NATURALEZA DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA. RECUENTO DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA EN MÉXICO Y EL MUNDO.

Rodrigo Hernández Gamboa

Irán.

La historia de Irán es inmensa y no cabría dentro de nuestras posibilidades el hacer de esta historia un paralelismo con la planeación, sólo podemos afirmas someramente que el 25 de abril de 1926 Reza Khan se convirtió en el ShahanSha (Rey de Reyes), iniciando con ello una nueva dinastía que es continuada por si hijo por efecto de la invasión de las potencias aliadas. Durante el mandato del primero de esa dinastía se auspició un cambio considerable en la trasformación de la nación, de una sociedad cuasi medieval, a una industrialización que en gran medida fue imitación de su vecino Turquía. La estructuración del gobierno se basó en una idea semejante a la cualquier gobierno pérsico de hace muchos siglos, es decir, su función de cobro de impuestos se hizo generalizada, convirtiéndose a sí mismos en punta de lanza de cualquier intento modernizador e innovador en la necesaria industrialización del país.
 
Después de la Segunda Guerra Mundial, con un superávit por las reservas acumuladas, se buscó en el paradigma planificador fuera la fuente adecuada para industrializar al país. Dentro del Ministerio de finanzas se desarrolló esta noción preparando un plan para siete años que se volvió inviable por la pequeña capacidad para financiar este plan. Por ende, se solicitó al Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento un crédito, que sólo era otorgado presentando un proyecto que probara su capacidad como país; es entonces que un grupo de extranjeros concretizaron este proyecto en el cual se asumió forzosamente la necesidad de organizar un plan estatal que respaldara el proyecto por el cual el crédito les fue otorgado (E. Hagen 1964: 280)

El plan se estableció en 1952 y no abarcó toda la asignación de los recursos del país, ni siquiera en lo que respecta al rubro gubernamental. Pues es notable señalar que el proyecto por el cual se destinaron los recursos no fue sopesado por los Ministerios, ni por cualquier ente gubernamental. Por tal motivo no había experiencia ni intención a gran escala dentro de los círculos estatales para sacar adelante esta planeación. Tuvieron que contratar  a otros expertos extranjeros para continuar con estos servicios técnicos ahora dentro del Estado, con el fin de sobrellevar el plan que no era tal, pues no abarcaba la gran parte de la estructura gubernamental, menos aún las actividades privadas (E. Hagen, 1964: 282).    
Esta planeación constituyó un antecedente, fortaleciendo este instrumentos de desarrollo, pues en una nueva coyuntura, el gobierno iraní recibió el 50% de los ingresos derivados de la producción petrolera, y el Primer Ministro aprobó un ley en la que cedía el grueso de estos ingresos a la organización del plan, autorizando al mismo para contratar prestamos, y formulara un siguiente plan que se aplicara en siete años. La organización del plan tuvo que establecer primeramente una maquinaría administrativa y que en gran medida se opusiera al aparato regular del Estado a fin de lograr la eficacia de los proyectos del propio gobierno. Es intrigante entender porqué fue que se tomó esta medida tan drástica de superponer una administración paralela a la del Estado convencional. Se puede conjeturar que esto se debía a que se consideraba que los Ministerios y organismos semiautónomos carecían de competencia para tal ámbito, también se le conjuga a este obstáculo, uno mayor, y es que la maquinaria de los procedimientos administrativos regulares, ejercía controles que ponían en predicamentos a los serios esfuerzos de la planeación; por último se consideraba que la corrupción arraigada en la administración establecida era una flagrante objeción para que se trasminara la planeación a esta arcaica burocracia (E. Hagen, 1964: 284).
Una circunstancia más que hizo particular a la planeación de Irán, se debe a que ésta no se sobrepuso a los dos paradigmas que en ese momento estaban en boga para la planeación; no centrándose en un gobierno totalitario, ni refiriéndose a una democracia liberal. Irán fue un Estado que constituyó un incipiente capitalismo asentándose en las instituciones en vías de trasformación de la desintegración feudal. El poder político estaba establecido en dinastías, terratenientes, ejercito, clero y nuevas clases urbanas en asenso (comerciantes e intelectuales); es decir; El Shah integró a estos grupos heterogéneos que luchaban por establecer su hegemonía, siendo esta situación un nuevo paradigma de la planificación, pues en este instrumento debe coaligarse los intereses de todas las fuerzas productivas para concretarse en un desarrollo equilibrado.  
Los gobernantes de las provincias eran representantes del Ministerio del Interior y eran designados por el Shah, pues sus funciones fundamentales estribaban en mantener el orden y aplicar la ley en las provincias, eran más bien administradores de los territorios nacionales. Por tanto, no existían mecanismos para una coordinación local con los Ministerios nacionales, y los representantes provincianos de la programación no tenían ninguna autoridad en sus localidades, todas tenían que ser dirimidas por el gobierno central (E. Hagen, 1964: 288)
Por todos estos inconvenientes en la organización del plan se decidió crear una administración paralela para la formulación del segundo plan, que se hizo más ventajosa por las altas producciones de petróleo que rápidamente aseguraron un 80% de estos recursos para la planeación, después se redujo a 55%, pero seguía siendo muy alto los recursos destinados para la planeación. La mayor de estas partidas de acuerdo con el plan, se le destinó al trasporte y a las comunicaciones con un 35%, seguido por la agricultura con un 22% (E. Hagen, 1964: 291).
Los resultados del segundo plan fueron muy desiguales en los mismos rubros, por ejemplo la campaña contra la malaria y viruela dio muy buenos resultados, pero en la salud en general y en la educación hubo retrasos y deficiencia en el personal. Se aprobaron grandes obras de irrigación y presas, modernas carreteras y líneas de electricidad y trasmisión de datos, que en general fueron confiados a consultores extranjeros, con lo que se vio un resultado favorable, pero continuaban los retrasos y las deficiencias en gran medida debido al entorno en el que se desarrollan. Estas megas obras se correspondieron a la dubitación de los propios planificadores, pues pensaron que las pequeñas obras se diluirían en procesos ineficaces y magros beneficios para el país (E. Hagen, 1964: 296).
En base a las discusiones de los comités de planeación, la división de Asuntos Económicos trazó programas sectoriales que comprendieran la evaluación de prioridades en un intento por coordinar los planes, sobre esta base se esquematizaron los apuntes del tercer plan que se aprobó el proyecto en enero de 1962. Se buscó que los programas y proyectos fueran proporcionados por los propios actores del plan, pero esto no resultó muy alentador, pues las propuestas no fueran concretizadas y el procesos planificador se vio obstaculizado grandemente por la falta de conocimiento, tanto de forma empírica como estadística, siendo una limitante en el intento de otorgar mayores recursos financieros para los proyectos (E. Hegan, 1964: 296).
La meta que se buscó alcanzar se basó en un aumentó del ingreso nacional y anual del 6%, de marzo de 1962 a 1968, es decir una crecimiento total de entre un 35 y 40 por ciento, argumentado que en los años precedentes esta había sido la tasa de crecimiento. La meta fue bastante ambiciosa con respecto a otras naciones subdesarrolladas, pues el nivel de inversión tenía que estar por arriba de este 6% anual. Las inversiones públicas fueron un poca más altas que las privadas, esto era lo que se suponía en el plan, pero se tuvo la necesidad de que el sector público invirtiera muchísimo más en la infraestructura para incentivar a la inversión privada. Se trazaron varias acciones que no fueron convincentes para la planeación del desarrollo, es decir, se le dio cauce al gasto corriente dentro del plan y dentro del gasto público se incluyó no sólo a los organismos públicos de administración, sino también a la parte del gasto privado que se iba a financiar mediante un aumentó neto de los créditos del sector privado (E. Hagen, 1964: 308).

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