupos sociales, los pueblos y las personas como integrantes de una mentalidad colectiva, viven etapas evolutivas: Un tiempo son bebés y viven la inocencia de la ignorancia; otra fase son niños y su mentalidad es tan reducida que sólo pueden entender dos opciones: bueno-malo, verdad-mentira; mientras que un adulto puede entender que una cosa puede ser verdad y parecer mentira o ser mentira y parecer verdad; o que la cuestión no es tan simple como verdad o mentira, sino que la cosa tiene sus asegunes.

A la mayoría de los que son adultos les ha pasado que se les dificulta explicar a un niño una determinada reflexión sobre algo, porqué el niño en su limitado estado mental, reduce toda la cuestión a verdad o mentira y desde esa óptica no coincide con la resolución que ha tomado su papá. Si este personaje desea platicar con su hijo, deberá adecuarse a la edad mental que tenga su infante, pero sobre todo pensar bien antes de hablar y decidir con tiempo, qué le platico a mi hijo y qué no; y de lo que sí le digo, buscar la mejor manera de que el menor me pueda entender; pero sobre todo, habrá cosas que puedo intentar platicar con mi hijo y cosas que mejor no le menciono hasta que esté más grandecito.

Aunque hay gente de toda en todas partes, hay sociedades donde un alto porcentaje de sus habitantes son adultos mentalmente hablando, y otras donde predominan los “niños mentales”, etc. La diferencia entre unas y otras sociedades es que en general las “sociedades adultas” tienen instituciones sociales sólidas, dirigen su vida por ideas; mientras que los “pueblos niños” sólo siguen al caudillo en turno y a sus impulsos, nunca una idea.

Las sociedades “adultas” necesariamente serán democráticas, porque cada uno de nosotros tiene su forma de pensar y la única forma en que pueden convivir personas que piensan diferente, es respetándose mutuamente. En las sociedades niñas, la mayoría piensan igual, tienen formas de gobierno de un solo partido dominante, o de un caudillo que impone su criterio a los demás; aquí no se vale pensar por sí mismo, y se ve mal al que piensa o actúa diferente al sentir predominante.

Cuando se ve eso con el tema de religión, veremos que en las sociedades adultas muchos tienen su propia forma de recapacitar y por ello generan muchas formas de pensamiento y por ende diversos grupos religiosos; mientras que las sociedades niñas, porque necesitan a un adulto o caudillo al cual seguir, son de una sola forma de pensar, y forman países donde el noventa y tantos por ciento son de la religión oficial. A mayor atraso social, mayor porcentaje de personas vivirán de conformidad con una sola forma de pensar. Y se justificarán diciendo, que qué bueno que todos estamos en el lado correcto de la verdad. Los líderes religiosos de algunos de esos países, envían a sus talibanes o muyahidines a matarse y matar en nombre de Dios, enseñándoles que eso está tan bien que hasta el cielo se van a ganar; y al que más mata o conduce a otros a matarse, lo consideran un santo de su religión, y lo ponen como ejemplo a seguir.

Por lo anterior veremos, que las sociedades niñas, desde el punto de vista religioso, son fundamentalistas, no siguen a una idea sino a un líder religioso y hacen lo que éste les diga, aun cuando vaya abiertamente contra los principios de su religión. Por eso en las sociedades fundamentalistas es muy común que en nombre de Dios se vaya a la guerra, pero siempre porque uno de sus líderes les dijo a todos que deberían hacerlo, inventando enredos teológicos para contradecir el “no matarás” con el pretexto de que en este caso sí se puede matar, porque es para “defender” a Dios. Como si Dios ocupara que lo defiendan.

Las sociedades adultas, desde el punto de vista religioso, se guían por los principios de su religión y entienden que el amor al prójimo empieza con el respeto a los demás y que no es adecuado decir que yo tengo la verdad completa y además, que el que no piense como yo, porque está equivocado, me da derecho a obligarlo a que piense como yo, por su propio bien.

Como se entenderá después de esto, las sociedades niñas revuelven religión con política, porque su limitado estado mental solo les permite reducir todo al binomio bien-mal, verdad-mentira. Algunos países socialmente atrasados como Arabia Saudita, revuelven tanto las cosas, que incluso sus leyes fundamentales, son su libro religioso, El Corán.

Algunos países avanzados, como Estados Unidos, por ejemplo, desde su fundación se centraron en la Confianza en Dios, en la separación entre iglesias y estado, en el respeto a cualquier forma de entender y alabar a Dios. Los avanzados generan respeto, y como consecuencia progreso, los atrasados generan talibanes, guerras religiosas, “santas” inquisiciones, intolerancia hacia los que piensan diferente, y por ello, más atraso social y económico.

Los estados atrasados acostumbran ser teocráticos, es decir gobiernan sus sacerdotes y esto lo hacen oficialmente o de manera encubierta; en algunos países, como Irán, aunque oficialmente tienen un gobierno laico, en la práctica el gobernante no puede llegar a serlo, si no lo apoya el líder religioso; y de la misma manera, antes de hacer cualquier cosa importante, el gobernante deberá obtener el visto bueno del sacerdote principal o si no, se lo carga catufas. Lo que a fin de cuentas nos dice que el gran elector de esos países, no es el pueblo, sino el líder religioso mayor de la región o estado de que se trate: y él es quien realmente tiene el poder, aunque encubierto, tras bambalinas, para aparentar que el que realmente manda es el gobernante “electo”.

Las sociedades avanzadas necesariamente serán laicas, y esto significa, respetuosos de la forma de pensar de cada uno de los demás. Los padres peregrinos, que fundaron a Los Estados Unidos, era gente sumamente religiosa, y vinieron de una Europa que en ese tiempo se desgarraba en guerras de religión entre católicos y protestantes, donde cada bando trataba de matar a más gente del bando contrario, para imponer por la fuerza su criterio de cómo debería amarse a Dios y a sus prójimos; y ellos, los fundadores del nuevo país, llegaron a la conclusión de que la única manera de convivir en paz era sacando la religión de la política, de tal manera que un asunto lo vieran los políticos y el otro los religiosos. Ellos lo pusieron en práctica en el año de 1620, cuando tras haber logrado la mayoría de edad, fundaron ese país, y confiaron en Dios para hacerlo, no en algún caudillo religioso.

Como dijo Jesús: el que pueda entender, que entienda.

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