TURISMO ESPIRITUAL

Rogelio Martínez Cárdenas. Coordinador

La dimensión territorial del turismo religioso

Leticia Macedo Martínez*

Introducción
Han transcurrido aproximadamente doscientos años desde que se comenzó a emplear de manera oficial el concepto de turismo para designar los viajes de placer que en ese momento se llevaban a cabo. En la actualidad, la conceptualización del turismo sigue aún generando controversias debido a las múltiples y variadas interpretaciones que se le ha dado a este fenómeno, brindado por diferentes disciplinas y corrientes de pensamiento. Como lo cita Hall (2009:20), hay pocas actividades humanas que pueden atraer simultáneamente la atención de economistas, geógrafos, científicos especializados en el medio ambiente, psicólogos y sociólogos, así como quienes investigan sobre cuestiones relacionadas con el diseño de políticas y la gestión. El turismo es una de ellas.
Las aportaciones de las distintas disciplinas ofrecen nuevas y variadas formas de mirar al mismo objeto de estudio, proponiendo desde una conceptualización del turismo hasta el empleo de una metodología para abordar dicho tema. El uso del mejor enfoque dependerá del contexto en el que esté teniendo la investigación.
La geografía es una de las disciplinas que ha contribuido al estudio del turismo bajo el enfoque del análisis territorial. El empleo de los criterios geográficos en el estudio del turismo,  han permitido conocer otros aspectos relevantes de esta actividad que van más allá de los puramente económicos. Sus aportaciones se orientan principalmente hacia la comprensión de las relaciones entre territorio y las actividades turísticas, orientándose en conocer los atributos de los lugares donde se desarrolla la actividad, los movimientos y flujos de personas, los patrones de distribución espacial de la oferta y demanda, así como el manejo de diferentes escalas de análisis.
Siguiendo las tendencias actuales del turismo, los geógrafos comienzan a interesarse por realizar investigaciones en el área de turismo religioso, especialmente en países con larga tradición histórica en peregrinaciones y presencia de santuarios que congregan a una multitud de fieles procedentes de distintas regiones del mundo, como es el caso España, donde se localiza uno de los lugares sagrados del mundo cristiano: el Santuario de Santiago de Compostela, o en Francia, que se ubica el Santuario de la Virgen de Lourdes. En el caso de México, el trayecto recorrido en esta línea de investigación aún es corto, son pocos los trabajos que se han realizado sobre turismo religioso,  a pesar de ser un campo fértil para el desarrollo de este tipo de investigaciones, tanto por la tradición católica que profesa la mayor parte de población como por el número de santuarios distribuidos a lo largo del territorio nacional. Vale la pena mencionar algunos de ellos: el trabajo desarrollado por Propín y Sánchez en 2007, quienes investigaron el alcance turístico regional del Santuario Cristo de las Noas en la Comarca Lagunera de México; un año después los mismos autores estudiaron la importancia regional del Santuario Santo Niño de Atocha, en Plateros, Zacatecas, en 2008 Puebla se enfocó en analizar el impacto económico del turismo religioso relacionado con el culto a Virgen de San Juan de los Lagos, en Jalisco y Miranda (et al) en 2009 realizaron un estudio orientado al camino de la Virgen del Rosario de Talpa de Allende, Jalisco con el fin de mejorar las condiciones del peregrinaje teniendo en cuenta las características geográficas del lugar.
Con este afán, resulta de interés dar a conocer algunos ejemplos de la mirada geográfica en los estudios de turismo religioso, y la importancia que adquieren las cualidades territorio para conocer la dinámica de la actividad y la utilidad para la planeación y desarrollo de proyectos turísticos.


Objetivo del trabajo
El desarrollo del presente artículo pretende exponer algunas de las aportaciones de la ciencia geográfica aplicada a los estudios de turismo de carácter religioso. Para ello, la exposición queda dividida en tres apartados. En la primera parte se hace mención de los enfoques disciplinares del turismo para destacar la visión de la geografía a partir de una breve exposición de las vertientes de estudio de la geografía del turismo. En la segunda parte se aborda la conceptualización del turismo religioso y se describen las diferentes formas en las que se manifiesta esta actividad a partir de ejemplos concretos; en el último apartado se conjuntan ambas temáticas para develar la importancia de los conocimientos que aporta la geografía en el estudio de los lugares que son reconocidos como destinos de atractivo turístico religioso.

Enfoques disciplinares del turismo
El turismo como objeto de estudio ha sido abordado desde diferentes áreas del conocimiento. Su relación con distintos elementos tanto de la esfera económica, social, política, medioambiental, entre otras, subrayan la complejidad de su análisis y la necesidad de emplear un enfoque multidisciplinario para mayor comprensión de este fenómeno. Algunos autores han puesto de manifiesto que el estudio del turismo es un campo de investigación que presenta una multitud de vertientes en cuyo desarrollo pueden contribuir numerosas disciplinas.  Jafar  Jafari en el año de 1990 (citado en Jimenez, 2005) elaboró un modelo donde representó el conjunto de disciplinas que se encuentran involucradas con el estudio del turismo y el enfoque que cada una ofrece para el análisis de éste fenómeno (figura 1 y 2). En este esquema se distinguen 16  disciplinas que se involucran con el análisis del turismo, entre las que se encuentra la geografía, cuya ciencia se relaciona bajo el enfoque de la geografía del turismo.
       Figura 2: Enfoque de las disciplinas que han contribuido al estudio del turismo


Disciplina

 

Enfoque

1. Antropología

Relación turista-anfitrión

2. Ciencia Política

Mundo sin fronteras

3. Geografía

Geografía del turismo

4. Ecología

Diseño con naturaleza

5. Agricultura

Turismo rural

6. Recreación y parques

Administración de recreación

7. Planeación urbana y regional

Desarrollo y planeación turística

8. Marketing

Marketing turístico

9. Leyes

Leyes turísticas

10. Administración y negocios

Administración de organizaciones turísticas

11. Transporte

Fundamentos de transporte

12. Administración de hoteles y restaurantes

Papel de la hospitalidad en el turismo

13. Educación

Educación turística

14. Sociología

Sociología del turismo

15. Economía

Implicaciones económicas del turismo

16. Psicología

Motivación turística

Fuente: Elaboración propia con datos de Jiménez, 2005.

Vertientes de estudio en geografía del turismo
La geografía del turismo se desarrolló formalmente en el siglo XIX como parte del interés general que tuvieron las disciplinas sociales por estudiar un fenómeno que en ese momento adquiría gran relevancia en Europa, debido al crecimiento acelerado que mostraba esta actividad como consecuencia del avance en los medios de transporte, los cuales reducían de forma considerable el tiempo entre el lugar de residencia y el de destino. La ciencia geográfica mostró interés por el estudio del turismo al ser considerada una actividad que nace con una vocación espacial, debido a los desplazamientos o movilidad que realizan las personas para conducirse al lugar de destino turístico; es una actividad apoyada en los espacios recorridos, sin los cuales no existiría como actividad singular (López, 2001).
Es así que al turismo se le ha reconocido como una actividad con un carácter eminentemente espacial. Por ejemplo, Bertoncello (2001) menciona que las prácticas turísticas tienen una dimensión espacial que le es intrínseca y específica, que esta dada por el carácter fijo en el espacio de los atractivos turísticos: este es el origen de los destinos turísticos. Es precisamente el carácter fijo el que obliga al consumidor turista a desplazarse para disfrutar de él, dando lugar a la práctica turística. Por su parte, Hiernaux (1996) menciona que “el turismo es espacio-movimiento, la práctica turística implica un desplazamiento en el espacio, que la hace, a nuestro entender, una de las acciones humanas mas genuinamente territoriales, si se les compara con otras actividades sociales o económicas.
Esta dimensión territorial de la actividad turística es propia del campo de estudio de la geografía, como lo refiere Garza (2006:21):
“el turismo es un fenómeno que, englobado en el contexto espacial, precisa de un territorio junto con los elementos físicos y sociales que éste implica para llevarse a cabo. Se entiende congruente, por lo tanto, puntualizar que los sitios sobre los que se mueven los turistas y se ubican los atractivos turísticos son parte del espacio geográfico, objeto de estudio de la geografía, y cuyo concepto alude a todo lo que existe en la superficie terrestre resultado de la actividad humana y la herencia de la historia natural, y que está formado por el complejo de los fenómenos naturales y socioculturales (….) el espacio, como las múltiples relaciones que establecen los turistas con su medio son susceptibles ser investigadas desde una óptica geográfica”.
Las precisiones sobre la dimensión territorial de la actividad turística han sido el punto de partida para el desarrollo teórico y conceptual de la geografía del turismo. La evolución teórica de esta disciplina ha sido producto de la trayectoria que han seguido al mismo tiempo dos eventos en el tiempo. Por un lado, la producción académica de los estudios sobre geografía del turismo se intensificó a partir del crecimiento acelerado que mostró el turismo en el periodo posterior a la segunda guerra mundial, hecho que detonó el interés por parte de los estudiosos de las ciencias sociales quienes estaban atentos de las tendencias que se iban perfilando. Por otro lado, las diferentes formas de mirar al objeto de estudio generaron una producción importante de material bibliográfico desde diferentes corrientes epistemológicas, desde la geografía clásica, la neopositivista hasta la geografía cultural.
Desde la escuela clásica, el turismo ha sido considerado como un factor de transformación del paisaje cultural cuyo objeto debe afrontar una doble tarea, el análisis de las causas geográficas del turismo y la explicación de los impactos provocados por el mismo. El ingrediente geográfico del turismo se articulaba a la estrecha relación entre determinados componentes del medio natural como recursos y atractivos y el desarrollo turístico en sí; y por otro lado, el impacto morfológico originado por el turismo en los paisajes preexistentes (Vera,1997:27).
Los primeros trabajos relacionados con el turismo en el campo de la geografía comenzaron en la escuela francesa a finales del siglo XIX, donde el objeto de estudio se fundamentó principalmente en el análisis del paisaje que aportaba una significación, aunque descriptiva, con tintes más sociales que permitían una mejor comprensión de los fenómenos geográficos, (Luis, 1983).
A principios del siglo XX se introducen en la geografía del turismo conceptos de las ciencias sociales, principalmente en materia de estudio de la organización social al análisis físico, imponiendo como pauta que el principal elemento modificador del paisaje es la sociedad (Luis 1987). Posteriormente, en la tercera década del siglo XX, surge un nuevo enfoque en los estudios de geografía del turismo, donde se precisan conceptos en como turismo, lugar turístico y el de espacios turísticos que hacen un mayor hincapié en los aspectos económicos del turismo. Esta corriente propone la explicación de las actividades espaciales como resultado de la necesidad de ejercicio de los seres humanos para ejercer funciones vitales en el espacio, satisfacer sus necesidades y organizar el mismo para alcanzar estos objetivos. De esta forma surge la aproximación teorético-locacional, que se fundamenta en la construcción de una metodología basada en la doctrina economicista de la geografía, también llamada “nueva geografía” de corte neopositivista (Hiernaux ,2006).
Los diversos estudios de la geografía del turismo conllevan un análisis tanto estructuralista, descriptivo y neopositivista en su mayoría, por lo que surgen en la escena nuevos tópicos de discusión, basados fuertemente en la geografía crítica, en donde se abordan temas como la crítica ambientalista y los efectos negativos del turismo, (Hiernaux 2006). 
Otra faceta dentro de los estudios abordados en el tema del turismo en geografía han sido las investigaciones con tinte humanístico relacionadas con cuestiones de percepción y las culturales, cifrando atención en otros tópicos menos cuantitativos y más antropológicos o psicológicos. Esta de línea de investigación aborda temas de giro cultural, puesto que esta actividad no se concibe fuera de las sociedades emisoras y receptoras del fenómeno turístico, y comienza a interesarse por las prácticas socioespaciales ejercidas por los actores del proceso. Como lo refiere Hiernaux (2006:421):
“la nueva orientación de la geografía del turismo vuelve a colocar al turista en el centro del estudio, en vez de privilegiar, como se hizo en el pasado, las estructuras diversas que convocaban el acto turístico”.
 En esta nueva concepción, el turismo es concebido como:
“un sistema de actores, de prácticas y de lugares que tiene como objetivo permitir a los individuos desplazarse para su esparcimiento fuera de su lugar de vida habitual, yendo a habitar temporalmente en otros lugares” (Hiernaux, 2006:423).
El mismo autor señala que la geografía del turismo debe ser analizada a partir de la “encarnación” del turismo en el individuo, quien practica la “mirada turística” y ejercen prácticas turísticas que marcan el material y simbólicamente el espacio que se “turistifica” de esta manera. Se adopta una escala de estudio micro a diferencia de otras como la neopositivista que elige la escala macro, y centra la atención en el estudio de lo cotidiano.
En épocas recientes, la geografía del turismo se considera una disciplina emergente que no ha terminado de consolidarse y cuyo desarrollo se vincula a las nuevas tendencias que marca el estudio del turismo; sin embargo ha buscado delimitar su campo de conocimiento dirigido hacia diversos temas que de acuerdo con Vera (1997) se resume en los puntos siguientes: los patrones de distribución espacial de la oferta, los patrones de distribución espacial de la demanda, la geografía de los centros vacacionales, los movimientos y los flujos turísticos, el impacto del turismo y los modelos de desarrollo del espacio turístico.
Por su parte, López (2001) identificó cuatro puntos que es oportuno abordar desde el ámbito de la geografía del turismo. El primero es la localización de la actividad turística; el segundo, la infraestructura, particularmente las vías de comunicación que restringen o facilitan la vía de turistas; en tercer lugar, el análisis temporal de los espacios receptores de turistas, así como de las corrientes que se establecen, y por último, la escala de investigación.
La producción bibliográfica en materia de geografía del turismo se ha orientado principalmente  sobre cuatro rutas de investigación.
La primera ruta de investigación  se enfoca en examinar los patrones espaciales entre la oferta y demanda de la actividad turística para revelar estructura territorial que surge a partir del desarrollo de un espacio turístico; la segunda vertiente son las investigaciones que aluden a los impactos que ha ocasionado el turismo, que pueden ser desde impactos ambientales, económicos y sociales; el siguiente grupo corresponde a los estudios sobre la planeación espacial de las áreas turísticas teniendo en cuenta los elementos que las componen, como la población, los recursos, los servicios y la infraestructura; y por último, las investigaciones que elaboran modelos espaciales sobre la evolución y cambio de los patrones turísticos a través del tiempo y en diferentes escalas geográficas, la difusión espacial del turismo a escala nacional e internacional y los efectos de la distancia en los patrones de movimiento de los turistas.
Cabe señalar que la línea de investigación más fortalecida en geografía del turismo corresponde al análisis espacial de las actividades turísticas donde se emplean mapas y modelos para describir los patrones de turismo en distintas escalas análisis (nacional o internacional) y  modelizar los flujos domésticos, la estructura territorial del turismo, entre otras líneas de trabajo (Hiernaux, 2006).
No obstante, el desarrollo de la geografía del turismo no se ha agotado en la delimitación de los temas propios a investigar dentro de su campo, su evolución ha estado sujeta a constantes desafíos para enriquecer su contenido teórico y práctico, tal como lo plantea Vera (1997), la geografía turística requiere impregnar de relevancia social sus investigaciones, tanto si son básicas como aplicadas y deberá participar en equipos interdisciplinarios en la búsqueda de respuestas a los nuevos problemas del turismo. Además, es preciso que emplee adecuadamente las escalas de análisis espacial a los fenómenos que estudie. Una escala regional para los estudios de áreas turísticas, como son el análisis de localizaciones de los recursos, de las infraestructuras turísticas y de la movilidad del flujo turístico; y una escala local para observar y explicar las prácticas de los agentes sociales y los protagonistas del proceso de construcción del espacio turístico, los aspectos paisajísticos y morfológicos, la estructura interna del poblamiento o la evaluación del impacto ambiental.

El turismo religioso
De acuerdo al objetivo del viaje, se pueden distinguir diferentes tipos de turismo cuya variedad resulta de los distintos deseos, motivaciones o intenciones que tiene el propio turista respecto a lo que espera encontrar durante su viaje. Uno de los propósitos que ha originado el desplazamiento de personas hacia los lugares de destino turístico es la motivación religiosa. Autores como Barrado (2001) y Alonso (2002) consideran los factores religiosos como elementos que intervienen en el desarrollo del turismo. Mencionan que la visita a lugares sagrados genera flujos de turistas muy importantes en el mundo actual, y estos son considerados como turísticos porque suponen un viaje, un desplazamiento y residencia a los destinos finales. Se estima que cada año los centros de culto religioso reciben entre unos 220 a 250 millones de visitantes, en lugares como Roma con el Vaticano reciben aproximadamente 8 millones, Lourdes 6 millones, Claromontana entre 4 a 5 millones,  Fátima 4 millones y la Basílica de Guadalupe 2 millones; también en Europa, alrededor de 30 millones de personas, sobretodo católicos, dedican sus vacaciones a realizar un viaje religioso (http://sincronia.cucsh.udg.mx/salgado04.htm).
Los desplazamientos hacia lugares sagrados son una manifestación cultural muy antigua que ha pervivido hasta nuestros días desde distintos lugares del mundo. Pueden referirse como ejemplo las que se realizaban en el ámbito de civilizaciones antiguas como la griega, de tendencia politeísta, en donde se realizaban las fiestas de los Juegos Olímpicos en honor a Zeus; los Juegos Píticos, consagrados a Apolo (Bonilla, 1965). No obstante, el turismo religioso es un término de nueva creación que se emplea comúnmente para designar los viajes turísticos cuyo destino representan los lugares de culto religioso. Desde la década de los 50 del siglo pasado el término comenzó a utilizarse dentro de la comunidad científica del turismo, así como en instituciones eclesiásticas para dar nombre a un fenómeno social que desde aquel momento se estaba manifestando en los centros religiosos mas visitados del mundo. Desde su aparición, el término “turismo religioso” careció de una reflexión profunda sobre su contenido y aún no hay un acuerdo generalizado sobre su definición.
El término turismo religioso a menudo se emplea como analogía o substitución del concepto de peregrinación.  Autores como Vokonic (1997) no distingue diferencias entre el significado de ambos términos porque argumenta que es similar el comportamiento que muestran tanto turistas como peregrinos durante el viaje, al realizar actividades no solo de naturaleza religiosa, sino también de carácter turístico, especialmente en los lugares de destino.
La fusión que existe entre el turismo religioso y el fenómeno de las peregrinaciones ha sido la principal dificultad para definir los límites conceptuales de este término. La búsqueda para diferenciar ambos conceptos se ha encontrado en la motivación del viaje. La peregrinación consiste en un viaje o desplazamiento que realizan las personas por motivos religiosos para visitar un lugar considerado como sagrado. Las razones que mueven la salida de los peregrinos de su lugar habitual tienen que ver con la necesidad  o el cumplimiento, pueden ser petición de curación de gracia, petición de perdón, o bien, cumplimiento de un voto o participación en una fiesta patronal (Parellada, 2009). El turismo religioso, por su parte, tiene una motivación religiosa, pero complementa el interés dominante con otras actividades en el destino, por ejemplo, la visita a una iglesia por su arquitectura o el  interés de participar en una festividad religiosa. Como lo refiere Cánoves (2006), el turismo religioso se considera un viaje turístico donde el elemento religioso constituye uno de los objetivos principales. A los motivos tradicionales para hacer turismo, como el deseo de moverse, el descanso, la curiosidad por conocer a nuevas personas y disfrutar del patrimonio cultural, se le añaden cualitativamente nuevos elementos.
Las controversias en cuanto a la delimitación conceptual de turismo religioso aún continúan, no obstante se pueden identificar algunos elementos comunes que están presentes en las diferentes acepciones del término, como el  viaje o desplazamiento, la motivación religiosa, la estancia o visita en el lugar sagrado y el desarrollo de actividades turísticas. El turismo religioso, según Parellada (2009):
“comprende aquel tipo de turismo que tiene como motivación la visita de lugares sagrados (santuarios, conventos, monasterios, iglesias, ermitas, catedrales,…) o participación en celebraciones religiosas (Semana Santa por ejemplo,…) para descubrir el “genius loci”, es decir, la esencia religiosa, el mensaje que transmiten, el valor histórico y la belleza artística. Esto no excluye, sino comprende en muchas ocasiones, la oración, la celebración de los sacramentos”.
De acuerdo con esta definición, una de las formas en que se manifiesta el turismo religioso es a partir de la visita a santuarios o espacios religiosos emblemáticos, donde se conjuga tanto el valor religioso, como el artístico y monumental. Como ejemplo, lugares como Roma, Jerusalén y Santiago de Compostela, representan para el cristianismo los centros religiosos de mayor afluencia de visitantes. Por su parte, Roma es considerada la capital de la cristianidad y resulta atractiva como destino religioso por la presencia numerosos santuarios, entre  los que destaca la Basílica del apóstol San Pedro y la Capilla Sixtina, además de la existencia de varias tumbas apostólicas, la exhibición de reliquias y la presencia de catacumbas. También se considera como un lugar de peregrinación penitencial, de obtención de indulgencias y de absolución, razón por la que en determinados periodos se incrementa notablemente la llegada de visitantes al lugar.  
Tierra Santa es otro espacio sagrado considerado como un importante destino religioso marcado por los acontecimientos históricos que allí sucedieron en relación con la obra de Jesús, desde su nacimiento, ministerio, muerte y resurrección. Por ello, adquieren gran significado lugares como el templo de Jerusalén, Belén, el río Jordán, la iglesia de la Asunción, etc., porque representan algún episodio importante en la vida de Jesús, lo que los convierte en espacios de atracción para el turismo religioso.
Por último,  Santiago de Compostela es otro de los sitios religiosos más visitados en el mundo cristiano, cuyo interés se deriva por hallase en el lugar la iglesia donde se conserva la tumba del apóstol Santiago el Mayor, hecho que ha motivado la llegada de visitantes desde distintas partes de Europa y del mundo.
En México, país donde la religión católica se encuentra fuertemente arraigada, existen también numerosos santuarios distribuidos a lo largo del territorio nacional y representan puntos de encuentro para multitudes de personas que se desplazan desde diferentes lugares motivados por un espíritu religioso. Entre los santuarios más visitados se encuentran las Basílica de Guadalupe ubicado en la capital del país, el Santuario de la Virgen de San Juan de los Lagos en el occidental estado de Jalisco, el Santuario del “Santo Niño de Atocha” en el estado de Zacatecas y, en la región sureste del territorio mexicano, el Santuario de la Virgen de Juquila en el estado de Oaxaca.
Otra dimensión del turismo religioso consiste en los encuentros y celebraciones religiosas que atraen a miles de visitantes para ser espectadores de festividades que se organizan en determinados lugares para celebrar un aniversario, acontecimiento, la llegada de una personalidad religiosa o un jubileo (Lanquar, 2007). Las festividades relacionadas con la Semana Santa o representaciones de la pasión de Cristo, son en el mundo cristiano, ejemplos de acontecimientos que atraen a un importante flujo de turistas de diversas partes del mundo. Estas celebraciones resultan atractivas porque además de representar actos de devoción y fe religiosa, se combinan con elementos naturales y culturales propias del lugar, lo que le imprimen características únicas. Por ejemplo, la representación real de la pasión y muerte de Jesús que se lleva a cabo en Filipinas, donde el actor que representa a Jesucristo es clavado sobre la cruz de madera,  o bien, en Pernambuco, Brasil donde se construyó una ciudad entera para representar a Jerusalén y escenificar todo lo que pasó Jesús hasta su muerte. 
Los jubileos o años santos también representan hechos que promueven el desarrollo del turismo religioso al fomentar la llegada de visitantes en determinados periodos de tiempo, momento en que los fieles pueden obtener gracias o indulgencias especiales. Por ejemplo, el año 2000 en Papa Juan Pablo II lo declaró como Año Santo para celebrar los dos mil años del nacimiento de Cristo, dicho jubileo se celebró contemporáneamente en Roma, Tierra Santa y en diversas diócesis de todo el mundo.
En cuanto a México, el escenario cultural que lo caracteriza permite brindar numerosos ejemplos relacionados con acontecimientos o celebraciones de carácter religioso que son de interés para los turistas. Por mencionar algunos se encuentra la veneración del Niñopa  en  Xochimilco, celebrada en la capital del país durante el mes de enero; la fiesta de la Candelaria celebrada en el mes de febrero en Tlacotalpan Veracruz para honrar a la virgen que lleva el mismo nombre; la procesión del silencio en San Luis Potosí que se lleva a cabo durante la noche del viernes santo en honor a la Virgen de la Soledad; la celebración de la Virgen del Carmen en el estado de Campeche en el mes de julio; la fiesta de Corpus Cristi en el Distrito Federal; la festividad de San Francisco de Asís en Cuetzalán, Puebla en octubre; en diciembre la fiesta de la Virgen de Juquila en Santa Catarina Juquila, Oaxaca para venerar a la Inmaculada Concepción y en la capital mexicana, el festejo dedicado a la virgen de Guadalupe.
Por último, otra de las manifestaciones del turismo religioso se expresa en los caminos, itinerarios o rutas de peregrinación hacia lugares sagrados, donde el tránsito constante de personas que se desplazan a pie, en bicicleta, a caballo o en cualquier medio de transporte incide significativamente por las comunidades por las que pasan y los convierte en importantes productos turísticos. La más popular son las rutas del Camino de Santiago que corresponde a los diferentes emplazamientos físicos que conducen hasta Santiago de Compostela  dotados de una red de infraestructura y servicios para los turistas, lo que en los últimos años lo ha convertido en uno de los productos turísticos de más éxito en España.
La dimensión territorial del turismo religioso
En los puntos anteriores se hizo mención del enfoque que aporta la geografía para los estudios de turismo, así como una breve exposición sobre el significado de turismo religioso y de las formas en que se manifiesta. En este apartado se conjugan ambos aspectos para destacar la relevancia del enfoque de la geografía del turismo aplicado a los estudios de turismo religioso.
Rasgos geográficos de la actividad turística religiosa
La localización es uno de los principios básicos de la geografía la cual da respuesta a la pregunta ¿dónde?, y consiste en definir o precisar la ubicación del área de estudio dentro del territorio, lo que le confiere particularidad al fenómeno o proceso que se analiza. La localización del lugar sagrado o santuario permite identificar los elementos geográficos que resultan significativos para explicar la dinámica de la actividad turística que ahí se desarrolla, y que además le otorga al territorio una singularidad única en relación con otros sitios de interés religioso. Por ejemplo, si el lugar sagrado está localizado en una zona de montaña, en un contexto rural o urbano, etcétera.
El trabajo de Arriegui (2009) considera un elemento geográfico como factor de peso para explicar la dinámica de la actividad turística religiosa. Teniendo como lugar de estudio en el Santuario dedicado a la Virgen de Torrecuidad en España, este autor  realizó una reflexión sobre el papel que juega el turismo religioso en las zonas de montaña en relación con el planteamiento sostenible de turismo en general. La ubicación del santuario de Torrecuidad en una zona de montaña fue el elemento clave para la planeación y desarrollo del proyecto turístico. El diseño arquitectónico del nuevo santuario se planeó en función a las características del espacio circundante guardando armonía y respeto por la naturaleza y cuya arquitectura estuviera en sintonía con las costumbres y cultura de población lugareña, así como el uso de técnicas y materiales tradicionales que armonizaran con el paisaje. Para la construcción del santuario se priorizó el respeto por el entorno natural,  fomentando en los visitantes el cuidado por la naturaleza mediante la difusión de actividades de sensibilización ambiental, por ejemplo, disponer de espacios destinados para que los visitantes contemplen la diversidad de la flora y fauna endémica de la zona. Las características geográficas del lugar también fueron prioritarias al momento de planificar aspectos dinamizadores del desarrollo local, por ejemplo, la construcción de una presa que abasteciera de riego a las poblaciones cercanas y la generación de energía eléctrica.
Los rasgos geográficos del Santuario de Torreciudad  fijado por su ubicación en una zona de montaña ha sido un elemento clave para el diseño exitoso de un proyecto turístico, que con el tiempo lo ha llevado a colocarse como uno de los destinos religiosos más visitados de la región.
Los rasgos geográficos fijados por la ubicación de los lugares sagrados no únicamente han sido relevantes desde el punto de vista de la planeación, también son considerados como elementos explicativos del poder de atracción que tienen los lugares sagrados. En una clasificación elaborada por Preston (1992), el autor reconoce que la dificultad de acceso a los lugares sagrados es una de las razones por las que se presenta “magnetismo espiritual”.  Las características de inaccesibilidad del lugar sagrado determinado por los rasgos geográficos (relieve de montaña, climas extremosos, ausencia de recursos hídricos, etcétera) simbólicamente le imprimen al viaje el factor de riesgo y de penitencia que lleva a las personas a salvar todos los obstáculos hasta llegar al lugar sagrado.
Contexto rural-urbano
Otro elemento de carácter geográfico que ha sido considerado en los estudios de turismo religioso es el contexto rural o urbano en el que se desarrolla la actividad turística. Esta noción del territorio permite establecer diferencias cualitativas relacionadas con la naturaleza del turismo. Por ejemplo, si el destino religioso se localiza en una zona urbana,  la actividad turística se apoya de la infraestructura y equipamiento físico que brinda la ciudad, existe una mayor accesibilidad para que los visitantes se conduzcan al destino turístico por la presencia de vías de comunicación terrestre y aérea, servicios de hospedaje y de alimentos, así como la oferta de otros recursos turísticos como museos, edificios históricos, instalaciones deportivas, actividades nocturnas, etc., que complementan la  oferta turística. Teniendo como escenario geográfico el contexto rural para el desarrollo del turismo religioso, se conjugan, además de las características y condiciones del equipamiento físico, otros elementos que le imprimen a la actividad un sello particular. Las rutas de tránsito que conducen al sitio sagrado se realizan por caminos, veredas, ríos o cañadas y la naturaleza adquiere mayor significado como recurso turístico; la oferta turística gira en torno al santuario como el principal o único atractivo del lugar. Los aspectos culturales y las expresiones religiosas de la población rural juegan también un papel importante en las características de los lugares sagrados, que además de los santuarios, el poder de atracción lo ejerce el carácter lúdico que se expresa a partir de las fiestas y celebraciones religiosas.  
La ubicación de sitios turísticos religiosos en zonas rurales adquiere relevancia en términos económicos y laborales. Puesto que en muchas regiones rurales falta una base económica para fomentar el desarrollo, con el turismo se presenta la oportunidad de iniciar un crecimiento económico, dado que estas zonas muchas veces disponen de un enorme patrimonio cultural y natural. Estas formas de turismo pueden jugar un papel importante en la promoción del desarrollo económico en zonas menos desarrolladas. Uno de los beneficios del turismo en las economías rurales es la creación de fuentes de ingresos adicionales y puestos de trabajo para la población local, de infraestructuras, expansión de los servicios locales, desarrollo regional y mejora de calidad de vida.
Los contextos rural o urbano continúan siendo importantes para las personas que visitan un territorio turístico, también para los responsables de la planificación y para los encargados de diseñar políticas.
Rutas de transito
Otra aproximación de la dimensión geográfica del turismo religioso consiste en el estudio de los espacios de movilidad o las rutas de tránsito que conducen a las personas hacia los lugares sagrados. A diferencia de otros tipos de turismo, donde la atención se centra en analizar los lugares donde se desarrolla la actividad, el turismo con motivación religiosa amplia su estudio hacia los espacios de movilidad que conectan las áreas de origen con las de destino turístico, por ser espacios de transito frecuente de peregrinos y turistas que se desplazan hacia los lugares de interés religioso. Es importante considerar el análisis del territorio marcado por las rutas de tránsito porque son zonas donde también se consumen diferentes elementos de la industria turística y supone un impacto económico por las localidades donde pasa el recorrido de los viajeros. Desde la perspectiva del turismo estos espacios son susceptibles a ser aprovechados para planear itinerarios que permitan a los viajeros disfrutar de varios elementos como cultura, historia, naturaleza, espiritualidad. Como lo menciona Maak (2009), las rutas pueden incluir varios temas que abarcan tanto religiosidad como rutas históricas, gastronómicas o con motivos geográficos y además existe la posibilidad de promocionar un turismo sostenible, de canalizar los flujos turísticos y contribuir a la conservación de los monumentos. Junto a la protección del patrimonio cultural y natural, las rutas contribuyen al incremento de los ingresos, el desarrollo de las infraestructuras y por consiguiente al incremento de la calidad de vida de las personas por las localidades por donde pasan.

Conclusiones
La multidiscplinariedad que caracteriza los estudios del turismo permite realizar investigaciones bajo distintos enfoques y metodologías cuyos resultados contribuyen a enriquecer tanto el campo teórico y conceptual como el aplicado de esta disciplina. La geografía del turismo aporta a esta área de investigación la visión territorial teniendo en cuenta diversos elementos de carácter geográfico para explicar la dinámica de las actividades turísticas, reconociendo que cada actividad tiene una singularidad fijada por las características del lugar donde se desarrolla. Bajo esta mirada, la geografía resulta una disciplina de gran importancia para investigaciones sobre turismo religioso porque permite un acercamiento al análisis del territorio del lugar sagrado, al identificar los elementos que están interviniendo en la dinámica de la actividad turística, además de que reconoce vínculos territoriales que se establecen con otros espacios significativos para el desarrollo de esta actividad, como son las rutas de tránsito donde que conducen a los lugares de destino turístico, así como los sitios de procedencia de los turistas.
Las investigaciones sobre turismo religioso desde la perspectiva geográfica han servido no solo para enriquecer el propio campo de estudio de esta disciplina, también brinda a otras áreas del conocimiento elementos que contribuyen al estudio de este fenómeno, por ejemplo, a la economía, el transporte, la planificación y desarrollo de proyectos.
Finalmente, en el escenario tan diverso de México tanto natural, social, económico y cultural resulta necesario incluir el análisis geográfico en los estudios de turismo religioso, que permita conocer las expresiones particulares de cada destino religioso donde se combinan elementos diversos elementos de carácter geográfico.

Bibliografía
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