DERECHO AGRARIO; TEORÍA GENERAL, SU RECEPCIÓN Y ESTADO ACTUAL EN CUBA

Rolando Pavó Acosta

5. La regulación de la actividad agroindustrial; problemas de sistemática


La más extensa y significativa labor productiva de carácter agroindustrial en Cuba que se ha desarrollado es la que ha tenido por objeto a la caña de azúcar. La naturaleza agrícola de toda la actividad hasta la obtención del azúcar fue ya advertida por los profesores Dorta Duque, al decir que:
La molienda de caña y todo el tratamiento físico y químico que sigue a la extracción del jugo de la caña hasta convertirlo en azúcar, son éstas actividades tan estrechamente ligadas a la propiamente agrícola del cultivo de la caña que el Derecho Agrario se proyecta en dicha actividad y hace suyo el proceso agroindustrial del azúcar.1

La actividad agroindustrial azucarera constituye un conjunto de actividades entre las que se incluyen: las agrícolas principales (siembra, corte, alza), las actividades agropecuarias afines (el tiro o transportación), las industriales (lo que incluye la obtención de azúcar y sus derivados), y de comercialización. Vale aclarar que a nivel internacional por industria azucarera se puede entender la producción de azúcar a partir de diferentes plantas, por ejemplo, remolacha y maíz.
Vale la pena detenerse en la precisión de que a través del proceso histórico de desarrollo de la agroindustria azucarera, han tenido lugar procesos sucesivos de integración y de desintegración de las diferentes actividades que conforman esta agroindustria, así, si inicialmente y durante varios siglos, los propietarios de los trapiches, lo eran también de las plantaciones y de los esclavos, esta situación, sufre cambios, sobre todo ya en la segunda mitad del siglo XIX, cuando los dueños de los centrales azucareros, ya modernizados con la introducción de la maquina de vapor y otras innovaciones tecnológicas, pasan a ocuparse directamente de la labor industrial y dejan la labor agrícola en manos de los colonos.
También cabe recordar que ya en el período revolucionario, la producción de azúcar alcanzó la cifra de 7.760 y 7.450 miles de toneladas, en los períodos de 1981-85 y 1986-89 respectivamente.2
Se ha estimado como una deficiencia de la agroindustria azucarera el hecho de que ni hoy, ni en ninguna de las etapas anteriores se explotaron adecuadamente las posibilidades de desarrollar la industria de derivados de la caña de azúcar.
En el período iniciado en los 90 y que se extiende a la mitad de la primera década de este nuevo siglo la agroindustria azucarera se vio seriamente afectada como resultado de un largo proceso de descapitalización, lo que condujo a un apreciable descenso en la producción de azúcar a apenas 3 millones de toneladas a partir de mediados de la década de los 90.3
Es así que en 2002 se puso en marcha el denominado Programa Álvaro Reynoso, que significó en ese entonces el cierre definitivo de 70 centrales azucareros (de alrededor de 160 que existían), 14 se destinaron solamente a producir mieles y se racionalizan también las actividades conexas a la producción cañera (transporte, mecanización y otros servicios), posteriormente la cifra total de centrales azucareros que fueron desmantelados se ha estimado en alrededor de 100. Es verdad que recientes proyecciones estratégicas formuladas por la máxima dirección del país han estado encaminadas sobre todo a diversificar los productos de agroindustria azucarera, y en especial, a tratar de recuperar la producción de azúcar, considerando el aumento de los actuales precios del azúcar, que se han mantenido entre 27 y 32 centavos de dólar la libra.
Pero uno de los resultados visibles de esta etapa desde el punto de vista jurídico e institucional ha sido la desintegración de los referidos CAI.4 Con este paso, se vuelve al pasado, ya que los centrales se van a ocupar sólo de la parte industrial del proceso, y los agricultores y cooperativas se van a responsabilizar con la parte agrícola, es decir, con garantizar toda la materia prima que demanden las fabricas de azúcar.
Los efectos de las decisiones en los inicios del siglo XXI, comenzaron a apreciarse ya a mediados de esa primera década del siglo, los resultados de las zafras azucareras, se estancaron sostenidamente en aproximadamente 1 millón de toneladas de azúcar, con la paradoja de que al mismo tiempo los precios del azúcar en el mercado mundial llegaron a su punto más alto en los últimos 50 años.
En esta nueva etapa que se ha estado iniciando en para la agroindustria azucarera, en un contexto caracterizado por precios más elevados del azúcar y el aumento de la importancia de los denominados biocombustibles y de la producción de alimentos, resulta obvia la ventaja que tendría el desarrollo de esta agroindustria en un futuro próximo, como fuente importante de ingresos en divisas para el país y el ahorro por concepto de no tener que importar este producto.
En consecuencia, la dirección del país se ha propuesto rescatar la producción azucarera, al menos a niveles de alrededor de los dos-tres millones de toneladas. La industria azucarera, además de producir azúcar para el consumo nacional se prevé que, generará energía a partir del bagazo de la caña, mieles finales, azúcar líquida (la que es utilizada en la industria alimentaría), levaduras (la que constituye una forma de proteína de diversos usos), azúcar orgánica, cera de la caña para la obtención de alcoholes de alto peso molecular y de gran utilidad en la fabricación de PPG5, así como otros productos tradicionales o nuevos.
Uno de los presupuestos para lograr tales avances debería ser el perfeccionamiento de su orden normativo, logrando la integración adecuada entre los diferentes actores que intervienen en todo ese proceso agroindustrial, muy particularmente se requiere proyectarse en poder contar con una Ley marco de la agroindustria azucarera que favorezca e institucionalice los procesos de integración de los diferentes factores: productores agrícolas, obreros agrícolas, empresas azucareras, empresas de servicios, transportistas, empresas proveedoras, comercializadoras, exportadoras, aseguradoras, los bancos y los otros sujetos, que sobre todo desarrolle el protagonismo de los productores agrícolas –en lugar de las fábricas de azúcar- dentro del complejo productivo azucarero.


1 Ver Manuel Dorta Duque y Manuel Dorta Duque y Ortiz: Derecho Agrario y Código Agrario Cubano de Reforma Agrario, pp. 8 Y 9.

2 Ver Armando Nova González: La Agricultura cubana. Evolución y trayectoria (1959-2005), p. 14.

3 Ídem, p. 309.

4 Es así que, por ejemplo la Resolución 41 de 2003 del Minaz, desintegra los CAI de la Provincia de Santiago de Cuba y crea en su lugar el Grupo Empresarial Azucarero. Ver Irolán Zamora Dávila: La Evolución de la actividad agroindustrial azucarera y su orden normativo en Cuba, pp. 70-85. Es cierto que al institucionalizarse las Unidades Básicas de Producción Cooperativa, por el Decreto Ley 142, y entregárseles en usufructo indefinido a las UBPC, las tierras que hasta ese momento eran administradas por los CAI, ya no tenía sentido seguir hablando en lo sucesivo de los CAI, pues éstos sólo tenían en su objeto social lo relativo a la labor industrial.

5 La industria farmacéutica cubana descubrió y patentó una de las drogas más eficaces contra el colesterol, es el caso del Policosanol (PPG o Ateromixol, su nombre comercial), elaborado originalmente por el CNIC de Cuba, a partir de alcoholes alifáticos primarios, la materia prima básica del PPG se extrae de la caña de azúcar, y de acuerdo con los laboratorios DALMER, de nuestro país, se trata de un medicamento que no provoca efectos colaterales nocivos y por el contrario, produce beneficios visibles a la salud.

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