NATURALEZA DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA. RECUENTO DE LA PLANEACIÓN ECONÓMICA EN MÉXICO Y EL MUNDO.

Rodrigo Hernández Gamboa

Alemania

La experiencia alemana de planeación se vio conjugada en gran parte del periodo en el que se aplicó ésta con una política económica llamada “economía social de mercado”. Esta idea se puede encontrar dentro de las ideas económicas neoliberales, que enaltece el principio de competencia, y que al mismo tiempo se contrasten con el viejo orden competitivo. Pero siendo esta la conclusión que nos aporta los fundadores de la economía social de mercado, nos reserva muchas dudas que se tienen que explicar conforme a la escuela del neoliberalismo de Friburgo cuyos miembros principales fueron Walter Eucken y Franz Böhm. Las dos concepciones primordiales para entender y constituir esta escuela como novedosa, se encuentran en su metodología muy particular y su concepto de orden económico, secundado por sus proposiciones para el futuro, que se favorecen por un nuevo orden económico. Esta escuela alemana partió de la investigación económica tomando como referencia el papel económico de la unidad económica individual. El problema estribó en la conjugación efectiva de los muchos planes económicos que se integraron en el proceso económico, conjuntados con esta noción económica preponderante  (Denton, 1970: 25).

Esta escuela distinguió dos tipos básicos de economía; la dirigida centralmente y la economía de cambio; la primera la se describe como un sistema de subordinación al sistema planificador, en cambio, el segundo se entiende como un sistema de coordinación de los planes individuales que se conglomeraban por medio de precios y valores de cambio. En los dos casos se puede apreciarse una subdivisión, pero que para nuestros intereses no es relevante destacar. Lo que sí es apreciable subrayar es la concepción de orden económico que asume tácitamente la importancia de la planificación. Por orden económico entendemos la “totalidad de formas realizadas dentro de las cuales, en un momento dado, se concatenan las empresas y unidades familiares, o, en otras palabras, dentro de las cuales el procesos económico se conduce a si mismo in concreto” (Eucken, 1950: 300) Se vuelve indispensable, dentro de este marco total, examinar todos los problemas económicos que se puedan presentar en la sociedad, los problemas económicos que no se puedan reseñar de esta forma sólo conducen al error según el planteamiento (Denton, 1970: 26).

Esta formulación teórica del orden económico se vuelve más eficiente en voz de sus promotores. Desarrollándose en una economía de cambio, en la que el mercado prevalece y de él emana la “competencia completa”. Esta competencia completa se debe a un orden competitivo, este orden se da por vía del intervencionismo, pero no se trata de una intervención inoperante, sino que éste se dedique a modular de manera adecuada la competencia; no se trata de cuantificar el intervencionismo, se trata de una situación cualitativa, es decir, que la intervención remedie los males de un progreso monopolista acelerado que se previó. El grado de intervencionismo del Estado se debe en gran medida al peligro de que los particulares intervengan en el proceso económico mismo. Es así que el Estado, en palabras de los fundadores de la escuela de Friburgo, planteaban éste interviniera en las necesidades del pueblo, los recursos naturales, la fuerza de trabajo utilizable, la existencia de bienes ya producidos, el nivel de los conocimientos técnicos y el orden jurídico y social. Señalaban que la intervención del Estado en una economía de mercado puede ser congruente siempre y cuando no intervengan de forma estructural en la misma y no perturbe el mecanismo de precios (Denton, 1970: 33).

Adoptando estas posturas económicas, aceptando la participación del Estado, estableciendo la competencia tan ampliamente como fuera posible, manteniendo de forma invariable la política económica y aplicando el principio de la estabilidad de precios; prácticamente las fluctuaciones propias del modo de producción capitalista desaparecerían. Es así que con estas dos condiciones propuestas por la escuela económica de Friburgo, el orden económico y el orden competitivo, se buscó establecer un sistema humano y eficiente de la economía. Pero siendo un poco perspicaz se vuelven evidentes las premisas en las que está asentado el modo de producción capitalista (Denton, 1970: 36). El egoísmo es incapaz de formular el bien común, la voracidad despiadada de los grandes grupos de clases monopólica hace imposible una competencia ordenada, así también como el sacrificio de la sociedad está inmerso en el fetiche de las fuerzas del mercado.

Los neoliberales alemanes hicieron hincapié en una competencia ordenada y en las fuerzas del mercado para asegurarse que éste modulará sus consecuencias antes de dominar a la sociedad. Es así que no se considera prejudicial la acción intervencionista del Estado, más bien, recomiendan la acción social de éste para estimular el desarrollo individual y no perturbar el desarrollo general del mercado (Denton, 1970: 40).

Pero en la realidad, después de que se le devuelva el control de la política económica a los alemanes en 1948, se encontraron con una división de su país, que se volvía indispensable para el posterior desarrollo conjunto, pues la parte oriental proveía al país de los alimentos necesarios. Pero no sólo la cuestión territorial estuvo fragmentada, la industria estaba desmantelada, las materias primas eran escasas, los trasportes estaban desarticulados y la producción y las importaciones eran la antítesis del orden competitivo ideado por los neoliberales alemanes.

Con el antecedente de la escuela neoliberal no se volvió tan visible la postura planificadora del Estado sobre la economía, pero esta será una cuestión que abordaremos al final del apartado, por lo pronto nos a detendremos en analizar sus acciones que nos reflejaran esta suspicacia.

La batalla contra las aspiraciones monopolista en la economía es una constante en el intervencionismo estatal, no sólo por sus repercusiones económicas sino por que forjan grupos de presión e intereses que no son benévolos con el poder político y afectan la cultura de la nación. Estos son los postulados que el Estado alemán occidental aplicó y que a su vez sirvieron para apoyarse en una clase media o pequeña burguesía que forjaba un nivel de vida cómodo para toda la población. Es así que se emplearon condonaciones para las clases medias y pequeña burguesía, que van desde subsidios a investigaciones hasta los créditos necesarios para el adiestramiento profesional de la fuerza de trabajo. Además, que se les otorgó preferencia a las empresas medianas en la asignación de los contratos públicos (Denton, 1970: 53).

La ley de monopolios de 1965 se utilizó para ayudar a las empresas menores, pero aparte de esos esfuerzos legislativos para apuntalar el orden económico, se desnacionalizaron las empresas propiedad del Estado con el fin de distribuir en una más amplia franja poblacional la propiedad de las mismas. Las acciones resultado de esta desnacionalización de las grandes empresas metalúrgicas y automovilistas se pusieron a la venta al público en general y se obsequiaron facilidades para ser pagadas en abonos, y los solicitantes estuvieron limitados a adquirir de 2 a 3 acciones. Así tan bien, se aprobó la Ley de empresas en 1965 que fortaleció la influencia de los accionistas minoritarios en la operación y distribución de la utilidades las empresa, tampoco se permitió que una misma persona formara parte del consejo administrativo de más de diez empresas.

Todo este esfuerzo para crear el orden competitivo y una política económica colectiva, es en gran parte también resultado de una coordinación entre las grandes empresas nacionales y el sector bancario, pues en algunos momentos el banco tomó el puesto del Estado como  planificador, y las empresas con capitales privados se sujetaron a las instituciones crediticias que ejercían una influencia considerable en la economía. La forma con que los bancos participaron en la coordinación de la economía nacional, parten de la prestación de créditos a las grandes empresas, que ofrecían mayor seguridad financiera y que forjaban un buen negocio para los bancos. Pero la planeación de los bancos parte de una similitud con las acciones planificadoras del Estado, pues basándose en una estructura monetaria, les otorgó financiamiento a las grandes empresas de la economía para su desarrollo, además que los banqueros tuvieron perspectivas y objetivos muy similares, actuando con una política en común y con objetivos que en la practica son muy similares en conjunto y en su perspectiva muy parecido a la actividad del Estado (Denton, 1970: 61).

Esta situación derivó en un control que los bancos ejercieron sobre una buena parte de las empresas, ya que formaban parte del consejo de administración de éstas, para representar inversores menores y terceras personas involucradas en el desarrollo de las empresas. Sin embargo, esto no resultó del todo cierto, si bien repercutió correctamente esta política en bloque dirigido hacia el desarrollo económico, la principal apuesta del conjunto financiero se baso en el beneficio que obtenía de una buena administración empresarial, y no solamente por un interés particular hacia la una distribución de la riqueza o de un desarrollo acelerado de la industria. Esta experiencia fue en parte un ejemplo de lucha del gobierno por evitar que la previsión de las instituciones crediticias se transformara por una práctica monopolística en la economía.

El Estado aplicó una planeación no convencional, no teniendo un determinado tiempo para su cumplimiento, ni como un conjunto de tareas derivadas de un plan general y procedido de un concienzudo análisis de las condiciones económicas nacionales. Más bien, estableció medidas planificadoras en un mediano plazo, como lo fueron los “planes verdes” dedicados a la agricultura, o los planes de construcción de viviendas. A mediados de la década de los sesenta se buscó que un comité de expertos observadores del desarrollo económico estableciera un planeación presupuestario a mediano plazo, pero esto no resultó dentro de un objetivo general expresado en un plan global de desarrollo.

La planeación más bien provino de los fondos otorgados para la restructuración de Europa, pero esto no se puede adjudicar a una planeación tradicional. Estos fondos posteriormente se destinaron en ayuda a la pequeña y mediana empresa, incapaces de conseguir crédito en el mercado de capitales. Posteriormente se destinaron estos recursos a objetivos regionales y sociales, como lo pudieron ser la zonas mas atrasadas económicamente y sujetos propios por su condición a un desarrollo muy desequilibrado con el resto del país. Pero estos ajustes sólo fueron remedios a las tensiones del mercado y no una planeación estatal como medio para el desarrollo equilibrado de la industria. El comité de expertos de la economía sólo intentó suponer ciertas proposiciones básicas para el manejo cómodo de la economía pero la planeación surgió menos que indicativa en la Alemania occidental capitalista.

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