NATURALEZA DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA. RECUENTO DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA EN MÉXICO Y EL MUNDO.

Rodrigo Hernández Gamboa

Capítulo V. La planeación en México

En este capítulo intentaremos explicar la experiencia nacional, con todas sus limitantes y subestimaciones, además que lo integraremos conforme al paradigma reinante de cada momento, hasta llegar a la actualidad.

En los gobiernos post-revolucionarios.

La base de toda planeación es su funcionalidad como organizador de las fuerzas de producción en donde éstas estén ya desarrolladas o en vías de estarlo, es decir, en donde se manifieste una acumulación originaria de capital. Esta fue la búsqueda que se emprendió desde la segunda mitad del siglo XIX en México, en donde se empleó, desde la óptica liberal, un nuevo modelo político, social y sobretodo económico, que promovió esta acumulación para desarrollar industrialmente al país. Un capitalismo incipiente que se implementó con pujanza desde los años en los que el Presidente Juárez decretó la reformas para liberalizar las tierras y el comercio, que se afincaban todavía en el desacreditado sistema feudal. Pero el verdadero capitalismo, como un modo de producción socializado, se desarrolló en el Porfiriato con mayores ahíncos, se exploraron las formas de plusvalor absoluto, atentando contra las vidas proletarias y campesinas, intentado, de esta manera, poner en marcha la incipiente forma del modo de producción defendido con ideas que justificaban este régimen; “orden y progreso”.
Ya con la revolución en marcha, se desarrollaron dentro de diversos círculos intelectuales y revolucionarios una serie de proclamas y avenencias que dieron forma a la Constitución de 1917, que se expresó como la consolidación institucional de una de las partes que triunfaron con la revolución, pero que en su intención de legitimarse, retomaron ideas que dieron origen y forma constante a la lucha armada. En un inició esta Constitución no contuvo el término de planeación, que no figuró como una de las más amplias proclamas de los combatientes.  
El artículo 89, fracción I, señalaba que el ejecutivo estaba autorizado para formular un plan de desarrollo, o expedir un decreto; siendo esto una invitación de concretar una planeación económica.
Con el advenimiento de la Primera Guerra Mundial, se tuvo como consecuencia primaria para el Estado, un desahogo económico un tanto menor, aunado a la expansión económica que se desarrolló con el nuevo socio comercial en el que se convirtió Estados Unidos. Esto sirvió para remontar la crisis intermitente que fue obra de la revolución y que a principios de los años veinte se recompuso con un crecimiento lento de las actividades industriales y comerciales, que rápidamente se vieron ofuscadas sus actividades por la gran depresión de 1929.
Esta crisis mundial de afinales de los años veinte revolucionó los paradigmas y afectó a todos aquellos que se constituían en la base de las economías de mercado. En México, esta crisis afligió con prontitud, obligando al Estado a reestructurar su política económica, de nuevo alentado a las primitivas industrias desde la visión de un Estado interventor, sin estar todavía constituido esta acción como obra del modelo Keynesiano, empero, era necesario un promotor primario en la tarea de reconstruir al capitalismo desde las cenizas del modelo porfirista. El Estado, como principal agente de la producción, estructuró las instituciones financieras y económicas del Estado, institucionalizando el sistema bancario, cediendo ante la baja demanda de fuerza de trabajo, flexibilizando por ello las legislaciones presentes, y exentado de impuestos a algunas industrias, que de otro modo, si no se garantizaba su supervivencia, causaría mayores destrozos para la economía nacional.
Este fue el punto de partida de las modificaciones del sistema capitalista mundial y nacional. Adonde se impuso, desde los Estados Unidos el “new deal”,  intentando de esta forma hacer más factible el modo de producción capitalista, aceptando la intervención del Estado en la economía para garantizar un mínimo de consumo y ocupación, que neutralizara de esta forma los ciclos del capitalismo. En México se concibió este modelo ya expresado con anterioridad desde una noción más cercana a la experimentación planificadora; admirándose en un primer momento de las consecuencias del “dejar hacer, dejar pasar”, y concientizándose de los paradigmas del Estado del Bienestar, pero también atendiendo lo ejemplificado por la URSS y los gobiernos fascistas de Italia y Alemania, que aunque con grandes divergencias entre sí, desarrollaban nuevas tendencias en la economía política, teniendo como principal actor al Estado en su intervencionismo constante a partir de un planteamiento económico razonado y previsible.
Tal vez el primer indicio de planeación se remonta al 12 de enero de 1928, cuando, en un decreto del Congreso de la Unión se le instruyó al Ejecutivo que expidiese una ley que promulgara la creación de un cuerpo consultivo oficial de carácter permanente y autónomo que se integrara por todos los sectores de la economía, así como también, integrara a los actores más relevantes en el ámbito social y académico. Fue publicado también en ese mismo año en el Diario Oficial de la Federación, la Ley del Consejo Nacional Económico, obra del presidente Plutarco Elías Calles, en clara referencia a la petición del legislativo. Sin embargo estos intentos quedaron sesgados por las circunstancias internas que continuaban en gran incertidumbre, además de que la crisis posterior de 1929 diluyó el proyecto (Pérez Castañeda, 2007: 9).          
La Ley sobre Planeación General de la República fue decretada en 1930, constituyendo uno de los primeros esfuerzos por legislar un modelo para las economías capitalista que derruyera la noción del libre mercado ortodoxo. Esta legislación previó cambios en las actividades del sector público con respecto a la economía y a los recursos naturales para su racionalizada explotación. Además, la ley establecía la constitución de la Comisión Nacional de Planeación, que correspondía ser tutelada por el Ejecutivo, reconociendo con ello su preeminencia en la concientización interna con respecto a la racionalización y organización de la economía, y sus intercesiones con la explotación de los recursos naturales, para que de este modo se favoreciera al desarrollo nacional.
Es así que con Plutarco Elías Calles al frente del Estado mexicano, se desarrolló el primer plan sexenal, que en la hipotética noción legalista, se le consideró como un programa minucioso, que basado en cálculos y estadísticas se relacionó con la experiencia soviética, para desarrollar las potencialidades de nuestras realidades. Aunque en gran medida, este plan puede ser interpretado como lineamientos del jefe máximo en el ámbito político y económico; siendo proposiciones sin sustentación metodológica ni financiero como para llevarlo a cabo. Si acaso, se comprometió a reproducir la especialización de la fuerza de trabajo por medio de escuelas, no hizo hincapié alguno en los fenómenos que tendrían que ser consensados con las fuerzas productivas y el Estado para desarrollar la industrialización de forma acelerada y con la visión a largo plazo que se merece.

En 1931 de nueva cuenta el Congreso de la Unión le otorgó facultades extraordinarias al Ejecutivo presidido por Abelardo L. Rodríguez para crear el Consejo Nacional de la Economía de los Estados Unidos Mexicanos, que tenía como primera misión asesorar directamente al presidente de la República. Pero no fue sino hasta agosto de 1933 que se público el decreto, para luego modificarse en 1941, después del ensayo cardenista (Pérez Castañeda, 2007: 14).

Esta planeación de 1931 se denotó como un intento primitivo de reorganizar la economía desde el Estado. Es decir, los grandes problemas políticos y sociales durante la revolución impidieron darle certidumbre a la acumulación de capital, pues los grandes acaudalados porfirista emigraron con todo y sus capitales, sólo después de la normalización política regresarían. Y es claramente esta cuestión política de integrar una hegemonía dentro del Estado, en la que se acumulaba los intentos planificadores del momento, la verdadera lucha. La planeación en estos años no correspondían a intentos serios que respondieran a cuestiones concretas, puro pragmatismo político.  

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