DIVERSIDAD CULTURAL, IDENTIDADES Y TERRITORIO: ADSCRIPCIÓN, APROPIACIÓN Y RE-CREACIÓN

Héctor Ruíz Rueda
Leif Korsbaek
Ricardo Contreras Soto

La reconfiguración de la identidad chichimeca a través de la representación étnica.  El caso de la danza Chichimeca – Jonaz. Villegas Ortiz Ana Elizabeth1

Resumen

En este texto se describe la reivindicación de elementos identitarios en Misión de Chichimecas, este proceso se ha registrado en aspectos específicos de algunas expresiones culturales. Tal es el caso del resurgimiento de grupos dancisticos conformados por jóvenes de la comunidad que a través de la danza están revalorando de una forma diferente el pertenecer a un grupo étnico y el asumirse como Chichimecas. Esta comunidad es uno de los pocos núcleos de población indígena que perviven en el Estado de Guanajuato y que conservan parcialmente su idioma, el Chichimeca Jonaz.

Contexto actual y Recuento Histórico

Misión de Chichimecas pertenece a la Jurisdicción de San Luís de la Paz2,  municipio ubicado al noreste del Estado de Guanajuato, “en lo que comprende parte de la Sierra Gorda y una de las zonas más deprimidas a nivel estatal” (SEP, 1987: 120). Culturalmente esta comunidad es uno de los reductos de población indígena originaria que perviven en el Estado y que conservan parcialmente su idioma el Chichimeca-Jonaz.

Históricamente  el origen de esta comunidad se remonta a la etapa de la reducción y asentamiento de grupos nómadas que habitaban rotativamente la región de la Gran Chichimeca, la cual se caracterizaba por ser una zona semidesértica “en donde no se había desarrollado la agricultura intensiva, ni se habían desarrollado grandes edificaciones características de las culturas mesoamericanas” (Kirchoff, 2002). Por lo cual el término Chichimeca era utilizado por los grupos mesoamericanos para nombrar a estas bandas nómadas, y denotar el bajo nivel de desarrollo cultural de aquellos, siendo la acepción más aceptada de este término entre los estudiosos la traducción al náhuatl como “linaje de perros” (Sta. María 1575: 113).

Hacia 1546 se da le descubrimiento de uno de los elementos más importantes para el soporte de la economía colonial: las minas de Zacatecas. A partir de este hecho se busco establecer un camino de México a Zacatecas, “el cual consistió en fundar fuertes o poblados ubicados entre sí a no más de un día de distancia, que permitieran llevar el mineral a salvo de los ataques de los indios Chichimecas” (Powell, 1996: 19-68).

Tal fue el caso de San Luís de la Paz que se fundo en 1552 con otomíes provenientes de Xilótepec (Ramírez, 1952: 41), y con un grupo de chichimecas que se logro reducir y asentar tras una prolongada guerra (Guerra del Mixton), y “bajo la condición de que el virrey les suministrara maíz, carne y ropa” (Alegre, 1956: 80). Para 1594 la fundación del pueblo se hizo oficial y dos jesuitas se hicieron cargo de la iglesia. La parte de la población chichimeca que se logro asentar lo comprendían grupos tales como: “el copuz, el guajabán, el pame, el guachichil, uascan, además de tarascos, mexicanos y matlazincas, tal como lo señalan las actas del primer libro de bautismos que corre de 1590 a 1635” (Rabell, 1986: 25).

Desde la fundación y el inicio del desarrollo de la vida sedentaria de estas comunidades en Misiones no hay mucha información respectiva a lo que sucedió con ellos del s. XVII a finales del XIX; lo que se sabe es que trabajaron en las actividades económicas de las haciendas de los jesuitas. Después hacia el s. XIX, se registraron conflictos a causa de la invasión de tierras por parte de las haciendas aledañas que estaban en crecimiento; y es a partir del proyecto y las políticas posrevolucionarias que “la comunidad hizo posible exaltar sus demandas, entre las cuales se encontraba el recuperar su territorio a través de un litigio de restitución de tierras, pero lo que se obtuvo tras este proceso fue una dotación de tierras, que fue lo que constituyo el ejido y que en un principio se otorgo a 143 familias” (Uzeta, 2004: 210-218). Este hecho fue decisivo ya que da pauta al inicio de la relación dicotómica entre las instituciones instauradas por el Estado posrevolucionario y la comunidad, a través de la implementación de Políticas Públicas dirigidas a lograr la integración del País, mediante la homogeneización cultural.

Políticas Públicas y procesos identitarios

El término  “identidad” como elemento relacional de otredad, es esencial para comprender los procesos a través de los cuales un grupo determinado se identifica y adquiere elementos de pertenencia, que le permite tener una representación de sí mismo a través del entramado cultural, ya que “la cultura proporciona significado a la experiencia humana, seleccionándola y organizándola de tal forma que le permite a las personas  arraigarse a ciertos elementos que le dan sentido a su vida” (Rosaldo, 1991:35) . Lo cual nos lleva al planteamiento de Giménez (2000, 55), quien nos señala la diferencia entre las identidades internamente definidas y las identidades externamente imputadas3; al respecto el autor nos señala que uno de los actores que tiene fuerte ingerencia en los procesos de las identidades imputadas es el Estado, ya que a través de“políticas de identificación”, se encarga de establecer una serie de reglamentos y controles en las experiencias identitarias” (Giménez, ibidem).
Lo anterior puede ser aplicado a la relación entre el Estado y las poblaciones indígenas, ya que a través de las políticas posrevolucionarias se iniciaron una serie de programas destinados a modificar los elementos que definían internamente a estas poblaciones con el fin de homologarlas al resto del país, que percibía  la cultura de estos grupos  en un estado de “atraso”, que impedía lograr el desarrollo nacional, por lo que a través de diversos mecanismos el Estado trato de modificar ciertos elementos de estas poblaciones y conservar aquellos que le permitieran alimentar la construcción de un imaginario del pasado prehispánico glorioso de la Nación mexicana .  
En Misión de Chichimecas hacia 1970 se registra la implementación  de algunos proyectos productivos para promover el desarrollo económico de la comunidad. Los cuales se guiaban bajo la política nacional de la “integración”, desplegados a través del Instituto Nacional Indigenista (en adelante INI), quien definía la integración cómo “un conjunto de actitudes, con las que se ha logrado que gran parte de la población se reúna bajo la consciencia de una sola cultura, de una sola lengua y lo que es esencial de una sola nacionalidad” (INI, 1970). Recordemos que estas políticas tenían como principal objetivo amestizar a las poblaciones indígenas y eliminar todos aquellos rasgos, prácticas y costumbres que les diferenciaban y que de acuerdo a las políticas indigenistas significaban un obstáculo para la modernización del país (como eran los idiomas indígenas, la vestimenta tradicional, algunas prácticas rituales, etc.).
Se trataron de implementar técnicas de cultivo que propugnaban la eficacia de la producción agrícola, y por lo tanto el desarrollo económico que traería por añadidura el desarrollo social y cultural de estas comunidades, consideradas hasta entonces atrasadas e incapaces de integrarse al modelo de desarrollo nacional en el que se había enganchado el país. A la par que se intentaba “modificar la mentalidad “mágico-religiosa” de las comunidades indígenas hacia una actitud “científica” del mundo contemporáneo” (Caso, 1958:11). En esta línea, en el ejido se implemento el sistema de riego y un establo de vacas lecheras, que después de algún tiempo fracasaron. En la actualidad, el establo ha desaparecido y las mejores tierras con sistema de regadío son rentadas a personas fuereñas que se dedican a la producción agrícola.
Contrario a lo anterior a partir de finales de los 90´s, varias instituciones se enfocaron a desarrollar programas para impulsar la recuperación de elementos representativos de la cultura Chichimeca, tales como: la lengua, la vestimenta, la comida tradicional, la música, la danza, etc. A continuación se mencionan algunos de estos programas de los que se tiene registro.
En 2001 el INI desapareció y su lugar lo suplió la Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI). Desde este cambio, en Misión de Chichimecas esta institución ha propugnado algunos programas para alentar la recuperación de algunos elementos considerados como propios de este grupo cultural, ya que se cataloga como una cultura en vías de extinción. De entre los más significativos son los apoyos económicos para la conformación de grupos de Danza y apoyo para grupos de música de viento.
Dentro de esta misma línea se encuentra la Casa de la Cultura Ludovicence  y su apoyo para la celebración anual de concursos gastronómicos, donde se elaboran platillos y bebidas tradicionales de la comunidad.
En  las escuelas Primarias de la comunidad, se les prescribe a los niños el utilizar el “traje típico” el día lunes para celebrar los honores a la bandera, este traje consiste en un conjunto de falda y blusa de manta para las niñas y una blusa y un pantalón de manta para los niños. Además de que se les impulsa para que hablen el Chichimeca-Jonaz, dándoles clases de idioma.
Dentro de estas políticas se visualizan dos tendencias contradictorias, una que se da hasta finales de los 80´s que trata de eliminar las diferencias culturales de estas comunidades indígenas y otra que después del 2000 se enfoca a recuperar estas diferencias, determinando de alguna forma como deberían de ser identificados los pueblos indígenas.

El Caso de la Danza Chichimeca-Jonáz.

En Misión de Chichimecas la actividad cultural que tiene más apoyo es la conformación de grupos de Danza. El Grupo denominado Chichimeca-Jonás es uno de ellos, cuenta con 5 integrantes y se definen como una “danza guerrera”.
Este grupo manifiestas que sus padres y abuelos también danzaban, pero es necesario señalar las diferencias entre estas tres generaciones; una de las principales diferencias es el tipo de música con el que se danza, ya que mientras sus padres y abuelos danzaban al ritmo de un tambor y un violín, el grupo Chichimeca-Jonaz ha fabricado instrumentos considerados como prehispánicos4, acompañados por cantos en su idioma. Otra diferencia es el tipo de vestimenta, las generaciones anteriores danzaban con un traje de manta que consistía en un taparrabos y una camisa, huarache y un penacho de plumas de colores, esta vestimenta se asemejaba más a la que portan algunos grupos de concheros, mientras los jóvenes utilizan taparrabos de piel, pectorales de bambú, escudos redondos, lanzas, flechas, arcos, etc.  Otro elemento que sobresale es el tipo de contexto en el cual se realizaba la danza, ya que en la generación de los padres y abuelos el grupo danzaba primordialmente dentro del espacio comunitario, específicamente en los rituales que acompañaban la celebración de las fiestas patronales de la comunidad. Mientras que el grupo de jóvenes danza generalmente en espacios externos a la comunidad, donde se promueven eventos culturales.
El grupo Chichimeca-Jonaz argumenta que el motivo de las transformaciones en la representación de la danza, se dio a partir de que se empezaron a presentar en los espacios externos a la comunidad, y los asistentes a estos eventos se interesaban por su cultura y les empezaban a cuestionar sobre la historia de su pueblo, a lo cual ellos no tenían respuesta ya que poco conocían de la historia de los chichimecas ancestrales, por lo que se dieron a la tarea de realizar una investigación a través de la cual fueron encontrando algunos datos sobre los “indómitos guerreros chichimecas”, además de conocer la historia de otros grupos étnicos, de los cuales fueron seleccionando elementos que fueron integrando a su vestimenta, música y parafernalia, además de retomar ciertas actitudes referentes a lo que significaba ser Chichimeca o lo que llego a significar en algún momento.
Estos aspectos han repercutido en como perciben el pertenecer a un grupo étnico, ya que algunos elementos que anteriormente eran objeto de discriminación por la sociedad ajena a la comunidad, ahora están siendo revalorizados por algunas de estas nuevas generaciones. Lo más representativo que rescataron de la información que encontraron es el percibir a sus antepasados como osados e invencibles guerreros.

Consideraciones Finales.

Existen varios factores que interactúan en los procesos de la construcción identitaria, en el caso anterior encontramos una serie de instituciones que inciden a través de políticas dirigidas a estos grupos diferenciados culturalmente que permiten que se represente parte de su patrimonio tangible en escenarios públicos externos a la comunidad.
En el caso de las danzas es importante señalar el proceso de reivindicación de la representación identitaria, a través de la revalorización de elementos culturales seleccionados de a cuerdo a un ideal de la remembranza de sus antepasados prehispánicos, que se manifiesta en la vestimenta y en el orgullo por mantener su lengua.
Lo anterior no sólo se observa en la danza, sino también entorno al grupo de personas que participan  en la reproducción de algunos elementos representativos de la cultura en los espacios públicos controlados por las instituciones gubernamentales, tales como la comida tradicional, la vestimenta, la lengua, el adorno personal, etc., elementos que alguna vez pudieron ser distintivos para la identificación de este grupo, pero que a partir del impulso de programas que promueven y pregonan la conservación de las culturas, se han retomado elementos que han dejado de tener alguna función o uso social dentro de la cotidianidad chichimeca, pero que se representan en escenarios específicos para presentar a la cultura chichimeca, lo cual ha promovido que se empiece a dar una revalorización de los elementos identitarios que se representan, es decir un proceso de reconfiguración de la identidad.
Por último es necesario señalar que a partir de la época moderna es difícil distinguir los elementos autóctonos de los elementos apropiados o impuestos5 en las culturas, así como la percepción de los límites territoriales, culturales y simbólicos entre una cultura y otra, al mismo tiempo que ante esta porosidad de las fronteras culturales se hacen visibles los movimientos reivindicativos de los grupos minoritarios.

Bibliografía

Alegre, Francisco Xavier, (1956)  “Historia de la Compañía de Jesús”, Roma, Institutun Historicum S.J., 3 vols. Volumen I

Caso, Alfonso, (1958), “Indigenismo”, Instituto Nacional Indigenista, México.

Giménez, Gilberto, (2000), “identidades étnicas: estado de la cuestión”, En: Reina Leticia, Los retos de la etnicidad en los estados-nación del siglo XXI, pp. 45-70.

Instituto Nacional Indigenista, (1970) “Todos Somos Mexicanos: Misión de Chichimecas”,  en CD/ROM, CDI, México, Redición 2008.

Kirchoff, Paúl, (2002) “Escritos selectos. Estudios Mesoamericanistas”, Vol. I, UNAM, México.

Powell, Phillip W., (1996) “La Guerra Chichimeca (1550-1600)”, Fondo de Cultura Económica, México.

Rabell Romero, Cecilia Andrea, (1986)  “Los diezmos de San Luís de la Paz: Economía en una región del bajío en el s. XVIII”, Universidad Autónoma de México, México.

Ramírez, Esteban, (1952) “Estudio histórico de San Luís de la Paz, 1552-1952”, Guanajuato.
hb
Santa María, Fray Guillermo de, (2003) “Guerra de los Chichimecas (México 1575 – Zirosto 1580)”, 2· Ed., El Colegio de Michoacán/Universidad de Guadalajara/El Col. De San Luís, México.

Secretaría de Educación Publica (SEP), (1987), “Diagnóstico Sociocultural del Estado de Guanajuato”, Guanajuato.

Uzeta Iturbide, Jorge, (2004) “Ejidatarios y Chichimecas: identidad india a través de la formación de un ejido guanajuatense”, en Patricia Moctezuma Yano, et al.,  (coord.), “Guanajuato: aportes recientes para su estudio”, El Colegio de San Luís, Universidad de Guanajuato, México.


1 Estudiante de la Licenciatura en Antropología Social, Universidad de Guanajuato,
k-rato@hotmail.com, Tel: 01 (477) 330-06-57

2 Ver anexo 1

3 Las identidades internas pueden entenderse como aquellas que se construyen a través de representaciones subjetivas en el ámbito interno del grupo, mientras que las identidades imputadas pueden son aquellas representaciones mediante las cuales este grupo es percibido por un conjunto de actores externos.

4 Yambes, ocarinas, flautas de barro, caracoles, etc.

5 Referidos en el México Profundo de Bonfil Batalla.

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