CUESTIONES

Francisco Javier Contreras H.

¿PUEDE HABER UNA GUERRA SANTA?

¿Puede haber una guerra santa? Si el hecho mismo de que una diferencia de opinión se resuelva a golpes implica ya una derrota del género humano. Si una guerra está más al nivel de una pelea de perros o un pleito de cantina, que de un arreglo de diferencias entre seres humanos; ¿cómo pues podríamos hablar de una guerra santa? ¿Se puede usted imaginar a dos hombres santos, como por ejemplo Gandhi y Buda, resolviendo sus diferentes puntos de vista a golpes? ¡Entonces no puede haber una guerra santa! La guerra es y será siempre un duelo de poder a poder, una medida de fuerza entre dos que se creen poderosos, como cuando dos perros pelean para ver cual de los dos va a mandar en la manada.
Se ha dicho que la primer baja de una guerra es la verdad. Y es que cuando un jefe de un ejército quiere mandar a su gente a invadir otro país, lo primero que hace es mentirles, para que no se vean a sí mismo como los malos: tiene que engañarlos para que sientan que son los buenos y que iniciar una guerra es necesario para salvar a su país. Cuando Estados Unidos invadió México en 1847, les hizo creer a sus soldados que se veían forzados a iniciar la guerra porque los mexicanos era gente muy mala que constantemente invadían a los Estados Unidos y mataban a los pobrecitos americanos en su propia tierra. Igual Hitler, antes de invadir Polonia e iniciar la II Guerra Mundial, les dijo a sus soldados que tenían que defender a su país de las constantes agresiones que los polacos le hacían a Alemania. (Como si los polacos no hubieran sabido que el ejército de Alemania era 15 veces más poderoso que el de ellos)
Y así han empezado todas las guerras, engañando a sus propios soldados para que no se sientan mal de matar a sus semejantes, y haciéndoles creer que hacen un buen servicio al ir a la guerra. Por eso no puede haber guerras santas, porque si son guerras, siempre serán una lucha de dos poderosos, que están midiendo sus fuerzas, que se creen más poderosos que su contrincante, pero que a sus soldados les dicen que tienen que defender el bien, porque el contrario es un ateo, impío y malo hasta la jija y Dios necesita que lo defiendan. ¡Como si Dios necesitara que lo defiendan! ¡Hágame usted el favor!
Puede haber si, una guerra necesaria. Como cuando te invade un país extranjero, que es lo mismo que si un ladrón se mete a tu casa; ahí no hay de otra, tienes que defenderte del opresor; porque el hecho mismo de que un tipo armado, confiado en la superioridad de sus armas, se meta a tu territorio a quitarte lo tuyo o a hacerte su esclavo; ahí no te deja otra alternativa más que te defiendas como puedas.
¿Pero se hará una guerra santa para resistir a un invasor? Posiblemente la religión fuera el factor de unión de un pueblo desorganizado, y con esa coordinación, logre más eficientemente rechazar al enemigo. Pero en el caso de una guerra civil, de una guerra entre hermanos, ¡que un bando utilice la religión para jalar adeptos a su causa… quizá sea perverso! Es como si una pareja estuviera en proceso de divorcio y en vez de intentar arreglar pacíficamente sus diferencias, uno de ellos les dijera a sus hijos que ataquen al otro cónyuge, porque Dios apoya su punto de vista. ¿Cómo decir que Dios quiere pelear de su lado? ¿Por qué va uno con más frecuencia a la iglesia, que el otro? ¿Por qué cree que reza con mayor eficacia que los otros? ¿Porqué uno supone que los otros no creen en Dios?
¡Invitar a pelear a otros para defender la causa de Aquel que ordenó poner la otra mejilla al que te ofende! A ver cómo se lo explican a Él cuando estén dándole cuentas. Si Él le ordenó a Pedro, “Apacienta mis ovejas” y éstos en su nombre los ponen a matarse unos a otros. ¿Acaso los contrarios no eran también hijos de Dios? ¿No habían sido bautizados? ¿No era también ovejas a las que se había de apacentar? ¡Y en vez de procurar la paz y la concordia entre hermanos, se les hizo pelear! ¡Y todavía hay quien quiera recordar esos hechos con orgullo! ¡Y aún hay quien les llame a esa época, tiempos heroicos! Ya nomás falta que alguien le quiera levantar un monumento a la ignorancia, o a la mentira.
¿Que hubo mártires? ¡Claro que los hubo! Pues no hay guerra que no lastime a inocentes. Precisamente eso es una de las características que más envilecen a una guerra: que hace sufrir a inocentes. Pero aclaremos: si dos borrachos de poder, pelan en una cantina, eso es más parecido a una pelea de perros que a una discusión para defender la verdad, y si en lo que se tiran golpes, lastiman a un inocente que sólo estuvo cerca de los carambazos, éste podrá reaccionar metiéndose a la pelea o perdonando la ofensa. Si se enciende y participa en la contienda, quedó al nivel de los rijosos; si perdona la ofensa dando testimonio de su verdad cristiana: por ello será un testigo de Cristo, será un mártir, será un Santo. ¡Pero eso no significa que su sacrificio santificó la pelea que lo lastimó! A los que pelearon, y a los que instigaron la pelea, en su momento se les pedirá cuentas como peleoneros, y al que dio testimonio de ser gente de Dios, en su momento se le dará la Palma de la Victoria, ¡pero que los que peleando hicieron sufrir a inocentes, se quieran justificar con la santidad del mártir! O que pretendan que por ello, su pelea fue santa… por favor…
Pero lo que es más: si el que ayer promovió una pelea, hoy le levanta un monumento al mártir para justificar sus acciones pasadas; ni santifica sus peleas, ni el reconocer lo heroico del Santo lo justifica como lastimador de inocentes: por muy heroica y ejemplar que pueda haber sido la muerte del mártir. Una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa.
Y sin embargo, si alguien hubiera dado su vida en una mala lucha, pero creyendo por ignorancia que lo hacía por una buena causa; éste tendría que ser recompensado, aun cuando habría que ver hasta dónde él es responsable de su propia ignorancia. Porque hubo tiempos en que por maldad se ocultaba La Verdad al pueblo y hay tiempos en que La Palabra está disponible para todos, pero a veces, alguno, se hace pato y no se informa. Pero lo que es más, aun cuando por malicia alguien te encubra La Verdad, el hombre por el hecho de serlo, tiene una vocecita que le dice que algo está bien o está mal: si quiere escuchar, escuchará, pues Jesús dijo: “El que busca, encuentra” y no lo diría de balde.
En estos tiempos hay gente que muere en muchos lugares del mundo creyendo servir a Dios. Algunos se hacen matar con explosivos para matar a los que consideran malos, a los que sus líderes les han dicho que son malos. Y en toda la historia de la humanidad, y en muchos países, ha habido gente que manda a otros (no van ellos personalmente) a matar a sus hermanos en nombre de Dios, y luego, como parte de la propaganda de guerra, continuando con la mentira, propagan la idea de que el asesino fue un mártir y que es bueno imitarlo. Hablan como portavoces de Dios, pero actúan como si estuvieran seguros de que Dios no existe: ojalá que cuando estén ante su presencia, lo puedan convencerlo a Él, de que hicieron su voluntad, siempre que mandaron a unos a matar a otros… en su nombre.

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