POBREZA, DESARROLLO Y POLÍTICA SOCIAL EN MÉXICO

Hilario Barcelata Chávez

EL SPOT MAYOR

Con muy poca anticipación, y mucha urgencia, fui convocado a un desayuno este martes con el presidente del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática (INEGI) para recibir los resultados de la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2002 (ENIGH). Desde que recibí la invitación, tres semanas antes de las elecciones del 6 de julio, supe que habría sorpresas. En efecto, a los concurrentes (un pequeño grupo de columnistas de diarios en materia económica), nos presentaron los resultados de la ENIGH 2002 en comparación con las anteriores encuestas, desde 1984, pero destacando el cambio respecto de 2000.
La ENIGH 20002 muestra cuatro cosas, la primera esperada y las otras tres verdaderamente sorprendentes:
1) el ingreso corriente total promedio de los hogares descendió entre 2000 y 2002 en 2.6 por ciento;
2) los ingresos de los primeros ocho deciles (el 80 por ciento más pobre de la población) aumentó; y
3) el ingreso del decil nueve disminuyó levemente, mientras el del decil 10 (el 10 por ciento más rico de la población) se caía estrepitosamente en 10.5 por ciento;
4) en consecuencia, disminuyó la desigualdad de la distribución del ingreso de los hogares, que se mide a través del coeficiente de Gini, de 0.48 a 0.45.
En el desayuno, estupefacto ante este milagro, no atiné sino a hacer unas pocas preguntas. Entre ellas si esta encuesta, con las modificaciones que se la habían hecho, era comparable con las anteriores. Se me respondió que sí. En ese momento yo no estaba consciente de que, además del aumento en el tamaño de la muestra, que se duplicó al pasar de 10 mil a 20 mil hogares, había habido modificaciones sustanciales en el cuestionario, por lo cual la respuesta positiva la recibí con escepticismo, pero sin objetarla.
Noté que el rubro de regalos en especie había aumentado muchísimo y recordé a los asistentes al desayuno que ese rubro (igual que el de regalos en efectivo de hogares residentes en el país) no se podía sumar al resto de los ingresos, como indebidamente hace el INEGI. Que lo que había que hacer, como hago desde hace muchos años en mis cálculos de pobreza, era calcular el ingreso neto por regalos de cada hogar (igual a los regalos recibidos menos los regalos otorgados). Gerardo Leyva, del INEGI, en su respuesta, hizo referencia al Grupo Canberra (grupo independiente de expertos que produjo un documento muy famoso sobre los conceptos de ingresos) y dijo que éste, en efecto, aconsejaba calcular el ingreso neto por regalos. Sin embargo, no aclaró por qué se continuaba con la práctica incorrecta que sobrestima el ingreso de los hogares. Los demás asistentes no hicieron preguntas ni comentarios. Se nos entregó un disco compacto con la base de datos de la encuesta, tabulaciones, etcétera.
Tanto en el desayuno como en el boletín que emitió el INEGI ese mismo día se informa que, para poder realizar una encuesta al doble de hogares, el INEGI tuvo que complementar sus recursos con aportaciones externas del Banco de México, Secretaría de Ganadería, Agricultura y Desarrollo Rural (Sagarpa) y la Secretaría de Desarrollo Social (Sedeso). Hasta donde estoy enterado, salvo las sobremuestras estatales, que en el pasado han pedido los gobiernos estatales y que han sido pagadas por ellos, no hay antecedentes de esta forma de financiamiento interinstitucional. No se nos aclaró si las instituciones que aportaron recursos intervinieron en las distintas etapas de la encuesta. En todo caso, esta forma de financiamiento -que incluso puede ser ilegal, ya que supone desviación de recursos de las secretarías involucradas en tareas que no son de su competencia y que no fueron aprobadas en el Presupuesto de Egresos de la Federación- no añade nada a la de por sí baja credibilidad de la encuesta.
Como era de esperarse, al día siguiente de esta entrega formal, hecha para cubrir el expediente, en Los Pinos se anunció, con bombo y platillo, que las tres pobrezas que reconoce el gobierno federal habían disminuido entre 2000 y 2002. Unas más, otras menos, pero el gobierno hizo énfasis en lo que inadecuadamente llama pobreza alimentaria. Los cálculos de pobreza que tendrían un poco más de credibilidad si hubiesen sido hechos por el Comité Técnico para la Medición de la Pobreza, conformado por la Sedeso en 2001, que el año pasado entregó su propuesta metodológica y sus cálculos para 2000. Pero no: las mediciones las hizo la Sedeso, y no el comité, como reconoció públicamente ayer Rodolfo de la Torre. Para tener los resultados listos el miércoles, la Sedeso tuvo que haber recibido la base de datos de la encuesta con bastante anticipación, pues los cálculos toman al menos varios días.1 En cambio, el anuncio de estos resultados "tomó por sorpresa al Comité Técnico de Medición de la Pobreza que ya se disponía a realizar ese mismo estudio (la medición de la pobreza en 2002) para tenerlo listo en el mes de agosto" (El Universal, 19/06/03, entrevista a Rodolfo de la Torre, miembro del comité). Rodolfo de la Torre envió un comunicado en el que señaló, entre otras cosas, que fue la Sedeso quien realizó los cálculos correspondientes y decidió los tiempos y las formas para difundir las cifras". En entrevista, De la Torre señaló: "Me sorprendió. No esperaba que el INEGI terminara tan pronto la encuesta. Apenas ayer (martes), en sesión del comité, nos entregaron el disco compacto con toda la información". El albazo lo dieron, también, a su propio comité.
Aunque el comité Técnico para la Medición de la Pobreza, entre las muchas decisiones metodológicas dudosas y poco defendibles que adoptó, y que han sido criticadas con mucho detalle en esta columna, resolvió no ajustar los datos de ingresos de los hogares para hacerlos compatibles con las cuentas nacionales (los datos macroeconómicos que genera el propio INEGI) -y en ese sentido la Sedeso está siguiendo una recomendación de su comité al calcular la pobreza a partir de las cifras de la encuesta de 2002 sin ajustarlas-, es necesario detenerse un momento a explorar los graves errores a los que esto da lugar. Hagámoslo con el ejemplo de las mismas ENIGH en los años ochenta.
Entre 1984 Y 1989 el país vivió un periodo de estancamiento en el cual el producto interno bruto (PIB) por persona disminuyó 5 por ciento en ese periodo de cinco años. No había signo alguno de mejoría en la distribución del ingreso, sino por el contrario, de deterioro. Por ello, todos los estudiosos predecíamos un aumento de la pobreza en esos años. La ENIGH de ese año tardó muchos años en salir. Cuando finalmente apareció, quedó claro que si se usaban los datos de la encuesta sin ajustar, la pobreza bajaba. Sin embargo, cuando se hace el ajuste la pobreza aumenta. Ilustremos estos dos resultados contrapuestos con cálculos de Miguel Székely, actual subsecretario de la Sedeso. En un artículo con Pánuco-Laguette, obtuvo una reducción de la pobreza de 40.2 a 39 por ciento. entre 1984 y 1989 sin ajustar a cuentas nacionales. Un año más tarde, el mismo autor con Nora Lustig obtiene, con ajuste a cuentas nacionales, un incremento de 42.6 por ciento a 49.6 por ciento. Queda claro en este ejemplo que el ajuste a cuentas nacionales es crucial. No sólo se obtienen estimaciones diferentes, sino que se revierte el signo de la tendencia. Pues bien, la evolución que ha presentado la Sedeso es, otra vez, sin ajuste a cuentas nacionales, y otra vez Székely vuelve a hacer lo mismo (él es el responsable de las mediciones en la Sedeso): creer que la pobreza baja por tomar al pie de la letra los resultados de las encuestas.
La calidad de la información de las ENIGH, la comparabilidad con la de 2000 y sobre todo su uso para derivar conclusiones sobre la evolución de la pobreza, se ponen agudamente en duda al comparar el ingreso de los hogares por fuentes y deciles (décimas partes de los hogares ordenadas de menor a mayor ingreso) del ingreso entre ambas encuestas, expresadas ambas a pesos de 2002, y la diferencia se expresa como porcentaje de los datos de 2000.
Mientras el ingreso corriente total (de todos los hogares del país) aumenta en 1.89 por ciento (como el número de hogares aumentó en 4.96 por ciento, el ingreso por hogar disminuye en alrededor de 3 por ciento), el ingreso monetario lo hace en 2.47 por ciento y el no monetario disminuye en 0.26 por ciento. Dentro de cada uno de estos agregados, sin embargo, se encuentra una gran variabilidad que arroja serias dudas sobre la confiabilidad de los datos. De los rubros monetarios, los salarios aumentan en 4.19 por ciento, por abajo del crecimiento en el número de hogares, por lo cual el ingreso salarial por hogar decrece ligeramente. Los ingresos por negocios propios bajan en 3.68 por ciento, los provenientes de renta de la propiedad aumentan en 67.6 por ciento, los de transferencias casi quedan igual (aumentan en uno por ciento) y los regalos y donativos (originados dentro y fuera del país) aumentan en 12 por ciento. Esta mescolanza (aumentan, suben, quedan igual) se manifiesta también en el no monetario, donde todos los rubros disminuyen, excepto los regalos, que aumentan en 10.3 por ciento.
Peor caos se encuentra si analizamos los movimientos ya no para el total de los hogares, sino para cada decil. El ingreso corriente total aumenta en todos, excepto en el decil X, donde disminuye en más de 6 por ciento. Algo idéntico ocurre con el ingreso monetario. Los salarios que, como vimos antes, crecen un poco más despacio que el número de hogares, lo hacen de manera muy desigual entre deciles. Se dispara su crecimiento a dos dígitos en los deciles II, III y V, decrecen en el VI, el VII y el X. Los ingresos por negocios caen en la mitad de los deciles y aumentan en la otra mitad, pero caen en tres de los cinco deciles inferiores, y en el I quedan prácticamente igual (caen más de 4 por ciento por hogar). Pero donde el caos es mayúsculo es en los cambios observados en los ingresos por transferencias (se les llama así a los ingresos no ganados por trabajo ni por la propiedad), donde los primeros siete deciles tienen aumentos de dos dígitos (20 por ciento y a veces más).
En el ingreso no monetario el caos es similar o peor. Si bien éste aumenta en todos los deciles del I al VIII, disminuyen en los dos deciles superiores, esto se explica en gran medida por lo que ocurre con el rubro de renta imputada de la vivienda propia (que es un rubro totalmente virtual, ya que 99 por ciento o más de las viviendas son las mismas que hace dos años) que representa el 61 por ciento de los ingresos no monetarios y que tiene incrementos espectaculares en algunos deciles. El ingreso por este concepto aumenta en 362 millones de pesos en el decil II, por dar un ejemplo. Es totalmente inexplicable que se dé un aumento de los ingresos por este rubro en los primeros ocho deciles y que caigan en los dos superiores. ¿Mientras se deprime el mercado de casas, departamentos y residencias, aumenta el de chozas, cuartos redondos y barracas? El otro rubro que crece espectacularmente es el de regalos en especie, que en el decil II aumenta en 44.8 por ciento. Como dije antes, este rubro no debe sumarse al ingreso de los hogares como indebidamente hace el INEGI. La hipótesis que se deriva de esta revisión preliminar de las encuestas es que el aumento del ingreso observado en varios deciles se explica, en gran medida, por rubros como transferencias, regalos y estimación del alquiler de la vivienda que son virtuales, o no deben sumarse, o no están relacionados con la actividad económica.
Fox quito sus espotitos y los sustituyó con el espot mayor.


En reunión celebrada entre varios colaboradores de La Jornada, por una parte, y Josefina Vázquez Mota, Eduardo Sojo, el subsecretario Székely y Daniel Hernández (funcionario de la Sedeso), celebrada a petición de las autoridades, Josefina Vázquez Mota dijo: "recibimos la ENIGH el lunes por la noche". Esto querría decir que hicieron todos los cálculos en menos de 24 horas, y convencieron al Presidente a tiempo para convocar a la prensa. Es muy poco creíble.

El lector interesado en saber cómo evolucionó el ingreso por hogar en cada rubro de ingresos y en cda decil, tiene que restar 4.96 por ciento a las cifras que se proporcionan.

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