NUEVAS PERSPECTIVAS EN LA RELACIÓN ECOLOGÍA Y EDUCACIÓN

Jorge Alirio Peñaloza Páez

REQUERIMIENTO EPISTEMOLOGICO:

Para iniciar el desarrollo de estos requerimientos, Partimos de los conceptos de medio ambiente y la relación del hombre con el mismo, y la relación con la sociedad, para entrar finalmente en el planteamiento de la Ecología social como un nuevo enfoque en la relación Hombre-Ambiente-Sociedad, partiendo desde su concepto, y realizando un breve recorrido por su historia para llegar al planteamiento de los aspectos básicos para la educación en este sentido.
De esta manera lograremos obtener un enfoque y un referente teórico de lo que se hace necesario en la formación profesional de los estudiantes en relación a la Ecología social. Partiendo de la definición de MEDIO AMBIENTE como espacio en el que el ser vivo, recibe estímulos, se adapta, e interactúa con una serie de factores físicos, biológicos y sociales que determinan su modo de comportarse y de ser, podemos entrar a desarrollar nuestro primer requerimiento, observando al hombre en esta perspectiva.

EL HOMBRE Y EL AMBIENTE NATURAL

Con la anterior definición es claro que el hombre necesita conocer el ambiente natural para comprender el funcionamiento de los ecosistemas que constituyen lo que llamamos Naturaleza. Así la naturaleza no es una masa amorfa de materia y energía que el hombre pueda modificar o transformar de manera intempestiva. Una de la bases de la ecología es la de admitir que los ecosistemas evolucionan naturalmente, cuando no reciben influencias exteriores extrañas o artificiales, hacia comunidades equilibradas en su estructura y funcionamiento.
Desde que los componentes bióticos (organismos vivos) y los componentes abióticos (ambiente inorgánico) entran en interrelación regular, se les puede considerar como funcionando como sistemas abiertos con un determinado nivel de organización que va desde los niveles más simples, como son los genes, al conjunto de los seres vivos de la biosfera. Cada nivel de organización tiene su propia complejidad y puede constituir uno o muchos sistemas ecológicos. Un organismo que se nutre, respira y mantiene su homeotermia en el ambiente constituye un sistema ecológico. En cada nivel de organización hay que considerar la energía, la materia (ciclos biogeoquímicos), el tiempo (ciclos, ritmos biológicos, entre otros), la población y las comunidades).
Al interior de un ecosistema se pueden considerar elementos en interrelación definida constituyendo subsistemas; al revés, varios sistemas abiertos, o muchos, pueden tener una vía común de aportes de materia y de energía constituyendo una cadena en la que las salidas de un sistema constituyen las entradas del sistema siguiente. Los ecosistemas naturales están compuestos de poblaciones vivas (vegetales y animales) en interacción entre ellas y con su ambiente abiótico en un área geográfica dada, área en la cual el hombre o no vive actualmente (caso de las grandes reservas naturales) o vive en situación de no introducir modificaciones ni trasformaciones en los ecosistemas, de tal modo que el equilibrio natural de la Naturaleza se mantiene (caso de regiones naturales donde viven comunidades primitivas).
El equilibrio de los sistemas naturales se mantiene en base a de relación muy complejos, de gran sensibilidad, en tal forma que la variación de uno de los factores puede traer repercusiones en cadena. Cuando el hombre interviene en la Naturaleza, los equilibrios se vuelven muy frágiles y inestables. Mientras los ataques a un equilibrio natural o paranatural no pasen cierto nivel de intensidad que modifique las relaciones de las fuerzas en equilibrio, los ecosistemas naturales, aunque alterados por la acción humana, conservan los aspectos de estabilidad, si bien están solo en estado de sobrevivencia. A partir de este momento, un incidente natural o una intervención humana no favorable al equilibrio pueden provocar su destrucción irremediable, ya que se excede el nivel de conservación del equilibrio ecológico.
Por estas razones, antes de provocar cualquier cambio en los equilibrios naturales (caso, por ejemplo, de la introducción del DDT en regiones tropicales palúdicas), hay que estudiar y conocer muy bien la estructura y funcionamiento de los ecosistemas naturales de la región; es decir, el equilibrio de la Naturaleza. Si se actúa ciegamente, el hombre llega a ser la víctima del desequilibrio. Así le sucede cuando contamina la atmósfera, los suelos o la biosfera con los productos de su actividad; o cuando aplica malas prácticas agrícolas que empobrecen los suelos transformando en zonas erosionadas las tierras de cultivo; o cuando por la supe explotación de los mares disminuyen peligrosamente los recursos alimenticios en vez de mantenerlos; o cuando la industrialización desenfrenada perturba el flujo de la energía y rompe el ciclo de la materia produciendo cantidades enormes de desechos no biodegradables: es decir, no reciclables; o cuando el hombre se multiplica con tal rapidez que provoca problemas de desequilibrio en los subsistemas (hambre, desnutrición, entre otros).
Desde hace unos miles de años, existe en la Tierra hombres con cierto grado de cultura, pero estos problemas ecológicos no han aparecido sino desde hace muy poco tiempo en relación con la introducción de la tecnología moderna y particularmente de la tecnología industrial. Desde ese momento, el hombre se ha convertido en un perturbador de la biosfera, es un depredador de la Naturaleza, en un destructor de los equilibrios naturales. Hasta la época neolítica, el hombre vivió en un ambiente natural virgen, que hoy día es excepcional (ambiente primario). Con la intervención de la agricultura y la domesticación de los animales el hombre comenzó a modificar el ambiente natural y a explotarlo en su provecho. Estas modificaciones no fueron intensas, sino cuando la población humana empezó a crecer en forma más rápida debido a la acumulación de alimentos y al sedentarismo. Los demógrafos calculan que el número global de seres humanos hacia el año 10000 a.C. era de unos 5 millones, con densidades del orden de 8 a 16 habitantes por 100 Km2 en las zonas pobladas. Estas densidades tan bajas estaban de acuerdo con la economía de la caza y de los recolectores de la civilización paleolítica.
En esa época el hombre estaba aún en equilibrio con el medio natural y puede considerársele como integrado más o menos pasivamente a la biosfera. Pero con el advenimiento del periodo neolítico se produce la explotación activa de la Naturaleza por el hombre. Hacia el año 3500 a.C. la población de la Tierra se habría elevado a unos 150 millones de habitantes repartidos en regiones geográficas distintas, cunas de civilizaciones diferentes: Así, Valle del Nilo, Mesopotamia, América Central y del Sur. A partir de este periodo, la población crece en forma irreversible, aunque se producen fluctuaciones accidentales negativas a causa especialmente de hambrunas y guerras. Hacia la época de comienzos del cristianismo la oblación humana era de unos 300 millones; de ahí al llegar al siglo XVIII, época de comienzos de la revolución industrial europea, ya se había más que duplicado (700 millones).
Hasta el siglo XVIII, época de la extensión de la revolución industrial, las leyes generales naturales se aplicaban también a las poblaciones humanas, un cierto equilibrio Hombre-Naturaleza se respeta hasta ese momento (régimen demográfico natural). El régimen demográfico natural y la escasa intervención del hombre sobre los ecosistemas naturales es lo que caracteriza el largo periodo preindustrial que se modifica totalmente a partir de fines del siglo XVIII. Desde entonces para acá, tanto los fenómenos demográficos como los ecosistemas naturales comienzan a ser intervenidos más y más intensamente por el hombre. La situación mundial actual, con diferencias notables de ambientes y de riesgos en los países desarrollados y en los menos desarrollados, tiene su origen precisamente en la evolución económica, social y política diferente de los países a partir del siglo XVIII.

PAPEL PERTURBADOR DEL HOMBRE EN EL AMBIENTE.

El ambiente originalmente natural ha sido tan modificado por el hombre que cuando hablamos del ambiente, hoy día ya no nos referimos al medio activo y receptivo al que se hace alusión sino que a los efectos de ciertos tipos de civilizaciones sobre el ambiente. La calidad del ambiente de vida humana ha llegado a ser uno de los mayores problemas de las sociedades industriales modernas. Usarnos otra connotación cuando nos referimos al ambiente de vida de las poblaciones de alta montaña o al de los esquimales o a de Iris nativa Xingú del interior de la Amazonía, o al de los “bushmen” del desierto de Kalahani.
El problema no se limita, en realidad, a algunas sociedades sino que se ha constituido en un peligro real para toda la biosfera. Así está sucediendo con la explosión demográfica, con la proliferación de factores cancerígenos, con la irradiación progresiva de los mares por la acumulación de desechos radioactivos, con la contaminación bacteriana de los ríos y de las costas marítimas o con la contaminación atmosférica, o la destrucción de especies vivas útiles, el abandono de las zonas rurales (urbanización), los accidentes de todo tipo en número creciente y tantos otros factores nocivos contra nuestra propia especie e individualmente en contra de nuestra propia salud. El hombre, por sus actividades, destruye inconscientemente, pero con tenacidad su propio clima,. su propio ambiente de vida, y se arriesga en colocarse en una situación irreversible de autodestrucción.
Las actividades que los hombres ejercen sobre el ambiente que ellos ocupan se ordenan según diferentes planos: el de la acción intuitiva destinada a cubrir las necesidades más elementales o a aumentar la producción en función riel crecimiento demográfico; el de la acción defensiva contra las agresiones y peligros del ambiente para conservar las potencialidades productivas amenazadas por procesos destructivos o regresivos. La primera actitud procede de un empirismo simple que no implica un análisis previo de la dinámica del medio, pero que la puede tener en cuenta en la medida que el grupo tome conciencia de la situación. La segunda supone necesariamente una torna de conciencia de las contradicciones inherentes a la dinámica del ambiente y a las relaciones del ecosistema, lo cual conduce a una política pensada de acondicionamiento del espacio y de la eliminación de los factores nocivos. Esta toma de conciencia se puede efectuar a diversos niveles de conocimiento y de técnica; se trata en primer lugar, de la ocupación del espacio (suelos, aguas, fauna, flora, etc.) para los fines de la producción y consumo de los grupos humanos que habitan dentro de él.
Debido a las proporciones alcanzadas por los riesgos y peligros del ambiente humano para la propia especie humana se ha organizado (Naciones Unidas) una campaña mundial para lograr el control del problema. Sus resultados aún no se ven y no habrá que sobrestimar las posibilidades, mientras la masa de las poblaciones amenazada no reaccione, mientras los gobiernos de todos los países del mundo no tomen conciencia de la situación, y en tanto que las empresas financieras inviertan sus capitales en industrias cuya actividad y productos atentan contra el equilibrio de los sistemas naturales. Aldous Huxley, en su libro Un mundo feliz (1932), visualizó el futuro de la sociedad industrial de consumo, calculando lo que sucederá de aquí a unos cuantos silos más. El dictador de Utopía exclama: “Necesitamos que la gente elimine lo usado, que guste de lo nuevo; necesitamos que todos consuman mucho”.
Esa realidad que Huxley sugiere llegó mucho antes de lo que él pensó. Antes de un cuarto de siglo de haber escrito el libro, las poblaciones de los países industriales desarrollados, sin necesidad de un dictador, están consumiendo más de los que Huxley imaginó y eliminando en el ambiente una cantidad inmensa de desechos y de restos no reciclables que degradan la naturaleza urbana y rural. Pero al lado de este tipo de problemas tan visibles que atentan contra la gente movida por la propaganda a consumir y consumir todo lo que los industriales les interesa comercialmente producir, ¿quién tiene conciencia real de los que consumen lo indispensable para sobrevivir?.

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