SISTEMAS CONTABLES, FISCALES EN LAS SOCIEDADES DE PRODUCCIÓN RURAL, SOCIEDADES UNIPERSONALES, FUENTES DE FINANCIAMIENTO Y PYMES.

Rafael Espinosa Mosqueda
Emigdio Archundia Fernández
Ricardo Contreras Soto

FINANZAS SUSTENTABLES

Universidad de Guanajuato
División de Ciencias Sociales y Administrativas
Dr. Eduardo Barrera Arias
MC. Jaime Mandujano Chávez

Introducción

 

A través de la historia del desarrollo de la civilización, ha existido siempre la necesidad de optimizar los escasos recursos financieros, sin embargo, las recurrentes crisis financieras se han sucedido una y otra vez. Su explicación radica en la inestabilidad propia de los sistemas financieros, el desarrollo dependiente de las demandas de producción y la acumulación del capital es recurrente, con sus fases de auge y de posterior declinación. Esto nos obliga a tener que superar las lecturas superficiales concentradas en las efervescencias financieras. Estos periodos, en realidad, no muestran, al menos por un tiempo, los problemas estructurales del proceso de acumulación de riqueza.  Sirviendo los periodos de especulación para generar altos niveles de acumulación de capital, cuando las empresas inician un proceso de disminución de sus tasas de ganancias.

Desarrollo

Por consecuencia cuando los entes económicos establecen sus objetivos únicamente desde el punto de vista financiero, se pensara que la empresa pretenda optimizar al máximo los recursos financieros con que cuenta, generando con ello la posibilidad de ser sustentable.
Por tanto, debemos tener claros los conceptos de finanzas, recursos financieros y sustentabilidad, como se van entretejiendo y la importancia en la utilización de estos conceptos por de los entes económicos.

Finanzas: independientemente de la profesión u ocupación que tengamos, percibimos dinero, lo gastamos, solicitamos préstamos, lo invertimos en algún recurso financiero, que al asumir un riesgo esperamos de esta operación beneficios económicos futuros.

Para Bodie y Merton, las finanzas "estudian la manera en que los recursos escasos se asignan a través del tiempo".
Para Ferrel O. C. y Geoffrey Hirt, el término finanzas se refiere a "todas las actividades relacionadas con la obtención de dinero y su uso eficaz".

Los recursos financieros: se refiere a la estructura de financiamiento que puede establecer un ente económico  y  la forma en que estos recursos financieros son invertidos para su posterior obtención de beneficios económicos.

Las normas de información financiera (NIF A2) en su postulado básico que refiere a la entidad económica señala, “que la entidad económica es aquella que realiza actividades económicas constituida por combinaciones de recursos, humanos, materiales y financieros (conjunto integrado de actividades y recursos), conducidos y administrados por un único centro de control, ….” .  El conjunto integrado puede estar conformado por los activos tangibles e intangibles, el capital de trabajo, el capital intelectual y la fuerza de trabajo, el conocimiento del negocio, los contratos que aseguren la obtención de recursos y la generación de beneficios económicos, y los procesos gerenciales estratégicos, operacionales y de administración de recursos, entre otros.

En la década de 1990 el concepto de sustentabilidad alcanza su mayor difusión, constituyendo una moda. A fines del siglo XX la popularidad del término implica su presencia en todas las estructuras discursivas, desde los discursos políticos de todas las tendencias pasando por los discursos de organizaciones sociales, sindicales e inclusive académicas, como una formula mágica que conduce al mejoramiento de la calidad de vida. Sin embargo, este proceso ha conducido a la vanalización del concepto, donde se recurre insistentemente a la sustentabilidad pero difícilmente se la define como un concepto destinado a la acción colectiva en un grupo social.
En este sentido la sustentabilidad tiene cuatro dimensiones, que interactúan entre sí, una representación esquemática de las interacciones de estas dimensiones se presenta en la siguiente figura.
Sustentabilidad: Las definiciones de lo que es la sustentabilidad de la empresa han emergido, se han ajustado y/o modificado a lo largo de los últimos años. Encontramos diferentes énfasis o términos empleados por distintas organizaciones. Por ejemplo, para el World Business Council for Sustainable Development (WBCSD, consejo mundial empresarial para el desarrollo sostenible), entidad que agrupa a las empresas más grandes del mundo, es «el compromiso de los negocios para contribuir al desarrollo económico sostenible, trabajando con sus empleados, sus familias, la comunidad local y la sociedad en general para mejorar su calidad de vida».
Para esta organización, la noción de responsabilidad social empresarial es un concepto fundamental comparable a libertad e igualdad que siempre se estará redefiniendo de acuerdo a las necesidades cambiantes y a las circunstancias. La responsabilidad social empresarial no es vista como una fórmula incuestionable de aplicación sino como una guía, una perspectiva para que las empresas puedan orientarse al abordar sus propias responsabilidades.
El Pacto Mundial o Global Compact no contiene una definición de sustentabilidad  de la empresa, pero elabora unos principios que se asemejan a las ideas sugeridas. por la perspectiva de la Responsabilidad Social Empresarial. Es una propuesta desarrollada por las Naciones Unidas en el marco del creciente proceso de globalización y el impacto que tuvieron las empresas transnacionales en la década de los noventa. Su objetivo fue involucrar a las empresas en el manejo de los desafíos sociales y ambientales que su experiencia, a veces desastrosa, había mostrado. Esta iniciativa empezó a operar desde el año 2000.
En mi opinión  entender entonces  por sustentabilidad al estado de condición (vinculado al uso y estilo) del sistema ambiental en el momento de producción, renovación y movilización de sustancias o elementos de la naturaleza, minimizando la generación de procesos de degradación del sistema (presentes o futuros) armonizando la naturaleza y el bienestar social y económico.
Las empresas como tal han existido desde tiempo inmemorial, pero su desarrollo se acelera en el Siglo XIX con la revolución industrial. Hasta entonces la forma de producción era un tanto artesanal e incluso se realizaba organizada en empresas familiares.
El desarrollo de la empresa tal y como la conocemos hoy tiene su impulso en la revolución industrial de mediados del Siglo XIX, cuando se reconoce la producción de bienes y servicios de forma colectiva, mas allá de individuos o familias, sin intervención de concesión por parte del Estado.
En América Latina, siguiendo la legislación francesa, la forma predominante de organización es la sociedad anónima y la sociedad de responsabilidad limitada. Además de las figuras legales, a efectos de entender mejor cómo promover comportamientos responsables, es preciso considerar cuál es la estructura empresarial en estos países. Mucha de la literatura sobre prácticas responsables nos llega de países más avanzados, como los de Europa y Estados Unidos, que si bien tienen una estructura empresarial semejante, está más dominada por las grandes y medianas empresas y por gerencias profesionales. Micklethwait y Wooldridge (2003)
En el caso de América Latina, más del 60% de las empresas son PyMEs (incluyendo microempresas de acumulación) y proporcionan entre el 40% y 50% del empleo. Si incluimos las microempresas de subsistencia, las cifras suben al 99% y más del 60% respectivamente. Aun cuando estas estadísticas varían de país a país y son difíciles de consolidar, ya que los países usan diferentes definiciones de tamaño y las captan en diferentes fechas, podemos generalizar que la gran mayoría de las empresas son PyMEs y tienen una contribución significativa en el empleo y la producción.
Las grandes empresas apenas llegan al 1% en cantidad de empresas, aunque su contribución al empleo y la producción son elevadas, del orden del 40% y 50% respectivamente.
Adicionalmente, muchas de las empresas son de propiedad familiar o de muy pocos dueños.
Aun cuando no hay estadísticas para América Latina, el caso de Europa puede ser ilustrativo. En Europa el 85% de las PyMEs se definen como “con gestión de los dueños”, el 60% como “empresas familiares”, el 90% son de capital cerrado o son asociaciones de pocos socios y el 74% operan en un solo lugar [Grant Thornton, 2002 European Business Survey.].
En el caso de América Latina es posible que estas proporciones de empresas manejadas con criterio familiar sean aún mayores.
Adicionalmente, en los países de Europa, incluyendo España, y Estados Unidos, la literatura y diseminación de prácticas responsables suele estar dominada por empresas que cotizan en bolsas de valores, con muchos accionistas anónimos. Es de recalcar que entre todos los países de América Latina hay solo unas 1.200 empresas que cotizan en bolsa, de entre varios millones de empresas, y de aquellas son pocas las que participan diariamente en el mercado de valores.
No obstante, hay que destacar la emergencia de empresas multinacionales basadas en países de América Latina, como CEMEX y Bimbo en México o Vale y Bradesco en Brasil. América Latina tiene 10 empresas de las 500 más grandes del mundo, tres públicas y siete privadas (Brasil tiene cuatro y México tres). Aunque significativo, para nuestros propósitos de mostrar la estructura empresarial a la hora de promover prácticas responsables, se pueden considerar como casos muy especiales.
Estas características de las empresas en América Latina son un importante condicionante de sus prácticas responsables y deben ser tenidas muy en cuenta a la hora de “importar” o adaptar prácticas de otros países.
Atendiendo a el Nobel de Economía Milton Friedman quien dice que “el negocio de los negocios es hacer negocios” Friedman (1962), pg. 133. Pareciera entonces que las empresas están peleadas con la sustentabilidad, sin embargo el mismo Friedman  dice: “La responsabilidad del ejecutivo es manejar los negocios de acuerdo a sus (de los accionistas) deseos, que generalmente es ganar tanto dinero como sea posible, cumpliendo con las reglas básicas de la sociedad, tanto las establecidas en las leyes como aquellas plasmadas en las costumbres éticas” Friedman (1970).
Por otra parte la de la Doctrina Social de la Iglesia Católica. Por ejemplo, el Papa Juan Pablo II en la Encíclica Centesimus Annus de 1991 dice: “El beneficio es un regulador de la vida del negocio, pero no es el único. También deben considerarse factores humanos y morales, que en el largo plazo, son igualmente importantes para la vida de la empresa”. Esta posición reconoce la importancia de los beneficios para la supervivencia de la empresa, pero también que hay otros factores que son importantes en la actividad de la empresa.
Las empresas, particularmente en los países desarrollados, y las de mayor tamaño y relativamente más dinámicas en países en vías de desarrollo, suelen tener una orientación hacia la maximización de beneficios, o por lo menos, la mejora en los beneficios son el factor más determinante de su actuación. En algunos casos se debe a que algunos directivos tienen su remuneración ligada a los beneficios que obtengan, pero en muchos casos se debe a que sus ejecutivos han tenido entrenamiento en escuelas de negocio o de Economía donde el modelo tradicional de la empresa enfatiza estos aspectos. Los graduados recientes que entran en el mundo empresarial comienzan a recibir un entrenamiento que tiene una visión más amplia de la empresa, de sus responsabilidades y de la posibilidad de encontrar competitividad en prácticas responsables.
Obviamente que si en el modelo de la empresa solo se pone como objetivo la sostenibilidad financiera y se usan solo variables financieras que sean cuantificables, es de esperar que el resultado ignore las variables sociales y ambientales, aunque algunos incluyen estos aspectos siempre y cuando sean convertibles en valores financieros. Esto lleva a muchos ejecutivos a poner los beneficios por encima de todo, sacrificando, si es necesario, otras responsabilidades de la empresa, si estas contradicen ese objetivo. Si bien es cierto que su principal responsabilidad es la sostenibilidad financiera y debe tener beneficios para poder continuar operando y ejercer las demás responsabilidades, no es menos cierto que los beneficios cuantificables y en el corto plazo no debería ser el fin único de la empresa y menos en la forma cómo se miden.
Para las empresas que cotizan en bolsa, el precio de las acciones es un indicador disponible casi de forma continua y supuestamente refleja el valor que el mercado le da a la empresa.  Pero, ¿es un indicador confiable del valor de la empresa?.  Las teorías de los mercados de valores sostienen que estos son eficientes, al reflejar los precios toda la información disponible.
Existen muchos  estudios econométricos que han demostrado que un gran número de los mercados bursátiles del mundo son eficientes en el sentido que reflejan en el precio la información disponible para la toma de decisiones. Pero, la crisis de 2007-2009, los precios de las acciones son impactados por factores emocionales, por el efecto manada (donde unos siguen a otros por temor a hacer algo diferente) y por falta de información o información errónea, entre otros factores.
Algunos directivos creen que su objetivo es maximizar el precio de la acción y pueden tomar decisiones con visión cortoplacista, para tratar de influenciar el precio de las acciones y así congraciarse con los accionistas, que pueden determinar su futuro. Esta visión cortoplacista está muy influenciada por el interés individual.
Sin embargo, los precios de algunas acciones, en algún momento de tiempo, pueden no ser eficientes. De allí es que no se puede concluir que sean siempre una medida del valor de la empresa que pueda usarse como guía para valorar decisiones, en particular las referidas a prácticas responsables,que suelen producir beneficios, a veces intangibles y muchas veces en el largo plazo.
La premisa de lo que es bueno para los accionistas es bueno para la empresa, tampoco es necesariamente correcta. En mercados desarrollados, los accionistas miran a la empresa como una inversión financiera, y suelen tener una visión de corto plazo. Compran y venden acciones para mejorar su beneficio personal.
En empresas que no cotizan en bolsa, o que tienen pocos dueños, como las empresas familiares, estos problemas son mucho menos agudos y los objetivos de los dueños están más alineados con el futuro a largo plazo de la empresa.
Tanto en empresas que cotizan en bolsa como en las que no lo hacen, otro indicador muy observado para la toma de decisiones es el de los beneficios netos.
El capital humano no aparece como activo de la empresa y en algunas empresas es su principal activo. Tampoco están la reputación, el valor de la marca (a menos que haya sido adquirida en una fusión o adquisición), o hasta los activos y pasivos ambientales.
En algunos casos no pagan por los costos reales de los insumos, por ejemplo el aire. No pagan por el costo de la contaminación o sus emisiones de gas de efecto invernadero o por impacto negativo sobre el medio ambiente. En países en vías de desarrollo el agua y la energía pueden estar subsidiadas.
Jack Welch, ex CEO de General Electric y considerado el padre del “shareholder value”, menciona que el intenso enfoque de los ejecutivos en las ganancias trimestrales y aumentos de los precios de la acción en bolsa era una “idea estúpida”: “Mirándolo bien, la maximización del valor a los accionistas es una idea estúpida. Ese valor es un resultado, no una estrategia. Sus principales objetivos son sus empleados, sus consumidores y sus productos” Financial Times 3 de marzo de 2009.
De aquí surgen estas cuestiones:
¿Es responsabilidad de la empresa resolver los problemas de la sociedad como la pobreza, la violencia o el desempleo? NO.
¿Es responsabilidad de la empresa resolver las carencias de los gobiernos? NO.
¿Puede la empresa permanecer indiferente ante estos problemas? NO.
Hay empresas que no pueden o no quieren ser responsables  y a cambio hacen filantropía o acción social para enmascarar otras deficiencias. Se hacen donaciones a colegios, pero las condiciones laborales dejan mucho que desear. Se patrocinan deportes en la comunidad, pero se contamina el medio ambiente. Se patrocina la orquesta juvenil pero los productos son deficientes. Algunas empresas protegen las reservas naturales, pero incrementan sus emisiones de gases de efecto invernadero, tienen programas de becas, pero despiden a empleados, a veces con poca causa. No es cuestión de pecar y después ir de peregrinación en compensación.
La filantropía y la acción social pueden ser muy valiosas para la sociedad, pero deben hacerse además de las responsabilidades fundamentales, no en substitución de. La filantropía y la acción social no son parte de la estrategia de mercadeo o de relaciones públicas, deben ser parte de una estrategia integral de responsabilidad. Y si no, que lo hagan los accionistas o los dueños con su propio dinero, como lo demuestra el excelente ejemplo de la Fundación Bill y Melinda Gates, que usan su dinero, no el de Microsoft.
¿Cuáles son entonces los impulsores de las finanzas sustentables?

Conclusión

Para que las finanzas de una empresa sean sustentables las empresas deben ser responsables porque es parte de la razón por la que la sociedad les ha permitido su incorporación. Mientras que  haya empresas en las cuales para poder introducir prácticas responsables hay que convencer a la alta gerencia, o al directorio, o inclusive a los accionistas de que ello no es una “pérdida de dinero”. Para estos casos será necesario utilizar argumentos de rendimiento para poder convencer a escépticos. En algunos casos se podrán hacer cálculos tradicionales de costo beneficio. Sin embargo, habrá que  llevar estos cálculos tradicionales, dominados por la ideología de que “si no se puede medir, no existe”.
Si consideramos que muchos de los beneficios serán difíciles de medir, intangibles o se darán frutos en el largo plazo. Los costos suelen ser tangibles y en el corto plazo. Aún así podemos demostrar beneficios, la visión miope de muchos gerentes hará que quieran aplicar una tasa de descuento (formal o informalmente) muy elevada a esos beneficios, de tal manera que en muchos casos se subestimen estos beneficios y la responsabilidad no parecerá rentable.
El argumento debe ser que si las prácticas responsables redundan directa o indirectamente, tangible o intangiblemente, en los beneficios presentes o futuros de las empresas, éstas son parte legítima de la estrategia de la empresa y de la responsabilidad social corporativa.
 En este sentido, si la empresa no tiene prácticas responsables ante la sociedad entonces está siendo irresponsable ante sus dueños o accionistas porque está perdiendo una oportunidad de mejorar la situación económica de sus accionistas. La necesidad de una demostración precisa, numérica, del nexo entre responsabilidad y rentabilidad puede perjudicar a la empresa, llevándola a perder oportunidades.
No hay que darnos por vencidos  puesto que hay mucho camino por recorrer. Si son necesarios los argumentos morales, adelante, pero si no funcionan habrá que estar preparado para usar otros argumentos. Concluyo con esta reflexión seguramente hacer finanzas sustentables pareciera rendir pocos beneficios, pero ser no hacerlas  puede salir mucho mas caro aun.

Bibliografía

Bodie Zvi y Merton Robert, Finanzas Corporativas. Prentice Hall - Pearson Education, 2003, Pág. 2.
Ferrel O. C., Hirt Geoffrey, Ramos Leticia, Adriaenséns Marianela y Flores Miguel Angel,Introducción a los Negocios en Un Mundo Cambiante, Cuarta Edición,  McGraw-Hill Interamericana, 2004, Pág. 8.
Friedman, D, 2008, Morals and Markets: An Evolutionary Account fo the Modern World, Palgrave MacMillan, Nueva York.
Friedman, M., 1962, Capitalism and Freedom, University of Chicago Press, Chicago).
Friedman, M., 1970, The Social Responsibility of Business is to Increase its Profits, New York Times, 17 septiembre.

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