DESARROLLO, SUSTENTABILIDAD Y TURISMO: UNA VISIÓN MULTIDISCIPLINARIA

José Octavio Camelo Avedoy
Luz Angélica Ceballos Chávez

Los movimientos religiosos en la transición

Durante las últimas décadas, tanto en América Latina, como en Es- tados Unidos, Europa y Asia,  el fenómeno religioso  ha adquirido singular importancia. Con el advenimiento de la modernidad y los procesos de secularización (mediante los cuales el pensamiento, las prácticas  e instituciones religiosas,  pierden su significado social), se creyó  que las creencias y prácticas  desaparecerían  o bien serían residuales en  ciertos  grupos marginales.  Sin embargo,  la realidad nos está mostrando que la religión goza todavía de buena  salud y que los pronósticos estaban equivocados.

Un síntoma  que evidencia  la vitalidad de la religión,  es la prolife- ración de los movimientos religiosos en el mundo, así como el auge de los cultos o grupos religiosos libres, como resultado  del quiebre de las certezas de la ciencia  y su intento de autoproclamarse como único método de conocer la realidad (Robbins, 1988).

Según el Censo General de Población y Vivienda 2010, en Bahía de Banderas, al igual que en el resto de los municipios del  estado de Na- yarit, existe una población predominantemente católica (el 81.78% y el 88.25% respectivamente). Sin embargo, aunque la población no católica la constituye un porcentaje poco significativo en la entidad y la región de estudio, ha tendido a incrementarse durante los últimos años.

Diversos grupos religiosos como los Testigos de Jehová, la Iglesia Bau- tista, la Iglesia Interdenominacional y los Pentecostales,  se han  estable- cido  en la región  e incrementado  paulatinamente su membresía. Para el año 2010, las iglesias protestantes y bíblicas diferentes de evangélicas agruparon  el 9.48% de la población, mientras que otras religiones distintas a las anteriores lograron cooptar  el 0.14%  de ésta. Cabe  destacar, que el  5.91%  de la población declaró no pro- fesar religión alguna.

El grupo religioso que cuenta con el mayor número de miembros en
Bahía de Banderas son los Testigos de Jehová, que han alcanzado el
2.82% de la población del municipio, seguidos por La luz del Mundo que tiene el 1%, y por los pentecostales y neopentecostales que han cooptado el 0.40%.

A  la fecha,  las organizaciones religiosas  han establecido  nueve Centros de Culto Religioso (Templos y Salones del Reino), en las localidades de Lo de Marcos, San Francisco y Sayulita, donde rea- lizan labor de proselitismo  mediante  estrategias diversas (prédica casa por casa, campañas evangelísticas, congresos de sanación, reti- ros espirituales, proyección de películas y documentales, etc.) para lograr tener en sus congregaciones el mayor número de miembros, que encuentran en los diversos grupos religiosos, apoyo permanen- te para la atención de  sus necesidades espirituales, económicas y sociales. Abajo se presentan las fotografías de dos templos en Bahía de Banderas.
En relación con  el estado de Nayarit, que presenta en el 2010,   el
6.59% de la población adherido a iglesias protestantes evangélicas y bíblicas diferentes de evangélicas, Bahía de Banderas le supera en el porcentaje, con el 9.48%.    Destaca que en el municipio de Bahía de Banderas, los Testigos de Jehová alcanzaron  en el 2000,  el 2.62%, mientras que para el 2010, incrementaron su porcentaje al 2.82%, lo cual tiene que ver  con el conocimiento del territorio, el número de publicadores (quienes predican la Palabra), la estrategia de ganar la confianza de las familias  una vez que éstas les permiten iniciar en sus casas los llamados “estudios del libro”, el no escatimar en tiem- po ni horarios para acercarse a las personas y orientar su prédica a la unidad familiar, que es muy atractivo para las mujeres sobre todo de Bahía de Banderas (por el machismo existente en la región). En cuanto a las personas sin religión,  son el 3.41% en toda la entidad, pero en Bahía de Banderas  el 5.91%, debido probablemente al con- tacto con personas de diferentes culturas.

Aunque según estudios realizados (César y Arnaiz, 1987; De la To- rre y Gutiérrez, 2007; Odgers,   2001),  la pobreza es   uno de los elementos del contexto que incide para la adhesión a nuevos movi- mientos religiosos, la solidaridad existente en sus congregaciones influye también en la decisión para “convertirse” a un determinado credo. Pertenecer a la comunidad religiosa, hace sentir  a sus inte- grantes (migrantes o población nativa),  parte de un grupo cohesio- nado,  donde  son recibidos y aceptados  como miembros de una familia donde cada uno contribuye para la construcción del Reino de Dios, una vez aceptada   la doctrina y reglas de la confesión a la que se han adherido.

Por otra parte, la discriminación de la que son objeto quienes aban- donan  las filas del catolicismo y que se expresa  a través de cali- ficativos peyorativos  y comentarios que evidencian la intolerancia existente, es tomada  como parte de la condición de aquellos  que han decidido  “escoger la religión verdadera” y alejarse del mundo. Ahora bien,  ¿cuál es el papel que  estos grupos religiosos consideran deben asumir en los procesos de cambio que  Bahía de Banderas está viviendo?  La mayoría  de sus líderes  manifiestan tener  una buena relación con el gobierno local  y  estar conscientes  sobre la necesidad de participar en los programas que instrumente en beneficio de las comunidades, sin embargo, dicen, no se les ha solicitado su colaboración en este sentido. Consideran, por otra parte, que “predicar  la Palabra” puede contribuir a mejorar las condiciones de sus comunidades, debido a que la gente “cambia” al tener temor de Dios.

Los Testigos de Jehová, por sus preceptos doctrinarios,  muestran algunas diferencias con los demás grupos  religiosos en cuanto a la participación política, ya que no acuden a votar  por considerarlo una traición a Jehová (a quien reconocen como su único líder). Sin embargo, manifiestan al igual que en las demás confesiones, dispo- sición a colaborar en organizaciones o asociaciones para la atención de algunos problemas sociales como las adicciones o la delincuencia y el cuidado del medio ambiente. Los Bautistas por su parte, hacen hincapié en su desacuerdo por participar en política, argumentando que religión y política no deben mezclarse.

Destaca en los comentarios de algunos líderes de los diversos grupos religiosos, incluyendo  los que coordinan  movimientos impulsados por la iglesia católica,  que es para ellos mucho más importante tra- bajar en “la conversión de las almas” que hacer trabajo comunitario, lo cual tiene que ver con su visión respecto al papel que les corres- ponde como miembros de  una sociedad.

Pero cuando se considera que en los distintos movimientos religio- sos  hay un intento por  vivir  conforme a valores como la solidari- dad, el espíritu de servicio, el bien común, el respeto y la amistad, ausentes podría decirse en la dinámica social, surgen ineludiblemen- te preguntas.  ¿Por qué las autoridades municipales  no han tratado de involucrar a estos actores sociales en acciones de beneficio comu- nitario? Más allá de sus preceptos doctrinarios ¿acaso no valdría la pena intentarlo?

Las entrevistas revelan que el gobierno municipal no ha buscado un acercamiento con quienes encabezan  e integran movimientos reli- giosos en Bahía de Banderas. Sólo lo ha hecho con la iglesia católica, pero no para  buscar la participación  de  sus adherentes,  en activi- dades de beneficio común.

Los  miembros de los diversos movimientos religiosos,  se sujetan a normas de comportamiento  vigiladas por los líderes,  para trabajar en la predicación o publicación de la palabra, de acuerdo a los plan- teamientos doctrinales de  las confesiones a las que se han  integra- do,  pero no forman parte de comités comunitarios de obras, donde pueden desempeñar acciones de control y vigilancia de los recursos, tampoco de asociaciones altruistas o que promuevan la ayuda soli- daria para personas en condiciones de precariedad económica. Mu- cho menos participan con acciones de protesta o contestatarias ante la problemática que se presenta en el municipio.

Aunque se observan diferencias entre las actitudes de los líderes y miembros de las distintas confesiones religiosas hacia el poder público, la mayoría coincide en  afirmar que el gobierno local no está  atendiendo los problemas más fuertes de las comunidades. Sin embargo, destaca el  que pese  a esta convicción, no conside- ran la  “demanda” como una opción viable para la solución de los problemas. Sostienen  que es mejor orar  que  reclamar. Una actitud muy distinta a la de los primeros grupos protestantes que llegaron a América Latina y que se distinguieron por su com- promiso y  solidaridad con las causas sociales.  Pero los nuevos grupos religiosos tienen una visión distinta, ya que no se orientan a la acción social y en  opinión de algunos especialistas  tampo- co   lo harán  en un  futuro cercano,   por sus  cerrados preceptos doctrinarios.

Algunos líderes religiosos expresaron incluso, que aun si tuvieran la seguridad que  sus impuestos están siendo malversados, o bien que un gobernante está cancelando los derechos humanos, no protesta- rían por ello,  dejarían a Dios el castigo  por  un mal gobierno  que perjudicara a la ciudadanía.

La historia nos ha mostrado que la religión estimula a menudo, una aceptación de las normas prevalecientes y las relaciones establecidas. Lo ha hecho el catolicismo y también el protestantismo, al considerar que la práctica religiosa   debe mantenerse separada de la vida social, planteamiento con el que se evade  una participación  comprometida con  la sociedad de la cual forman parte. Sin embargo, aunque no pocos líderes religiosos  se han abstenido  de abordar los problemas sociales, muchos otros han rechazado la dicotomía iglesia - sociedad, exigiendo cambios para el mejoramiento de las instituciones.

Hasta el momento, en Bahía de Banderas  los diferentes grupos re- ligiosos no se ubican en la segunda opción, pese a que  las dimen- siones de la problemática existente  en la región, demanda de todos los actores sociales una participación  responsable, que trascienda las diferencias doctrinales para en conjunto “construir comunidad”.

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