NATURALEZA DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA. RECUENTO DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA EN MÉXICO Y EL MUNDO.

Rodrigo Hernández Gamboa

Reino Unido

La planeación dentro de la economía política en el Reino Unido se manifestó en dos vertientes, por un lado se estipulaba a esta herramienta la nominación, el control y la asignación de los recursos durante años de escases y de una rígida situación económica de principios de la postguerra, la otra denominación a la planificación se asemejó a la capacidad del Estado para incentivar el ritmo acelerado y el rápido crecimiento de la industria nacional durante los años de la década de los sesenta.

En la primera de estas acepciones se basó en el objetivo que tuvo el Estado por distribuir razonablemente los recursos escasos que preveían muchas tenciones y un probable colapso de la economía, debido en gran parte a la situación extenuante de los pagos internacionales. Este escenario terminó por modificar el intervencionismo estatal al controlar estrictamente las importaciones y determinar el destino de los materiales escasos para el racionamiento necesario que suponía una distribución adecuada de los bienes de consumo. Conforme la situación disminuyó en su peligrosidad, los controles rígidos se reblandecieron y la planeación que tenía un claro matiz anti popular se desmanteló (Denton, 1970: 100). 

Pero la planeación aún y con su restrictivo programa de razonamiento, sirvió para que la presión de la demanda interna impactara en la producción de los bienes de consumo, haciendo que el ritmo de crecimiento de la economía se estableciera por mucho tiempo alto, a pesar de la frustración que causaban los controles extenuantes.

En la década de los cincuenta se desmantelo en gran medida el sistema planificador y se retomó el dogma del libre comercio, haciendo que el intervencionismo estatal se contuviera en políticas muy propias del modelo librecambista, como lo son; el mantenimiento de la estabilidad de precios, el pleno empleo y el manejo Keynesiano del superávit y el déficit presupuestal, dejando el resto en manos del mercado. Esta modelo, no tuvo la suficiente fuerza como para estimular la competencia como sucedió en Alemania, ni aplicó el paradigma planificador como sucedió en Francia, en contraste, se obedeció al dogma del libre mercado dejando que el Estado tuviera la menos repercusión posible en la economía nacional, y teniendo por resultado de tal acción y de la coyuntura un estancamiento que no se equiparaba al crecimiento de los países que se rehicieron de la guerra, siendo estos los ejemplos con los que fue valido compararse. La situación tuvo como consecuencias; tasas de crecimiento menores a la de los países europeos, reaparición de los problemas de déficit en los pagos internacionales, inflación y expectativas de crecimiento muy menores a las registradas en otras latitudes. Esta fue la coyuntura que detonó la puesta en práctica de un intervencionismo del Estado más dinámico, con la complacencia de los académicos y empresarios (Denton, 1970: 1002).

La planeación, en estos años en que la concepción de la economía de mercado era la predominante, se estancó solamente en el sector público, las empresas nacionales y los departamentos comerciales de la administración, repercutieron en una serie de planes de inversión y de desarrollo productivo a largo plazo, al igual que muchas otras entidades privadas que igualmente funcionaron con planes a largo plazo. Pero aún así, la concordancia de los planes no era efectiva, con lo cual sólo suponían un planeación a una escala muy pequeña y derivada de esfuerzos individuales que no ejercían la influencia requerida como para agolpar a la economía nacional en forma contundente

Es en 1961que se adoptaron medida para atacar la crisis que aconteció, entre estas medidas  estaba la formulaciones de planes. Su objetivo primario se definió en la factibilidad de influir en la política económica de las entidades económicas del gobierno, pero también de las empresas e individuos que provocando con ello una aceleración del crecimiento de la producción. De esta manera, se formó el Consejo Nacional de Desarrollo Económico, que sirvió como asesor de los organismos ya existentes, en la que se encontraba la Junta de Planeación Económica. Es decir, se intentó que este consejo examinará las expectativas económicas de los cinco años subsecuentes o más allá de eso en algunos casos; tales funciones se enfocarían en el crecimiento de la producción y en la distribución de los recursos, entre los que se contaban la oferta de trabajo y el capital, seguidos de un monitoreo de la balanza de pagos y la evolución de las importaciones-exportaciones. Es así que el gobierno británico intentó establecer, junto con los empresarios y trabajadores una especie de anfibio armónico para que coaligados con el representante del bien común, lograrán desarrollar al país (Denton, 1970: 103).                 

Se consultó a las élites empresariales y a los sindicatos, eligiendo en común a los responsables de la coordinación de los programas del Consejo Económico. El consejo, junto con sus representantes, decidieron establecer una planeación determinada para cada rama industrial por separado, cuyas responsabilidades estribaban en examinar el comportamiento económico de cada rama, así como sus perspectivas y planes industriales, al mismo tiempo que evaluaban los planes de estas industrias en contraste con los objetivos nacionales de crecimiento, estableciendo información y previsión al respecto que se entregó a los consejos de las ramas. Así también, tuvieron como responsabilidad el considerar los procedimientos para que las capacidades de eficiencia y competitividad de la industria llevaran a un mejor rendimiento, haciendo recomendaciones sobre estas materias a las propias industrias.

Ya para el año de 1967 se habían establecido veintiún Comités de Desarrollo Económico, en industrias claves del desarrollo, como lo fueron las industrias; químicas, de alimentos elaborados, de comercio, de electrónica, de máquinas, de herramientas, de maquinaría eléctrica, de papel y cartón, de textiles de lana, de construcción, de maquinaría para la construcción, de procesamiento de alimentos, de caucho, de hoteles y restaurantes, de periódicos, de imprentas y editoriales, de prendas de vestir, de tejidos, de agricultura, de la oficina de correos, de distribución y reparto de automotores y de trasporte para la exportación (Denton, 1970: 105).

Durante los primeros años que se aplicó este paradigma económico planificador, les fue autorizada esta función al Consejo Nacional para el Desarrollo Económico, pero después se trastocó, y se le dio mayores facultades al Departamento de Asuntos Económicos. Este cambio fue relevante en tanto que las funciones cambiaron y también al organismo ideado para la planificación. Algunas de las modificaciones que surgieron por este cambio se explican a partir de la circunstancias del carácter inmanente del Consejo desde su fundación, esto es, el Consejo Económico era el encargado de la planificación descentralizada o desvinculada del Estado al ser conformada por representantes de los detentadores de las fuerzas productivas; empresarios y obreros, distinguiéndose de otras planificaciones estatales.

Este Consejo, con sus funciones muy especificas, propusieron un primer plan dentro de los años de 1961-1966 en el cual se consideraba viable buscar un ritmo de crecimiento del 4%, que era mejor que el estancamiento en el que se acostumbraba la economía británica, pero si sólo se lograba una tasa por debajo de esta estimación, sería visto como un retroceso, por el contrario y sí la tasa se elevaba medio punto o un punto porcentual, se consideraba un problema en la balanza de pagos. Esta estimación que era irrefutable, distinguió este primer esfuerzo por planificar la economía, y causó conflictividades en las discusiones entra las organizaciones empresariales, las empresas privadas, los departamentos gubernamentales, las industrias nacionalizadas y los sindicatos, puesto que se determinaban de antemano las estimaciones particulares de cada rama empresarial. Para cumplir esta estimación se pidió que se proporcionaran las informaciones sobre los planes existentes de cada industria, y se verificaran que no se recayera en un crecimiento mayor que las estimaciones nacionales, pues esto causaría un verdadero alboroto en toda la economía. Fue así que el programa general de la economía estuvo conjuntado por la estimaciones detalladas de las industrias, situación que dio como resultado un supuesto de crecimiento verificado del 4% (Denton, 1970: 107). 

La planeación, que axiomáticamente se instrumentaba sólo de manera indicativa, dio por resultado un ritmo de crecimiento mayor en las industrias que habían sido investigadas, y las que no habían sido investigadas, tuvieron un resultado no muy diferente a las primeras, crecieron mayormente a un ritmo superior. Por un lado, si bien dejó ver sus deficientes expectativas, actuó como un atenuante psicológico, que entreveía una situación optimista de los asuntos económicos nacionales. En lo concerniente a la balanza de pagos que denotaba un argumento para no crecer por encima de lo previsto, no causó ningún altercado, puesto que el Reino Unido participó con mayor vigor en el mercado mundial, en especial en las manufacturas, suponiendo una mejoramiento sustancial de la competitividad de las exportaciones británicas.

Con el regreso del gobierno laborista en 1964, se modificó la organización y orientación de la política económica. En un primer momento se vivió una confrontación entre los organismo encargados de la política económica nacional, por un lado el Consejo Nacional para el Desarrollo Económico, que aunque estaba dirigido por el Ministro de Hacienda, su desvinculación en el organigrama gubernamental lo colocó en oposición a otros organismo gubernamentales como la Tesorería, debido a la responsabilidad en materia de control económico y financiero que tenía las dos instituciones, que luchaban por hacer que sus informes y sus revisiones fueron las hegemónicas en el Ministerio de Hacienda (Denton, 1970: 110).

Aunado a la incertidumbre del personal del Consejo Económico y a la propia de la oficina que se encargaba de la planificación, la indefinición en su posicionamiento dentro del engranaje gubernamental, la especulación de su futuro y la crisis económica, todo esto se tradujo en una cambio en las estructuras del aparato planificador del Estado. Se concibió un nuevo modelo con la formación del Departamentos de Asuntos Económicos, que absorbió las funciones de la Tesorería, del Consejo y de la oficina para el desarrollo económico, con la finalidad de obtener un relación más intima con los empresarios, presentado directamente ante el gobierno sus posiciones y opiniones, y no ante un ente desvinculado y con poca prestancia política. De esta forma la planeación adquirió un posicionamiento claramente establecido en el gobierno, además de un Secretario de Estado en el gabinete, con más influencia incluso que el Ministro de Hacienda (Denton, 1970: 112).

Los foros de consulta tripartitas de los planes y de las políticas económicas nacionales,  que se establecieron con el Consejo, se volvieron patentes en el Departamento de Asuntos Económicos. En 1964 el gobierno anunció el cambio del plan que todavía estaba un poco más allá de su lapso programado, aunque mantuvo la misma tasa anual del 4% de crecimiento, que no representaba del todo la postura del nuevo gobierno, pero que por cuestiones políticas mantuvieron al verse presionados por supuestas desconsideraciones, de nuevo sobre la balanza de pagos. Aún así se corrigió este posicionamiento al modificar el objetivo de crecimiento a un 25% sobre el producto interno bruto en el transcurso de los años de 1964 a 1970. Esto evitó que se formara la idea de que el crecimiento esperado tenía que lograrse cada año, oscilando en los primeros años, pero después se estabilizándose y se logrando el crecimiento pautado (Denton, 1970: 113).

Se presentaron dos cuestiones importantes en la concepción de este plan; primero, un desauzamiento preventivo del propio Departamento encargado del plan al mismo, al darle pocas esperanzas en los primeros años. Esto debido a consideraciones que se escapaban de la potestad del Departamento, al mismo tiempo que se apelaba al reforzamiento de la fuerza de trabajo para cumplir las metas. La otra cuestión, parte de la prematura concepción del plan en un organismo que llevaba poco tiempo de haberse formado, y que había forjado sus ideas en otras instituciones como el Consejo o la Tesorería, para luego reagruparse en el Departamento de Asuntos Económicos.

Mucho errores dentro de la conceptualización del plan como una herramienta de política económica, se ahondaron en las cifras allí sugeridas, comprobándose sus deficiencias; por ejemplo, se estableció un requerimiento de crecimiento del 4% al año, pero el ritmo de crecimiento de la exportaciones, del que se esperaba creciera toda la economía, tenía que tener un superávit en al balanza de pagos de 5.25%, con lo cual se tenía que retomar nuevos cambios en la política económica en su conjunto ( Denton, 1970: 115).

Esto sólo es el reflejo de una experiencia que se cambió recurrentemente en el Reino Unido, dependiendo del carácter del partido en el gobierno, puesto que después el Partido Conservador modificó estas pautas y recurrió al paradigma del libre mercado para manejar su economía, situación que no es cuestión de este trabajo revisar, pero que sí moldea las consideraciones de uno u otro modelo económico.        

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