MIGRACIÓN INTERNACIONAL Y CRECIMIENTO ECONÓMICO EN MÉXICO

MIGRACIÓN INTERNACIONAL Y CRECIMIENTO ECONÓMICO EN MÉXICO

Martina Rodríguez Domínguez (CV)
Universidad Autónoma de Baja California

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1.2. El desempleo en la región centro occidente de México

Las relaciones económicas, políticas, sociales y culturales entre México y Estados Unidos de América han sido asimétricas y subordinadas. La migración internacional en México se remonta al siglo XIX vinculada al dinamismo económico del oeste de los Estados Unidos de América y a la demanda de fuerza de trabajo mexicana que se nutre de trabajadores de la región centro occidente de México, (Delgado & Márquez, 2007).
Un nuevo ciclo de la dinámica del fenómeno migratorio mexicano hacia los Estados Unidos de América se correlaciona con las transformaciones de la estructura y la organización de la economía estadounidense, la reestructuración del modelo económico mexicano, las diversas políticas migratorias norteamericanas, el impacto de los tratados comerciales y un contexto general creciente de la globalización por lo que los nuevos patrones de migración México-Estados Unidos de América se caracterizan por un desgaste en la circularidad migratoria, con un carácter más permanente, diversificación ocupacional y sectorial, dando lugar a un nuevo orden migratorio (Leite, Angoa, & Rodríguez, 2009).
En la década de los setenta, después del auge de la economía mexicana, emergen algunos problemas estructurales. La agricultura en México mostró signos de agotamiento y en estados como Zacatecas y Guanajuato y en algunas regiones de Jalisco y Michoacán la actividad agrícola declinó. La falta de opciones productivas para el campesinado por la erosión de sus tierras terminaron por reducir los rendimientos por hectárea y la rentabilidad de los cultivos de temporal; posteriormente la crisis mundial en 1973 con una recesión inflacionaria hizo estallar la política del desarrollo estabilizador y la situación se agravó hacia 1976, contrayendo la economía. Y aunque el boom petrolero estimuló un periodo de expansión (1978-1981) la economía mexicana cae posteriormente en una profunda crisis; entonces la migración se convierte en una verdadera válvula de escape (Tuirán(b) & Ávila, 2010).
La migración internacional se considera como una respuesta inevitable de la expansión del proceso de producción capitalista que incorpora proporciones crecientes de población. Con el fin de obtener mayores ganancias de los recursos agrarios y para competir en los mercados globales, los agricultores han mecanizado la producción disminuyendo la necesidad de mano de obra y expulsando muchos trabajadores de la producción. Además la sustitución de cultivos básicos por comerciales socava las relaciones sociales y económicas tradicionales basadas en la subsistencia, de tal modo que los pequeños agricultores y campesinos son expulsados de los mercados locales, lo que contribuye a la generación de una fuerza de trabajo móvil desligada de la tierra (Massey(b), Durand, & Malone, 2009). Estudios empíricos que analizan el impacto económico y social de la emigración y remesas en la región centro occidente, revelan que, entre muchas otras causas de la migración internacional están la situación de atraso y el estancamiento, o el resultado de los procesos de modernización social que desequilibran las estructuras de las comunidades (Canales(c), 2008).
Sin embargo, el deterioro de los ingresos de los individuos en términos reales ha generado la entrada en el mercado de trabajo de cónyuges inactivas, adolescentes y la reconversión de asalariados que son aquellos miembros de la familia de los migrantes que operan o administran microempresas que fueron creadas con ingresos por remesas y que les permite transformar su estatus de asalariado a no asalariado y la creación de empleos, sin embargo este panorama no frena las corrientes migratorias hacia los Estados Unidos de América (Papail, 2003).
En México, la migración temporal se ve reforzada por las oportunidades de trabajo en el lugar de destino. La demanda de mano de obra en la agricultura californiana constituyó la base de la migración temporal que enfrentó los problemas estructurales de la economía mexicana creó las bases de la migración permanente (Lozano, 2004).
Desde otra visión, la ineficiencia del mercado se justifica por las rigideces del sector laboral mexicano entre las que pueden mencionarse los sindicatos, salario mínimo, contrato colectivo, jornada de trabajo por día y no por hora, etc., que impiden su correcto funcionamiento, por lo que la existencia del desempleo se adjudica a la falta de reformas estructurales que promueven el libre mercado, aunque la liberalización del mercado de trabajo va acompañada de una creciente asimetría social que favorece al capital en detrimento de la clase trabajadora (Rodríguez & Gaona, 2011).
La frontera que comparten México y los Estados Unidos de América de más de 3100 kilómetros de longitud registra cuantiosos cruces fronterizos en ambos sentidos que están acompañados por corrientes migratorias integradas por personas que buscan cambiar su residencia o trabajar en el vecino país. Entre las fuerzas que contribuyen a estructurar este complejo sistema migratorio está el considerable diferencial salarial entre ambas economías (Tuirán(b) & Ávila, 2010). Según registros del Bureau of the Census en 1990, el ingreso medio de los hogares de los migrantes mexicanos (24,119 dólares) era sensiblemente más bajo que el de los hogares estadunidenses (35,225 dólares). A pesar de pertenecer a grupos de ingresos bajos en los Estados Unidos de América, los ingresos que percibían los migrantes mexicanos en ese país eran mucho más altos que los ingresos que prevalecían en México (Papail(b), 2002).
Algunas investigaciones argumentan que los envíos de remesas provenientes de la migración internacional se han convertido en el patrón de crecimiento regional en algunas regiones de México (Mendoza J. E., 2006).
Otros factores que propician la migración en la región centro occidente de México, aparte de la oportunidad de empleo están la búsqueda de educación y otras oportunidades inexistentes en el lugar. La política pública ha priorizado satisfacer las necesidades de la población urbana sobre las de la rural, la región centro occidente tenía el 9.8 de analfabetismo, superando el promedio nacional, acentuando la desigualdad regional y social, según información del XII Censo General de Población y Vivienda 2000, (Zamora, 2004).
Los atentados del 11 de Septiembre del 2001 cancelaron las expectativas de lograr un acuerdo sobre migración y borraron prácticamente el tema de la agenda de dialogo binacional y colocaron el tema de la seguridad nacional en el centro de las preocupaciones, lo que acentuó las inquietudes de los Estados Unidos de América respecto a la migración indocumentada e hizo más visibles las iniciativas a contener el flujo (Tuirán(b) & Ávila, 2010).
La crisis financiera de 2007 dio paso a la profunda recesión de 2008 a 2009, con alcance mundial desde la gran depresión de 1929-1932. Las políticas gubernamentales han sido relativamente eficaces en contener la contracción de las economías, sin embargo los efectos sobre los mercados laborales han sido muy severos en Estados Unidos de América. A finales del 2009 el desempleo afectaba a 10% de la población activa y el mercado de la construcción era el más castigado. Esta situación se refleja en inflexiones en las tendencias de los flujos migratorios y en el envío de las remesas, por ejemplo, en 2006 y 2009 la salida de mexicanos disminuyó en un 60%, las remesas registran una disminución del 15% en 2009 (Piñeiro, 2010).
La disminución en los flujos migratorios mexicanos se relaciona con un contexto político y social, la recesión de la economía estadounidense ha incidido negativamente en los niveles de empleo y condiciones laborales de la población migrante mexicana (CONAPO, 2010).
En otro sentido, como resultado de la alta intensidad migratoria en los estados de la región centro occidente de México, se han registrado tasas de crecimiento poblacional negativas. En el año 2000 Zacatecas fue un claro ejemplo de este fenómeno, considerando que se perdió población joven en edad de trabajar por migración internacional (CONAPO, 2010).
Hacia la década del 2010, México está marcado por un patrón de escaso crecimiento. La economía experimenta una aguda contracción económica y una disminución de ingresos de remesas del exterior. En Estados Unidos de América la fuerte caída de la demanda de trabajadores migrantes ha frenado la continuidad del fenómeno migratorio, aunado a los pronósticos de que la economía mexicana apunta hacia una débil recuperación e insuficiente patrón de crecimiento (Alba, 2010).
La migración genera pérdida de capital humano en los lugares de origen, independientemente si es mano de obra no calificada o trabajadores calificados. Cuando la emigración es muy significativa la pérdida de población puede disminuir el potencial productivo en los lugares de origen, desincentivando de esta manera el crecimiento económico (CONAPO, 2010).