EL DESARROLLO LOCAL COMPLEMENTARIO

Mario Blacutt Mendoza

El “Progreso” como prueba de Desarrollo

Los neoclásicos, con la ligereza que tienen para hacer modelo sin molestarse en edificar los cimientos reales de los mismos, identifican “desarrollo” con “progreso”, definido este último como la capacidad que tiene el ser humano de vivir cada vez “mejor”. Ahora bien, para los fotógrafos de las alucinaciones, hoy se vivirá mejor que ayer si es que se apilan los aparatos de T.V  en el hogar, se instala aire acondicionado, incluso en las despensas, se usa trajes cuyo costo se escribe con cuatro dígitos y, ¡sobre todo! se tiene la capacidad de cambiar modelo de automóviles con mayor rapidez que antes. El modelo de “progreso” para la persona de occidente es el consumismo. Nada más tiene importancia. No la tiene, por ejemplo, el llevar una vida que se desenvuelva en un delicado balance con la naturaleza, ni las actividades dedicadas a la perfección de las capacidades intelectuales que no estén asociadas, necesariamente, a la tarea de hacer más dinero. El “homo economicus”, la unidad de análisis de los neoclásicos, gira en torno al dinero, al consumo excesivo, al derroche, lo que ha conspirado para que ese ente se haya convertido en lo que yo llamo El “homo consumidorus”, especie de antropófago voraz, que ha empezado a devorarse el planeta.

La percepción de los neoclásicos se hace más grotesca aún, cuando creen que to-dos los habitantes de la Tierra tienen el mismo apego a los bienes materiales y que la acumulación de éstos es un objetivo ansiado por todo ser viviente y por vivir. Una vez que la división del trabajo ha igualado espermas y ovarios en las modernas “casas de trabajo” instaladas por el capital internacional en los países subdesarro-llados, al estilo de las épocas en que “el capitalismo vino al mundo, chorreando sangre, de pies a cabeza”, creen que podrán hacer lo mismo con las culturas. Al respecto, diremos que ni Vietnam, ni Afganistán, ni Irán, ni Irak les ha convencido de que con la pigmentación viene la percepción propia de la cultura donde ha cobrado vida y de que es muy difícil cambiarla; se podrá frenar temporalmente su desarrollo, pero no desaparecerá por la imposición arbitraria de nadie.

Pero algo se saca de cualquier teoría, y la neoclásica no podía ser una excepción. Creo que hay una diferencia entre las culturas, diferencia que viene desde los albores mismos de la humanidad. Para mostrarla es preciso aceptar que la especie humana, siendo una, se diversifica en una variedad de grupos culturales; en el caso que nos interesa, razas. Al parecer, la “raza blanca” valora el confort material mucho más que las otras. Para ello, no sólo ha sabido adaptarse a la naturaleza, también es el grupo humano que la ha transformado en un grado mucho más alto que los otros grupos raciales, los cuales generalmente se han contentado con adaptarse históricamente al entorno, acudiendo en grados muy tímidos a su transformación. De este modo, mientras que los grupos étnicos no blancos se contentaban con hacer una fogata para combatir el frío, los caucásicos ya pensaban en instalar calefacciones centrales en sus hogares. Esta inclinación por el confort material ha hecho, en mi opinión, que la raza blanca haya asimilado progresivamente la idea de “Progreso” como el pivote fundamental de la razón de ser del humano. No  habría nada de malo en esa actitud, si es que los teóricos del confort material reconocieran que hay límites que deben ser respetados en beneficio de la existencia misma de la especie humana, límites que, al final, serán impuestos por la naturaleza, tal como veremos cuando lleguemos al capítulo del medio ambiente. 

Mientas tanto, queda la afirmación de las percepciones raciales sobre las relaciones del ser humano con la naturaleza.

Por otra parte, es muy posible que en este punto, el lector medio haya empezado a perder la paciencia ante la osadía de un autor en su intención de estructurar una visión sobre la diferencia de las razas, algo que estaría vedado en una “época de convivencia pacífica” entre los grupos humanos. Así es que me apresuro a curarme en perfecta salud para decirle que no debe temer la infiltración de alguna teoría racista en mi interpretación sobre el “progreso”, dado que no es sino una afirmación descriptiva de lo que la historia del mundo nos muestra en su largo devenir. Hablar de razas, en sentido franco, no significa apuntalar la supuesta superioridad de alguna de ellas sobre cualesquiera otras; al contrario, la intención es que se conozca y respete la existencia de todas ellas y el derecho que tiene cada una de vivir de acuerdo con sus percepciones, en cuanto no se meta a pretendido redentor de las demás, que es la arbitrariedad que comenten los neoclásicos blancos en contra de los derechos de cada raza, y de cada grupo humano en general, de vivir tal como sus percepciones sobre la vida le instan.

Esta introducción sobre el concepto de Desarrollo es una muestra de lo que vendrá después a lo largo de esta obra, pues cuando hablemos de economía será necesario hablar de las otras ciencias sociales; no creemos que la economía sea una ciencia aislada de las demás, tal como lo plantean los neoclásicos en sus diferentes variedades.        Lo cierto es que las etnias blancas y con ellas, el pensamiento occidental, se han convertido en la cultura dominante en el planeta, cultura dictada sobre todo, por los EE.UU. También es cierto que varios países no occidentales, como Japón, Corea del Sur y en general, las clases de ingresos medios y altos de la mayor parte de las naciones, han absorbido con fruición ejemplar los modos de vida de los ciudadanos estadounidenses. La cultura dominante se expresa en todos los campos de la vida cotidiana, desde la señalización de las carreteras hasta los conceptos más abstractos de la ciencia económica. La mayor parte de los Premios Nóbel en Economía son ciudadanos de los EE.UU, al igual que otras áreas de las ciencias naturales. Pero la proporción es muy reducida con relación a la literatura o a las menciones por actividades que tengan que ver con la paz mundial. La misma estética ha sido modelada por la raza blanca. Por ejemplo, tomemos el concurso anual de Miss Universo. Convoca a las beldades de todas las razas, pero si el concurso no fuera sesgado, las mujeres elegidas tendrían que serlo porque sus bellezas expresarían los rasgos característicos de su raza, algo que no sucede en los procesos de elección. Las mujeres de otras razas, que son elegidas, tienen rasgos que se acercan a los de la raza blanca; mientras más semejantes sean los rasgos de una mulata a los de sus rivales blancas, más probabilidades tendrá de ser considerada como “bella”. Por otra parte, nadie sabe las razones porlas que el blue jean, el hot dog, la hamburguesa, la Coca Cola y el Rock, típicamente estadouni-denses, acaparan las preferencias desorbitadas de jóvenes y viejos en, práctica-mente, todos los países del mundo. Los expertos en mercadotecnia dirán que el fenómeno se debe a la gran capacidad publicitaria de las empresas estadouni-denses, pero creo que hay algo más que la simple habilidad de sublimar los mensajes.

En suma: el efecto demostración del modo de vida de los países con culturas occidentales es muy grande, por lo menos en el aspecto del confort material, pero no necesariamente con relación al equilibrio que otras culturas tienen entre sus modos de vida y la naturaleza o con sus creencias y costumbres. Los musulmanes en el mundo, y los pueblos originarios en Latinoamérica, entre otros, así lo demuestran. Es precisamente esta diferencia de percepciones la que sirve de base para la redacción de esta obra y su tema: el Desarrollo Local Complementario (DELC)

Por supuesto que estamos muy lejos de negar que haya valores universales, aquéllos que la sociedad mundial vela para que se cumplan en todos los grupos humanos del planeta. Esos valores son los que se refieren a los derechos humanos, principalmente. Con relación a este asunto, debemos declarar que cualquier atentado en contra de los derechos humanos dentro de cualquier cultura, debe ser intransigentemente combatido por el conjunto de todos los países del mundo. Un ejemplo, la bárbara costumbre de mutilar a las adolescentes de algunos países musulmanes, cercenándoles el clítoris “para que no sientan placer sexual y sean fieles a sus maridos” es un acto que repugna a la condición humana misma, aún en el grado incipiente de evolución histórica y biológica en la que se encuentra. La tortura es otro acto de animalidad que no debe, no puede ser tolerado, en ningún grupo humano del mundo. Sobre la base de estas consideraciones es que tengo a bien presentar la definición que el DELC tiene del Desarrollo.

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