NATURALEZA DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA. RECUENTO DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA EN MÉXICO Y EL MUNDO.

Rodrigo Hernández Gamboa

Francia.

El tipo de planeación que se desarrolló en Francia, fue la planeación indicativa que no tiene ninguna obligatoriedad para los agentes económicos en cumplirla, pero que se intenta persuadir con incentivos para que se retome de manera seria en la búsqueda por influir de este modo en la economía nacional.

Los planes en la economía francesas se han desarrollado a lo largo de todo el periodo de la postguerra, teniendo su primer exponente en el plan que se extiende de 1946-1952, y que se caracteriza por ser evidentemente pragmático en sus planteamientos. Sin razones ideológicas o debates políticos extenuantes, simplemente obedeció a encontrar las respuestas a los problemas y situaciones de los primeros años de la postguerra y que tuvo como principal motivador el gasto racional de los fondos del plan Marshall. Aunque la sola utilización de la planeación deja entrever el desgaste del liberalismo económica y su desaliento en la necesidad de reconstituir el tejido social desarticulado por la guerra.

Del primer al tercer plan, la búsqueda fue la reconstrucción del aparato productivo desgastado por la guerra. Los planes cuarto y quinto que se desarrollaron durante la década de los sesenta, incluyeron objetivos de tipo social, que fueron concretados en políticas orientadas al consumo de los bienes no fútiles y la infraestructura social. Es en esta década de los sesenta que se desencadena el desarrollo, ya que fue una época en donde se mostró un amplio, dinámico, uniforme y auto sostenido crecimiento de la economía francesa. Los planes sexto, séptimo y octavo intentaron mejorar el Producto Nacional Bruto como prioridad y como símbolo de una producción más constante y competitiva. La crisis social generada a finales de este último modelo planificador, con fenómenos como el desempleo generalizado, crearon las condiciones para el ascenso del Partido Socialistas en 1982, tal vez siendo un síndrome que demostró la búsqueda de la distribución del ingreso por encima del propio desarrollo económico (A. Gordillo, 1972: 142). Pero antes de abordar el análisis tenemos, que hacer un recuento somero de la planeación francesa y sus objetivos primordiales.

El desarrollo de este primer plan fue en gran medida obra de Jean Monnet que resultó ser el primer Comisario General del Plan en 1946. Él introdujo en el proceso planificador nuevos paradigmas que se distinguieron de la clásica planeación centralizada, desechando su autoritarismo y utilizándolo una especie de dialogo entre las ramas industriales y los sectores de la economía. Intentó modular las amplias discusiones entre industriales, sindicatos y entidades diversas de la producción, para incentivar el desarrollo y darle mayores espacios a la inversión. La solución fue introducir una planificación con un claro enfoque a corto plazo, pero que surgió de la movilidad del mercado. Este primer plan se centró en la industria pesada y en el trasporte que eran en su mayoría de propiedad pública, y en la propiedad privada se identificó con las industrias de bienes de consumo (Denton, 1970: 72).

Los objetivos integrados a la industria básica no causaron con mayores contratiempos, pues eran tan evidentes que se imponían por sí mismo. De esta forma se concordó sin mayores reveses entre los mismo agentes económicos, la necesidad del plan para salir a flote en medio de la destrucción casi general. Un punto también en donde concertó, resultó ser la aceptación irremediable de la posible inflación que resaltaría como consecuencia de los fuertes programas de inversión y de restricción en los bienes de consumo, enfrentando esta problemática mediante controles de importación y cambiarios, y eventualmente por medio de la devaluación, pero esto era soportable, en cambio, sí no se incrementaba la capacidad productiva, no se alcanzaría ni crecimiento ni estabilidad (Denton, 1970: 73)

En el segundo plan, el derrotero fue similar al primero, pues se intensificaron las “acciones básicas” que tenían como finalidad aumentar la productividad. Este plan tuvo como objetivo primario, la insistencia de eliminar las prácticas restrictivas y de concretar y racionalizar el sector manufacturero de pequeña escala altamente protegido.

En lo que respecta a los objetivos cumplidos de este plan (1954-1957), la mayor parte de ellos se consumaron; la producción se incrementó y la inversión superó por mucho lo establecido. El gasto público, tanto civil como militar aumentó y la inversión social de igual manera. Esta rápida expansión trajo consigo precios en crecimiento y un déficit cada vez mayor de la balanza de pagos, sin embargo, el gobierno trató de hacerle frente a la inflación y al déficit en la balanza por medio de la reducción de la demanda interna (Denton, 1970: 74).

Este fue el momento en que los planificadores más poder acumularon, pues ejercieron un fuerte control sobre las fuentes de financiamiento, y tuvieron a su disposición un rango muy amplio de incentivos financieros y fiscales para las empresas que se comprometieran con los objetivos del plan. Sin embargo, el uso de los controles de importación y de devolución, si bien redujeron el impacto en la creciente inflación, la ausencia de controles sobre la demanda interna permitió a las industrias de bienes de consumo expandirse más allá de las previsiones, a expensas de las industrias de bienes de capital que era donde más necesidad tenían por modernizarse. Esto terminó por hacer que el segundo plan se caracterizara por ser una consecuencia de grupos de presión favorables al crecimiento de ciertas ramas en detrimento de toda la industria nacional.

El tercer plan de 1957-1961 fue el primer intentó de una planificación nacional integrada y coherente. Esta ambición estaba sustentada en las nuevas técnicas de previsión, en las que se utilizó la matriz insumo-producto, para dar mayor formalidad a los diversos objetivos de la rama industrial. Es aquí donde los objetivos ya no fueron planteados por pretensiones sin sustento, sino que fueron calculados seriamente para planificar lo más próximo a la realidad, en especial en las ramas de la producción y la inversión. Pero con los rezagos que se habían heredado del plan anterior, se bosquejó la necesidad de estipular el equilibrio de los pagos externos como condición necesaria para el éxito del mismo. En cuanto al contenido de los objetivos, se trató de mostrar su preferencia por evitar la importación y estimular la exportación, Aún así se tuvo que preparar un plan intermedio para estimular la expansión después de medidas deflacionarias que acompañaron a la devolución de 1958 (Denton, 1970: 75).   

El cuarto plan que va de 1962-1965, se implementó en un ánimo que se acompañaba al beneplácito por los buenos incentivos propios de la planeación, aunado a nuevas variantes en el método y la preparación del plan. Se integró dentro de éste una política de precios e ingresos, así como también se atendió como prioridad la inversión social y la coordinación de las políticas regionales de desarrollo que se identificaban con los objetivos nacionales de la planeación.

La estabilidad de los precios y el equilibrio de los pagos internacionales se establecieron como condicionante del sostenimiento de una alta tasa de crecimiento, argumentando que no se debía sacrificar la estabilidad de los precios por un aumento en el gasto de los bienes de consumo que se dirigían hacia un bienestar ficticio. Para hacer de esta estabilidad de precios una realidad dentro del plan, se planteó la necesidad de hacer una conjunción de todos los grupos de presión de la economía, los mismos que discutieron el proyecto del cuarto plan que fue presentado por el Consejo Económico Social. La técnica para hacer de este plan, superior a los demás, se basó en la suposición de la proyección a los precios del año base, de los recursos de la economía y de los distintos usos a los que podrían ser dedicados. Es así que se hace una estimación que permite averiguar el probable Producto Interno Bruto (Denton, 1970: 77).

Otra gran variante se constituyó en las consultas con las Comisiones de Modernización, que se enfocaban en la desagregación de los objetivos globales. Estas comisiones incluían  a industriales, representantes de los sindicatos, servidores públicos y expertos intendentes responsables de una rama de la economía, que tenían como obligación emitir un informe sobre la repercusión real del plan en lo programado. En este cuarto plan estas comisiones también prestaron particular atención al volumen de las importaciones y exportaciones que había sido mal manejada por los planificadores en experiencias anteriores.

También esta comisiones tuvieron gran revuelo en el quinto plan, pues sus proyectos fueron incluidos a partir de una síntesis que se organizó como un acuerdo dentro de las cinco comisiones que mas impacto tenían, estas eran las comisiones; de economía y hacienda; la de fuerza de trabajo; la de investigación; la de productividad y la de desarrollo regional. Estas comisiones en su conjunto tuvieron la obligación de asegurar la sumas de los datos suministrados por las comisiones subordinadas para hacerlas compatibles con los parámetros globales del plan. Pero las comisiones que verdaderamente impusieron y repercutieron sus conclusiones con mayor fuerza, fueron las de economía y hacienda y fuerza de trabajo. Esto sucedió por que la comisión de fuerza de trabajo preparaba la visón de los recursos humanos y de los requerimientos necesarios para su actualización tomando en cuenta las cifras anteriores. En tanto que la comisión de economía y hacienda se enfocaba en la relación del equilibrio financiero de la economía en contraste del programa preparado en términos físicos. Su evidente preeminencia se debió a que el posible desequilibrio financiero tenía como consecuencia la perturbación de los objetivos establecidos, alterando por ello lo previsto en relación al equilibrio consumo e inversión, suscitando un desfase de las finanzas públicas (Denton, 1970: 80-81). 

Fue así que las propuestas de estas comisiones fueron indispensables para formulación del plan, siendo este quinto plan aprobado con algunas enmiendas, que se especificaron a los posibles efectos inflacionarios, o la redistribución de algunas inversiones del gasto social a los crecientes gastos militares. Los sindicatos se opusieron unánimemente a este quinto plan, como ya lo habían expresado anteriormente; su inviabilidad estribaba en que una económica abierta, de presunciones monopólicas como lo expresaban las teorías marxistas, hacían nulo por demás, cualquier intento planificador como una solución a las contradicciones capitalistas de hecho. El resultado fue un debate amplio y violento que expresaba las causales particulares de los miembros, pero que en poco repercutió en los objetivos macroeconómicos que el plan ofrecía. Al final fue aprobado por el parlamento, pero tenía por característica, ser esta planeación tan detallada, amplia y técnica, que resultó inviable revisarla y discutirla clausula por clausula (Denton, 1970: 81-82).    

El plan de 1966 a 1970 tuvo como prioridades lograr la competitividad internacional en el seno del mercado común europeo, aunado a un crecimiento equilibrado y el salvaguardar estables las políticas sociales existentes. Para lograr esto objetivos se intentó obtener costos interiores de producción competitivos, y mantener una tasa de inflación moderada del 0.5%, inferior a la propuesta del plan anterior.

Otras herramientas que se propusieron para hacerle frente al plan fueron; el mantener estable la tasa de salarios e invertir el presupuesto público en crear condiciones de expansión de los grandes corporativos de producción y finanzas de los sectores más desarrollados de la industria francesa. En lo que respecta a la planificación tenemos que mencionar un nuevo sistema de cuentas que se sobrepone al anterior de 1956, y un progreso en las previsiones y estudios prospectivos, aunadamente asociados a nuevos procedimientos parcialmente formalizados e itinerarios tendientes a la optimización (Arana Aguilar; 1990: 19).

Este quinto plan buscó que el sector manufacturero se convirtiera en el competitivo a nivel mundial, también se buscó que se utilizaran dos categorías para que se establecieran los supuesto básicos que organizaran a la economía a partir de ellos; esto son un crecimiento anual del Producto Nacional Bruto de 4.5% a 3.7%, utilizando las prospectivas de crecimiento más alto y más bajo respectivamente, esto se hizo patente para el establecimiento de proyecciones de inversión y fuerza de trabajo; por otro, lado se introdujo una variante conforme a los aumentos de producción que resultaban muy complejas e hipotéticas. La puesta en marcha de estos supuestos adscritos en la economía, fueron obra de los planificadores que establecieron un programa lineal que cuantificaba las variaciones de los insumos en donde se representaban a la fuerza de trabajo, a la productividad y  al ritmo de crecimiento (Denton, 1970: 84).  

Estas nuevas modalidades de investigación e innovación en la planeación representaron un nuevo paradigma que intentaba por un lado conciliar el plan físico con las corrientes financieras, y por otro lado, integrar los programas a mediano plazo con políticas económicas a corto plazo. Estas formulaciones muy tentativas y sesudas tuvieron como fin el evitar las presiones inflacionarias que se produjeron en 1963 y que provocaron su interrupción. 

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