NATURALEZA DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA. RECUENTO DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA EN MÉXICO Y EL MUNDO.

Rodrigo Hernández Gamboa

Cuba

La revolución Cubana entró triunfante a las calles de la Habana el 1 de enero de 1959, con una intención de re-configuración que hasta ese momento no se vislumbraba como una revolución socialista. La coyuntura intervino para que los dirigentes revolucionarios tomaran esta decisión, añadiendo a estas situaciones; intentos de golpe de Estado, invasiones, ataques notorios y discretos, hasta intentos de magnicidio. Todo esto se acumuló, para que en la coyuntura de la invasión de Bahía de Cochino, Fidel Castro Ruiz, declarara la intención socialista de la revolución.

Esto tuvo una enorme repercusión en la situación geopolítica del momento, pero que también determinó que tipo de planificación se retomaría para la nación. El enfoque socialista en Cuba es muy relevante, pues se reafirmó la colectivización progresiva de los medios de producción, y una nueva forma de abordar la economía en la que la planeación interviene como modelo predominante.

Como ya observamos en el contexto soviético, la planeación de la economía en los modelos socialistas se trasforma en el motor impulsor y totalizador de los procesos productivos y en su tarea distribuidora. Sin embargo, Cuba no tendría la misma opción desde su génesis de formular la planificación como mejor le correspondiera y sirviera para solucionar sus conflictos. La sombra de la URSS como enajenante de los designios socialistas, tuvo gran influencia en todos los objetivos que se retomaron o desecharon en la planificación Cubana.

Retomaremos, para hablar de la planeación cubana, los enunciados propuestos por Ernesto Guevara, ideólogo, organizador y en gran medida héroe de la revolución, mas no se debe pensar que la planificación cubana no es tratada con importancia académica, simplemente que este trabajo ve importante que quien nos adentre en este mismo espectro, sea el mismo que organizó la estructura de planificación socialista cubana.

Guevara nos transportará a los incipientes pasos de la organización de la revolución con su nuevo carácter socialista, ajustándose esta revolución a la realidad que se asemejó con las diatribas de las revoluciones socialistas anteriores a la cubana, como los son la soviética y la china; siendo esto en gran medida, sí bien una experiencia por la que se pretende transitar, también un obstáculo, pues no se estuvo en completa libertad para formular, ya no digamos los objetivos prioritarios, sino los propios mecanismos autogestionados para darle al plan una nueva estructura que difiera de los errores evidentes de los casos anteriores.

Guevara planteó a la planificación como la previsión del futuro, pero la herramienta con la que se prevé este futuro es el plan, un plan económico de un país socialista. En primer lugar, para hacer un plan que tenga como referencia un país socialista, es necesario, dice Guevara, contar con los medios de producción, que en una caso socialista se refieren a la totalidad, pero esto no basta, afirma Ernesto Guevara, es necesario tener un conocimiento claro de la realidad nacional, entendiendo por ello, un conocimiento estadístico, preciso y meticuloso, de todos los factores económicos, situación incómoda en Cuba, por su presente cuasi colonial en la década de los sesenta, contando sin cifras exactas de la realidad que reflejaran la situación en toda su magnitud.

Una vez concluido estos dos rasgos indispensables, es necesario tener una certeza de las metas a lograr, y con qué medios y a que velocidad se piensa llegar a estas metas. Una vez que se termina de hacer este análisis y resulta la imposibilidad de cumplir todas las necesidades en cinco años del plan, es evidente que se requiere un balance del mismo, tratando de que el plan tenga énfasis sobre los puntos más importantes a desarrollar, pero aún así no está terminada la planificación, hacen falta dos factores importantes; la conducción del propio plan que debe ser unificado. En Cuba la unidad en la conducción del plan estuvo a cargo de la Junta Central de Planificación, quien cuyo presidente fue el Primer Ministro de la República. El autor coloca al conocimiento y al apoyo del pueblo como el último paso para que la planificación socialista se ponga en marcha. Las razones por las que el autor aborda estas últimas necesidades de la planificación, hacen referencia del gran factor económico que representa el pueblo, entonces es sólo él el que tiene que aprobarlo después de entenderlo, e iniciar ya con el plan (Guevara, 1961: 9-10).

Aún así, Guevara estaba convencido de la necesaria aprobación por parte del “pueblo” del plan global del país. Esta aprobación no era una formalidad legitimadora, sino que se pretendía que se conociera y discutiera en la sociedad la planificación en su conjunto (Guevara, 1961: 2). El autor apreció el carácter profundamente democrático de la medida, pues la realización de arriba hacia abajo del plan tiene por finalidad ser aprobado por los obreros. Esta fue una cualidad con la que se pretendió desarrollar al país, pues el desarrollo, como señala el autor, no es para algunos pocos, como siempre había sido en Cuba, sino que tendría que ser para todos.

La racionalización de la economía y la mecanización de la producción, son dos argumentos que esboza Guevara para su tratamiento planificado. Y es la Sub-Secretaría de economía, que estuvo dividida, y que tuvo en una de estas divisiones a la Dirección de Planificación, conjuntada con la Junta Central de Planificación, que se previó, dice Guevara, el tener la orientación para el desarrollo industrial del país. Pero esta planificación, la que está organizada con el sector industrial, será solamente para industria, no obstante, el Ministerio de Obras Públicas, el Instituto Nacional de la Reforma Agraria, también tendrá sus propios planes que son concordados desde la Junta Central de Planificación (Guevara, 1961: 6).

El recién Ministerio de Industria, dice Ernesto Guevara, tendrá dos funciones específicas, en un primer plano; tendrá que asistir a las funciones dadas por la Sub-Secretaría encargada de la administración del país. Entre estas tareas estarán; la función de producción de todo lo que está creado; el preocuparse del aprovechamiento máximo de la capacidad instalada del país; la coordinación de todos los medios de producción para que actúen de acuerdo a las necesidades del país, etc. La otra tarea, estará enteramente relacionada con la implementación de los planes económicos; esta Sub-Secretaría de Economía tendrá como función primordial prever a través de la Dirección de Planificación, las futuras inversiones que se pretendan realizar para el desarrollo industrial, así como para su modernización (Guevara, 1961: 2).             

El autor nos pone en perspectiva sobre la necesidad de industrializar el país conforme a la prioridad de la industria básica, que se tornará en industria pesada, y la industria ligera, que serán los medios de producción para el consumo. Sin embargo, en contraposición de lo que pudiera pensarse, la azúcar, fuente fundamental de la industria ligera Cubana, se abordará como básica, por su indiscutible importancia en esos primeros momentos de la revolución como principal materia de exportación, ya no para los países occidentales, que serían su mercado axiomático por sus implicaciones geográficas, sino a los países del Este, en especial a la URSS. Aún así, es evidente que la industria pesada, como forma de industrializar al país desde la base, concuerda con la experiencia soviética que ya hemos sometido a análisis.

Pero aunado a este aparato planificador, se encuentran otras instancias que modifican o intervienen de algún modo en la situación del socialismo prematuro. Por ejemplo; se encuentra la Dirección de Abastecimiento y Ventas, que se ocupó del abasto de todas las materias primas y de la venta de las misma a la industria; la Dirección del Trabajo y el Salario, que se preocupó de los salarios de la fuerza de trabajo; la Dirección de Costos y Precios, que analizó los precios que los productos tendrían al público; la Dirección de Finanzas, que estableció entre otras tareas el control financiero del plan de producción que tiene cada empresa; etc. Todo siendo un aparato complementario del plan, que se abordó para concretizar el modelo socialista y la racionalización de la economía. Además no sólo Guevara nos ilustra con gran atino el aparato burocrático cubano, sino que nos hace una demostración de cómo fue su funcionamiento. Dice, “cuando toda la planificación se ha realizado, se ha decidido hacer las nuevas industrias, que pasan a la Sub-Secretaría para la construcción industrial, que a través de su dirección de inversiones decide quién, cómo y dónde se va a hacer la inversión, la fábrica; pasa a la dirección de proyectos que hace el proyecto, los discute, cuando es con los países socialistas, la dirección de ejecución de proyectos se encarga de hacerlos.” (Guevara, 1961: 6)

También Ernesto Guevara abordó sobre el control del plan dentro de cada empresa. Este plan se expuso a través de un presupuesto, y el control no sólo se realizó por la rama de la producción a la que la industria estuvo subordinada, sino que se controló de igual manera a través de la Dirección de Finanzas, que examinaba financieramente el plan a través del Banco Nacional, que controlaba, fuera del Ministerio de planificación, el plan de las empresas a través del Ministerio de Hacienda. Del resultado de la producción se harán cálculos para “premiar” a las empresa e individualmente a los obreros, estas retribuciones se harán directamente por parte del Estado, y no como en otras naciones socialistas, donde la empresa vende sus productos al Estado, para luego premiara a los obreros (Guevara, 1961: 7). 

Estos primero pasos transitorios a un socialismo incipiente tuvieron dentro de su seno muchas contrariedades emanadas en algunas ocasiones de su propia inexperiencia, y en otras muchas de las intervenciones soviéticas. A mi parecer se configuró la experiencia cubana como un modelo prototipo similar al de la URSS, claro que con las diferencias y deficiencias de un país con menor capacidad de desarrollo a corto plazo por su marcada tradición colonialista y sus limitaciones geográficas. Pero dentro de estos andares primarios, se aplicaron ciertas medidas que determinaron la relación de la planeación con la economía. Estas modificaciones decantaron la planeación socialista cubana desde un inicio. Entre ellas es valido enumerar a grandes rasgos; la nacionalización de la propiedad extranjera y del gran capital nacional, la reforma agraria en donde se expropiaron los grandes latifundios y con un reparto de tierras a más de 200,000 campesinos, las disminución del desempleo con el aumento de la burocracia, un mayor ingreso de los sectores populares con la reducción de tarifas de los servicios públicos, que por otra parte expandían los servicios gratuitos de salud y educación (Miranda Parrondo, 2004: 12)  
 
Se intentó que la industria azucarera fomentara la industrialización del país, fue por eso que en los primeros años de la revolución se ampliaron los recursos humanos y materiales dedicados a la zafra azucarera, que aventajaba su beneficio, pues se suscribió un acuerdo con los países socialistas de Europa Oriental para comerciar con esta materia prima. Es así que el aumento de la producción azucarera y agrícola en general condujo a un incremento de las exportaciones, lo cual permitió elevar la capacidad importadora de materias primas y de bienes de capital con las que se intentó incrementar el desarrollo industrial y económico de la isla.

Con esta planeación en los años de la década de los sesenta, se intentó cumplir con metas sociales que fueron en buena medida cubiertas; como los son una cobertura total en cuanto a la atención y al tratamiento de enfermedades, la ampliación de la cobertura educativa, con un aumento de la tasa de matrícula combinada de los tres niveles de educación, así como la reducción de la tasa de analfabetismo, y un aumento de la esperanza de vida al nacer al mismo tiempo que se disminuía la tasa de mortalidad infantil.

Entre los años de la década del setenta se pretendió en los planes de desarrollo plantear como prioridades nuevos enfoques que le dieran dinamismo a la economía y un nuevo enfoque a las relaciones mercantiles, no sólo de Cuba, sino de gran parte de los países socialistas. Se ambicionó por ejemplo; una integración del mercado socialistas mundial, en el que Cuba cumpliera como suministrador de las materias primas esenciales para la industria y el consumo. También se adoptó un modelo muy similar al soviético, en cuanto a la planificación, con el paradigma de los cinco años que cumplían un papel de corto y mediano plazo, claro que éste se ajustaba cada año, además que se buscó coordinar el plan con los demás países socialistas del orbe. Se intentaron también pequeños esbozos de introducción de pautas del mercado para que regulara en lo posible las deficiencias del plan y para que estimulara un crecimiento en la productividad. Y por último, en esta integración del bloque socialista, se formularon cambios institucionales de las estructuras de los Estados para garantizar la armonía con los demás países del bloque (Mirando Parrondo, 2004; 32).

En el año de 1976 se implementó un nuevo sistema de organización y administración de las empresas públicas, que se conoció como el Sistema de Dirección y Planificación de la Economía (SDPE). Este nuevo paradigma intentó otorgarle un poco de autonomía operativa a las empresas estatales, reintroduciendo los cobros y pagos entre las mismas empresas y el crédito estatal. Tenía como finalidad la de desarrollar mecanismos de estímulo material para el desarrollo de la producción. Esta autogestión de las industrias estatales, cedía cierta independencia sobre las decisiones económicas de las empresas; estipulando el control de los costos y la obtención de los beneficios de las actividades productivas. Aunque esto sólo funcionó a medias, pues existía todavía un rígido sistema centralizado y un sistema de crédito ineficiente, además, que no se modificaron las relaciones de producción, pues el detentador de la propiedad económica y la posesión era un agente exterior al trabajador (Miranda Parrondo, 2004: 35).

También se intentó durante este lapso de tiempo, orientar el crecimiento económico de la población hacia un fomento del consumo personal que revitalizara a la industria. Para ello se hizo necesario aumentar la producción agropecuaria. Pero aún así, se tuvo gran demanda de la importación de alimentos. En 1980 el gobierno permitió la creación de los mercados libres campesinos, que ocupaban los excedentes de los campesinos después de que el Estado recolectara lo trazado en el plan, para orientarlo en pequeños mercados. En la medida en que estos mercados se fueron desarrollando, se notó una disparidad económica entre los campesinos que acumulaban dinero por la demanda alta de sus productos y por ende los precios altos a los que se vendían sus productos, y los campesinos pobres que sufrían por esta nueva liberalización.

Ya a mediados de la década de los ochenta Cuba inicio un mecanismo diferente a la flexibilización económica de los países de la Europa Oriental, destinando mayormente a reforzar las estructuras centralistas, a la eliminación del SDPE y de los mercados libres campesinos, en un intento de retornar el rumbo socialista que se estaba diluyendo entre prácticas que no estaban bien conceptualizadas y pequeñas ranuras del espíritu capitalista.

Con la ciada de la URSS la economía cubana sufrió un duro golpe, pues el mercado integrado entre estos países y Cuba era provechoso para la isla, asimismo recibía ayuda técnica, económica y social de los países de Europa oriental que ya no fue más proporcionada. Es así que se enfrentaron ante esta nueva situación, con el fin de evitar el colapso del régimen político y económico, en el que se tuvo un grave riesgo por una casi previsible crisis alimentaría. La planificación cubana se enfocó a elementos fundamentales; como el detener la caída de los indicadores económicos promoviendo el desarrollo de los sectores potenciales por su condición exportadora de bienes y servicios, además que se tuvo que asegurar la reinserción de la economía cubana en la economía mundial, con todas las desventajas de tener un bloqueo económico con el mayor mercado del mundo, al mismo tiempo que se intentó obtener inversiones extranjeras en el país, y por último se buscó una estabilidad macroeconómica. Tareas épicas sin ningún aliado con potencialidades importantes en el mundo, y con grandes enemistades que percibían el colapso del régimen socialista en un corto lapso de tiempo, pero aún así la firme intención de no sucumbir ante el imperialismo -como ellos lo llaman- ha hecho resistir a la isla por más de veinte años, con una socialismo autóctono, sin llegar a ser en claro un socialismo verdadero. Aún así, la autodeterminación de la nación y la insistencia por el respeto valido a su soberanía, son dos grandes razones para contemplar el desarrollo de una nación, sí en decadencia, pero sin las perversiones del sistema voraz y egoísta presente en los países capitalistas.

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