PLANTEAMIENTO DE LA NECESIDAD DEL CAMBIO ESTRUCTURAL EN AMÉRICA LATINA

Luis Gutiérrez Santos

El bloque socialista

Ya se había indicado anteriormente que la eventualidad de aumentar las relaciones económicas con los países del bloque socialista era de tipo político y que por ello se analizaría esa perspectiva de liberalizar la actividad económica externa en el presente apartado.
Efectivamente, a nadie escapa que las tensiones políticas en el continente americano determinan, por un lado, las relaciones de carácter económico débiles con las naciones contrarias a la ideología de la metrópoli estadounidense y, por el otro lado, acusan un severo control de Estados Unidos en materia de política externa de la región.
Pero a pesar de ello, el equilibrio nuclear, que ha hecho de la guerra directa una forma no viable de política exterior, ha presentado una ocasión de la que los países del llamado Tercer Mundo se deberían de aprovechar: las formas de confrontación entre los bloques, particularmente la de la lucha ideológica, en torno al desarrollo económico. En otras palabras, cada uno de los grupos trata de mostrar al mundo que el desarrollo sólo se puede lograr por la vía capitalista, o que tiene que hacerse por la vía socialista. Ha adquirido interés para las potencias dominantes –incluso teniendo conciencia de que se corren ciertos riesgos– ensayar fórmulas que permitan llevar a cabo un crecimiento económico más acelerado y más satisfactorio, sin una ruptura básica del sistema político imperante.
Claro que en el caso de los Estados Unidos, la sociedad a nivel de la opulencia, sus intentos por mejorar las condiciones de sus vasallos, aunque de gran impacto al principio, se van debilitando en forma continua hasta extinguirse. Por ello no es viable mantener las relaciones comerciales inalterables con ese país.
El proceso de equilibrio de los bloques ha presentado –repetimos– una oportunidad no sólo para el deshielo interno en cada sistema, sino también la posibilidad de incrementar y variar las relaciones entre los países a escala mundial. De tal manera, las repúblicas latinoamericanas, antes afiliadas directa y exclusivamente a su potencia hegemónica, deben asir las alternativas que se les presentan para diversificar sus contactos con el exterior, obtener mayor intercambio comercial y créditos, consulta y asesoría técnica, discusión ideológica e intercambio de estudiantes y profesores y coordinar investigaciones y proyectos específicos, con los miembros del campo socialista.
Parece ser que la segunda conferencia de la UNCTAD marcó una nueva etapa en el comercio del Tercer Mundo con los países socialistas. En efecto, los estados participantes aceptaron unánimemente la conveniencia de que los países en desarrollo ampliaran sus intercambios comerciales con las naciones socialistas.1 Así, meses después, México mandó a su Secretario de Relaciones Exteriores a la URSS a renovar los lazos económicos entre los dos países. Otras repúblicas de la zona, como Ecuador y Perú, han firmado acuerdos comerciales, principalmente con la Unión Soviética.
Las naciones socialistas representan una alternativa con respecto al mercado norteamericano y al europeo. El mercado socialista es vastísimo para los productos latinoamericanos tradicionales y semi-manufacturados. Desafortunadamente, esta oportunidad no afectó en forma sustancial ni el volumen ni la distribución del flujo comercial de 1960 a 1966. Si se incluye a Cuba, la proporción de las exportaciones a los países del bloque socialista aumentó en el período considerado del 3.6% al 8.3%; al excluir a Cuba, las cifras pasaron del 1.9% al 3.7%.2 Al considerar las diferencias entre las naciones de la región, se ve que de hecho el 80% de dichas exportaciones entre 1964 y 1966 (excluyendo a Cuba) procedieron de dos países –Argentina y Brasil. El resto de las naciones se repartieron el 20% sobrante, destacándose Colombia, México, Perú y Uruguay.3
La porción que corresponde a América Latina del total del intercambio socialista con todos los estados del Tercer Mundo es del 10% al 12%, porcentajes relativamente reducidos, si se toma en cuenta que hay varios países subdesarrollados de otras regiones que no comercian en lo absoluto con estas naciones.
Las exportaciones de la mayor parte de los estados socialistas europeos a la zona se componen principalmente de productos manufacturados de consumo. Si se considera la naturaleza y tasa de crecimiento de su desarrollo económico, los países de Europa Oriental ofrecen un importante mercado potencial para comestibles y otros productos primarios.
Más del 90% del comercio de la URSS a las naciones en desarrollo se realiza mediante acuerdos comerciales bilaterales. Estos arreglos a diferencia de los que se pactan con Estados Unidos, suelen –además de incluir la cláusula de “la nación más favorecida”– añadir estipulaciones que respetan las disimilitudes entre las naciones contratantes en un plano de igualdad, permitiendo a una y a otra de las partes establecer un balance aproximado de las necesidades de importación y de las posibilidades de exportación, al tiempo que se consideran los compromisos de créditos, los plazos de pagos y la situación de la balanza de pagos en general. Hay que reconocer que detrás de estos ventajosos términos esta la motivación política de extender el comunismo en los países de la región.
Pese a las aparentes ventajas de estos acuerdos bilaterales con los países del bloque socialista en relación a los celebrados con otras potencias, también –aparte de inhibir la expansión global del comercio–imponen restricciones de tipo geográfico y limitan de hecho los productos que las naciones atrasadas pueden adquirir. Además, si bien los arreglos bilaterales han abierto nuevos mercados para la colocación de los excedentes de América Latina, no ofrecen las garantías necesarias para que estas operaciones se repitan de un modo sistemático y provechoso en el futuro.
Es necesario para evitar las consecuencias desfavorables de los acuerdos bilaterales que los organismos integradores latinoamericanos concreten tratados comerciales con el COMECON, considerando: a) la división del trabajo latinoamericano presente y futura, b) la eventualidad de ampliar las comunicaciones entre los países socialistas y América Latina y c) otras medidas tendientes al conocimiento real de ese mercado y las probabilidades en potencia de las naciones iberoamericanas.
Las perspectivas del comercio con los países del campo socialista, en el momento actual, no pasan de ser muy reducidas. En cambio, si se consideran las reformas internas hacia la unión regional, la eventualidad de este comercio aumenta. La importancia de la diversificación de los mercados exteriores para atenuar la dependencia y vulnerabilidad económica y política es muy grande. Al iniciar el comercio de alternativa, las tensiones políticas se reducirían en sus efectos prácticos dentro de las estructuras económicas de la zona.
El afán de la conquista de otros mercados, básico para la consolidación de posiciones económicas frente a otros países competidores y el enfrentamiento de los dos bloques mundiales en el comercio, la política, la economía, la tecnología, la cultura y el deporte, constituyen un verdadero dualismo de proyecciones planetarias. Las contradicciones de los bloques en dichos campos dan lugar a la lucha por conseguir el apoyo de los países en vías de desarrollo. Por supuesto, también se busca, en un contexto más amplio, el control indirecto y directo de estos países.
El dilema está al día: la necesidad económica y política de buscar otros mercados se hace imperante. Las concesiones de los países del bloque socialista conllevan el deseo de extender su ideología marxista a la región. Es por ello importante, buscar un equilibrio entre los intereses y ambiciones de ambos bloques. Las consecuencias económicas y políticas del incremento comercial con los estados socialistas serán mejores cuando se impulse la integración económica de la región.


UNCTAD, “Resoluciones del II Período de Sesiones, Nueva Delhi, febrero-marzo de 1968”, Suplemento de Comercio Exterior (mayo de 1968), pp. 1416. Véase la Resolución 15 (II).

The Economist para América Latina (mayo 15 de 1968), p. 44.

Ídem.

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