PLAN ESTRATÉGICO DE DESARROLLO SOSTENIBLE EN RED PARA RORAIMA (BRASIL)

Silvio Testa

1.3 Conceptos económicos


Ya hemos visto brevemente el itinerario histórico por el cual ha llegado a desarrollarse la vinculación entre economía y medio ambiente y como las NU manejan  el concepto de desarrollo sostenible. Ahora nos proponemos, a partir de los conceptos extraídos desde los documentos de las NU profundizar minimamente en ellos desde el punto de vista económico. Nos parece importante llegar a comprender algunos de los conceptos económicos relacionados con el desarrollo sostenible por un lado para situar los problemas existentes entre medio ambiente y desarrollo, por el otro conocer las posibilidades que ofrece la economía para una relación entre los dos términos. Nuestro objetivo es el de ir construyendo una estructura teórica lo más coherente posible.
Si tenemos en cuenta que nos movemos en una época profundamente marcada por el proceso que se denomina de “globalización” cuya característica es su complejo entramado de relaciones,  y si nos proponemos como acabamos de decir ir construyendo una estructura coherente para nuestro trabajo, no podemos no tener en cuenta lo que supone un mínimo acercamiento al  paradigma de la complejidad1 .
Para las ciencia clásicas el principio fundamental es el  de legislar, plantear las leyes que gobiernan los elementos fundamentales de la materia, de la vida. Para legislar, se debe desunir, es decir, aislar efectivamente los objetos sometidos a las leyes. Legislar, desunir, reducir, estos son los principios fundamentales del pensamiento clásico. Pero las prácticas clásicas del conocimiento son insuficientes. Mientras que la ciencia de inspiración cartesiana iba muy lógicamente de lo complejo a lo simple, el pensamiento científico contemporáneo intenta leer la complejidad de lo real bajo la apariencia simple de los fenómenos. Hoy está claro que el descubrimiento de un principio simple no es el final de la búsqueda; ello reenvía inevitablemente al principio simple que ha esclarecido en parte. Así, piénsese en el caso del código genético que, una vez descubierto, nos reenvía a la pregunta: ¿por qué existe esa diversidad extraordinaria de formas en los animales y los vegetales? La complejidad nos aparece, ante todo, efectivamente como irracionalidad, como incertidumbre, como angustia, como desorden.
La complejidad parece primero desafiar nuestro conocimiento y, de algún modo, producirle una regresión. Cada vez que hay una irrupción de complejidad precisamente bajo la forma de incertidumbre, de aleatoriedad, se produce una resistencia muy fuerte. Hubo una resistencia muy fuerte contra la física cuántica, porque los físicos clásicos decían que se estaba volviendo a la barbarie. Parece absurdo desde la mentalidad clásica  situarse en la indeterminación cuando desde hace dos siglos todas las victorias de la ciencia han sido las del determinismo. Ha sido necesario el éxito operacional de la física cuántica para que, superando el paradigma de simplificación de la ciencia clásica, se comprenda que la nueva indeterminación constituía también un progreso en el conocimiento de la misma determinación.
Al trasladar este principio de incertidumbre (que debería introducirse en los ámbitos epistemológicos de las ciencias e impulsarlas hacia una convergencia multidisciplinar) al ámbito económico, y a raíz de las diferentes concepciones citadas en relación al desarrollo sostenible, nos reafirmamos en la importancia de servirnos de diferentes teorías sin por ello aceptar como inequívoca ninguna de ellas. Nos parece una postura pertinente sobre todo al tener que manejar conceptos que de desde el punto de vista de la relación entre medio ambiente y sistemas económicos, encierran manifiestas dificultades 
Empezaremos desde el punto de vista de la economía ambientalista, una corriente de la economía que ha surgido a partir de la preocupación de establecer relaciones entre la economía y el medio ambiente. La economía ambiental abarca el estudio de los problemas ambientales empleando la visión y las herramientas de la economía. Intentamos ver algunos de los principios surgidos desde esta perspectiva.


1.3.1 Conceptos de la economía ambientalista


Para empezar tenemos que tener claro el principio que más dificultad presenta a la hora de relacionar economía con medio ambiente; es el del problema de la gestión de recursos medioambientales. Se entiende por Gestión ambiental al conjunto de acciones encaminadas a lograr la máxima racionalidad en el proceso de decisión relativo a la conservación, defensa, protección y mejora del Medio Ambiente, basándose en una información coordinada multidisciplinaria y en la participación de los ciudadanos siempre que sea posible. Mediante esta metodología en la toma de decisiones se da una nueva comprensión del hombre sobre la naturaleza, viéndose a sí mismo como responsable por la protección del medio ambiente.
En el vocabulario de los economistas, cuando se habla de valor se hace referencia casi exclusivamente al valor monetario que se asigna a un bien y que aparece debido a la interacción entre un objeto y un sujeto. En relación a la asignación de este valor con el medio ambiente se puede afirmar que “la investigación económica de la valoración monetaria de los bienes ambientales todavía está en estado embrionario…”.2 Esto porque estamos hablando de ámbitos atípicos para una economía de mercado en el que nos encontramos en situación de  tener que estimar el valor de un bien en ausencia de demanda. Los beneficios y costos de la conservación son generalmente medidos por el "Valor Económico Total" (VET), el cual se descompone en valor de uso y valor de no-uso o intrínseco (existence value). El primero se refiere a la capacidad que tiene el bien de satisfacer alguna necesidad y puede ser dividido en valor directo, valor indirecto o en valor potencial (option value).
El valor de uso directo es el más obvio pero no siempre es fácil de ser medido en términos económicos. Por ejemplo en el caso de un bosque tropical se puede evaluar el valor directo de la madera mediante los precios vigentes en el mercado internacional. Sin embargo en el caso de las plantas medicinales ¿Cómo se evalúa su valor directo: por el valor de las vidas salvadas? 3 El valor indirecto de un bien está relacionado a los servicios que un bien presta por el hecho de existir, por ejemplo un bosque tropical sirve para absorber el CO2 emitido y reducir el efecto invernadero. El valor de opción se refiere al monto que los individuos estarían dispuestos a pagar hoy para guardar ese recurso para poder explotarlo en el futuro. Por último el valor de existencia de un recurso natural está relacionado con la valoración que se le da independientemente de su uso actual o alternativo en el futuro. Volveremos sobre ellos más adelante.

Actualmente la teoría económica carece de una garantía de que cualquier óptimo económico esté asociado a un equilibrio ecológico estable. Quiere decir esto que la economía, prescindiendo de su línea ideológica, no permite asegurar que sus sistemas son ecológicamente sustentables porque no tiene un “teorema de existencia”, eso es, una teoría que garantice la sostenibilidad del sistema económico. “La única forma de garantizar esta sostenibilidad es asegurar que los modelos económicos tengan unas condiciones de sostenibilidad intrínseca.”4 Según este autor esto significa que hay que pasar de una concepción económica lineal abierta en la que el crecimiento es algo que hay que perseguir para el futuro independientemente de su relación con el medio ambiente a una concepción cerrada donde el sistema tiene que integrar en si mismo otras perspectivas además de la económica, para obtener la garantía de sostenibilidad y para asegurar su propia supervivencia.
Esto a imitación de un ecosistema que incorpora toda una serie de funciones que permiten su subsistencia. De hecho en la relación entre economía y medio ambiente podemos observar una diferencia importante: mientras los residuos de los sistemas naturales tienen la propiedad de ser reciclados por el propio sistema, los residuos producidos por el sistema económico no se reciclan, sino que suelen ir a parar a los sistemas naturales. Estos tienen una capacidad para transformar los residuos en productos no dañinos o ecológicamente útiles. Mientras el sistema económico deseche una cantidad de residuos asimilables por el sistema natural, el sistema económico funcionará como un sistema natural, aunque sigan disminuyendo los recursos no renovables. En este sentido podemos considerar la capacidad de asimilación de residuos del sistema natural como un recurso finito. Así los recursos naturales tienen diferentes capacidad de regeneración. Si utilizamos un recurso renovable a un ritmo superior al de su capacidad de regeneración lo estaremos convirtiendo en recurso no renovable. Se pueden establecer así tres funciones económicas positivas del medio ambiente: provisión de recursos, asimilación de residuos y generación de utilidad. El problema está en el reconocer los precios positivos de estas funciones económicas.
Ahora queda ver como un sistema cerrado como el propuesto puede garantizar una evolución que aporte un aumento del nivel de vida (en sentido amplio) de las personas. Trasladando la pregunta a la perspectiva de sostenibilidad, podríamos preguntarnos como habría que tratar el medio ambiente para que pueda jugar un papel de sustento de la economía y de aumento del nivel de vida. La gestión de los recursos naturales tiene que pasar por determinadas reglas, algunas de las cuales ya se han presentado. En los intentos de formulación de una economía sostenible, la economía ambiental pone el énfasis sobre las funciones económicas del medio ambiente. Si consideramos la capacidad de asimilación de residuos también como un recurso renovable, esta se incorporaría a la primera regla formando una única: la necesidad de conservación de los recursos naturales renovables a lo largo del tiempo. Pero estas reglas no consideran aquellos recursos no renovables que por definición tendrán que agotarse en algún momento. El reto será pues hacer posible el mantenimiento de un determinado nivel de vida a partir de unos recursos en diminución. Otro elemento a tener muy en cuenta es el aumento de la población. ¿Será posible la mejora del nivel de vida de una población si decrecen las existencias de recursos naturales? Las existencias naturales (bosques tropicales, océanos, zonas húmedas, atmósfera, estratosfera, etc.) tienen funciones como la regulación del clima, la protección del agua, mantenimiento de recursos biológicos, etc., que no pueden ser considerados no productivos, o con una producción menor de la que se atribuye al capital humano.
Las tecnologías han tenido una progresión no indiferente en relación a la disminución de la necesidad de recursos naturales aunque estas no necesariamente contaminan menos, y de todas maneras, no parece que la euforia en la tecnología sustitutiva sea tan fuerte como hace unos años.

La dificultad “de llegar a alguna conclusión de carácter definitivo sobre el papel que juega el medio ambiente como apoyo y elemento sustentador de los sistemas económicos es que nos encontramos con una importante incertidumbre científica sobre ese papel”. 5 El desconocimiento de cómo funciona el medio ambiente imprime una incertidumbre sobre la función que juega  este como interlocutor de la economía. Pero por encima de todo hay que considerar que el sacrificio de los recursos naturales nos lleva a menudo a la “irreversibilidad”. A pesar de las incertidumbres, si nos equivocamos a la hora de valorar los recursos naturales en relación con la economía y con el nivel de vida, no podremos corregir los errores a posteriori. La incertidumbre y la irreversibilidad deberían de interrogarnos más a menudo sobre una utilización de los recursos naturales dirigida a su extinción.
Así la dependencia de los países menos desarrollados de los recursos naturales, la herencia de recursos naturales para las generaciones futuras, el debate sobre los derechos de los seres sensibles no humanos, deberían hacernos recurrir a una mayor prudencia para con la disminución inducida de los recursos naturales. Cada vez está más extendida la aceptación de un “valor de existencia” de los recursos naturales. La disposición a pagar para asegurar la existencia de los recursos naturales apunta a que la medida de valor económico que se le asigna tiene capacidad de crecer y de convertirse en real si existiera un mercado. Esto implica que las reducciones del capital natural existente deberían ser mucho más valoradas de lo que lo son actualmente.

Acabamos de ver que las medidas de contaminación inciden directamente sobre las reducciones del capital natural existente. El futuro de éstas dependerá por lo tanto del tipo de gestión que se haga de los residuos y de la administración de su impacto en el medio ambiente.
A nivel global se habla de contaminantes de los comunes globales (la atmósfera, la estratosfera, los océanos) que aparte de ser considerados como recursos de libre acceso, son los que todas las naciones comparten como propiedad común. Los principales contaminantes de estos recursos comunes son el dióxido de carbono responsable del calentamiento del planeta (efecto invernadero), los clorofluorocarbonos (deterioro de la capa de ozono) y la lluvia ácida. En todos estos problemas globales persiste la incertidumbre científica la cual hace difícil establecer cuales son las actuaciones adecuadas para limitar la contaminación de los comunes globales.

La definición económica de contaminación depende de dos factores: uno es el efecto físico de la contaminación y el otro es la reacción humana ante el hecho contaminante. Normalmente la contaminación se considera una “externalidad negativa”, es decir que se sitúa fuera de los costes internos de una fuente de contaminación. Si consideramos al contaminador como al contaminado en paridad de derechos tenemos que pensar en una compensación del uno al otro en relación a la pérdida de bienestar del contaminado. Esto nos dice que existe una forma de externalidad óptima que reúne por un lado el máximo de beneficio para el que realiza la actividad contaminante incluyendo la asunción del coste externo de la contaminación, y por el otro mantiene la seguridad del beneficio social que tienen garantizado  las personas que no se verán afectadas por la contaminación. Esto quiere decir en definitiva que las actividades contaminantes tienen que tener una regulación para no perjudicar en exceso el bienestar social.
Ahora bien. ¿Es posible el logro de la contaminación óptima a través del mercado? La respuesta a esta pregunta no es unánime y hay que buscarla en las diferentes corrientes de pensamiento económico. R. Coase por ejemplo plantea la posibilidad de que aunque el mercado no logra por si solo la exernalidad óptima, es posible establecer condiciones no drásticas (impositivas) para que se dirija hacia ello. Esta visión se basa en los derechos de propiedad privada entre el contaminador y el contaminado, por el cual siempre existe margen de negociación entre los dos y la posibilidad de llegar a un acuerdo.  Las críticas al teorema de Coase surgen de que esto puede ser posible en situación de competencia perfecta, cosa que según nuestro autor está muy lejos de la realidad, no tiene en cuenta que los efectos contaminantes pueden duran cientos de años y los afectados todavía no han nacido por lo cual es imposible una negociación entre las partes, que los derechos de propiedad sean solo del contaminador, por lo cual el contaminado se vea en la situación de tener que pagar para que el contaminador no contamine, etc.
Otro tipo de regulación de la contaminación es el llamado impositivo, es decir gravar a través de impuestos las actividades contaminantes. Este punto de vista supone la intervención pública estatal. Un autor que trabajó sobre estos conceptos fue A.C. Pigou, el cual propuso un impuesto como medio idóneo para lograr el equilibrio entre el coste social  el privado. Se trata de un gravamen por contaminación que no tiene un uso muy extendido en la actualidad. Esto es así por la dificultad anteriormente descrita de la estimación monetaria del daño ambiental causado por una acción contaminante. Como nos encontramos en una incertidumbre notable a nivel científico es muy probable que la fijación de un impuesto lleve a discusiones legales infinitas y a la imposibilidad de un acuerdo basado en una base económica sólida. Sin embargo es necesario que las estimaciones del daño ambiental tengan relación no tanto con el valor monetario, sino con el sentimiento social  del coste ante los daños causados. De toda manera la forma usual de regulación ambiental es a través del establecimiento de estándares ambientales, es decir que se establecen normas de contaminación por cada uno de los elementos contaminantes, normalmente relacionados con factores de salud. Estos estándares establecidos necesitan de un organismo de control con poder sancionador para cumplirse, cosa que no existe. Estos tienen el inconveniente de que son poco atractivos económicamente hablando porque distan mucho de asegurar el nivel óptimo de contaminación al tener una posibilidad mínima de sanción y por lo tanto el incentivo a cumplirlos dependerá exclusivamente de la conciencia individual del contaminador.
Otra faceta de la regulación de la contaminación es la de los “permisos de contaminación negociables”. En este caso, al igual que en el establecimiento de los estándares, la autoridad establece un determinado nivel de contaminación y concede permisos que agotan la cantidad establecida. La diferencia con el establecimiento de los estándares es que estos permisos se pueden comprar y vender en un mercado de permisos. Los motivos para comercializar los permisos son varios. Uno es el de minimizar los costes, dejándolos en mano del mercado; otro es el de que los nuevos participantes al sumarse a la actividad contaminante preferirán invertir en nuevas tecnologías si el coste de los permisos excede el de reducción de contaminación; también  se crea una oportunidad para los que no contaminan, que pueden teóricamente beneficiarse de la compraventa de los permisos; otra es que los permisos obvian el problema de calculo de los impuestos, ya que se ajustan automáticamente a los criterios de la oferta y demanda incluyendo los efectos de la inflación.

La medición de los daños ambientales, al igual que el establecimiento del valor monetario de los bienes naturales es una tarea complicada rodeada de las consecuencias de las incertidumbres provenientes del desconocimiento científico del funcionamiento del medio ambiente. De todos modos sí hay alguna pista que nos permite acercarnos a una valoración de los recursos naturales afectados por la contaminación. Volvemos a hablar de “valor directo”, “valor indirecto” y “valor de opción”. Vamos a valernos de Alberto Pascó-Font para esta exposición.
Como ya dijimos más arriba el valor de uso directo es el más obvio pero no siempre es fácil de ser medido en términos económicos
El valor indirecto de un bien está relacionado a los servicios que un bien presta por el hecho de existir, por ejemplo un bosque tropical sirve para absorber el CO2 emitido y reducir el efecto invernadero. El valor de opción se refiere al monto que los individuos estarían dispuestos a pagar hoy para guardar ese recurso para poder explotarlo en el futuro. El valor de existencia de un recurso natural está relacionado a la valoración que se le da independientemente de su uso actual o alternativo en el futuro. La intuición de este concepto es sencilla de comprender si se observa la gran cantidad de personas que estarían dispuestas a pagar alguna suma de dinero por conservar la vida salvaje u otras cualidades naturales independientemente de si participan o no de sus beneficios, por ejemplo a través del ecoturismo. Por ejemplo esta disposición de pago podría verse reflejada en la preferencia por literatura o programas relacionados con la naturaleza y/o el medio ambiente. Mediciones empíricas del valor existencias de los recursos naturales realizados en otros países a través de encuestas sugieren que este podría llegar a representar una parte importante del valor económico total. Estos resultados son más significativos cuándo el activo natural es único, por ejemplos las selvas tropicales.
A pesar de las dificultades de la cuantificación, existen una serie de técnicas de valoración económica que han sido desarrolladas a un nivel más o menos detallado y que pueden ser resumidas, a grandes rasgos, a cuatro.
1) Enfoques Convencionales de Mercado. Estos enfoques utilizan precios de mercado para valorizar el recurso natural en cuestión. Si los precios de mercado no son un reflejo aceptable de la escasez relativa del activo ambiental, éstos son ajustados por los precios sombra del recurso. Cuando el daño o la mejora ambiental traen consigo cambios en el precio y la cantidad del activo natural, dichos daños (mejoras) pueden ser medidos a través del cambio en el excedente del consumidor más el cambio en el excedente del productor. Si los cambios son pequeños los valores pueden ser aproximados por valores de mercado. El problema consiste en imputarle un valor económico a estos servicios para que se pueda dado de polución es asociado con un cambio en el nivel de producto, y este producto es valorado a los precios de mercado o a sus precios sombra. El segundo enfoque es el de "Costo de Reposición". Este enfoque aproxima el costo de reponer o reemplazar el daño causado al medio ambiente o al recurso natural, y usa este costo como una aproximación del beneficio por restauración. Este método es bastante directo; si el daño ambiental es perpetrado, usualmente es bastante fácil calcular el costo de reposición por el daño causado. El costo de reposición es muy usado como una aproximación del daño. Este enfoque es correcto cuando es posible argumentar que el trabajo de reposición debe ser aplicado debido a alguna otra restricción. Por ejemplo, en una situación en la que existe cierto nivel de calidad del agua que es obligatorio, se puede usar el costo de alcanzar dicha calidad como una aproximación del benéfico que se obtiene por mantener dicha calidad. Sin embargo, este método tiene ciertos riesgos. Si el costo de reposición es una medida del daño, entonces el ratio beneficio/costo será siempre la unidad: los costos de reposición están siendo usados como una aproximación de los beneficios de la reposición. Afirmar que el trabajo de reposición debe ser llevado a cabo implica que los beneficios exceden a los costos, cualesquiera sean éstos. Los costos son así una medida mínima de los beneficios. Por ejemplo, si el estándar de calidad de agua del caso anterior ha sido impuesto sin tener en cuenta los costos, el uso del método del costo de reposición como una medida del beneficio mínimo puede llevar a decisiones erróneas. Una situación en la cual este método es válido sería una en la cual existe una restricción general para impedir el deterioro de la calidad ambiental. En tales circunstancias el costo de reposición puede ser utilizado como una primera aproximación del beneficio o daño. El enfoque de los Proyectos Sombra se basa en este hecho. El costo de cualquier proyecto para restaurar el medio ambiente debido a una restricción de conservación es una aproximación de la valoración mínima del daño causado.
2) Función de Producción de los Hogares (FPH). En este enfoque, se emplea el gasto que realiza un hogar en insumos o bienes que son sustitutos o complementarios del activo natural en cuestión como una aproximación al valor del cambio en dicho activo. Por ejemplo, las medidas que realiza un hogar para aislarse del ruido de la calle son una aproximación del costo de reducir el ruido en su fuente. Existen dos enfoques dentro del FPH. El primero es el "Gasto Preventivo" por el cual el gasto en todos los bienes que compensan por la pérdida del activo natural son sumados. El segundo enfoque es el de "Método de Costo de Viaje". Por este enfoque el costo que se paga por viajar a un lugar de recreación natural, puede ser utilizado como estimación del beneficio que se obtiene por la experiencia de estar en un paraje natural. En otras palabras, el placer que da el tener un ambiente natural cerca se puede medir como el monto que el individuo está dispuesto a pagar por visitar un sitio similar.
3) Métodos de Precios Hedonistas. A través de estos métodos de "Precios Hedonistas" (MPH) se hace un intento por estimar un precio implícito para los activos naturales o el medio ambiente acercándose a los mercados reales en los cuales éstos son objeto de transacciones. Así, conceptos como "aire limpio" o "paz y tranquilidad" son efectivamente objetos de transacciones en los mercados ya que por ejemplo estas variables son tomadas en cuenta en el precio de casas o terrenos. Por ejemplo, un terreno con ciertas características se vende a un precio mayor en una zona residencial, cerca de parques, con poca polución que un terreno con las mismas características localizado en una zona industrial. El diferencial de precios revelaría cuanto se está valorizando la tranquilidad y el aire limpio. Los dos mercados más interesantes en el enfoque de "Precios Hedonistas" son los de casas y terrenos para evaluar la calidad del aire, el ruido, parques, etc. El segundo mercado importante en este enfoque es el mercado de trabajo. En éste se evalúan los cambios en la mortalidad y en el riesgo laboral debido a causas ambientales. La variable "riesgo" es objeto de valoración en el mercado de trabajo, de manera que trabajos de alto riesgo son compensados con un sueldo mayor que incluye una prima por riesgo.
4) Métodos Experimentales. En los métodos experimentales se pretende que los agentes revelen sus preferencias a través de cuestionarios debidamente estructurados. Existen básicamente dos tipos de cuestionarios a aplicar. Primero están aquellos en los que se pide a la persona que revele su valoración. En éstos se pretende directamente averiguar cuánto están dispuestos los agentes a pagar por un activo X o por evitar una acción Y, o cuánto estarían dispuestos a recibir por aceptar o tolerar un nivel de contaminación Z. Este es el Método de Valoración Contingente (MVC). Luego se tienen aquellos cuestionarios de ranking revelados. En estos cuestionarios se pretende establecer ranking de preferencias, las cuales puedan ser usadas posteriormente para hallar equivalencias con precios en los mercados de bienes. Este es el Método de "Escalas Contingentes".
5) Otro método ampliamente utilizado es el de "Costo de Oportunidad". En este método no se pretende estimar directamente ningún beneficio. En este método los beneficios de una actividad causante de cambios en el medio ambiente son estimados para establecer una referencia para los beneficios que se obtendrían en la mejor alternativa posible. Este método es bastante útil en la evaluación de proyectos mineros o energéticos.
Las propuestas que se han dado de preservación versus desarrollo merecen ser tenidas en cuenta. Una de la que ya hemos hablado es la del Valor económico total. Ante la opción de desarrollar una zona o de preservarla hay que tener en cuenta la relación entre el valor actual de los beneficios del desarrollo (VABd) menos los costes del desarrollo (Cd) menos los costes directos de preservación (CDp) tiene que ser mayor al precio de opción (PO) más el valor de existencia (VEX). Esquemáticamente podemos visualizar esta operación en la siguiente formula:

[VABd-Cd-CDp] > [PO+VEX]

Ahora bien, debido a la fácil estimación monetaria de VABd, Cd y CDp, y a la dificultad de medir tanto el PO como el VEX se podría pensar en la imposibilidad de que la formula tenga un contenido adecuado y objetivo tal y como es costumbre en la economía de considerar como más importantes las cosas que se puedan medir de las que no se puedan medir. Pero esta tentación no debería tener lugar ya que “los valores económicos incorporados en preferencias que no son de mercado no son menos importantes de los incorporados en preferencias de mercado.”6 Si además tenemos en cuenta que el sesgo que se le suele dar a las evaluaciones de los proyectos de desarrollo a posteriori es de aumentar los beneficios obtenidos por una parte y, por la otra, la subestimación del progreso tecnológico que no se descuenta en proporción a su necesidad de renovación, tenemos que tomar muy en serio la segunda parte de la formula presentada sin dejarnos llevar por una falsa valoración de la importancia de los dos términos. En esta óptica tenemos que citar el enfoque de Krutilla-Fisher, cuyo principios son que los beneficios de la preservación perdidos se consideren parte de los costes del desarrollo, que los beneficios de la preservación crecen a lo largo del tiempo, que los beneficios del desarrollo tienen un factor de descuento adicional resultante de la tecnología obsoleta, que el valor actual del desarrollo puede ser muy sensible al efecto del precio relativo de la preservación y al factor de obsolescencia tecnológica. Otro enfoque es el de los estándares mínimos de seguridad. Este enfoque apuesta por invertir el sesgo de los proyectos de desarrollo de manera que la preservación sea la opción favorita, es decir, aboga por evitar un daño ambiental irreversible salvo que el coste social de no realizar un proyecto de desarrollo sea inaceptable.

Como podemos apreciar,  todo el esfuerzo para ir más allá de los límites del sistema económico se centra en los intentos de medir económicamente factores que hasta ahora no habían sido contemplados por la racionalidad económica. Vamos ahora a situarnos en la perspectiva de las llamadas Nuevas Teorías del Desarrollo.


1 Para esta breve presentación del concepto nos servimos de Edgar Morin. L´intelligence de la complexité. Paris 1999.

2 D. W. Pearce, R.K. Turner. Economía de los recursos naturales y del medio ambiente. Madrid 1995. Pg 50

3 Alberto Pascó-Font. Valorización de los recursos naturales y políticas para la promoción del desarrollo sostenible de la amazonia. En http://archive.idrc.ca/library/document/101488/chap11_s.html

4 D. W. Pearce, R.K. Turner.  Pg 46.

5 Ibid. Pg. 81

6 Pearce. Ibid. Pg. 383

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