RESEÑAS BIOGRÁFICAS DE FIGURAS SIGNIFICATIVAS EN LA HISTORIA DE CUBA (CUARTA PARTE)

Raúl Quintana Suárez
Bernardo Herrera Martín

Francisco López Leiva



 Intelectual  con una meritoria labor en los campos del periodismo, las letras, la investigación histórica y en nuestras luchas por la independencia. Nace el 17 de septiembre de 1857,  en Santa Clara donde realiza sus rimeros estudios. Cursa la segunda enseñanza en Cárdenas y Matanzas. Su actividad revolucionaria se inicia con su incorporación a la llamada Guerra Chiquita, en 1879. Por su participación en la misma es deportado a España hasta el término de la contienda. Gracias a la influencia de familiares y allegados el castigo no es mayor. De regreso a la patria, comienza una activa labor como periodista, primero en las filas del autonomismo de izquierda y posteriormente como separatista. En 1885 ejerce de secretario de la Junta de Primera Enseñanza en la capital de la provincia de Las Villas. En 1893  se incorpora al PRC fundado por José Martí, por lo que es amenazado y amonestado en varias ocasiones por el General Luque, Comandante General del Gobierno Español en Las Villas. En septiembre de 1895 es elegido representante por Las Villas a la Asamblea de Jimaguayú, donde  es elegido como miembro de su secretariado. En diciembre del propio año es designado  es Jefe del Estado Mayor del General Juan Bruno Zayas y junto a este se incorpora a las huestes invasoras de Gómez y Maceo en el Combate de Mal Tiempo, continuando con las mismas hacia occidente, hasta arribar a Mantua. Según algunos historiadores es el que escribe de su puño y letra el acta donde se deja constancia del arribo de las tropas mambisas hasta el extremo occidental de Cuba. Al retornar los invasores al territorio de Matanzas, participa en el combate  del Valle de Guamacaro, el 25 de febrero de 1896, acción en la cual revela un heroico comportamiento, que le gana ser  ascendido personalmente por el General Antonio Maceo a Teniente Coronel del Ejército Libertador. Obtiene los grados de Coronel de Caballería en diciembre de 1896 y en agosto de 1898 es asignado como   ser Jefe del Distrito de Villa Clara, propuesto por Máximo Gómez. Al concluir la contienda es electo como Representante a la Asamblea del Ejército Libertador, que se reúne en Santa Cruz del Sur y más tarde se traslada a la barriada del Cerro en La Habana. Cuando la Asamblea del Cerro, destituye al General en Jefe Máximo Gómez, este se cuenta entre los cuatro asambleístas que se oponen a la decisión, junto con los Generales José de Jesús Monteagudo, Emilio Núñez y el Coronel Carlos Manuel de Céspedes. E el Manifiesto al País, estos  dado el carácter…”…inconveniente y perjudicial para los intereses del ejército y del país la medida de extremo rigor adoptada por la Asamblea…” Los acontecimientos subsiguientes les darían la razón, favoreciendo los planes intervencionistas de Estas Unidos, que aprovechan ladinamente las divisiones entre los cubanos. Durante la intervención norteamericana es nombrado  Jefe de Hacienda de la Provincia de Santa Clara. En la República ejerce diferentes cargos como el de Contador General (1902- 1905) de la República. En abril de 1908 es enviado a Washington como experto en los trabajos de censo de población. En 1909 es nombrado Subsecretario de Hacienda de la República por el General José Miguel Gómez y posteriormente Secretario de Gobernación. En enero de 1911 recibe el nombramiento de Interventor Oficial del Banco Territorial de Cuba, cargo al que dimite en 1913. Posteriormente se   dedica al periodismo, la literatura y la investigación histórica. Como periodista sus artículos se caracterizan por la crítica a la situación imperante,  unas veces violenta e implacable y en otras ocasiones desenfadada y llena de humor, según  la situación. En sus artículos usaba con preferencia el seudónimo de “Zacarías”, aunque utilizó otros como “Gil Pérez”. Se desempeña asimismo como  cronista, comentarista, historiador y crítico de teatro. En la década del 20 del pasado siglo dirige el Diario La Publicidad y colabora en las revistas Renacimiento y Villaclara entre otros. Publica su novela “Los Vidrios Rotos” (1924) que tiene gran aceptación. Otras  suyas son: Juan Bruno Zayas (1922), Don Crispín y la comadre (1925) y Cuentos de la Manigua. Tradujo además algunos cuentos y poesías del francés y el inglés. En sus últimos años de vida forma parte de la Academia de la Historia de Cuba a la cual ingresa en 1930, como académico correspondiente con el trabajo: El Bandolerismo en Cuba (contribución al estudio de esta plaga social). Fallece en su ciudad natal el  4 de diciembre de 1940.

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