PLANTEAMIENTO DE LA NECESIDAD DEL CAMBIO ESTRUCTURAL EN AMÉRICA LATINA

Luis Gutiérrez Santos

El subdesarrollo latinoamericano

En conjunto, con algunas excepciones, los países de América Latina se encuentran en una franca situación de atraso, en la que los obstáculos parecen engendrar y sostenerse recíprocamente, manifestándose en el círculo vicioso del subdesarrollo. Las naciones que son la excepción son las que han roto ese encadenamiento y se hallan en vías de desarrollo. Pero también estas últimas llegan a estancarse y algunas veces a retroceder en dicho proceso. En suma, ningún país latinoamericano ha podido encontrar el círculo virtuoso del desarrollo.
La evolución de la economía latinoamericana desde la posguerra ha sido inestable y lenta. Así, la tasa anual de crecimiento del producto bruto en el área, que fue de 5.0% como promedio en la segunda mitad de la década de los 40s, se redujo a 4.8% en los años 50s, aumentando ligeramente en el decenio de los 60s a 5.3%. Esto, relacionado con el crecimiento demográfico, influyó en la disminución del producto bruto por habitante que, de 2.3% en promedio en la década de los 40s, bajó a 1.3% en los 50s y en la presente década (de 1961 a 1970) a 2.2%.1 Este reducido nivel marcó una auténtica paralización del crecimiento económico, ya que los niveles mínimos considerados por la Alianza para el Progreso (ALPRO) y por las Naciones Unidas para su década del desarrollo2 fueron del 2.5%. Las metas y objetivos quedaron por lo tanto sin alcanzarse.
Este descenso del ritmo de crecimiento presenta características diferentes en los países de la región. De 1945 a 1950, cinco países tuvieron crecimientos del PIB per cápita superiores al 5% anual, encabezados por Venezuela y el Salvador con un crecimiento del 7.3%; seis países crecieron entre el 2.5% al 5.0% en promedio durante el período; mientras que ocho países crecieron por debajo del 2.5%, cuatro de los cuales con crecimientos negativos. En la década de los 50s, solo cuatro países crecieron por arriba del 2.5% anual. En los años 60s, siete países rebasaron la meta del 2.5% de aumento en la producción per cápita.3 Esto se puede apreciar en el cuadro a continuación.
Cuadro 1: Tasas de crecimiento promedio anuales del PIB y el PIB PC de América Latina

 

Producto Interno Bruto

Producto Interno Bruto per cápita

 

1945-50

1951-60

1961-70

1945-50

1951-60

1961-70

Panamá

0.4%

5.5%

7.5%

-2.2%

2.5%

4.3%

Nicaragua

6.3%

5.1%

6.8%

3.3%

2.1%

4.1%

Costa Rica

1.1%

7.6%

7.0%

-1.6%

2.9%

3.7%

México

6.3%

5.7%

7.3%

3.2%

1.7%

3.7%

República Dominicana

8.4%

5.1%

5.9%

5.8%

1.9%

2.9%

Brasil

6.1%

6.9%

5.6%

3.4%

3.8%

2.7%

Venezuela

10.6%

7.1%

6.1%

7.3%

3.0%

2.6%

Ecuador

9.4%

5.3%

5.6%

6.3%

1.9%

2.3%

Guatemala

9.7%

4.1%

5.6%

6.6%

0.9%

2.3%

Colombia

4.7%

4.7%

5.2%

2.6%

1.5%

2.3%

El Salvador

8.7%

5.0%

5.9%

7.3%

2.1%

2.2%

Argentina

3.9%

2.9%

4.0%

1.7%

1.4%

2.2%

Chile

2.9%

3.8%

4.3%

1.0%

1.5%

2.1%

Perú

4.5%

4.6%

5.1%

2.6%

2.2%

2.0%

Paraguay

2.1%

2.5%

4.5%

-0.2%

0.2%

1.7%

Honduras

4.1%

3.6%

4.9%

1.5%

1.0%

1.2%

Uruguay

5.4%

1.4%

1.4%

4.2%

-0.1%

0.8%

Haití

1.2%

1.9%

1.1%

-0.6%

1.4%

-0.4%

Bolivia

2.0%

-0.3%

1.0%

0.9%

-2.7%

-0.5%

América Latina

5.0%

4.8%

5.3%

2.5%

1.8%

2.4%

Fuente: Oxford University, “The Montevideo-Oxford Latin American Economic History Database”, 2011.
El economista Paul N. Rosenstein Rodán –uno de los “siete sabios” en la elaboración del Plan de la Alianza para el Progreso– agrupó a los países de la región en la siguiente forma:
Cuadro 2: Clasificación de la Población y el Ingreso en América Latina (1970)


Grupos de Países

Población (Miles)

% del total

PIB Millones dólares

% del total

PIB per cápita

  1. Argentina y Venezuela

34,030

13.0

33,414

24.5

982

  1. Chile, México, Pa­namá y Uruguay

64,220

24.6

42,708

31.3

665

  1. Brasil, Colombia, Costa Rica, El Salvador, Guatemala, Nicaragua, Perú y Rep. Dominicana

142,830

54.8

56,465

41.3

395

  1. Bolivia, Ecuador, Honduras y Paraguay

15,480

5.9

3,594

2.6

232

  1. Haití [sic]

4,240

1.6

410

0.3

97

Total

260,800

100.0

136,591

100.0

524

Este cuadro, reuniendo a cinco grupos de países, proporciona una panorámica de la región de acuerdo con el PIB per cápita. Parece claro, cuando menos, que existen dos grandes zonas sociales: la primera de ellas (grupos 1 y 2 en el cuadro) abarca el 37.6% de la población y el 55.7% del producto; la segunda región (los grupos de países números 3, 4 y 5) incluye el 62.4% de la población latinoamericana y dispone del 44.3% del producto. Estas cifras revelan, a escala continental, el enorme desequilibrio entre los países de América Latina.
El problema del escaso crecimiento se hace evidente cuando se comparan los países de América Latina con el resto del mundo. Tomando como base el ingreso real per cápita de Estados Unidos, se nota que los países latinoamericanos no acortaron la distancia del desarrollo, sino se estancaron. En 1950 América Latina tenían en promedio el 26% del ingreso por persona de Estados Unidos y en 1970, 20 años después, subió apenas un uno por ciento al 27%. Claro, los crecimientos relativos fueron diferentes para los países de la región; así, mientras Uruguay perdió -1.7% de su ingreso per cápita relativo al de EE.UU., Brasil ganó 0.8%. Estas mejoras relativas son ínfimas cuando se considera que el nivel del ingreso per cápita en la región es de alrededor de un cuarto del ingreso americano. Los países de la región van a tener que encontrar la fórmula para crecer más rápido en relación a los países desarrollados, o de lo contrario estaremos condenados a no salir de la trampa del bajo ingreso.

La diversidad alcanza un nivel más dramático al analizar el grado de concentración de la industria en el área: el 80% de la producción industrial de la región se genera en la Argentina, Brasil y México; el 17% corresponde a Chile, Colombia, Perú, Uruguay y Venezuela. Entre todos los demás países de la zona se reúne el 3% restante del producto fabril. Más de la tercera parte del valor total del volumen industrial latinoamericano se concentra en menos de 5,000 kilómetros cuadrados, formados por las áreas metropolitanas de Buenos Aires, Sao Paulo y la zona conurbada del Distrito Federal de México.6
No hay que olvidar, por otra parte, que la curva inflacionista ha ejercido una presión negativa sobre el desarrollo económico de varios países, entre los cuales se encuentran Uruguay (con un aumento en los precios al consumidor del 125% en 1969), Brasil con 92% en 1964, Chile con un incremento del 46% en 1964, Argentina con 32% en 1966, Perú con el 19% en 1968 y otros. La crisis uruguaya se ha reflejado hondamente en el producto interno per cápita, el cual tuvo un retroceso de -4.3% en 1967. El ingreso per cápita en Argentina y Brasil también cayeron en 1963 en -3.8% y -1.6% respectivamente.
El caso del Brasil ha sido delicado, no obstante que disminuyó su curva inflacionaria, puesto que el aumento de los precios (medido por el IPC, índice de precios al consumidor) descendió de un 92% en 1964 al 22.4% en 1970; pero el crecimiento del ingreso per cápita bajó del 3.8% observado en la década de los 50s al 2.7% en la de los 60s.
En cuanto a México se refiere, ha sido el país de América Latina que ha mostrado las cifras más satisfactorias de crecimiento del producto interno bruto por habitante, creciendo en 3.4% en promedio de 1960 a 1970. Esto trajo como resultado cuellos de botella estructurales que se proyectan como serias amenazas para el futuro.
El juicio sobre la estabilidad de México descansa en que ha podido evitar la devaluación de su moneda, siguiendo los preceptos de su modelo de crecimiento denominado de “Desarrollo Estabilizador”. Este modelo, establecido a partir de 1954, buscó la estabilidad económica para lograr un desarrollo económico continuo, manteniendo la economía libre de inflación acelerada, sin grandes déficits (fiscales y de balanza de pagos) y devaluaciones. El modelo siguió al modelo de Sustitución de Importaciones, aunque conservó los principales puntos para continuar con el proceso de sustitución.
El Desarrollo Estabilizador se refiere a la evolución estable de la economía mexicana en los 15 años que van de 1954 –año en que se lleva a cabo la devaluación del peso frente al dólar estadounidense y que permitió la estabilidad cambiaria– a 1970. Sin embargo, aun siendo la estabilidad una condición necesaria, no es suficiente, pues cuando el juego de las fuerzas internas de la economía dejan de operar a favor de la estabilidad basada en un aumento sostenido en la productividad y una mejora radical en la balanza comercial –es decir, de sus costos de producción e ingresos de exportación– y cuando no se distribuye adecuadamente la nueva riqueza entre las clases altas y las asalariadas, no puede existir una estabilidad funcional, un desarrollo real.
Se ha generalizado la opinión de que si México no logra vencer, o por lo menos aminorar, el desequilibrio económico y la concentración de los beneficios de su crecimiento, corre el riesgo de sufrir graves trastornos, amén de desaprovechar las posibilidades de ampliar su mercado interno, así como de no alcanzar la fuerza económica suficiente para lograr un desarrollo autónomo y sostenido. En efecto, la estabilidad atrae la inversión y fomenta la creación de empleos, pero si no se pasa la siguiente etapa del desarrollo, la de mejorar el capital humano a través de la distribución equitativa de los beneficios del crecimiento y el fomento a la educación para el desarrollo, se corre el riesgo de quedarse atrapado en un nivel de ingresos medio, sin crecimiento relativo a otros países. En última instancia, la principal fuente del crecimiento no lo son los recursos naturales ni el capital, sino la gente, ese es el factor de la producción mas importante, el que permite que con o sin recursos el país alcance altos niveles de vida.
El largo crecimiento que ha experimentado la economía mexicana de 3.2% de 1954 a 1970 en su PIB per cápita ha hecho evidente las condiciones sociales de atraso en la mayor parte de las áreas rurales. Esto, junto con el desarrollo de ciudades como México, Monterrey y Guadalajara, resaltó la dualidad de la economía. Este desigual desarrollo por regiones, como por núcleos humanos, es un fenómeno secular, pero tiene la peculiaridad de irse acentuando al paso del tiempo y en la medida que crece y progresa la nación. Es decir, el propio desarrollo no planificado acumula más riqueza y poderío en regiones y grupos favorecidos, mientras agudiza, en términos proporcionales, la miseria de quienes tienen menos. Esto se ha traducido en graves problemas para México, tales como el de mantener una población que crece a una tasa de 3.6% anual, lo que significa tener que dar de comer, vestir y alojar a un millón y medio de nuevos mexicanos al año y dar ocupación productiva a medio millón –todo lo anterior con recursos limitados de capital. Hay desocupación y subocupación en el campo y en las ciudades y una distribución inequitativa del ingreso.
Por lo tanto, se puede asegurar que aunque la economía mexicana ha logrado positivos avances, no ha superado el subdesarrollo ni la dependencia. Son necesarios cambios estructurales y una modificación en la administración pública que solucione de una manera positiva todos los problemas de su economía, o de lo contrario, la fórmula del Modelo de Desarrollo Estabilizador junto al Sistema de Improvisación Mexicano que hasta ahora ha venido operando bien no podrá impedir los graves trastornos futuros que se le avecinan: ningún país puede crecer de manera sostenida si no crea su propia tecnología, capacidad productiva y de exportación independiente y México no está invirtiendo lo suficiente para educar a su mano de obra y crear una fuerza de trabajo altamente calificada.
El conjunto latinoamericano presenta un futuro desolador y dificultades para avanzar por un camino seguro e independiente. La pobreza de las grandes mayorías engendra atraso económico, reduce y deforma el crecimiento del mercado nacional y frustra las posibilidades de incrementar el crecimiento firme de la industria y de las demás actividades económicas. No se puede alcanzar la justicia social bajo el actual marco internacional y nacional. Esto demuestra que es cada vez más necesario analizar la realidad y la naturaleza de los males para tratar de encontrar las fórmulas que permitan, en forma precisa, resolverlos en su origen.

gráfica

Gráfica 1: Ingreso per cápita real de algunos países latinoamericanos relativo al de EE.UU.

gráfica

Gráfica 2: Ingreso per cápita real de grupos de países latinoamericanos relativo al de EE.UU.


1 Datos de Oxford University, “The Montevideo-Oxford Latin American Economic History Database”, 2011.

2 Naciones Unidas, Década del desarrollo de las Naciones Unidas: propuestas para la acción, Nueva York: UN, 1962.

3 Comité Interamericano de la ALPRO (CIAP).

4 La agrupación de países corresponde a Paul N. Rosenstein Rodán en Banco Interamericano de Desarrollo, Las inversiones multinacionales en el desarrollo y la integración de América Latina (1968), p. 54; los datos fueron actualizados a 1969.

5 Angus Maddison, The World Economy: Historical Statistics, Abril 2010.

6 El Día, enero 20 de 1969.

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