COMPONENTES DE SOSTENIBILIDAD DE LA VIVIENDA TRADICIONAL EN EL ÁMBITO RURAL DE LA REGIÓN HUASTECA DE SAN LUIS POTOSÍ: HACIA UNA ARQUITECTURA RURAL SUSTENTABLE.

COMPONENTES DE SOSTENIBILIDAD DE LA VIVIENDA TRADICIONAL EN EL ÁMBITO RURAL DE LA REGIÓN HUASTECA DE SAN LUIS POTOSÍ: HACIA UNA ARQUITECTURA RURAL SUSTENTABLE.

Rigoberto Lárraga Lara (CV)
Universidad Autónoma de San Luis Potosí

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2.2.2-Sostenibilidad en la arquitectura

En este contexto, el concepto de sostenibilidad en la arquitectura ha venido a ser el “paraguas” que, según Pedemonte y Yarke (2009), ha venido a cobijar una serie propuestas que tienen como objetivo colaborar en la relación sociedad-ambiente. Entre las mencionadas están: la arquitectura sustentable, la arquitectura bioambiental, la arquitectura bioclimática, la arquitectura solar, la eco-arquitectura, la arquitectura natural, la arquitectura verde, green building, de alta calidad ambiental, de alta eficiencia energética, edificios inteligentes, con aplicaciones en energías renovables, con aplicación en energías apropiadas, con análisis en ciclo de vidas de materiales, con gestión eficiente de recursos, con gestión participativa, autoconstrucción sustentable, eco-villas, etc.
Entre las distintas propuestas se pueden identificar las que son opuestas entre sí, desde las que privilegian la investigación científica (edificios inteligentes de alta eficiencia energética) hasta las que valorizan la ejecución práctica (bio-construcción).
Por otro lado, podemos diferenciar las posiciones que nacen y se valorizan en el “mercado”, que aspiran a ser una “marca” (Green Building), que proponen soluciones exclusivas y, por ende, elitistas y que se apoyan firmemente en recursos tecnológicos (a veces sofisticados); de aquellas propuestas de construcción dirigidas a sectores sociales de escaso nivel económico y fuerte conciencia ecológica (ecovillas), utilizando tecnologías muy simples rescatadas con frecuencia de los sistemas constructivos tradicionales, con utilización de materiales y saberes locales.
La comprensión de la sostenibilidad en la arquitectura (SA) aún tiene mucho camino por recorrer en la actualidad existen muchos proyectos que defienden su colaboración en el concepto SA sin embargo solo aportan parcialmente en algunas de las dimensiones, proponiendo algunos accesorios (enotecnias) que le dan cierto color verde al discurso. Por otro lado en la construcción de indicadores de sostenibilidad se ha avanzado en mayor medida, siendo la construcción de la vivienda una de las actividades humanas importantes de la sostenibilidad.

2.2.3-Indicadores de sostenibilidad

En el tema de indicadores de sostenibilidad existe un gran número de propuestas por citar sólo algunas: Huella ecológica y Reporte del Planeta Vivo (WWF, 2008; ILAC 2005); Indicadores de Desarrollo Sustentables (Agenda 21, 2000); el Informe del Estado del Mundo (WWI, 2008); Indicadores de Desarrollo Humano (PNUD, 2009); Indicadores para América Latina y el Caribe (CEPAL, 2001); Indicadores para Desarrollo Sustentable de la OCDE y el BM (2003), Reporte Geo (PNUMA, 2002-2010); Recursos Mundiales (PNUD:2004); Indicadores de Calidad de Vida (2005); Objetivos del Desarrollo del Milenio (ONU, 2010). En todos ellos la vivienda es parte importante por su relación directa con las ciudades y la cantidad de insumos que requieren y de desechos que generan.
En México, en el año 2000 se generaron 113 indicadores de sostenibilidad de los cuales 39 son de presión, 43 de estado y 31 de respuesta. Los primeros indicadores ofrecen información referente a las actividades humanas que ejercen presión sobre los recursos naturales; el segundo tipo de indicadores provee información de las condiciones ambientales, por ejemplo la deforestación, la contaminación de mantos friáticos; el tercer timo de indicadores nos muestra como las instituciones, las empresas y la sociedad toman acciones concretas ante la problemática ambiental y en pro de la sostenibilidad. Todos ellos trabajados según las hojas metodológicas propuestas por la Agenda 21; posteriormente, se generaron 38 indicadores ambientales respondiendo a las metas y metodología de la Iniciativa Latinoamericana y del Caribe para el Desarrollo Sustentable, con 6 temas centrales. Uno de ellos, el más relacionado con la vivienda, es el de “Vulnerabilidad, asentamientos humanos y ciudades sostenibles” (ILAC: 2005). A nivel local en el Estado de San Luis Potosí, existen los Indicadores de Sostenibilidad Urbana (tesis doctoral Villasís: 2010).
Los indicadores son instrumentos en la evaluación de la sostenibilidad que nos permiten ordenar los datos de tal manera que ubican la realidad y su distancia del “deber ser”. El “deber ser” según Nieto L. (2010) es el marco de referencia que un indicador necesita para ubicarse a que distancia esta de su objetivo o meta, sobre este tema Ángel F. Ángel A. (2002), Bartholo R. et al. (2000), González R. Arnaiz, Graciano (s/f), Motomura, O. (2002), refieren reflexiones sobre la ética de la sostenibilidad y la responsabilidad como capacidad de dar respuesta a las necesidades presentes.
Los indicadores no son en sí mismos un fin, éstos se constituyen en una herramienta para la toma de decisiones. Según Segnestam (2002) los indicadores están estructurados por marcos de referencia o criterios de trabajo que permiten su interpretación y nos ayudan a su comprensión. Existen por o menos tres tipos 1- basado en proyectos, 2- el elaborado por la OCDE Presión-Estado-Respuesta (PSR) y sus variantes (DSR,PEIR, DPSIR). Y el 3- basado en medio ambiente y temas del desarrollo sostenible. Ante la necesidad de hacer frente a los problemas relacionados con el desarrollo y sus consecuencias al medio ambiente, se ha hecho necesario más y mejor información que nos permita tomar decisiones y dar rumbo hacia la sostenibilidad. Por ejemplo, en México, como producto de las políticas y acuerdos internacionales, existen planes y acciones para la erradicación de la pobreza (PND, 2009-2012), en donde se requiere la mayor cantidad de información posible para la correcta instrumentación de los subsidios.
Para la evaluación de la sostenibilidad de la vivienda los indicadores tienen una fuerte relación con el contexto urbano. Winston y Pareja (2007) hacen un estudio del papel de la vivienda dentro de los indicadores de sostenibilidad, y mencionan que “la vivienda puede tener importantes efectos negativos sobre el medio ambiente; sin embargo, la vivienda es uno de los aspectos más descuidados de la sostenibilidad y la disponibilidad de indicadores de vivienda en conjunto de indicadores internacionales de sostenibilidad es muy limitada” (Winston y Pareja 2007: 212).
Winston y Pareja (2007) concluyen que la vivienda tienen un gran potencial para contribuir en la sostenibilidad, que las dimensiones más importantes de la vivienda sostenible son: económica, social, ambiental. Los autores mencionan un fuerte vínculo con bienestar social, la cohesión y calidad de vida.
MacLaren (1996) propone para los indicadores de vivienda los siguientes criterios: validez científica, credibilidad, perspectiva holística, ámbito de aplicación adecuada; pertinencia; elementos esenciales; énfasis en la desigualdad y en los problemas de distribución; de respuesta al cambio; comparabilidad y facilidad de entendimiento, sin ambigüedades.
Hernández (2003) hace una categorización de los indicadores de sostenibilidad relacionados con la vivienda, encontrados en los programas locales (aplicados como respuesta a la Agenda 21) de 30 municipios españoles firmantes de la Carta Aalborg. El autor encontró 1,273 indicadores, los cuales categorizó en 4 aéreas: económicos (5 categorías); medioambientales (8 categorías); sociales (7 categorías); y urbanísticos (4 categorías). Hernández (2003) integra, además del concepto de calidad de vida, el de Bienestar e Identidad, incorporando con ello el área cultural en los indicadores locales.
En la construcción de indicadores de sostenibilidad de la vivienda, organizaciones internacionales como la Comisión de Naciones Unidas para el Desarrollo Sostenible (UNCSD), Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OECD) y la Unión Europea (EU) están contribuyendo a su desarrollo. No obstante, según Wiston (2007) éstos se pueden mejorar con los indicadores de la dimensión cultural. La mayoría de los indicadores para la vivienda sustentable propuestos giran en torno a la calidad de vida, materiales de construcción y su impacto en el ambiente, equidad social, entre otros.
Así, por ejemplo, los indicadores de sostenibilidad relacionados con la vivienda contemplados por la EU son: el acceso a la vivienda digna, dimensiones, disponibilidad de la vivienda, complementos de la vivienda, estado de reparación, tipo de tenencia, accesibilidad a la infraestructura urbana y de servicios, contaminación, asequibilidad, seguridad, evaluación subjetiva de la vivienda, falta de espacio, personas sin hogar, uso de energía, necesidad de jardín, entre otros.
En México, tenemos un Programa de Certificación de Construcciones Sustentables para el Gobierno del Distrito Federal (2008), que sintetiza las experiencias internacionales desarrolladas desde 1994 alrededor del mundo. Los criterios especificados en este programa tienen que ver con energía, agua, manejo de residuos, calidad de vida, responsabilidad social, impacto ambiental y otros impactos, otorgando a cada uno una puntuación determinada con base ponderada sobre 100 puntos. Por la naturaleza de agregación de estos indicadores, la construcción de un índice complejo que pondera de igual forma a cada uno de los componentes y además que está sólo referenciado al ámbito urbano, es necesario una proponer indicadores más adecuados a la realidad rural en nuestro caso de estudio.
Fuera de los Indicadores Urbanos de Sostenibilidad para San Luis Potosí Elaborados por Villasís (2010) no existe un antecedente cercano para evaluar la sostenibilidad de la vivienda tradicional, pero sí existe un gran número de propuestas metodológicas en las cuales podemos adecuar y generar los indicadores propios para la Región Huasteca de San Luis Potosí.

2.2.4-Dimensiones y criterios de la sostenibilidad en la vivienda tradicional

Utilizando las dimensiones propuestas por la Agenda 21 local (Ambiental, Social y Económica), la metodología revisada por Segnestam (2002), las dimensiones cultural (Hernández, 2003; Toledo, 1999) y la institucional/política (Toledo, 1999), consideramos 5 dimensiones con el fin de ordenar de manera más apropiada los datos generados.
Los criterios seleccionados que nos permitirán relacionar los datos con el “deber ser” de la sostenibilidad son: para la dimensión económica el criterio es la equidad; para la dimensión social son la calidad de vida y la participación comunitaria; para la dimensión ambiental los criterios son la conservación y el manejo sustentable de los recursos naturales; para la dimensión institucional, el criterio es la gobernanza; en la dimisión cultural los criterios son la continuidad y el cambio del conocimiento tradicional (UNESCO: 2009).
Dentro de estas 5 dimensiones se generarán indicadores de Presión, Estado y Respuesta utilizando la metodología propuesta para la Agenda 21 local. Estos indicadores están planteados en términos de autosuficiencia, autogobierno, y auto-dependencia (Tetrault: 2004), los cuales se establecen como el “deber ser” de la sostenibilidad. A medida que se acerquen los pueblos a los estándares de sostenibilidad tendrán mayor control: ambiental, social, económica, institucional y cultural (Toledo: 2000).
De esta manera, distintas fuentes proponen como “el deber” ser para la vivienda tradicional las siguientes metas ordenadas en las 5 dimensiones de la sostenibilidad.

Dimensión ambiental: el desafío de la conservación y el manejo sustentable de los recursos.
Proteger el sistema biofísico que permite la obtención de insumos a la vivienda.
Usar de manera sustentable los ecosistemas y la naturaleza.
Utilizar preferentemente recursos locales, naturales, abundantes renovables, bioasimilables, aceptables por la población local.
Aplicar el principio de reciclaje y re-uso en todos los procesos materiales posibles reduciendo desechos.
Desarrollar procesos de producción, construcción y explotación no contaminantes ni agresivos para el medio.
Priorizar el uso de recursos (materiales, agua, energía) del entorno natural en la edificación, considerando la capacidad de carga de este y estableciendo compensaciones si esta es superada.
Reducir en general el consumo de materiales en la edificación, instrumentar el uso de materiales renovables y/o con menor consumo energético en su fabricación y puesta en obra y/o reciclados o reutilizados.
Analizar el ciclo de vida de los materiales y evaluar el costo total en términos energéticos incluyendo sus externalidades derivadas del transporte.
Reducir la producción de residuos en las fases de construcción y demolición y reciclar y revalorizar los residuos resultantes.
Incrementar la eficiencia energética de la edificación tanto en la fabricación de materiales, como en la fase de construcción y puesta en obra, así como en el ciclo de vida completo de la vivienda.
Implementar el manejo integrado de los desechos sólidos domésticos, incluyendo el tratamiento y la deposición final adecuada

Dimensión Social: El desafío de la calidad de vida en la vivienda tradicional
Permitir el desarrollo del capital social para su reproducción en el presente y futuro.
Superar el déficit de vivienda y servicios de saneamiento.
Satisfacer las necesidades humanas de de la vivienda (Hernández: 2003)
Satisfacer las necesidades de vivienda en el presente y en el futuro.
Garantizar la equidad en la oportunidad de acceso a la vivienda (m2 y calidad).
Fomentar la diversidad de soluciones arquitectónicas que satisface la mayor parte de sus necesidades de vivienda.
Lograr la confiablidad en la estructura y materiales empleados y acabados por parte de los ocupantes.
Facilitar la construcción, rescate y bienestar de la cultura bioclimática y su aceptación de sus ocupantes en relación al bienestar social.

Dimensión Política/Institucional: el desafío de la gobernanza y la participación comunitaria
Facilitar la participación comunitaria y la gobernabilidad democrática en los comités de desarrollo y mejoramiento de vivienda.
Promover instrumentos y regulaciones legales para asegurar la sostenibilidad ambiental de la vivienda tradicional.
Facilitar la participación comunitaria en los consejos consultivos en los temas relacionados con la vivienda.
Descentralizar territorios y toma de decisiones.
Ejercitar el derecho y la participación de pueblos indígenas.
Dimensión económica: el desafío de la equidad
Alcanzar la autonomía e independencia de los organismos crediticios para la construcción de vivienda.
Fortalecer la autonomía en la gestión, tiempos y costos de la vivienda tradicional.
Permitir poca o nula dependencia externa de materiales y conocimientos constructivos, con lo cual se robustece la autosuficiencia y relativa independencia de las comunidades rurales.
Garantizar la vivienda accesible al 100% de la población costos de construcción acordes con el contexto económico local caracterizado por baja liquidez y abundancia de fuerza de trabajo.
Fortalecer la equidad en la oportunidad de acceso a una unidad de vivienda de iguales dimensiones y calidad.
Buscar el bajo costo de sustitución de vivienda en caso de contingencia ambiental (inundaciones).
Fortalecer las relaciones de solidaridad e intercambio de fuerza de trabajo que permite un precio accesible aún 100% de la población.

Dimensión Cultural: el desafío de la continuidad y el cambio del conocimiento tradicional en la vivienda (UNESCO: 2009)
Promover el uso y desarrollo de tecnología tradicional para la vivienda en un proceso de adaptación continua de los ecosistemas locales.
Incorporar eficientemente innovaciones sustentables a las necesidades contemporáneas de los usuarios de la vivienda tradicional.
Facilitar la trasmisión del conocimiento racional de generación a generación.
Fortalecer los lazos de identidad cultural a través de la unidad del paisaje arquitectónico y su relación estrecha al entorno natural.
Permite la diversidad de soluciones arquitectónicas que satisfacen a la mayoría las necesidades de sus usuarios y enriquece la diversidad cultural.
Permitir la continuidad en la conservación del conocimiento arquitectónico ancestral –parte del patrimonio cultural de México-.
Proteger el conocimiento indígena y la trasmisión del conocimiento en el seno de las comunidades.
Alcanzar la participación de la mayor parte de los integrantes adultos, hombres y mujeres, de cada familia en los proyectos de construcción.

Estas metas fueron extraídas de diferentes fuentes (ver Figura 2) y fueron construidas por categorías de análisis de acuerdo a los criterios de sostenibilidad seleccionados y construyen el “deber ser” de la sostenibilidad de la vivienda tradicional en la Huasteca Potosina.
Figura 2. Cuadro de autores especializados
Metas para la sostenibilidad
“el deber ser”
Sostenibilidad ambiental Sostenibilidad Económica Sostenibilidad social Sostenibilidad cultural Sostenibilidad institucional
Alucino (2002) Kibwage (2011) Hernández (2005) UNESCO (2009) Insunza (2009)
CONAVI (2008) Oktay, Hosokara (2010) Tetrault (2004) Chiu (2004) Tetrault (2004)
Morillon (2009) Hernández (2005) Oktay, Hosokara (2010) Oktay, Hosokara (2010) Toledo (2006)
Oktay, Hosokara (2010) Winston, Pareja (2007) Toledo (2006) Echeverria (2008)
Jong-J, Rigdom(1998) ICOMOSS (1999)
Fox (2007) Tetrault (2004)

Fuente: material inédito de la tesis doctoral del autor “Componentes de la sostenibilidad de la vivienda tradicional en la Huasteca Potosina: hacia una vivienda rural sustentable” PMPCA-UASLP

Podemos resumir el “deber ser” en los siguientes ideas: continuidad del conocimiento de técnicas y manejo de materiales locales; conservación de una identidad cultural, uniformidad del paisaje arquitectónico tradicional; autosuficiencia en la obtención de materiales, de preferencia renovables y de bajo o consumo energético; autonomía de los usuarios para tomar decisiones de gestión y diseño de las construcciones; continuidad del sistema de participación solidaria en la transmisión de conocimiento e intercambio de fuerza de trabajo; independencia de organismos e instituciones para la construcción y mejoramiento de su vivienda; continuidad en el desarrollo local de tecnología tradicional en su proceso de adaptación continua a su medio ambiente; continuidad en la diversidad de espacios y funciones necesarias para satisfacer la mayoría de sus necesidades de habitabilidad de las familias contemporáneas.