NATURALEZA DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA. RECUENTO DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA EN MÉXICO Y EL MUNDO.

Rodrigo Hernández Gamboa

Última etapa de la planificación soviética.

Con la muerte de Stalin acontece un interregno dirigido por Malenkov, pues había sido dirigente prominente del partido, además que formaba parte, a la muerte de Stalin, de un triunvirato con Molotov y Beria. Sin embargo, fue superado por Jruschov, que ya para marzo de 1953 detentaba las partes más importantes de las Secretarías del. En contraste, Melenkov participó en el consejo de Ministros y ejercía su influencia en la política económica desde sus aportaciones en la reformas de 1953, en las cuales promovió una rebaja en los precios en los artículos de consumo, además de que habló de una reducción a los impuestos agrícolas y de una nueva política industrial para favorecer a la producción de los bienes de consumo por encima del la poderosa industria pesada. Ante estas propuestas, se intentó crear planes acelerados en 1953, que rebasaran las previsiones del plan quinquenal, en los cuales anunciaron nuevos objetivos ambiciosos que abarcaron una amplia gama de artículos. Estos planes que originó Melenkov, fueron excesivamente ambiciosos, tanto que muy pronto se descontinuaron tras la caída de Melenkov de cualquier dirigencia en el partido y en el gobierno. Su dimisión se dio por la creciente tensión con Jruschov ante sus sugerencias de priorizar la industria de consumo sobre la pesada que era la más relevante, el caso es que dimite en 1955 y queda el poder político y económico en manos de Jruschov.

En su conjunto las distintas reformas de Jruschov se presentaron en el XX Congreso del partido, aprobando en febrero de 1956 el Sexto Plan Quinquenal que tuvo como uno de sus objetivos más llamativos, el que para 1960 se obtuviera una cosecha de 180 millones de toneladas de cereales. En 1957 se inició una campaña que se concentró en alcanzar a los Estados Unidos en la producción de carne, leche y mantequilla, lo cual, en el caso de la carne, era triplicar la producción estándar soviética y en los otros dos productos, significaba una producción inmensa a la habitual (Nove, 1973: 356).

Jruschov utilizó este poder político para llevar a cabo cambios y medidas importantes en el ámbito agrícola, ampliando los poderes de las granjas colectivas. Este plan modificaría las obligaciones de esta rama de la producción agrícola; ya no se entregaría cierta parte de la producción al Estado, como se venía haciendo, sino que se entregaría la producción de una extensión de tierra trabajada que se determinaría entre las dos partes; en los respectivo a la cuestión ganadera, se acordó que se enviarían los recursos conforme a lo que acordaran los Koljoses unilateralmente.  
 
Pero estas medidas se tornaron contraproducentes, pues ante la imperiosa necesidad de alentar la producción de los alimentos, se tomó la decisión de trasformar los Koljoses en granjas del Estado. Esto tenía su origen en el intentó de centralizar la producción agrícola  conforme a los intereses concebidos desde Estado. En algunos casos, estas mutaciones se debían a la devaluación de los Koljoses, débiles económicamente, o a los intereses de los secretarios locales del partido, que les resultaba más lucrativo obtener recursos para la sustentación de las granjas estatales, pues les enviaban directamente a ellos los recursos para la manutención de estas granjas, que solamente supervisar los campos colectivizados (Nove, 1973: 357-362).  

En este plan se originó una modificación a la tradición estaliniana, pues en contraste,  se intentó conseguir interlocutores para establecer los objetivos de los productores de las materias primas, además que se dio la inclusión de los sindicatos en las discusiones de las propuestas de objetivos a cumplir por las empresas.

El comité de planificación de la URSS se vio sometido a una separación durante estas reformas alentadas por Jruschov. Por un lado se agrupó al Comité Estatal para la Planificación a largo plazo, y por otro se conjuntó a la Comisión Económica Estatal para la planificación corriente. Esta separación de funciones derivó en la intención de hacer compatibles los planes a largo y a corto plazo, que sin embargo, no contribuyó en nada para asegurar la compatibilidad de la planeación en su conjunto.

En este plan se contempló las decisiones de creara una bases siderúrgica en Kazajistán y en Siberia, que se planificaba pudiera producir de 15 a 20 millones de toneladas de lingotes de hierro en cinco años.

En la presentación del plan se viviría la denuncia de Jruschov sobre las calamidades acaecidas en el periodo de Stalin, que entre sus razones para expresarlo en ese momento, era sobretodo su intención de romper con los hábitos de los burócratas que seguían perjudicando a la administración económica del país.

Es sin duda relevante que este sexto plan quinquenal se haya abandonado con apenas un año de su puesta en practica. Los objetivos impuestos se contuvieron para revisarlos, mas nunca más se volvieron poner en circulación. Esto acción a consecuencia de una reunión del comité central en diciembre de 1956, en el cual decidieron que el plan estaba desequilibrado, que existían tensiones y se presentaban defectos en la concepción del mismo. Asegurando que el programa de inversiones del plan era imposible de llevarlo a la práctica por la no disposición de los medios materiales para hacerlo factible en tiempo y forma, aunque algunos señalaron posteriormente que las circunstancias políticas determinaron en su conjunto desechar el programa (Nove, 1973: 363).

Este fallido plan evidenció otro problema en el cause de la planificación organizacional. Jruschov tenía la idea arraigada de atacar la existencia de las asociaciones Ministeriales que se habían convertido en verdaderos imperios en su función específica dentro de las ramas de la producción. Su deficiencia, decían los que apoyaban esta acometida, se debía a la descoordinación mutua, operando Jruschov para modificar su desempeño; trasformando estos Ministerios dedicados a la economía, en estructuras regionales coordinadas con el comité de planificación a largo plazo. Estas medidas en parte se originaron para atacar a sus opositores de la vieja guardia estaliniana, y también para intentar coordinar a la planificación en regiones, pues la planeación se veían dificultadas por el hecho de que las decisiones de todas las empresas estaban subordinadas desde Moscú, aceptando las decisiones de Ministerio sin mucha vinculación con las situaciones regionales y lejanas de las empresas (Nove; 1973: 364).

El desajuste del sexto plan quinquenal se trató de resarcir con la aprobación del primer plan de siete años, de 1959 a 1965. Las razones de estos se debían en parte al descubrimiento de nuevos recursos minerales, alentados por la nueva participación más activa en la planificación por parte de regiones concretizadas con mayor poder en sus recursos.

Los principales atractivos del nuevo plan se ajustaban a un incremento considerable en las inversiones al proceso de producción de químicos y combustibles no sólidos, y por un mayor presupuesto a las regiones orientales, con cerca 40 % del total. Pero esto no fue suficiente para Jruschov, pues previó modestas las metas, y temporalmente anunciaba enmiendas que notificaban una mayor producción a la objetivada en un principio (Nove, 1973: 374).

Pero su reforma de otorgarle mayores poderes a las regiones para rectificar su planificación local, resultó ser un desastre. Pues el sentido de las decisiones en su conjunto eran las mismas, y el incentivo de tomar en cuenta las directrices de las empresas tornaronse por ser más discrecional. En cambio, la abolición de los Ministerios que controlaban a cada rama de la producción terminaron por ser fundamentales, pues la planificación de cada región era sólo ideada y llevada en ejecución por ellos mismos y en discordancia con las demás regiones, a menos que se hiciera una interlocución desde el centro, cosa que se buscaba erradicar desde un principio, en todo caso, lo único que se logró con esta propuesta, fue el aislar a las regiones, desarticular a la producción nacional y aletargar el decrecimiento. Lo que se aplicó para remediar la situación, fue atender desde el centro la distribución de los productos, que tuvo que ser reforzada en el trascurso del plan, para evitar mayores confusiones por la desorganización de las regiones entre ellas. Pero esta distribución sólo podía ser ejecutada en la búsqueda de equilibrar la producción, con lo que de nuevo se regresó a las decisiones centralizadas. Las regiones solamente buscaron el beneficio de sus propias comunidades y los fondos para inversión que fueron manejados por los funcionarios, eran desviados para las necesidades locales. Esta forma de organización se fue desintegrando al paso que las empresas se organizaban como podían, pues las decisiones eran fiscalizadas por varias vías; por los planificadores, por los que les entregaban los suministros, por los que se les respondía de la producción, etc. Los lazos informales mantuvieron la situación estable, pero estaban fuera de toda reglamentación que normara su desempeño (Nove, 1973: 379-381). 

Los objetivos a grandes rasgos que se establecieron en este plan de 1959 a 1965 fueron el de mejorar la distribución del ingreso y lograr un crecimiento territorialmente equilibrado, para esto como ya vimos se implementó en concordancia con la transformación agrícola, utilizando como estrategias primarias, la de mantener una fuerte expansión económica, como se había realizado en los planes anteriores, y la de mantener los equilibrios logrados, tanto políticos como económicos. En cambio, se dio un gran esfuerzo por promover la investigación científica y técnica, sumado a la mejora de los servicios colectivos sociales. Los instrumentos para concretar estos postulados se concentraron en los programas de inversiones definidos por territorios específicos, como se notó en esta reforma, y en programas de inversión en los sectores sociales; salud, educación, recreación y vivienda. Por el análisis de la planificación, se pueden dilucidar ciertos cambios; primero, que se remplazó el sistema de cuentas de 1951, por uno más eficaz de insumo producto que comprendía 65 ramas de producción definidas en 1956. Además que se elaboró una matriz de operaciones financieras dentro del Estado (Arana Aguilar, 1990: 109).
     
Las consecuencias de este plan fueron muy diversas. Primeramente los Comités de Planificación se dividieron y se concentraron en ramas específicas, como los Comités de Planificación dedicados a la inversión, a la puesta en vigencia de precios, a la colocación y búsqueda de mano de obra, a la oferta de mercancías, etc., que complicaban la correspondencia de todo el plan en su conjunto. Sumado a que la división de autoridad entre el Comité Central del Partido, el Comité de Planificación y los organismos regionales del partido terminaron por acentuar las tensiones y a hacer de los planes una contrariedad enorme.

En la época de Stalin se soportaban estas situaciones por la permanente puesta en practica de proyectos que alentaban a la industria pesada por sobre las demás, haciendo que no se notarán tanto estas disconformidades. Pero con sus sucesores cambio la situación, pues cambiaron las prioridades. Ahora la industria, al igual que la vivienda, y los bienes de consumos, etc., se modificaron y se convirtieron en prioridades. La tarea de la planificación engendró serias complicaciones, pues las prioridades se diluían o multiplicaban. Los consumidores o productores que requerían de una mayor infraestructura en suministros y artículos, no consumían lo que se hacía de mala calidad o inservibles por su excesiva producción, pero el conflicto estaba integrado en la génesis de la planificación en todos los sentidos. Pues ni la demanda, ni de los consumidores, ni de las empresas estaba sujeta a priorizarse, la única decisión y necesidad prioritaria era la proveniente de los líderes que realizaban proyectos de inversión a gran escala que no eran una solución (Nove, 1973: 379).

Esta situación imperante se buscó resarcir con intentos como el de satisfacer demandas del usuario modificando la consecución de los objetivos; no basándose puramente en las relaciones cuantitativa, sino cualitativas. Se utilizaron nuevos indicadores del valor añadido, pero cada uno de estos indicadores tenía sus propias distorsiones. Así por ejemplo, la búsqueda de reducción de costos no era compatible con la búsqueda de mejor calidad, y de esta manera en la mayoría de los casos la aglomeración de indicadores, daba por consecuencia la oposición de los mismos. Al mismo tiempo, la acumulación de partidas y sub partidas asignadas en la planificación y en responsabilidad del planificador, llevaba consigo a un constante yerro y retraso esperado. Conjuntamente, la no inserción de un artículo determinado en el plan ocasionaba un desajuste, pues no se producía más y pesaba sobre la carga de los consumidores que no hallaban donde encontrarle (Nove, 1973: 380).

Con Stalin estas situaciones se corregían imponiendo tareas especificas a ciertas comunidades autoritariamente, pero ya con los nuevos líderes resurgió una conciencia de la necesidad de ocupar eficazmente los recursos, incluida la mano de obra. Provocando en los economistas y en los planificadores una idea sobre como mejorar los criterios de producción y la asignación de recursos, entregándole mayor poder de decisión a las empresas (Nove, 1973: 380).

En todo caso, lo que comprobó es que la regionalización del plan no fue la más acertada para hacer de la planificación un método que conglomerara las decisiones específicas de las provincias. En primer lugar, porque los rasgos esenciales del sistema no se modificaron mayormente, en el sentido de que el plan era el “único criterio operacional efectivo” y éste se convertía en la única dirección que se estaba obligado a seguir. Por otra parte, la desaparición de los Ministerios, que eran foco de burocratismo y disidencia, desarticuló la cadena de mando (Nove, 1973: 381).

Las deficiencias se acumulaban en la concepción de la planificación presente, así es que Jruschov, haciendo cambios en la administración, complicó aún más la situación y creó más confusión en el nuevo proceso de re-centralizar. Los nuevos comités eran idénticos en nombres de los desparecidos, pero carecerían de autoridad ejecutiva, además las empresas no estaban debidamente subordinadas a estos comités, es decir, asesoraban e incentivaban, pero no tenían autoridad de mando sobre ellos. En contraste, los comités regionales tenían graves problemas de ejecución incluyendo el suministro de las materias primas. En 1962 se decidió que el Comité Central se dedicará a planificar a largo plazo, mientras que el otro instrumento de planificación regional se encargaría de llevarlo a cabo a mediano plazo. Posteriormente, se volvió a demostrar la fallida tendencia, incurriendo en paralelismo entre las dos instancias, formándose, para evitar esta dualidad, un subcoordinador de los coordinadores, pero tuvo una corta vida que igualmente fue errada. En 1963 se fusionaron algunos comités regionales de planificación, reduciendo de 100 a 47, con supresión de facultades ya otorgadas como la del sector de la construcción, sin embargo, ganaron la dirección de industria local, que ahora dependía de los comités de planificación en vez de la organización local del Estado, conocidos como los soviets.  Estas constantes modificaciones produjeron una desorganización continua, pues nadie sabía de quien dependía, ni cuál era su competencia específica (Nove, 1973: 382).

Jruschov presionó a los planificadores tratando de que aprobaran un programa de inversiones en la industria química que ponía en peligro la estabilidad de toda la economía. En general los objetivos del plan que se pretendían fueron abandonados por ser exageradamente optimistas y desproporcionados con la realidad. Jruschov fue destituido en 1964 por sus errores constantes en la política economía del país. Sus campañas por demás ambiciosas y sus organizaciones que confundían aún más, fueron la causa en especial de su caída (Nove, 1973: 388-391).

Su dimisión fue obligada por un grupo de dirigentes soviéticos del partido, por costumbre se formó un triunvirato compuesto por Mikoyan y más tarde Podgony en la presidencia, Kossyguin como primer Ministro y Brezhnev como secretario general del partido. Pero el aparato burocrático de nuevo le sirvió al dirigente del partido para imponerse como el más poderoso y el que a la postre tomaría las decisiones más importantes con respecto a la situación económica. Brezhnev representaba el centro entre dos propuestas sugeridas al interior de la Unión Soviética; entre los que intentaban transitar más rápido hacía el comunismo y quienes deseaban liberalizar un tanto la economía y permitir ciertas libertades comerciales. Por tanto, su función debía compatibilizar estos dos principios, pues las propuestas del grupo moderado a la que pertenecía Brezhnev tenía postulados más bien escuetos y sin ningún apego a estos, en contraste, contaban con una muy buena organización dentro de la cúpula dirigente que formaba una unidad entre los dos polos ideológicos dentro del partido (Facio V., 2003: 20).

En la segunda mitad de las década de los sesenta, se impulsó desde la política económica soviética un nuevo matiz modernizador, el cual favoreció con reformas económicas a los sectores medios de la sociedad. Lo que se pretendía con estas reformas, era sobretodo racionalizar la vida interna y las relaciones exteriores de la URSS. En lo político fueron años en que se liberalizó un tanto el sistema y se permitió el desarrollo de discusiones sobre temas de gran interés político como económico (Facio V., 2003; 21). Pero en lo referente a la planificación se retrocedió en la regionalización y se instaurarían nuevas formas de organización dentro de las ramas industriales, además que se reproduciría una centralización administrativa desde Moscú, que fortaleció a la planificación nacional. Se creyó conveniente iniciar un proceso liberalizador en la gestión estatal de las empresas, adonde se intentó dar iniciativa a los gerentes como parte de aumentar la tecnificación y los criterios de perfeccionamiento de la producción. Esto se llevaría a cabo en un territorio yermo, pues no existía ningún estímulo económico directo para que los gerentes de las fábricas desarrollasen propuestas para crear apremios en la gestión de directivos y técnicos.

Así también, se tomó conciencia del problema que es constante en todos los periodos de planificación quinquenales, referente al desajuste entre la producción y el mercado. Se buscó para resolver este inconveniente que los directores de los establecimientos y las fábricas tuvieran un margen de maniobra que permitiera modificar la producción, ajustándola a la posible demanda, en vez de sujetarla reciamente al plan establecido. Existieron ensayos que se debilitaban, pues se dependía de la utilidad que las empresas pudieran obtener por los precios que el artículo tuviera al comerciarse. Esto ocasionó un desajuste aun mayor, pues demostró una gran fisura en el modelo, ya que la gestión de la actividad de la producción debía asociarse con una mínima libertad o facilidad en el régimen comercial de los productos, siendo esto omiso en el modelo soviético (Joaquín Costa, 1984: 11).

Es durante este periodo que se produce la crisis económica de 1973, que fue catastrófica para la URSS. Entre los problemas que causó, se cuentan una disminución evidente de la capacidad productiva de la industria, dando paso a un estancamiento del que no va a salir hasta su acabose. Los orígenes que no van a permitir su posterior reajuste, serán la fuerte burocratización existente en el país, así como el alto grado de corrupción dentro de la cúpula dirigente del partido y de las industrias estatales. Esta crisis abate el espíritu socialista y  crea una crisis generalizada de absentismo laboral, un desabasto de productos de primera necesidad y la aparición en todo su esplendor de un mercado negro que manejaría una economía subterránea no cuantificable, que abarcó muy buena parte del comercio individual. Está es la tónica en la que se desarrollían los más de quince años de Brezhnev en el poder, con estancamiento constante de la economía y una idea de no cambiar la situación por temor a que se desajustara todavía más el sistema.
 
En 1982 se produce la muerte del presidente Brezhnev sustituido por Andropov como secretario general del partido. Su gestión es muy corta, ya que muere en 1984, designándose Chernenko como su sucesor. También la estadía de Chernenko es sólo un poco más corta, ya que fallece en 1985. Y es en ese mismo año que es designado M.S. Gorbachov como presidente de la URSS.  

Mijael Gorbachov asume el poder y se encuentra con una población desmotivada por el socialismo y con es una crisis económica permanente, pero además, con una crisis de valores más profunda que la económica, pues la épica socialista se estaba derrumbando por la precariedad de la vida y la desmotivación del Estado obrero. Es en 1985 que se empiezan a trazar las reformas que se integraron en el plan quinquenal en 1986, con el lema de  Uskoreniye, o aceleración, pero que pronto se conocerán como Perestroika o reestructuración. Desde el punto de vista económico estas reformas integradas en el plan intentaron devolver un grado de autonomía a las empresas del Estado, que desde que se estatizaron -pero no se volvieron propiedad de los trabajadores- causaron grandes problemas por su autoritarismo e improductividad. Se intentó instaurar canales horizontales de aprovisionamiento entre las empresas; un más conflicto que se establecía por la centralización de la distribución de insumos y productos. Uno más de estos objetivos se basó en limitar el papel del plan como forma de regular las actividades y productos estratégicos y extenderlo a la órbita social; esto hacía referencia a una simple liberalización de la producción. Y una última modificación pero que fue de gran relevancia, se apoyó en promover espacios más amplios para la pequeña iniciativa privada, en el campo, en el comercio, en los servicios y en algunos sectores industriales (Arana Aguilar 1990: 162).

Dentro de los objetivos que se buscó cumplir se encuentran; el devolver el dinamismo de la productividad soviética con incentivos a la productividad, aminorando la burocracia y fomentando la democracia en las empresas, logrando la autogestión. Un objetivo permanente desde la época estaliniana, fue el de modificar la relación calidad-cantidad, mejorando la calidad en los insumos para la industria y el campo.
 
En el campo se pensó en reducir el personal de los Ministerios encargados de la cuestión agrícola y que estaban impregnados de burocratismo. Se trató de otorgar a los campesinos mejores precios por sus productos, pero se limitó el subsidio para equipos y fertilizantes. Se fomentó un sistema de trabajo que se basó en la organización campesina informal o grupos de trabajadores rurales que bajo contratos colectivos abastecían a los mercados urbanos de productos agrícolas. (Arana Aguilar, 1990: 163)

En la industria lo que se trató fue eliminar los estratos burocráticos intermedios entre los Ministerios y las empresas, fortaleciendo los vínculos horizontales entre las empresas. Pero en general lo que se intentó hacer fue liberalizar las decisiones, darle autonomía a las medidas tomadas para la inversión, al igual que a las relaciones entre clientes y proveedores en los concernientes a los pedidos estatales. También se trató de liberalizar los criterios de fijación de fondos, de salarios y de estímulos materiales. Elaborando autonómicamente por parte de las empresas sus propios planes de producción en concordancia con sus propias cifras. Esto con el fin de que las empresas socialistas se autofinanciarán, teniendo derecho a crédito en una incipiente bancarización descentralizada (Arana Aguilar, 1990: 164).

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