DIVERSIDAD CULTURAL, IDENTIDADES Y TERRITORIO: ADSCRIPCIÓN, APROPIACIÓN Y RE-CREACIÓN

Héctor Ruíz Rueda
Leif Korsbaek
Ricardo Contreras Soto

Identidad urbana en  la ciudad de San Luis Potosí a través de la percepción social en el año 2011. Benjamín Alva Fuentes1y Luisa Aldrete Flores Darán2

 

Resumen

La identidad define las características, cultura y personalidad de una sociedad; en la ciudad, determina el paisaje urbano y el uso de los espacios públicos. En la era del multiculturalismo provocado entre otras cosas por la globalización y el uso intensivo de las TIC´s, la necesidad de movilidad y pertenencia a un lugar se vuelven importantes, pero parecen afectarse mutuamente, lo cual influye sin duda en el diseño de los espacios públicos.
La construcción de espacios públicos sin identidad enfatiza fenómenos de segregación social, pobreza, violencia, desempleo, inseguridad y deterioro en la calidad de vida, por ello, la planeación y el diseño urbano deben considerar la identidad, para lograr integrar al espacio y definir políticas públicas para revitalizar los espacios y fortalecer la cultura en la ciudad.
Este documento tienen el objetivo de identificar el marco conceptual y metodológico para estudiar la identidad en la ciudad de San Luis Potosí, basada en la percepción y el uso de mapas mentales de sus residentes; reconociendo las representaciones de espacios socialmente elaboradas con sus elementos socioculturales y temporales que estructuran la ciudad.

 

Introducción

La complejidad es una característica del análisis urbano de inicios de siglo, resultado entre otras cosas, de la internacionalización del capital, las disparidades socio-territoriales, la globalización, la alta movilidad de las personas y productos, el uso de las TIC´s (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y sus relaciones con otros temas como la diversidad cultural, la brecha de las desigualdades en el crecimiento y desarrollo, entre otros. El acelerado cambio, reconfigura y hace más complejo el estudio de las ciudades y por tanto de sus formas de planeación y construcción del espacio. El surgimiento de ciudades digitales3 por ejemplo, da cuenta de nuevas formas de organización y nuevas manifestaciones urbano-espaciales.
Los acelerados cambios sociales que tienen lugar principalmente en las ciudades, configuran una organización–la sociedad urbana-, el estudio de las características y de las leyes es el principal objeto de las ciencias sociales, que se materializa en la especialización de las disciplinas; la sociología urbana por ejemplo, muestra la evolución de un área específica y la perspectiva culturalista que la subyace (Castells, 1999, pág. 94).
La sociología urbana es una corriente de pensamiento cuyos principales autores –de la escuela francesa- han ofrecido aportaciones importantes para el entendimiento de los fenómenos urbanos a partir de la relación sociedad – espacio. Bajo esta disciplina, cuando se habla de sociedad urbana no se refiere a una forma espacial sino una determinada cultura en el sentido antropológico, que implica un sistema de valores, normas y relaciones sociales con un referente histórico y una lógica de organización y transformación (Castells, 1999, pág. 95).

Objetivo

El propósito de este documento, es hacer una revisión teórico-conceptual –empleando básicamente corrientes de pensamiento de la sociología urbana- para estudiar la identidad en la ciudad, como concepto de la cultura urbana. Una vez que se establecido el marco de referencia se presentan los resultados de un ejercicio empírico, elaborado a partir de la metodología de mapas mentales que permiten, de manera gráfica, asociar la percepción de las personas con su espacio, elementos centrales para la construcción de la identidad.
Entender la identidad urbana permite avanzar en estudios sobre la sociología de la ciudad y tomar decisiones sobre el ámbito urbano, para el diseño de instrumentos que integren mejor a la sociedad, con su espacio. No se puede negar que la acelerada dinámica y el uso de las TIC´s en el territorio, facilitan la movilidad, el intercambio de información, modifican las formas de comunicación y alteran las relaciones socio-espaciales, aumentando la diversidad cultural y alterando los patrones de identidad.
El documento se estructura de la siguiente manera: primero, se presentan los conceptos base para el entendimiento del espacio, la cultura y la identidad urbana, en otro apartado se explica la metodología de mapas mentales y la técnica para interpretar la identidad a partir de la percepción ciudadana; finalmente en el apartado tres, se presentan los hallazgos metodológicos y algunos resultados empíricos.

Sociología urbana: espacio, cultura e identidad urbana

La identidad urbana es un tema relativamente nuevo, Zygmunt Bauman sociólogo, filósofo y ensayista polaco, explica que la importancia del concepto de identidad comenzó con las publicaciones de Stuart Hall en 1996 (Bauman, 2002) y se define como un proceso dinámico y flexible por lo cual, debe estudiarse a través del tiempo (Simon Pratt-Adams, 2010).
La identidad se relaciona con la cultura, sin embargo, no significa que sean lo mismo. Mientras la cultura es una estructura de significados incorporados en formas simbólicas a través de los cuales los individuos se comunican, la identidad es un discurso o narrativa sobre el individuo construido en la interacción con otros mediante un patrón de significados culturales (Larrain, 2003).
La cultura y la identidad son no son conceptos “aespaciales”, tiene una representación física que permite su caracterización y delimitación espacio-temporal, como es el caso de las tribus, las comunidades o la sociedad contemporánea principalmente y que incluso, han llegado a conjugar otros conceptos como el de cultura urbana, que se emplea para identificar una forma de vida en la ciudad.
Algunas de las corrientes de pensamiento urbano se han enfocado a entender las relaciones sociales que ocurren en la ciudad y con ella sus manifestaciones, como es el caso de la identidad, la cultura urbana, la segregación social o la división social del trabajo, entre otras; con la finalidad de explicar el funcionamiento de la ciudad y la lógica de construcción del espacio urbano. Las corrientes de pensamiento social europeo de la segunda parte del siglo XIX, constituyen el primer antecedente para el estudio social de la ciudad, aunque propiamente no hayan integrado una teoría de lo urbano, como es el caso de Karl Marx, Émilie Durkheim y Max Weber (Lezama, 2002, pág. 117). De acuerdo con los planteamientos de estos autores, la sociedad industrial determinó una nueva dimensión y vínculos entre las unidades territoriales y sociales que diferenciaban el campo y la ciudad; en el caso de la ciudad, se manifestaron en una organización espacial, social, en un sistema de valores, en formas de conducta social, despersonalización y nuevas formas de alineación (Lezama, 2002, pág. 118).
Los estudios de Marx, Durkheim y Weber, constituyen la base de la Teoría de la Sociología Urbana (TSU), Peter Saunders definió a esta Teoría como la disciplina interesada en la organización social, inscrita en un espacio determinado, sin embargo su objeto de estudio no es el espacio ni la organización social, sino los proceso sociales que suceden en un espacio determinado (Saunders, 1986).
Existen al menos tres principales corrientes de pensamiento de la TSU cuyo propósito principal es el estudio de la sociedad y la comprensión sobre la estructuración del espacio: 
La teoría funcionalista de la ciudad intenta explicar los fenómenos sociales y su relación con la existencia misma de la sociedad (Bailey, 1975, pág. 65). Se trata de una teoría totalizante que busca entender la interdependencia e interrelación entre las partes de un sistema social existente en un medio ambiente, por tanto asume una analogía orgánica de la sociedad a través de la cual la estructura social depende de las interconexiones y diferencias con el resto del territorio (Iracheta, 1992, pág. 31).

La Escuela Ecologista Clásica de Chicago aprovechó también las analogías orgánicas para explicar las interrelaciones entre diferentes partes de los asentamientos humanos (Iracheta, 1992, pág. 43). Los procesos ecológicos que permiten entender la realidad urbana según Mckensie son: a) la concentración de población en un espacio y tiempo determinado; b) la centralización y especialización de actividades y redes y su jerarquía espacial; c) la descentralización y movilidad de población dentro del área urbana y su consecuente proceso de circulación; d) la segregación o proceso a través del cual las unidades dentro de la estructura urbana son homogéneas o diferenciadas de otras unidades como producto de la estratificación; y, e) invasión sucesión por medio del cual la nueva población o actividad se asienta en áreas previamente ocupadas (Iracheta, 1992, pág. 44). 

La escuela culturalista agrupa algunos autores (Ferdinan Tönnies, Georg Simmel, Oswald Spengler, Lous Wirth y Robert Redfield) que reflexionan sobre el surgimiento de la vida moderna tanto teórica como metodológicamente, la primera a partir de la sociología para comprender las conductas sociales y los cambios en las formas de organización que se ubican territorialmente a partir de la racionalización y de un nuevo sistema de valores (Lezama, 2002, pág. 135). Los culturalistas consideran a la vida moderna bajo la forma de un estilo de vida en la cual se personifican los valores, las normas y las conductas del nuevo orden social en la cual la filosofía, los principios y la actitud ante la vida son estimulados en la búsqueda de una relación pragmática, eficiente y utilitaria (Lezama, 2002, pág. 136).

La Escuela Culturalista: espacio e identidad 

Los espacios urbanos son los soportes socioculturales de una comunidad y el lugar de las expresiones ciudadanas (Bedoya, 2007). Pero sólo serán reflejo de una cultura cuando tengan una relación con la vida social que los identifique para evidenciar al ciudadano y sus valores, en otras palabras, el hombre se relaciona y realiza sus actividades, en los espacios, aunque estos pueden tener diferentes dimensiones como la física, la social, la económica, entre otras.
Los primeros intentos por estudiar el espacio provienen de la época griega. Los aportes más significativos provienen de Aristóteles y son considerados el punto de partida en esta reflexión; Aristóteles distinguía 6 regiones: arriba, abajo, adelante, atrás, derecha e izquierda lo cual permitía identificar la ubicación con relación a otras cosas. Descartes por su parte estableció diferencias entre “ocupar un lugar”, atendiendo a la importancia de algo respecto a otras cosas, y “estar en un lugar” con relación a la ubicación de otros cuerpos.
Estas primeras aproximaciones al entendimiento del espacio, permiten ubicar la relación de una persona con respecto a su entorno (hábitat) o lugar que ocupan. Los espacios forman parte de un proceso de organización con la sociedad en el cual son distinguidos por características y significados; es tal la asociación entre espacio-territorio-sociedad en la construcción de significados que el concepto de “no-espacio” refiere los nuevos espacios carentes de significado e historia, son aquellos que no provocan recuerdos porque no poseen una identidad propia creada por la representación del individuo y generan contradicción en actos, pensamientos y emociones. Para Marc Augé los no-espacios son, por ejemplo, los centros comerciales, los aeropuertos y las zonas de tránsito, los cuales son parte de una vida moderna en donde el énfasis individual, no-colectivo, la abundancia, la diversidad y con ello la falta de relaciones e interacciones, los convierte en lugares de transición. (Augé M. , 2006).
Por otro lado, Joel Bonnemaison refiere el concepto de “buenos espacios” para identificar aquellos lugares que se relacionan con recuerdos (Bonnemaison, 1993), lo cual permite entender “la identidad de los espacios” considerado que la identidad está estrechamente relacionada con un suceso personal o colectivo, transmitido de generación en generación, conformando procesos.
En el contexto de la conformación del espacio como proceso histórico de organización social con características y significados, la geografía cultural estudia la relación entre cultura y espacio. Dentro de esta disciplina, la cultura se entiende como algo “ordinario” que se produce y reproduce por medio de actividades, por ello es importante lo que hacemos y dónde lo hacemos, en este sentido el diseño y planificación de los espacios afecta el comportamiento de los usuarios (Paterson, 2006). La cultura se construye en el espacio y como espacio (Mitchell, 2003).
En síntesis, la cultura es resultado de un proceso de organización social sobre el espacio que da lugar a conceptos como el de pertenencia, identidad y territorio. El diseño del territorio o del espacio físico, afecta a su vez la cultura, creando características y elementos de significación colectiva y de identidad urbana.

Identidad urbana

Para que el espacio tenga una identidad es necesario que exista pertenencia. Este término representa el derecho que tiene “un sujeto” sobre un objeto, en una relación durable entre ambos o permanente en el tiempo (Bedoya, 2007). El término de identidad tiene –como otros conceptos- muchas acepciones, sin embargo, parece que no tiene mucha precisión, sobre todo en términos sociales y territoriales, ya que su definición está más relacionada con lo individual.
La psicología social es la rama que se encarga del estudio de la identidad basada en el “yo” de cada ciudadano y abarca conceptos como identidad de género, identidad social, autoconciencia colectiva, identidad comparativa, entre otros. Bernd Simon explica que la complejidad de la identidad se incrementó con la modernización, los vínculos que las personas establecen son más numerosos y como consecuencia, el “yo individual” posee un mayor número de aspectos nuevos (Morales, 1998), sobre todo en la dimensión colectiva. La psicología también relaciona la identidad con la personalidad y el comportamiento del individuo, Hans Jurgen Eysenck propone la idea de que cada individuo tiende a comportarse de una manera congruente con su “modo de ser”, hay una base empírica para pensar que hay mecanismos psicológicos y conductas que configuran su identidad (Valdes, 2006). El psicólogo tiene la tarea de descubrir como las imágenes resultado de procesos, son transmitidas a personas dentro de una sociedad (Taifel, 1981).
La antropología relaciona la identidad con conceptos como tradición, racismo, etnografía y segregación social. La identidad se basa en la pertenencia a un grupo mayor, en donde los espacios urbanos pueden ser factor de identidad o parte de un proceso identitario (Agier, 2000). El proceso identitario es definido por Hall como un “proceso de convertiste, más que de ser” (Hall, 2005). La antropología también señala que “la memoria” permite responder a la pregunta ¿Quiénes somos?. Neill refiere a Hayden cuando plantea que el espacio puede proporcionar una sobrecarga de diferentes significados. El espacio es una manifestación de todas las formas que se conocen (vista, olfato, sonido, tacto y gusto) y esto lo convierte en una poderosa fuente de memorias (Hyden, 2004).
Para la sociología, la “identidad social”, se concibe como la vertiente subjetiva de la integración (Dubet, 1989). Los sociólogos de la corriente funcionalista afirman que mientras más compleja sea la sociedad mayor es la necesidad de identidad como orden social.  Commins y Lockwood señalan que un grupo social es visto como proveedor en función de una identidad social positiva por sus miembros mediante los cuales se comparan y se distinguen de otros grupos sociales (Taifel, 1981). Argumenta también que el contenido de las categorías, en donde las personas son asignadas en función de su identidad social, son generadas a partir de un largo periodo de tiempo, el origen y la formación de estas ideas son parte de la investigación de un historiador social.
Para Kathryn Woodward, las barreras y límites simbólicos de la identidad pueden causar efectos -grandes o pequeños-, en este sentido, Georg Kohler señala que cuando una persona se siente identificado con fuerza hacia otra persona –un efecto grande según Woodward-, más amenazante se vuelve cuando está cerca de nosotros (Kohler, 2004)
A pesar de las diferentes posturas, las disciplinas mencionadas coinciden en afirmar que  la identidad se estudia como un proceso de construcción, que los individuos van definiendo para sí mismos, en estrecha interacción simbólica con otras personas, “la identidad marca las diferencias” (Woodward, 1997)
Simon Pratt Adams, Meg Maguire y Elizabeth Burn, analizaron la identidad en la ciudad como un concepto dinámico y flexible, partían del hecho de que las identidades pueden estar enfatizadas en diferentes contextos urbanos y que la reconstrucción de la identidad, es donde los individuos puedan remarcar quiénes son y quiénes quieren ser (Pratt Adams, 2010)
Para los estudiosos del fenómeno urbano como Cliff Hague y Paul Jenkins, la identidad se relaciona con la planeación urbana, para estos autores la “identidad local” debe ser social y contractual, afirman que “el propósito de la planeación es crear, reproducir o moldear las identidades de un lugar a partir de la manipulación de las actividades, sentimientos, significados, y combinarlos para crear un lugar con identidad” (Jenkins, 2005).
Amerilink y Bontempo  reconocen que los seres humanos se cargan de significación del entorno en el que vivan, trabajen y se relacionen, este contorno influye en la construcción de la identidad al dar un sentido de pertenencia, no solo por las transformaciones, sino también por la serie de referentes naturales a partir de los cuales se reconoce “nuestro” lugar (Bontempo, 2006).
Benedict y Anderson relacionaron la identidad hacia la conformación del sentimiento nacionalista en el siglo XIX, usando la historia en los países Europeos y del sur este de Asia como referente.  Amundusen “definió  la identidad dentro de  un espacio geográfico y la identidad nacional dentro de un territorio o un estado” (Jenkins, 2005)
El concepto de modernidad ha modificado las formas de identidad y recobrado su importancia, sobre todo en las ciudades, en medio de los procesos de movilidad y globalización. Mike Featherstone señala que en 1991 Giddens asumió la globalización como una extensión de la modernidad y extendiendo el concepto más allá del tiempo, pero con ello, hizo a un lado las diferencias culturales, integró el mundo y abrió las fronteras para la multiculturalización, lo cual implica una forma de perder la identidad (Featherstone, 2002).
Arjun Appadurai explica el mundo global como una nueva fuerza de la imaginación en la sociedad actual, con la capacidad de considerar más posibilidades de vida de las que antes existían (Appadurai, 2003). Medina y Norbert Elias relacionan el crecimiento de las ciudades con el individualismo y la pérdida de cultura en medio de la modernidad. Medina explica el comienzo del individualismo con el acelerado crecimiento de las ciudades. Norbert Elias se centra en la importancia de la identidad de la persona como parte de un proceso social, que avanza de manera descoordinada –al no estar planificado-, afectando la estructura de la personalidad y sus hábitos sociales y, reconoce dos tipos de identidad, la propia y la grupal (Elias, 1991).
En síntesis, los conceptos de espacio, cultura e identidad –desde la perspectiva sociológica- son representaciones socialmente construidas, producto de un proceso. La identidad da muestra de pertenencia, pero a la vez, de diferencias con otros grupos, lo cual sustenta la cultura; que ha permitido a una sociedad llegar a “ser” (Arias, 2002, pág. 103). El espacio, la cultura y la identidad se materializan en la ciudad a través de símbolos, formas de convivencia, equipamiento, espacios públicos, entre otros y determinan la construcción de la ciudad, pero ésta también influye en la cultura y la identidad, estableciendo con ello una relación autopoyética4. Mientas las ciudades crecen, los modos de vida y las representaciones socioculturales que sus habitantes construyen, van transformando la ciudad. La identidad urbana como concepto implica un ejercicio de reconocimiento que se realizan en la investigación empírica.
En la ciudad se experimenta la vida social y por lo tanto, existe la posibilidad de llevar a cabo una práctica metodológica que permita entender desde diferentes perspectivas, la relación entre los procesos sociales y el espacio. Desde la ecología urbana a la antropología, de la sociología de los modos de vida a la semiología del espacio, se han aplicado trabajos de campo tales como los relatos o historias de vida, la observación participante, el análisis de redes o los mapas mentales (Lamy, 2006, pág. 216).

Los mapas mentales para el análisis de la identidad urbana

Existe evidencia empírica que da cuenta del estudio de la identidad en la ciudad, a partir de la perspectiva antropológica y social, sin embargo, no profundizan mucho en el diseño urbano que permita influir a su vez en la identidad; es decir, los estudios muestran cómo los espacios públicos en la ciudad reflejan la identidad de una sociedad, pero no han profundizado suficiente en cómo los espacios podrían modificarse para influir a su vez en la identidad.
En los estudios de Cliff Hague y Paul Jenkins analizan los cambios que suceden en lugares y su relación con la identidad y el compromiso del sector público como parte del proceso de planeación, lo cual se traduce en la conformación e integración de nuevos espacios en sus diversas dimensiones (nacional, regional o local); estudian el proceso de planeación para diseñar espacios dentro de la etapa de expansión de la ciudad, que permita recuperar la pérdida de identidad (Jenkins, 2005).
Ernesto Licona Valencia estudia la apropiación de espacios públicos en la ciudad de Puebla,  a partir de ello, resalta la importancia de los personajes, sucesos y lugares para lograr una refundación simbólica de la ciudad; aparte de observar la identidad, recurre a las significaciones para encontrar “el carácter” de los ciudadanos a través de los sentidos (olfato, oído, vista y tacto) así como la representación del lugar, en un mapa (Valencia, 2007).
Para el caso de México, Patricia Ramírez Kuri afirma que el espacio urbano se ha revalorizado, sus estudios sobre el centro histórico de Coyoacán, Ciudad de México, demuestran que los centros históricos son un espacio con “valor simbólico, identitario y urbano, son un recurso patrimonial, histórico-cultural y socioeconómico digno de preservación” (Kuri, 2009).
El primero en introducir el término de imagen mental fue el urbanista Kevin Lynch, en su libro “La imagen de la ciudad”  analiza el modo en que la ciudad se debe observar (Lynch, 1960). Kevin Lynch cambia la percepción del espacio e incluye a las personas como productoras de la imagen urbana utilizando los conceptos de “legibilidad” como un factor que contribuye el modo que los ciudadanos recuerdan la ciudad y la “imaginabilidad” como la propiedad de los objetos para despertar una imagen al observador. Para crear una coherencia visual y claridad al paisaje sugiere los principios del diseño urbano empleando una composición en la ciudad, usando elementos que conectan a las ciudades y estrategias para trabajar en problemas de percepción, elementos que necesitan estar conectados para expresar el cambio de la imagen de la ciudad.
En 1984 John R. Short en su obra “An introduction to Urban Geography” utiliza la metodología de Kevin Lynch para reafirmar la percepción social y la importancia de los mapas mentales, no sólo en los individuos sino también en las instituciones, afirma que el comportamiento de las personas en su ambiente urbano depende de su percepción (Short, 1987).
En 1974, Peter Gould en su el libro “Mental maps” describe la importancia de “nuestras” memorias e imágenes mentales que “tenemos” de las ciudades. Gould analiza la capacidad del humano para producir imágenes en su subconsciente sobre el tipo de lugares en donde quiere vivir dependiendo de los lugares conocidos (White, 2004), sus investigaciones pueden ser utilizadas como un referente metodológico para la realización de mapas mentales y recopilación de la información.
Después de la publicación de estos libros, los mapas mentales se utilizaron en diferentes casos, últimamente autores como R. Taylor, Karen Evans y Penny Faster en libros como “a tale of two cities: global change, local feeling and every day life in the north of England” dieron cuenta en 1992 de la utilidad de los mapas mentales como herramienta de información social. Taylor, Evans y Fraster utilizaron las memorias de las personas mayores como referente de los mapas mentales, ya que permitían analizar “el folklore” y “la memoria” de las personas (R. Taylor, 1996)
Wurman’s en sus libros Access, utiliza los mapas mentales para crear guías visuales de grandes ciudades, EdwardTuftle enfatiza la importancia de la comunicación visual y expresa que “lo que vemos es lo que obtenemos” (Amoroso, 2010).
En “The exposed city”, Nadia Amoroso describe los tipos de mapas que existen y del cómo la percepción de una persona de la ciudad puede ser descrita por medio de un mapa mental. Refiere a varios autores para comprender los diferentes usos de los mapas. Comienza describiendo los trabajos de Lynch, llegando a la conclusión de que: “una ciudad en la que sus ciudadanos pueden hacer un mapa con facilidad, es una buena ciudad” (Amoroso, 2010).
Existen al menos dos casos importantes que, empleando la metodología de mapas mentales, estudian la identidad urbana y llegan a conclusiones más específicas. El estudio de Martha de Alba publicado en 2004 aplica esta técnica basada en la teoría de las representaciones sociales, para analizar la Ciudad de México desde la perspectiva de la psicología y la sociología. El principal propósito de su estudio es representar gráficamente las sensaciones y percepciones de la gente, es decir, como la gente se imagina y vive la ciudad. El proceso metodológico que emplea el estudio inicia con la selección de una zona urbana, posteriormente se realizan recorridos y se sistematiza la información gráfica (fotografías) de lugares emblemáticos de la ciudad. Después se realiza el trabajo de campo –60 entrevistas- a un grupo de personas con características específicas (edad entre 25 y 50 años), de diferentes delegaciones, nivel socioeconómico medio y distintos niveles de escolaridad.
Las entrevistas consisten en señalar instrucciones a los entrevistados, y que ellos representen sus sensaciones en una hoja, mediante un dibujo y palabras. Primero se hace de manera individual y posteriormente una representación colectiva en cada uno de los lugares seleccionados más representativos. Una vez que se aplican las entrevistas, se enumera el orden en que los elementos gráficos que aparecen en el dibujo y se relacionan con las palabras empleadas; análisis que se apoya en el software AlCESTE (Análisis Lexical de Concurrencias en Enunciados Simples de un Texto). La evidencia empírica, resultado del ejercicio aplicado por Martha de Alba se puede sintetizar en:
Delimitación territorial: una tercera parte de los entrevistados comenzaron el dibujo con los límites del territorio.
Identificación territorial: una tercera parte asimila la ciudad igual al territorio geoadministrativo o demarcación previamente establecida.
Uniformidad: En promedio se representaron 18 lugares de la ciudad de México, 4 de ellos aparecieron en 4 de cada 10 entrevistados
Identidad del sitio: Casi la mitad de los elementos en los mapas se encuentran ubicados en un “triangulo cultural de la ciudad de México”
Asociación gráfica: más de la mitad (62%) representó los lugres con símbolos y no por el nombre del lugar.
En el estudio de “Visualizing mental maps of San Francisco”, Rachelle Annechino y  Yo-Shang Cheng también aplican los mapas mentales, con la finalidad de involucrar a las personas para expresar su percepción sobre el vecindario o ciudad, y entender la forma en que los residentes perciben su espacio en la ciudad y, de esta manera, crear un atlas de mapas mentales (Annechino & Cheng, 2011).
La metodología empleada consistía en aplicar 22 entrevistas semi-estructuradas dirigidas a residentes de la ciudad de San Francisco, en este caso las características de los entrevistados eran: ser residente de la ciudad y haber vivido por lo menos un año. Como parte del método, la entrevista se apoyó, a manera de prueba piloto, con rutas de los recorridos diarios de las personas, y expresarlas en mapas digitales; sin embargo, este ejercicio no prospero debido a la cantidad de tiempo y recursos que implicó; se recolectaron 57 mapas mentales elaborados por la gente del vecindario.
La información recabada se analizó en un software denominado “MaxQDA”, como uno de los resultados de la investigación se creó una página de internet para consultar el detalle del proyecto y realizar ejercicios empleando la técnica de mapas mentales. El estudio realizado partía de la hipótesis de que las historias personales, socialmente transmitidas crean sentido a los espacios, por ello se creó un mapa interactivo, a través de la página web, que representa la historia de cada espacio, “contada” desde la percepción de los ciudadanos. Los resultado de la investigación que se pueden identificar son:
Límites de espacio: casi todos los residentes marcaron un límite que no tenían claro, describieron los límites de los vecindarios como ambiguos y en un continuo estado de flujo, la ambigüedad obedecía a la concepción entre las fronteras naturales, las técnicas y las legales establecidas en la ciudad.
Orientación: Los residentes no tenían una orientación geográfica correcta de su vecindario y requerían de apoyo como las rutas de transporte para lograrlo.
Ubicación espacial: Debido a la falta de claridad en los límites y la orientación, confundían partes del vecindario con áreas comerciales -o no lugares- con lo que cual representaron “la ciudad llena de pequeñas ciudades”.
Identidad: asociada con “la satisfacción” de algunos residentes respecto los -no lugares- por ser espacios más “divertidos” que los residenciales.
Integración espacial: Las principales vialidades fueron representadas como “barreras” debido a que marcaban sectores y limitaban la movilidad peatonal o de medios de transporte como la bicicleta. La topografía también fue considerada como “barrera”, debido a la pendiente de algunos sectores de la ciudad que limitaban el tránsito.
Estos dos casos permiten identificar que los mapas mentales son una herramienta útil para el estudio de la identidad urbana, permiten asociar la percepción del individuo con el espacio y el grupo, a través de límites, la historia y la memoria, dan cuenta de la construcción e identificación de significados que dan pertenencia, identidad y cultura, como parte de un proceso.

Propuesta para el estudio de la identidad urbana en San Luis Potosí: Análisis de identidad mediante mapas mentales

La sociología urbana constituye el marco de referencia para entender los procesos sociales de construcción del espacio, entre ellos la cultura y la identidad urbana. La evidencia disponible y metodología de análisis de caso revisados coinciden en que la identidad urbana como proceso, se puede analizar en un periodo que abarca una generación (25 años), y se dirigen específicamente a seleccionar y entrevistar personas con características de residencia y edad.
El mapa mental es una técnica que permite analizar la identidad de los espacios públicos a partir de la percepción de la gente que cohabita y se relaciona con el espacio –su hábitat-.  El mapa mental se aplica mediante entrevistas en las cuales una persona interactúa con la gente del lugar, misma que secciona colores, palabras y formas para representar gráficamente la delimitación de sus sentimientos y pertenencia sobre los espacios.
Con la finalidad de identificar la percepción social de los espacios públicos en la ciudad de San Luis Potosí, se llevó a cabo una prueba piloto en un área de la ciudad, a partir de los conceptos y técnicas estudiados, se realizaron 30 entrevistas, a personas con características de antigüedad (edad), arraigo (residencia) en la zona, y representación de grupo social. Se identificaron cinco grupos sociales con diferente relación y percepción de su hábitat.
Existen pocas relaciones entre la conformación o pertenencia al grupo y su percepción sobre el espacio, ningún grupo delimita su espacio, únicamente la tercera parte del total de entrevistados estableció límites en el lugar, 13% se ubicaron con respecto al norte, pero todos ubicaron correctamente los espacios, es decir, identificaron plenamente la ubicación y relación de los espacios de su hábitat. La tercera parte de los entrevistados inicia su dibujo a partir del centro, con la referencia de un nodo y a partir de él ubican el resto de su hábitat. No existe una proporción entre los espacios dibujados y la realidad, ya que todos los lugares los dibujaron del mismo tamaño, lo cual da idea sobre la relación importancia-tamaño en la percepción.
A los entrevistados se les proporcionaron diferentes colores con la finalidad de que realizaran la imagen de su hábitat; no existe una gama de color identificada con claridad, el color que prevalece es el azul, en 9 de los 30 entrevistados, lo cual representa tranquilidad o estabilidad, según lo establecido por la psicología y la teoría del color; el morado es el segundo color más usado por los entrevistados, fue el único que repitieron entre los grupos, aunque en mucho menor proporción que el azul, lo cual representa la estabilidad del azul y la energía del rojo, “denota realeza”.
Imagen 1: localización e identificación de espacio por color y forma

En el hábitat estudiado, existen espacios abiertos y cerrados, en los cerrados se realizan las actividades sustantivas, mientras que los abiertos sirven de soporte e interacción, son –no lugares-. Los espacios cerrados son dibujados antes y sirven de referencia y distribución para los espacios abiertos, además denotan más los sentimientos de los entrevistados y la percepción. La mayoría de los espacios cerrados dan muestra de sentimientos positivos como alegría y tranquilidad, sin embargo existe uno que particularmente todos los grupos coinciden en asociarlo con sentimiento e imágenes negativas.

Durante el proceso de aplicación de la encuesta se presentaron varias actitudes asociadas al comportamiento social de los entrevistados, dos de los cinco grupos solicitaban información adicional sobre la forma de realizar el dibujo, lo cual identificaba duda para representar su espacio, mientras que los otros tres grupos, mostraron seguridad al dibujar su hábitat y seleccionar colores. La mayoría de los entrevistados lograron concentrarse y reflexionar sobre sus sentimientos y su relación con el espacio, existen lugares que representan los mismos sentimientos entre grupos lo cual permite identificar patrones sobre la percepción social del espacio.
Durante una parte de la entrevista, las personas tenían que ordenar palabras que representaban sentimientos, esta actividad la realizaron en general rápidamente, sin embargo, al asociar dicho orden con los espacios la velocidad de respuesta disminuyó drásticamente, los entrevistados mostraron duda y no existió un patrón claro de asociación, sólo una idea entre sentimientos positivos y negativos entre los grupos y su espacio. La prueba piloto permitió seleccionar los calificativos que permiten identificar socialmente a los espacios.
Finalmente, en cuanto a la pertenencia de los personas en los espacios, 22 de las 30 personas entrevistadas coincidieron en que “el lugar les pertenece”; es decir existe una percepción social de apropiación de su hábitat. Sin embargo es importante precisar que esta pertenencia está asociada a los principales lugares cerrados y pocos abiertos que coincidieron en todas las representaciones. Conforme se acercan a los límites de su hábitat, la pertenencia se diluye y existen diferencias en la percepción social.
Imagen 2: Síntesis de la percepción social y espacios

Los resultados de las entrevistas fueron generalizados a partir de colores y palabras que permitían encontrar coincidencias en la asociación, se elaboró un plano síntesis que diera cuenta de la identidad e imagen construida socialmente a partir de la percepción, se ubicaron los espacios cerrados (morado) y abiertos (amarillo) que representan tranquilidad y pertenencia.

Reflexiones finales

Esta breve síntesis de relaciones teórico-metodológicas permitieron identificar el margo general, -la sociología urbana- y el práctico -los mapas mentales- para la realización de un estudio sobre identidad urbana, a partir de variables como la edad, años de residencia, colores, tamaños y formas.
Un estudio de identidad urbana con los principios identificados podría ayudar –a manera de hipótesis- a definir debilidades y fortalezas de los espacios públicos a través de la percepción de sus ciudadanos, con ello establecer lineamientos de política pública y diseño urbano para integrar mejor a la sociedad, aprovechar mejor la ciudad y generar una cultura urbana –tan necesaria hoy en día-.
En la actualidad, el estudio de la complejidad urbana exige la formación de profesionistas multidisciplinarios que se complementen con perfiles diferentes pero con un objetivo común. Esta interdisciplinariedad busca entender conceptos integrales y proyectos con una amplia visión. Los diseñadores urbanos y del paisaje deben orientar su quehacer, hacia la construcción de espacios urbanos con forma, función e identidad urbana.
En los espacios centrales del hábitat estudiado se identifica una percepción social de pertenencia e identificación, son “buenos espacios”, y una identificación de no-espacios o áreas de transición hacia la periferia del lugar, que incluso se ve amenazada por la falta de límites claros que especifique “hasta dónde llega nuestro espacio”.

Bibliografía

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1 Maestro en Estudios Urbanos (COLMEX), Universidad Autónoma de San Luis Potosí / Facultad del Hábitat. benjamin.alva@uaslp.mx balvaf@gmail.com Tel: 444 826 2312 al 15

2 Estudiante de la Licenciatura en Diseño Urbano y del Paisaje, Universidad Autónoma de San Luis Potosí / Facultad del Hábitat

3 Es aquella comunidad que utiliza de manera estratégica e intensiva las tecnologías de la información y comunicación para transformarse y crear valor económico, social o político (INFOTEC, 2008).

4 La autopoiesis o autopoyesis es un término que nace de la biología, propuesto por los chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela para referirse a la organización y condición de existencia de los seres vivos en la continua producción de sí mismos. Es adoptado en la sociología por el alemán Niklas Luhmann.

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