EL SISTEMA MONETARIO-FINANCIERO INTERNACIONAL COMO OBSTÁCULO PARA EL DESARROLLO

Jhon Freddy Caicedo Caicedo

Necesidad impostergable de una nueva de arquitectura monetaria y financiera regional


Como se ha mencionado anteriormente, la crisis financiera internacional que golpeó a la economía entre mediados de 1997 y principios de 1999, que se inició en Asia, pasó por Rusia y llegó hasta Brasil, así como el “efecto tequila” que afectó a México y Argentina en 1994-1995, fueron el resultado de la interacción de las deficiencias de las políticas nacionales y las del sistema financiero internacional.”1 Éstas mostraron que la evolución de los mercados financieros bajo un proceso de desregulación iniciado en los años setenta, adoptó una forma de ciclos financieros alimentados por la innovación de instrumentos y derivados financieros cada vez más complejos, estimulando un boom en lasfinanzas que concluían en crisis.
Por tanto esto ha obligado a una revisión de las instituciones y prácticas básicas del sistema financiero internacional. Por tal razón la crítica situación de la economía global obliga a América Latina y el Caribe a impulsar decididamente el proceso de integración regional. En tal dirección, deberían realizarse esfuerzos para promover mucho más las relaciones económicas entre los países latinoamericanos y caribeños y, además, considerar propuestas para el establecimiento de arreglos financieros regionales que contribuyan a aislar, en la medida de lo posible, a las naciones de la región y al propio proceso de integración, de los choques financieros globales. Para tal fin, resulta inaplazable avanzar hacia una mayor cooperación monetaria y financiera en escala regional que tome en cuenta, además del entorno internacional, tanto los instrumentos financieros y monetarios existentes en la región de larga data y las nuevas modalidades creadas en años recientes.
En ese sentido, hay consenso en que deberían desarrollarse todos los esfuerzos posibles para construir una arquitectura financiera regional en América Latina y el Caribe, y que dicha construcción, pese su complejidad y a las dificultades que habría que sortear para concretarla, es un objetivo de mediano plazo no sólo viable, sino además necesario para crear en la región las condiciones que exige el desarrollo económico y social.


2.3.1.- Efectos del escenario internacional


La propuesta de avanzar en la construcción de una arquitectura financiera regional en América Latina y El Caribe, está en marcha, apoyada por las evidencias y los procesos presentes, tanto en el escenario internacional, como en el propio escenario regional.
Del espacio internacional, en primer lugar, es obligado desprender la existencia de un profundo deterioro en la arquitectura financiera global, que si bien en lo inmediato está relacionado con los contenidos de la actual crisis mundial y con los factores que provocaron su estallido, en una perspectiva más amplia se vincula a los fundamentos en que dicha estructura se ha apoyado y a las formas de funcionamiento que desde hace ya tiempo están presentes en los mercados financieros y en la base monetaria sistémica. Los problemas monetario-financieros que hoy han estallado son una consecuencia inevitable y probablemente repetible, de las modalidades de desenvolvimiento sistémico del crédito en las décadas recientes, así como de las graves debilidades e inconsistencias presentes en la base monetaria-dólar, al menos desde la ruptura del sistema de Bretton Woods.2
En el ámbito monetario internacional, la situación no es mejor. La permanencia del dólar como divisa principal simultánea a los cuantiosos déficit externos de la economía que la emite desde hace ya tiempo, se ha constituido como se ha analizado en fuente de graves desequilibrios en la economía internacional, de recurrentes fluctuaciones en las paridades cambiarias que trastocan todo cálculo económico, y de posibles ataques especulativos que obligan a mantener cuantiosas reservas. Esos montos de reservas, lejos de utilizarse como fuente para impulsar los procesos de desarrollo, en buena parte se canalizan precisamente hacia el sistema financiero estadounidense, ayudando así a atenuar la declinación del dólar y, con ello, a la reproducción de un círculo vicioso cuya ruptura es sólo cuestión de tiempo y ante la cual es necesario tomar todas las prevenciones posibles.
También en el escenario internacional, a las evidencias que dan cuenta de un profundo deterioro en la arquitectura financiera global, se suman aquellas otras que apuntan a una muy probable permanencia de elementos centrales de dicho deterioro. Si bien se están inyectando grandes volúmenes de recursos a la reactivación, tanto por parte de los gobiernos en sus respectivas economías, como en el ámbito internacional a través de los acuerdos del G-20, y aunque a ello se agregan las medidas que en principio están acordadas para suavizar algunas de las aristas más dañinas provocadas por la falta de regulación por la muy laxa aplicación de las pocas regulaciones existentes respecto de los mercados e intermediarios financieros; todo ello muy probablemente no será suficiente, o al menos no lo será para el tipo mercados e intermediarios que se requieren desde la perspectiva de países como los latinoamericanos y caribeños, la gran mayoría de los cuales ni siquiera tienen voz en el interior del G-20. 3
Desde esa perspectiva, de ninguna manera es suficiente el sólo superar la actual crisis y el evitar –en el mejor de los casos– la reproducción de burbujas como la inmobiliaria del 2001-2007 o los excesos más notorios de la desregulación financiera, ni menos aún es suficiente la inyección de recursos al FMI que le permitirá reproducir, apenas suavizándolas, las prácticas que lo caracterizan desde hace ya mucho.
En todos esos ámbitos, las medidas tomadas empujan a recuperar condiciones de funcionamiento que más bien deberían ser superadas, y a ello se agrega la ausencia de medidas, en la agenda del G-20, que apunten a la muy necesaria redefinición de la base monetaria del sistema y del sistema mundial de reservas actualmente existente.
En suma, por tanto, los problemas del orden monetario y financiero internacional, son mucho mayores que las soluciones que hasta ahora se están definiendo y aplicando en el plano global, y al menos en un futuro previsible nada indica que se podrá abrir paso a soluciones de fondo. Por consiguiente, no es desde el espacio internacional que se generarán las condiciones que ALC requiere de la esfera financiera para ponerla al servicio de las necesidades del desarrollo, lo cual obliga sin abandonar la exigencia de modificaciones globales, a dirigir los principales esfuerzos hacia el espacio regional, creando en él una arquitectura financiera que ponga a la región, al menos parcialmente, a resguardo de un orden económico sistémico cuya redefinición aún deberá esperar. 


2.3.2.- Efectos del escenario regional


En el escenario regional, si bien la construcción de la arquitectura financiera latinoamericana y caribeña enfrenta una serie de limitaciones e interrogantes a los que se hará referencia más adelante, también cuenta con elementos a su favor, los cuales interesa destacar brevemente.
Un primer elemento a favor de dicha construcción, se refiere a las instituciones y las prácticas ya acumuladas en materia de cooperación monetaria y financiera. En la medida en que las distintas estructuras de cooperación ya existentes puedan, si es el caso, ser readecuadas en función de los fines, los instrumentos y las modalidades de funcionamiento de la arquitectura financiera regional en proceso de construcción, ellas pueden constituirse en un importante activo de dicho proceso, aprovechándose al máximo la experiencia y los resultados que en ese ámbito se han venido acumulando, en algunos casos a lo largo de varias décadas.
Para ello, sin embargo, sería necesario ir reduciendo de manera sustancial la diversidad de estructuras y la heterogeneidad de características presentes en ellas, a la que ya se hizo referencia, teniendo presente que esa diversidad se corresponde en buena medida con la multiplicidad de esquemas y mecanismos de integración que operan en la región. En ese sentido, la aparición y desarrollo de nuevos esfuerzos integracionistas de mayor alcance en la región –en términos de membresía, pero también de profundidad y de multiplicación de objetivos y ámbitos de acción– como lo es la UNASUR, y la CELAC, es probable que favorezca la reducción y agrupación de las actuales estructuras de cooperación monetaria y financiera.
Se trata, por consiguiente, de que el proceso gradual de articulación y convergencia de los esquemas de integración subregional, que en sí mismo es de una evidente prioridad, tenga su correlato en las instituciones financieras o otras de dichos esquemas, para formar y consolidar una institución financiera regional de gran calado, que haga posible un más eficiente manejo global de los recursos de los países del área, que permita economías de escala en función de los volúmenes de recursos movilizados y se constituya en un pilar fundamental de la nueva arquitectura financiera regional. Si eso ocurre, el camino ya avanzado en materia de cooperación financiera por las instituciones existentes se constituiría en un insumo de la mayor importancia en esa nueva arquitectura.4
Un segundo elemento que en el ámbito regional debería facilitar la construcción de una arquitectura financiera, se refiere a los escenarios económicos y políticos que hoy están presentes en ALC. En tal sentido, las propias lecciones de la crisis abonan a favor de un reconocimiento que ya era generalizado, respecto de la necesidad de buscar nuevos caminos para el logro del desarrollo económico y social. Desde antes de la crisis, ya era evidente en la región el agotamiento de los postulados del Consenso de Washington, incluidas en él las estrategias de aperturismo a ultranza y la liberalización casi total de la cuenta de capitales, todo lo cual ya tenía claras expresiones en los escenarios políticos nacionales, y a ello se ha sumado la propia crisis, como evidencia irrefutable de la necesidad de buscar caminos alternativos al del neoliberalismo.
En esas condiciones la revisión y relanzamiento de la integración regional, en buena medida ya estaba en marcha y hoy se hace más evidente su necesidad ante un panorama mundial que obliga más que antes a volver la vista hacia la región y a incrementar los esfuerzos, para que la integración abandone los sesgos puramente mercantilistas que la han caracterizado, asuma un carácter verdaderamente regional, arroje mayores y más rápidos resultados y avance hacia nuevos ámbitos e instrumentos, incluyendo aquellos vinculados a la cooperación monetaria y financiera.
En tal sentido, si bien la creación de una arquitectura financiera regional constituye en sí misma un objetivo de la mayor relevancia, entre ese objetivo y la profundización de la integración regional bien puede darse un círculo virtuoso, que permita un avance mutuo y complementario.5 Por ello ante la situación que atraviesa la economía mundial, y la falta de voluntad política del G-20 dado su protagonismo para proponer una transformación ni tan siquiera parcial del funcionamiento del sistema monetario y financiero mundial, se nos impone la necesidad de explorar nuevas alternativas.


1 Krugman, Paul R. (1999). De vuelta a la Economía de la Gran Depresión Virtual. Grupo Editorial Norma. Bogotá, Colombia.

2 Informe sobre el Proceso de Integración Regional, 2008 – 2009, XXXV Reunión Ordinaria del Consejo Latinoamericano Caracas, Venezuela 27 al 29 de octubre de 2009 SP/CL/XXXV. O/Di N° 18-09  accesible por el Sitio www.sela.org

3 Ibídem.

4 Ibídem.

5 Informe sobre el Proceso de Integración Regional, 2008 – 2009, XXXV Reunión Ordinaria del Consejo Latinoamericano Caracas, Venezuela 27 al 29 de octubre de 2009 SP/CL/XXXV. O/Di N° 18-09  accesible por el Sitio www.sela.org

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