DIVERSIDAD CULTURAL Y EMPRESAS FAMILIARES VOL.I

Mónica Colín Salgado
Alejandra López Salazar
María del Carmen Pedroza Gutiérrez

Estructuras organizativas y patrones de conducta.

La Familia Salas y sus antecedentes en la actividad empresarial.

Don Francisco Salas Izquierdo y su esposa Dolores Báez formaron una familia en la década de los años de 1880. Vivieron en el poblado llamado Las Minas de San Juan Somalhuacan, ubicado en el Estado de Veracruz,  que se encuentra a 35 kilómetros aproximadamente al poniente de la Ciudad de Perote, lugar enclavado en una zona fronteriza con el Estado de Puebla.  La familia Salas Báez procreó un hijo llamado Saturnino, quien  en su edad adulta se casó con Mercedes León García. Radicados en el Estado de Veracruz y dedicados a las actividades agrícolas  a su vez procrearon a seis hijos, que fueron; José, Rosalía, Eva, María de los Ángeles, Dolores y Francisco.  Hacendados y propietarios de minas de minerales preciosos y piedras semipreciosas siguieron siendo propietarios de un rancho dedicado a la producción de naranja. Esta familia, además de realizar esa actividad frutícola y dedicarse a la minería, también incursionó temporalmente en la elaboración casera de cerillos.
En los primeros años de 1900, Don Saturnino y su familia decidieron vender todas aquellas propiedades agrícolas veracruzanas para  emigrar  a la ciudad de México. Con el capital obtenido por la venta realizada se ubicaron en el Distrito Federal, ahí compraron una casa de grandes dimensiones, en una zona cercana al centro de la ciudad. Empezaron ganándose la vida utilizando sus conocimientos sobre los metales, se  dedicaron a la fundición  y elaboración de herrajes destinados a usarse en las ruedas de carretas que tenían gran demanda en ese tiempo. Desempeñándose en ese ramo, adquirieron algunas carretas, las cuales  destinaron al uso del transporte de personas, estableciendo una  especie de carretas de alquiler.  Para esta familia, tales rubros económicos tuvieron relevancia en esa etapa, pero iniciaron también la elaboración de cerillos.
Para ello, hicieron acopio de los conocimientos básicos que tenían desde su estancia en el lugar de donde procedían. Encontramos al menos, dos versiones en la Familia Salas sobre el origen del conocimiento de la elaboración de cerillos. La primera de ellas se  refiere a que en Veracruz, además de tener una hacienda con la producción naranjera y que en sus tierras también había minas de plata, oro y piedras semipreciosas, como la amatista, así como el hecho de que  administraban otras haciendas como las Haciendas San Andrés y San Anselmo, les permitió tener contacto con empresarios de una compañía que elaboraba cerillos que se llamaba "La Central de Veracruz", y de ahí conocieron ciertos aspectos generales de la fabricación de este producto. La otra versión da  cuenta sobre las referencias de las actividades  en la Ciudad de México;  al tener ese negocio de las carretas de sitio conocieron a mucha gente, y entre estos conocidos "alguien seguramente por ahí les enseño a hacer cerillos". Y  teniendo conocimiento en esta materia empezaron después a hacer cerillos de manera artesanal con el propósito de venderlos en un mercado más amplio.
En esa primera década de 1900, aparecieron con más frecuencia en la ciudad los primeros autos de motor ocasionando que fuera ya incosteable la agencia  del transporte público en carretas. El dinero producto de la venta de las tierras, sus conocimientos, y su habilidad para emprender negocios los acercó a la elaboración y a la venta de cerillos, actividad que les  llamó fuertemente la atención dada la gran demanda. Además vieron la importancia que tenía este nuevo mercado. Y con este nuevo escenario, para la incipiente fabricación, aprovecharon los inmuebles que poseían para guardar las carretas para  habilitarlos como talleres.  Así quedó  establecido su primer taller artesanal para la fabricación de cerillos en aquella casa grande en los rumbos donde ahora, se encuentra la Colonia  Guerrero de la ciudad de México.
Saturnino y José Salas  participaron en esa incipiente actividad de la industria de cerillos en la ciudad de México. Ya que en aquel entonces, en esa primera década de 1900 había varios talleres donde se elaboraban cerillos, según refieren los familiares. Y dado que estos hermanos habían adquirido la destreza para construir máquinas rudimentarias en su empresa de fundición de metales, estas habilidades ayudaron  construir algunas herramientas o "máquinas" para elaborar de una manera más rápida los cerillos. Mientras tanto, fueron adquiriendo mediante la compra otros pequeños talleres de carácter artesanal de elaboración de cerillos y fósforos. Ellos emprendieron por aquel tiempo la compañía "Salas Hermanos", y  la fábrica  "El Indio", así como "El Ángel", y con todas ellas formaron a finales de la década de 1910 la fábrica de cerillos y fósforos "La Imperial". Tiempo después de haberla creado,  en 1919 aproximadamente, se la vendieron a una familia de  empresarios de ascendencia sueca, que también se dedicaba a la elaboración de cerillos. Los Salas ahora con el capital económico obtenido de aquella transacción y siguiendo con ese espíritu emprendedor, decidieron trasladarse a una población diferente a la ciudad de México. Así que eligieron una que estuviera lejana lo suficiente para seguir teniendo contacto con el centro del país.  Así que a mediados de los años de 1920  arribaron  a la ciudad de San Juan del Río en el Estado de Querétaro.
En la tercera década del siglo XX San Juan del Río era una ciudad que tenía una intensa actividad agrícola, con actividades económicas y comerciales entre las que se podía contar la curtiduría de pieles de bovinos, la elaboración de artesanía a base de vara de árbol, tallado de piedras semipreciosas como el ópalo, y una incipiente red de talleres textiles donde la tela cambaya (una tela de algodón muy sencilla de colores muy vivos para el vestido), era la principal producción. Época en que los cerillos los vendían los comerciantes, tanto los vendedores ambulantes en los tianguis, como en los establecimientos del mercado municipal. La forma de en qué los vendían era en un “manojito de diez cerillos” a un costo de 2 centavos. Estos cerillos en ese entonces tenían dos cabezas cada uno, y estaban hechos con papel encerado con parafina.
En esa época pocos eran los empresarios que se habían establecido en San Juan, como el propio Saturnino. La forma en que llegó a la ciudad no fue de manera directa, ya que primero exploró algunas otras, como la compra de un rancho. Como refiere José Antonio, nieto de don Saturnino: "Tal vez en el fondo por su mismo origen ranchero les atraía tener un rancho".  Don Saturnino Salas llegó hasta la Hacienda de Santa Rosa Xajay, esta Hacienda había sido una  de las más emblemáticas de la región. Se encuentra ubicada en la parte norte de San Juan del Río, a una distancia aproximada de 20 kilómetros de esa cabecera municipal. En ese tiempo, el acceso era por un camino de terracería. Las tierras de cultivo de esa Hacienda, si bien eran de temporal, la producción rendía lo suficiente para sostener con solvencia la propiedad.
Agrega José Antonio que Don Saturnino “recorrió la Hacienda  y le gustó. Su interés fue más al darse cuenta de la magnífica cosecha de maíz que se levantó y por eso decidió comprarla en 1929.” Al  parecer pagó 5 mil pesos por  el rancho y la casa bien amueblada. Lo “simpático”, dice José Antonio, es que esa fue la única y espectacular cosecha que dio la hacienda, ya que por escasez de agua  la producción no se dio más de la misma manera como lo vieron por primera vez. Dado que no se tuvo un éxito con la Hacienda Santa Rosa Xajay y que se mantenían en un momento álgido los movimientos revolucionarios, así como la situación crítica del país respecto a la tierra,  los hacendados mientras pudieron se dedicaron a vender sus propiedades, o lo que quedaba de ellas.
Estos elementos provocan que don Saturnino  vendiera la Hacienda para luego trasladarse a residir en la ciudad de San Juan del Río. Antes de que iniciara el periodo de la afectación de las haciendas por la reforma agraria ya han adquirido unas casas en las afueras de la parte nor-poniente de la ciudad. Volvieron a fundar de nueva cuenta una fábrica de cerillos motivados por la inquietud empresarial. Esta fábrica fue  la primera que apareció en el entorno rural de San Juan del Río, se llamó "El Imperio Central", haciendo alusión a aquella  creada por los Salas años recientes en la ciudad de México llamada “La Imperial”. Quisieron traer a  colación que son ellos los que tuvieron la idea del nombre y brindarle un sello distintivo de la Familia. Lograron esto conjugando el nombre con las referencias de las grandes fábricas que existían en ese momento.  
En el año de 1930 los Salas empezaron a  levantar la fábrica  sobre la parte poniente de la ciudad de San Juan.  La mano de obra que se ocupaba  de trabajar las parcelas de temporal fue la misma que contrataron para construirla. Realizaron una construcción con dimensiones de 30  metros de frente y una distancia que dio la impresión de ser enorme de fondo, la construcción era sobria, pero mostraba también un lugar en el que se preparaba algo complejo para su tiempo. 
Los talleres de la fábrica construidos de igual forma, se empezaron a poblar con personal contratado del ámbito rural. Gran parte de sus trabajadores a los que  se les asignó el inicio de  las primeras tareas de la fábrica para la producción, fueron a las personas que llegaron de la Hacienda de Santa Rosa Xajay. Una de ellas fue el Sr. Tranquilino Romero Martínez quien trabajo durante muchos años en la empresa. El fue de los primeros que iniciaron trabajando en 1931 en la cerillera, para después dar paso a más trabajadores rurales que se especializaron como obreros. Tranquilino Romero empezó a trabajar con la Familia Salas cuando tenía  12 años de edad. Pronto se incorporó a los nuevos escenarios laborales. Nos cuenta un trabajador de la cerillera, Don Guillermo Romero, hijo de Don Tranquilino, que su padre "estuvo desde la construcción de las primeras bardas hasta que se levantó totalmente la planta, posteriormente lo contrataron como vigilante, más conocida la actividad como  “velador” de la planta, y permaneció trabajando más de 50 años en la cerillera.”
La empresa tuvo una novedad más en su aparición dentro de la sociedad sanjuanense, su planta laboral se constituyó no sólo con mano de obra masculina, sino que también se incorporaron mujeres. Esto fue algo que criticó un sector conservador de la ciudad, porque que no se esperaban que ocurriera contrataciones de mujeres. Y hasta se dejaron escuchar rumores sobre las mujeres que llegaron a trabajar a las líneas de producción, y referían que las "cerilleras",  (así les llamaban a las mujeres trabajadoras de la fábrica), "echaban lumbre por la boca". La fábrica influyó rápidamente en el cambió de la forma de pensar respecto al trabajo que se tenía en San Juan, y en poco tiempo también en la forma de pensar el trabajo dentro de una fábrica. La relación que  guardo la fábrica con sus trabajadores se mantuvo durante muchos años, y tal parece, esta continúo así durante muchas décadas porque era la única fuente de trabajo. Además, la demanda de cerillos se incrementó en esos tiempos, provocando que la fábrica tuviera  un crecimiento físico para incorporar más maquinaria y se requiriera más mano de obra, haciendo más dinámica la relación con los trabajadores.
Para la elaboración de los fósforos se utilizaba unas estructuras de madera de un metro de altura para sostener los bastidores que contenían los fósforos ya hechos. Los bastidores tenían a su vez, unas tiras de madera que aprisionaban las palitos de madera en que se irían a convertir los fósforos. Después de un lapso de tiempo que se secaba la mixtura se pasaba a unas charolas donde se ponían a granel los fósforos.
Las cajitas de cartón se llenaban con los fósforos y se vertían en unos barriles. Los barriles estaban  ubicados a un lado de cada una de las obreras. Cerca de ellas, se encontraban unas bancas de madera para que descansaran un breve tiempo las trabajadoras, ya que esta actividad requería que estuvieran de pie en la mayor parte de la jornada.  Después de este paso del proceso, se llevaban los barriles a la sección de empaquetado. Donde se hacían paquetes de cajas de fósforos para enviarlos a la bodega.

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