EL DESARROLLO LOCAL COMPLEMENTARIO

Mario Blacutt Mendoza

¿Cuánto vale una persona?

Sabemos que cada grupo social es diferente de los otros, puesto que tiene su propio proceso de evolución, sus propios objetivos y, sobre todo, sus propias percepciones. Sobre eso no hay problema. El problema aparece cuando se considera, erróneamente, que la diferencia implica, necesariamente, jerarquías. El DELC se basa en los principios de la coexistencia humana y que los proble-mas que los separan devienen de la arbitrriedad de considerar que un grupo tiene, supuestamente, la tarea mesiánica de oprimir a los demás, por considerarse “superior” y con ello, el deber de maltratar y expoliar al grupo que considera “inferior”. Por supuesto que el DELC no niega la existencia de las jerarquías, pero sólo de aquéllas que son otorga-das por la sociedad como señal de respeto al talento; pero esto no implica aceptar la existencia de jerarquías entre grupos humanos.

La pertenencia a una fuente común de existencia para la especie ha sido ya demos-trada y nadie puede pretender desautorizarla en nombre de alguna metafísica de subjetividad extrema. Somos fruto de la misma raíz, la que ha germinado, sí, en corolas de diferente textura. Pero eso no es motivo de afirmar que una es “mejor” que la otra, pues todas estructuran el árbol común de la vida y de la entraña vital. En este orden de cosas, hay preguntas inconsistentes en la lógica del derecho a vivir, a gozar del privilegio de estar vivos: ¿son los k’aras “mejor” que los “t’aras”? ¿Es al revés? Estas son preguntas que la historia se ha encargado de contestar con un rotundo no; pero, sobre todo, son preguntas que la historia empieza a desterrar de la historia misma. Ya no son preguntas que tengan vigencia en el diario vivir, en la cotidiana obligación de encontrar apoyo y servir de apoyo para llevar adelante el objetivo más importante del ser humano: ser feliz, ser plenamente feliz, sin ser causa de la infelicidad del prójimo. Nada, excepto la armonía que se logra al saber que somos compañía para los demás y que ellos lo son para nosotros puede permitirnos la felicidad conjunta.

El DELC se pregunta: ¿Es un arquitecto “mejor” persona que un albañil? Y se res-ponde a sí mismo: no hay ninguna relación entre el ser “arquitecto” y  “ser mejor” que otro; en cambio, es posible afirmar que, siendo ambos iguales como personas, un buen albañil será siempre más útil a la sociedad, que un mal arquitecto. El DELC nos pide que evitemos caer en la soledad de las personas que perviven en un país que se precia de ser “altamente industrializado”. Es que en esos países, tal es el sentido de competencia y desconfianza que cada uno ha desarrollado con relación al otro, que no será extraño que dentro de poco, cualquier persona se espante al encontrar a otra en la calle. Nosotros estamos a tiempo de no caer en el error de considerar que el prójimo es un enemigo por naturaleza; tenemos la oportunidad de acudir al apoyo mutuo y eliminar la contradicción. Podemos hacerlo, puesto que la voluntad colectiva siempre vence a la vigencia de las leyes de los contrarios. Hay un país que espera ser integrado. Hay una generación del futuro que merece heredar algo más que la estupidez de una sociedad donde unos se creen “mejor” que los otros. En cuanto a mí, fiel a los principios del DELC, debo afirmar que después de haber hecho un referéndum  a mis sentimientos, he encontrado que yo valgo tanto como aquél que me da la mano……

Este es un resumen de las contradicciones que fermentan en la sociedad boliviana; algunas son contradicciones antagónicas, tal como el racismo; otras son pasajeras, pero todas hacen vibrar el tejido vital de un pueblo que despierta a la realidad y empieza a ver un futuro en medio de los vapores grises que parecen emerger de las aguas que han fermentado por mucho tiempo en los pantanos viscosos de nuestra historia. Poco a poco las clases medias urbanas se acostumbran a la idea de que el actual Presidente de Bolivia es un indígena elegido por una amplia mayoría de votos. Para algunos se hace más difícil que para otros, aceptar el hecho de que una ex cocinera sea Ministra de Justicia y de que un cocalero sea diputado o senador. Los “movimientos sociales” hacen de la calle el escenario donde inscriben la historia nacional ante la inocultable parcialidad de los medios de comunicación masiva que, perteneciendo a capitalistas neoliberales, manipulan las noticias deformando los hechos como jamás habíamos constatado en la historia de las comunicaciones.

Las relaciones sociales en Bolivia son tormentosas; la pobreza de los indígenas les impela a convertir el pasado en el horizonte. Las fuerzas conservadoras no quieren renunciar ni un ápice en los privilegios que han conseguido desde la fundación misma del país. Las extremas desigualdades en el ingreso dan lugar a la gran diver-sidad de percepciones, tan grandes que cualquier intento de reducirlas parece pequeño. De este modo, los grupos en pugna sienten una soledad existencial ante la evidencia de que ninguno tie-ne el apoyo que necesita para llevar adelante sus objetivos. Somos un pueblo que tiene el alma yerta, como un reflejo del altiplano mismo, que es donde se desarrollan las más severas contradicciones. Somos un pueblo solitario, hecho de grupos humanos solitarios, huérfanos de alguna esperan-za que nos permita ver el futuro con ojos comunes. Nuestra soledad, nuestra terrible soledad, nos vuelve más agresivos ante los otros grupos.

Tal como se vio, las contradicciones en nuestra Sociedad Civil pueden sintetizarse en la confrontación de la extrema pobreza de los muchos y la extrema abundancia en los pocos; de los que nada tienen y quiere algo, y aquéllos que lo tienen todo y quieren compartir nada. Entre el homo cosumidorus, que vive en perenne hartazgo y del Hombre Obsesivo, el que, como veremos en el próximo capítulo, se encuentra tan obsesionado con el hambre que no tiene energías para nada excepto tratar de aplacarla. La justicia de la pigmentación es nuestro peor enemigo, pero, aún los condenados a la horca tienen una última esperanza y nosotros no somos una excep-ción, por lo que prevemos el día en el que en que la pigmentación será eliminada como obstáculo para que el Ser se identifique con el Ser; cuando ese día llegue, la prehistoria del hombre habrá terminado y la historia del verdadero Ser habrá anunciado el primer día de su peregrinaje hacia el infinito.

No estaremos entonces para verlo, pero estamos aquí y ahora para anticiparlo.

Las contradicciones siempre han estado con nosotros; pero ésta es la primera vez que se hace explícita la que ha estado solapada en la historia: la contradicción entre los indígenas y el resto del país. Para mostrar las contradicciones entre los partidos políticos de antes, voy a citar un fragmento de mi novela “La Flor de los Cardos” que revive lo que imagino ha debido ser el gran debate entre liberales y conservadores cuando se discutía sobre la Ley del Divorcio, allá en el primer tercio del siglo XX.

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