La producción de energía está relacionada, de un modo directo, a la contaminación. Todas las tomas de energía tienen un grado de riesgo para la salud humana y par el medio ambiente. Chernobyl ha reducido a cero la confianza de la humanidad en la producción de energía nuclear. El uso de combustibles fósiles provoca contaminación como también la “lluvia ácida” y contribuye en forma significativa al aumento de los gases del efecto invernadero. Se estima que de 300 a 400 millones de personas sufren de enfer-medades respiratorias provocadas por el humo de la leña y de los excremen-tos de animales. Se debe propender a usar la energía en forma más eficiente y a deli-near sistemas de conservación en los países en desarrollo. El principal problema energético para los países en desarrollo es la escasez de leña, el que ya afecta a más de 300 millones de personas, por lo que es preciso explorar e impulsar otras alterna-tivas Senegal, Sri Lank, Indonesia y Las Filipinas han demostrado que los molinos de viento, las plantas de biogás, las miniturbinas hidroeléctricas, las células solares y la gasificación pueden satisfacer las necesi-dades energéticas locales.
Hay más; mucho más en los cientos de miles de páginas que conforman los libros es-pecializados sobre el medio ambiente. Pero toda esa inmensa mole de conocimientos puede resumirse en dos frases:
El hombre es parte de la naturaleza,
al atentar contra la naturaleza, atenta contra sí mismo