EL DESARROLLO LOCAL COMPLEMENTARIO

Mario Blacutt Mendoza

La Teoría de la Elección Racional

Los estudiosos, Elster entre ellos, dicen que la Teoría de la Elección Racional puede ser aprehendida desde dos puntos de observación: como la teoría de las normas que nos dicen lo que debemos hacer para lograr metas del mejor modo posible, sin establecer cuáles deben ser esas metas; y como teoría descriptiva que nos ayuda a predecir esas acciones. La característica principal de una elección racional es que exige elegir la mejor alternativa dentro de un conjunto de alternativas factibles. Habrá dos clases principales de elección: las paramétricas y las estratégicas. Las primeras se realizan cuando el sujeto enfrenta condiciones y restricciones que ya están dadas, de este modo, el sujeto hace una estimación de las restricciones y luego actúa en consecuencia. Una situación estratégica es aquélla en que una elección del sujeto influye en la actividad de los demás, al mismo tiempo que las decisiones de los demás lo afectan personalmente

Ludwig von Mises
(The Human Action)
Es el que sistematiza las percepciones de la Escuela Austríaca y el más conspicuo de todos sus miembros. Postula que las leyes económicas son teoremas que se deducen de un conjunto de axiomas. Los axiomas están incluidos en las categorías de la acción y se las conoce por reflexión interna. La Acción Racional significa que el hombre actúa libre y conscientemente por un fin y que dispone de los medios para lograrlo. “El santo y el avaro obran racionalmente, pues ambos eligen sus fines y usan sus medios”. La danza del brujo para convocar la lluvia es tan racional como la tarea investigativa del científico en su laboratorio, pero ambos podrían errar en la elección de los medios. En la Economía, la Acción Humana se expresa en disponer, del mejor modo posible, de los medios que se tiene. En realidad, es la acción que lleva a sustituir una situación menos satisfactoria por otra más satisfactoria y el análisis de la acción humana consiste en analizar sus consecuencias lógicas. A partir de la noción de “Acción Humana” se desprende un conjunto de teoremas que se constituirían en los puntos de partida del análisis económico. Así, conceptos como la “preferencia temporal”, “la utilidad marginal”, la incertidumbre, dice Zanotti, con-forman lo que Mises llama Categorías a priori de la Acción o leyes praxiológicas.

La base gnoseológica de Mises parte de un Kant un tanto transformado. Recordemos que las categorías a priori de Kant, tanto las de la sensibilidad como las del entendímiento, son vacías de contenido. Las categorías de la sensibilidad permiten el ordenamiento de los datos sensoriales a través de la Intuición, las que el hombre recibe a través de los sentidos, en primera instancia. Estos datos así transformados son entregados a la Razón, la que los vuelve a transformar a través de las categorías conceptuales. Para Kant, los conceptos sin la intuición sensible son vacíos y la intuición sin los conceptos es ciega.

Este concepto hace que Kant sea uno de mis filósofos favoritos, puesto que incluye la Intuición como instrumento cognoscitivo, junto a la Razón. Por todo ello, los conceptos kantianos no implican contenidos racionales a priori de la experiencia sensible, tal como lo proponen los racionalistas a ultranza, sino formas a priori vacías de contenido específico, según los cuales se ordenan los datos de la sensibilidad. Como veremos más adelante, mi interpretación de la percepción marxista tiene puntos de coincidencia con las percepciones kantianas, aunque diferenciadas por algunos rasgos fundamentales.
Para Mises, las categorías son conocimientos apriorísticos que tienen una fuerza cognoscitiva muy superior a las simples hipótesis corroboradas, lo que explica su rechazo a todo intento de testear estas categorías en la realidad empírica.      La actitud de Mises podría ser interpretada como una de las versiones de la derivación de la verdad a través de la adecuación del entendimiento con la realidad. Al contrario, Mises afirma que esos principios a priori están “impresos” en la mente humana, por lo que el hombre no puede concebir de una manera diferente. Su convicción es tan fuerte en este sentido, que niega la necesidad de preguntarse si la realidad pudiera ser distinta a la que se reflejan en esas categorías. Así, la Economía vendría a ser aquella parte de la praxiología que aplica las categorías de la acción al análisis de los fenómenos de mercado practicados sobre la base del cálculo monetario. Algunas veces, especialmente cuando habla de la “Cataláctica” como la Economía en sentido restringido, da la sensación de que percibe a la Praxeología como la Economía en sentido amplio. Los epistemólogos concuerdan en el hecho de que el sistema de von Mises puede ser dividido en dos partes. La primera, en la que desprende las consecuencias lógicas de la acción como tal, esto es, las leyes praxiológicas. La segunda, en la que esas leyes son premisas de las que se deducen las consecuencias de la acción humana en el mercado, es decir, las leyes económicas propiamente dichas. Todo esto da el aval suficiente para asegurar que, según Mises, la economía estudie la acción humana en el mercado y que la praxiología estudie la conducta humana como tal. Pero la praxiología no tendría nada que ver con la Ética, pues, a diferencia de ésta, no se preocuparía de cuáles son los fines que el hombre debe perseguir. Tampoco tendría algo que ver con la sicología, pues no le importa, a la praxiología, las razones por las que el hombre elige tales fines y medios.

La percepción intelectual de Mises se complementa con dos construcciones hipo-téticas: el mercado de libre competencia y los supuestos sobre las instituciones, tales como la división del trabajo, la propiedad… Von Mises no excluirá algunas condiciones reales: la desutilidad del trabajo, por ejemplo, algo de lo que hablaremos después; sin embargo, von Mises no cree que la alusión a la realidad modifiquen la naturaleza apriorística de la praxiología. Los colectivos humanos, tales como nación o grupo no existen para él, dado que no son sino conjuntos de individuos, los que a diferencia de las cosas que solamente reaccionan, aquéllos accionarían con libre albedrío. En general, las ciencias de la acción humana se dividen en dos: la praxiología y la historia. La primera utiliza la conceptualización y la deducción lógica. La Historia utiliza la “comprensión”, es decir el acto por el que el historiador se introduce en el interior del individuo para conocer sus valoraciones concretas y del por qué de su conducta; para esto, usa los tipos ideales a los que considera como imprescindibles en las ciencias que no pertenecen a la praxeología. Su sistema deductivo lo llevó a afirmar que todos los teoremas praxiológicos se hallan incluidos en la acción humana; si un teorema económico no estuviera unido a una cadena lógica, no sería admisible científicamente. Pero von Mises plantea otras preguntas muy importantes; v.g: ¿es posible conocer, por lo menos una parte del mundo real con sólo el uso de proposiciones analíticas? ¿o sólo quedan para las ciencias formales, como son las matemáticas y la lógica? Estas y otras preguntas han convocado el interés de los epistemólogos, quienes han dado diversas respuestas muy útiles en el mundo de la aprehensión humana.

En lo que a mí se refiere, debo decir que privilegiar las proposiciones analíticas como las únicas que nos darían una representación fiel de la realidad es una exage-ración que lleva al subjetivismo más extremo, sobre todo, si tenemos en cuenta la deformación de la razón debido a la ideología y a los intereses propios del ser que analiza. Por ello es que, sin desconocer la importancia de las proposiciones analíticas, es necesario afirmar  la necesidad de que éstas surjan de la realidad concreta que la historia y las culturas determinan en cada periodo y en cada espacio. Pero las conclusiones de von Mises serán llevadas a un punto más extremo aún por  su discípulo, Murray N. Rothbard, quien postula que el axioma fundamental y las premisas de la economía son verdaderos; que los teoremas y conclusiones deducidos por las leyes de la lógica, a partir de esos postulados, son verdaderos; que no hay necesidad de testeo empírico ni de las premisas ni de las conclusiones y que los teoremas deducidos no pueden ser testeables aunque sería muy útil que pudieran serlo. En cuanto a los axiomas subsidiarios, dice que residen en la variedad de los recursos, lo que motiva la división del trabajo; que el ocio es un bien de consumo y que se parte del deseo de maximizar los beneficios monetarios.

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