POBREZA, DESARROLLO Y POLÍTICA SOCIAL EN MÉXICO

Hilario Barcelata Chávez

¿QUÉ NECESITAN LOS HOGARES DEL PAÍS?

Uno de los asuntos más difíciles en los estudios de pobreza es la definición de qué bienes y servicios (ByS) deben considerarse necesarios y cuáles no. Este espinoso asunto es eludido totalmente en muchos estudios de pobreza. Por ejemplo, el Banco Mundial fija en un dólar por persona por día la línea de pobreza para todos los países subdesarrollados, sin preguntarse para qué alcanza. En otros casos (CEPAL, Comité Técnico para la Medición de la Pobreza de Sedesol) se definen los rubros y las cantidades de alimentos (canasta normativa de alimentos, CNA), mientras para todo lo demás sólo se fija una cantidad de gasto sin especificar qué rubros se pueden adquirir con ella. Es decir, tampoco se sabe para qué alcanza la línea de pobreza, ni qué significa ser pobre.
El enfoque del presupuesto (como se conoce en los países desarrollados la elaboración de canastas normativas completas, CN)1 sí enfrenta el problema completo. Su producto final, una canasta normativa, es una lista de ByS, cada una con sus cantidades, precios y costos. Es decir, hacer una CN supone especificar los rubros que necesitan los hogares para satisfacer sus necesidades. En la Canasta Normativa de Satisfactores Esenciales (CNSE) de Coplamar, sobre la cual presenté rasgos básicos y la bibliografía donde puede consultarse en la entrega anterior de esta columna (22/11/02), partimos de dos criterios para definir la lista normativa de ByS. Por una parte, la realidad de México, que se refleja en la lista observada de consumo frecuente en los hogares. Por la otra, la legislación mexicana, que refleja una mezcla de normas vigentes y objetivos por alcanzar.
Para concretar el primer criterio empezamos por seleccionar un decil2 que reflejara el patrón de consumo típico y tomar su lista de ByS observados como punto de partida. El elegido fue el decil 7. Para ello, se identificaron en cada decil de ingresos los ByS de consumo frecuente, así considerados si el porcentaje de hogares que efectuó algún gasto en el rubro representaba al menos la mitad del porcentaje respectivo del decil 9. La lógica detrás de este criterio es la de que, dado los periodos para los cuales se captaron los gastos (que van de una semana para alimentos hasta un semestre para bienes durables), un bien o servicio puede ser consumido por un hogar sin que necesariamente en ese periodo haya incurrido en gasto. El decil 9 se adopta como referencia para este proceso de selección puesto que son hogares cuyo consumo es suficientemente amplio y generalizado.
De la lista de ByS del decil 7 seleccionamos los que son artículos de consumo socialmente generalizados (los que son de consumo frecuente en la mayoría de los deciles), lo que resultó en una segunda lista más reducida. De ésta fueron eliminados los bienes y servicios de lujo restantes, lo cual derivó en una tercera lista, que se puede llamar bienes y servicios básicos socialmente generalizados.
El segundo criterio consideró los derechos, tanto los sociales, que la ley establece para todos los habitantes, y los específicos de clase, que la ley determina para la población asalariada. Estos fueron operacionalizados en bienes y servicios y (si no estaban) fueron agregados a la tercera lista, llegando así a una cuarta y última lista de bienes y servicios, que podríamos llamar bienes, servicios y derechos socialmente generalizados. Esta lista es muy diferente a la observada en el decil 7. Es muy probable que si hubiésemos empezado por otro decil, dados los procesos de depuración seguidos, la cuarta lista hubiese sido prácticamente igual.
De la cuarta lista, los bienes y servicios fueron clasificados en dos grupos: 1) los que tienen que ser satisfechos mediante el consumo privado, es decir, cuyo costo deberá ser pagado (o producido) por los hogares; 2) los que se han de satisfacer por medio del gasto público. Sólo los costos de los satisfactores del primer grupo forman parte de la línea de pobreza, ya que es sólo este total lo que habrá de financiar el ingreso corriente del hogar. Este costo puede, además, ser usado para fijar salarios mínimos3 y para establecer el nivel de ingresos a partir del cual la población puede pagar impuesto sobre la renta. Los rubros incluidos en la canasta, por otra parte, son fuertes candidatos a las exenciones del IVA y de otros impuestos indirectos, así como al otorgamiento de subsidios.
En el siguiente paso, el cálculo de cantidades normativas para satisfacer la necesidad, no se partió de cantidades observadas. Por tanto, el patrón resultante de consumo que se refleja en la CNSE no es el del decil 7 en un doble sentido: primero porque la lista de rubros incluida es distinta, como se explicó antes. Segundo, porque las cantidades son normativas y no las observadas en dicho decil. Por tanto, las críticas de Santiago Levy y de Agustín Escobar4 a la CNSE, que se fundamentan en la idea que la CNSE refleja el patrón de gasto del decil 7, están equivocadas5.
En la entrega anterior de esta columna (22/11/02) se explicó cómo se calcularon, con apoyo en experimentos llevados a cabo por el Instituto Nacional del Consumidor (Inco), las cantidades requeridas en vestuario, ilustrándolo con el caso de las camisas para hombre. Hoy añado otros ejemplos, incluyendo algunas áreas con problemas. Todos los cálculos de la CNSE se hicieron para la familia de tamaño y estructura (de edades y sexos) promedio del país en 1980, que resultó de 4.9 personas, de los cuales 2.77 son adultos, divididos por igual entre hombres y mujeres, 1.66 niños de 3 a 14 años y 0.47 bebés.
Para los bienes de consumo durables incluidos en la CNSE (estufa de gas, trastes de cocina, cubiertos, vajilla, plancha, licuadora, refrigerador, ventilador, televisión, radiocasetera, bicicleta, espejo, muebles, ropa del hogar, tijeras, reloj de pulso) el Inco proporcionó los años de durabilidad, lo que permitió calcular su desgaste promedio (uso) anual como la cantidad pertinente en la CNSE. Por ejemplo, estimó la vida útil de la licuadora en 4.5 años, por lo cual 0.222 resultó su uso anual. Igualmente, el Inco estimó el porcentaje del valor del bien que se tendría que destinar a mantenimiento. De casi todos los bienes durables incluidos, los hogares requieren sólo una unidad, salvo los cubiertos y la vajilla, que son por persona, y el reloj de pulso que es por adulto.
El costo total de la vivienda, igual a la suma del costo de construcción (calculado en el volumen 4, Vivienda, de la serie Necesidades Esenciales en México, Coplamar-Siglo XXI Editores), y del costo del suelo urbano, se dividió entre 47.75 años de vida útil de la vivienda, para obtener lo que se llamó "depreciación" (que no es exactamente tal, ya que el suelo no se deprecia). A esto se sumó el costo financiero, que se calculó con una tasa de 10 por ciento anual en términos reales (sobre saldos insolutos) y el mantenimiento. Los años de durabilidad y las necesidades de mantenimiento fueron calculados por los miembros del equipo de "planta física", del grupo de investigación de Coplamar, expertos en estas cuestiones.
Las cantidades de artículos para la higiene del hogar y personal se determinaron a partir de normas de higiene y de experimentos llevados a cabo por el equipo de investigación de Coplamar. Por ejemplo, para el cálculo de la cantidad anual requerida de detergente, se consideraron las necesidades de lavado de ropa y de trastes. En el primer caso, con base en las cantidades de ropa y blancos que usaría normativamente la familia, y de las normas higiénicas sobre la relación días de uso por lavada, se estimó un número de 15 lavadas al mes para el hogar promedio, con un requerimiento de 50 gramos de detergente en cada una, según mostraron los experimentos efectuados. En el segundo, se requieren 3 lavadas diarias, en cada una de las cuales se usan, según los experimentos efectuados, 40 gramos. También se efectuaron experimentos con jabones de tocador, pasta de dientes y papel sanitario.
En material de lectura, diversión y esparcimiento la definición de cantidades resultó particularmente difícil. Aquí lo deseable (que la población lea) se separa brutalmente de la realidad, no sólo en los estratos de menores ingresos, sino prácticamente en toda la población (los mexicanos no leen). No hay en este campo normas internacionales ni nada semejante que pueda servir de pauta. La CNSE incluye una suscripción a un periódico por hogar, seis libros y seis revistas al año por adulto, y tres libros y seis revistas por niño. El gasto reportado en este rubro por la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), incluso en los tres deciles de ingresos superiores, resultó menor al incluido en la CNSE. Es claro que sobrestimamos el material de lectura, y en mis aplicaciones de la CNSE en los años noventa he corregido esta parte de la canasta, reduciéndola a la mitad. Igualmente sobrestimamos el paquete vacacional de seis días, que derivamos de la norma constitucional implícita en el artículo123 y de la Ley Federal del Trabajo. Este paquete lo he reducido también a la mitad en mis aplicaciones.
En transporte y comunicaciones las cantidades se derivan de las actividades desempeñadas por los miembros de la familia. En las ciudades, supusimos que sólo los adultos requerían transporte colectivo diario. Dada la menor participación de la mujer en el trabajo extradoméstico, se supuso un viaje diario para las mujeres y dos para los hombres Los menores irían caminando a la escuela.
En "cuidado personal y otras necesidades" se incluyen, entre otros rubros, plancha, rastrillo para rasurar, corte de pelo, espejo, peine, desodorante, crema y cepillo para calzado. Para las mujeres se incluye un minipaquete que resulta muy polémico: maquillaje, lápiz labial, loción, aretes y collares de fantasía. Su costo total, 0.5 por ciento del total de la CNSE; sin embargo, no pesa en el total. Las cantidades fueron estimadas por las mujeres del equipo.
La lista inicial de alimentos es la Canasta Normativa Alimentaria (CNA) de Coplamar (Volumen 1, Alimentación, serie Necesidades Esenciales en México), que no refleja las prácticas alimentarias vigentes, al excluir todas las bebidas (excepto la leche) y los alimentos consumidos fuera del hogar. Por eso fueron adicionados rubros como café, refrescos, bebidas alcohólicas (en cantidades muy pequeñas) y alimentos consumidos fuera del hogar. El costo de ambos componentes es similar al de la CNA de INEGI-CEPAL, que sí incluye este tipo de rubros.
En próximas entregas analizaré una encuesta nacional urbana sobre las percepciones de la población sobre lo que considera necesario y no necesario.


1 El enfoque de presupuesto, aplicado para el Reino Unido, puede verse en Jonathan Bradshaw, Budget standards for the United Kingdom, Avebury, Aldershot, Gran Bretaña.

2 Los deciles son décimas partes de los hogares, ordenadas de peor (decil 1) a mejor (decil 10).

3 Sobre este asunto, véase mi columna del 28/12/00, titulada "Salarios mínimos y pobreza".

4  Santiago Levy, "La pobreza en México", en Felix Vélez (editor), La pobreza en México. Causas y políticas para combatirla, Fondo de Cultura Económica, México, 1994. Agustín Escobar, "Mexico, poverty as politics and academic disciplines", en Else Oyen, S.M. Miller y Syed Vaduz, Poverty, a Global Review. Handbook on International Poverty Research, Scandinacvian University Press, Oslo, 1996, pp. 539-566

5 Para un análisis detallado de las críticas a la CNSE de Escobar, Levy y otros, véase Julio Boltvinik, "Métodos de medición de la pobreza. Una evaluación crítica", Socialis. Revista Latinoamericana de Política Social, No. 2, mayo de 2000, Universidad de Buenos Aires, pp.83-123

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