EL DESARROLLO LOCAL COMPLEMENTARIO

Mario Blacutt Mendoza

Los Primeros Marginalistas-Neoclásicos

Esta es una escuela que Marx habría denominado “Vulgar”, pues su intención no es encontrar las leyes o tendencias que rigen un proceso económico; más bien apuntan, siguiendo a los marginalistas originales, a demostrar que todo el producto creado es distribuido justicieramente de acuerdo con la productividad marginal del factor respectivo, hasta el agotamiento de lo creado. Pero dicen más, dicen que la economía siempre está en pleno empleo y que si existen personas que no trabajan es simplemente porque no quieren aceptar el salario vigente.

Se autodenominan  “los científicos” de la economía, por el uso que hacen de las matemáticas, las que según ellos, otorgaba a la disciplina económica la calidad de ciencia exacta. Es sobre esta presunción que estructuran su modelo con el acopio de funciones de producción de corto y de largo plazo. En el corto plazo, el capital no variará, por lo que el salario será el único factor variable. Al aumentar el número de trabajadores en la empresa, mientras se mantiene constante la tecnología y el capital, se produce el fenómeno de los “rendimientos decrecientes” del trabajo, por lo que el aporte de un nuevo trabajador contratado será menor que el aporte del trabajador anterior. Esto es, la “productividad” del próximo trabajador será menor que la productividad del anterior, por lo que el último contratado tendrá que ganar menos y con él, disminuirá el nivel salarial de todos, puesto que ante la presencia de trabajos inguales no puede haber discriminación salarial válida. Esta falacia de principio fue develada en mi obra La Economía Vital.

En el largo plazo, los neoclásicos hacen que los dos factores varíen; de esta manera se tendrá un conjunto infinito de combinaciones de capital y mano de obra que producirán la misma cantidad de un bien. Así, será posible pensar en una combinación de una unidad de capital y mil de mano de obra o de quinientas unidades de capital y una de mano de obra que “producirán la misma cantidad del bien”. Al hacerlo, asumen que es posible dividir una máquina en cantidades infinitesimales para que se combinen con cantidades, también infinitesimales, de mano de obra. Por ejemplo, cuando el capital “es barato” con relación a la mano de obra, el empresario usará más capital; si la mano de obra es proporcionalmente más barata que el capital, usará más mano de obra. De este modo, para producir un taladro eléctrico usarán más mano de obra que energía si la mano de obra es más barata y, si la mano de obra fuera ralmente barata, producirían el taladro, de acuerdo con la tesis, con una cantidad infinitesimal de energía, de tal manera, que los trabajadores aprenderán a hacer hoyos con los dedos. Lo peor es que todo esto lo dicen en serio; al hacerlo, asumen el aire doctoral de un profesor de física cuántica. También dicen que no sólo la mano de obra tiene su propia productividad, sino que el capital también tiene la suya, independientemente de la participación del trabajador. En este sentido, otorgan a la maquinaria la capacidad de producir por sí sola y demostrar su “productividad” con independencia del trabajo en el proceso productivo. Si el capital crece más que la población, entonces los salarios reales aumentarán, pues una proporción mayor de capital con relación a la mano de obra hace que el capital sea “menos productivo” y que el obrero lo sea más.

Pero la locura  del teórico neoclásico no se detiene ahí; al contrario, dice que para que exista más capital debe haber más ahorro, por lo tanto será necesario que haya transferencias de ingresos de los trabajadores a los capitalistas, pues éstos son los “únicos que tienen capacidad de ahorrar”. Esto se realizará por medio de los impuestos regresivos, entre otras tribulaciones “académicas.” Todo esto por el “bien de la economía”, a la que consideran prioritaria con relación al ser humano. En este sentido, el neo-clásico considera que el ser humano, excepto el capitalista y el empresario, es únicamente un factor de producción y debe ser tratado como tal. Pero, como todos sabemos, hay excepciones en todo, por lo que también las hay entre los representantes del modelo neoclásico. En este caso, siguiendo a Celso Furtado (“Teoria y Política del Desarrollo Económico”) citamos a uno de ellos, Knut Wicksell. Sueco de nacimiento, inteligente por naturaleza, estableció que la riqueza creada por la producción se distribuiría entre aquellos que ya tenían riqueza, por lo que era necesaria la intervención del gobierno para aumentar el bienestar de la sociedad. Adelan-tándose a Keynes en varios aspectos, dijo que la variable inestable de la economía era la inversión. Aunque era discípulo de Leon Walras, muy apegado a las matemáticas, el sueco sabía pensar independientemente de las fórmulas y, por lo tanto, tenía la capacidad analítica suficiene para estudiar los problemas sin deformarlos excesivamente con los modelo, ni mucho menos creer, como hace el neoclásico obsesivo, que el modelo es la realidad.

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