Los signos de interrogación (¿?) y exclamación (¡!) son dos: el de apertura y cierre, que se colocan al principio y al final del enunciado respectivamente. En nuestra lengua es obligatorio poner siempre el signo de apertura, que no deberá suprimirse a imitación de otras lenguas. Estos signos encierran enunciados que, respectivamente, interrogan o exclaman. Los primeros se emplean para delimitar enunciados interrogativos directos; los segundos, demarcan enunciados exclamativos e interjecciones. Ejemplos:
¿Has traído los libros que te pedí?
¡Cómo me alegro de que estés aquí¡
1 Estos dos últimos usos están fuera de la curva melódica, es decir, no emplean la subida y bajada bruscas que caracterizan a los enunciados en los que se emplean estos signos.