DIVERSIDAD CULTURAL, IDENTIDADES Y TERRITORIO: ADSCRIPCIÓN, APROPIACIÓN Y RE-CREACIÓN

Héctor Ruíz Rueda
Leif Korsbaek
Ricardo Contreras Soto

El sureste de Guanajuato a través de su danza tradicional. Una región multicultural. Dr. Alejandro Martínez de la Rosa

Departamento de Estudios Culturales
Universidad de Guanajuato, campus León

Correo: de_la_rosaalejandro@hotmail.com, amdelarosa@leon.ugto.mx

Resumen:

En la presente ponencia mostraré los resultados de mi investigación de campo realizada en la región del Bajío, en la cual se identificaron y documentaron las tradiciones dancísticas de la región sureste de Guanajuato, la cual colinda con el estado de Michoacán. Los municipios en los cuales se realizó el trabajo de campo en el lapso de año y medio fueron Valle de Santiago, Jaral del Progreso, Cortazar, Yuriria, Salvatierra, Moroleón, Uriangato, Santiago Maravatío, Acámbaro, Jerécuaro, Tarandacuao y Coroneo. A partir de esta investigación, demostraré por que esta región no debe ser definida por su relación con la influencia cultural purépecha solamente, ya que en ella comparten espacio tradiciones con otras influencias, por lo que es una región multicultural.

Entrada

Guanajuato es un estado de la República Mexicana poco estudiado en cuanto a sus manifestaciones dancísticas, comparado con otros estados de la macroregión centro-occidente, no existen demasiados estudios profundos de historia oral o de análisis, pero no por ello habrá que pensar que no cuenta con una rica variedad de expresiones artísticas tradicionales. Varias son las causas por las cuales el patrimonio inmaterial de Guanajuato no es conocido por la amplia mayoría de la población, pero no me toca hablar de ello en esta comunicación. Sin embargo, a nivel nacional, desde el año 2003 México ratificó ante la UNESCO la Convención para la Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial, en el cual están incluidas la música y la danza, por lo cual es impostergable el estudio de esas tradiciones en el estado, ya que algunas expresiones están a punto de desaparecer, por lo que es necesario documentarlas.
Debido a lo anterior, en la presente ponencia mostraré los resultados de mi investigación de campo realizada en la región del Bajío, en la cual se identificaron y documentaron las tradiciones dancístico-musicales de la región sureste de Guanajuato, la cual colinda con el estado de Michoacán. Los municipios en los cuales se realizó el trabajo de campo en el lapso de año y medio fueron Valle de Santiago, Jaral del Progreso, Cortazar, Yuriria, Salvatierra, Moroleón, Uriangato, Santiago Maravatío, Acámbaro, Jerécuaro, Tarandacuao y Coroneo. A partir de esta investigación, demostraré por qué esta región no debe ser definida solamente por su relación con la influencia cultural purépecha, ya que en ella comparten espacio tradiciones otomíes y mazahuas, por lo que es una región multicultural.

Regiones económicas y regiones culturales

Al tener el objetivo general de delimitar desde un punto de vista cultural las regiones específicas de Guanajuato que no partan exclusivamente de las características físicas del territorio (clima, orografía, vegetación, etcétera) sino de ciertas relaciones humanas las cuales históricamente hayan fortalecido los lazos de intercambio cultural en la zona, expondré de manera sucinta las manifestaciones dancísticas tradicionales de una de sus regiones: el sureste, para identificar subregiones.
La pregunta inicial de esta investigación es ¿Qué espacio ocupa la región del Bajío en el actual estado de Guanajuato? Si revisamos rápidamente una monografía estatal editada por la Secretaría de Educación Pública, observamos que el estado puede dividirse en cinco regiones “geográfico-culturales (o geoculturales), tomando en cuenta características de su paisaje, tanto físico como humano. Todas ellas tienen nombres tradicionales, mantenidos desde hace mucho tiempo” que son los Altos, la Sierra Gorda, la Sierra Central, el Bajío y los Valles Abajeños (Guanajuato, 1989: 14).

Lo anterior sirve para delimitar de manera preliminar las zonas de estudio. Con respecto a las regiones que forman el Bajío vemos que son dos: el Bajío propiamente dicho y los Valles Abajeños, ya que los “valles abajeños de alguna manera son considerados continuidad del Bajío”, aunque se mencione también que es una zona “más integrada a Michoacán no sólo en términos geográficos sino económicos y culturales desde tiempos remotos”, lo cual marca cierta contradicción — que podría ser una subregión cultural del norte de Michoacán más que de Guanajuato— (Guevara, 2001: 70-73).
Otra delimitación la aporta el historiador David Charles Wright Carr, quien propone:

el Bajío se define como el conjunto de planicies —con una altura de 1 600 a 2 000 metros sobre el nivel del mar— ubicado en la parte meridional de los estados de Guanajuato y Querétaro. Su límite meridional es el río Lerma. Abarca los valles de varios afluentes, los cuales bajan desde el norte y el oriente: los ríos Turbio, Guanajuato, Laja y el sistema de los ríos Querétaro, Pueblito y Apaseo. En su extremo oriental, el Bajío llega hasta el río San Juan, único de esta región que fluye hacia el Golfo de México, a través del sistema de los ríos Moctezuma y Pánuco. El Bajío abarca las ciudades actuales de Pénjamo, Irapuato, Silao, Guanajuato, Salamanca, Celaya, Comonfort, San Miguel de Allende, Dolores Hidalgo, Apaseo el Grande y San Juan del Río (Wright, 1999: 7).

Una última delimitación que citaremos es la que aparece en Breve historia de Guanajuato, la cual marca “tres regiones que dividen a la entidad horizontalmente en norte, centro y sur” a partir de “la problemática geográfica, climática y el nuevo ámbito socioeconómico”, mencionando que la región norte es la más pobre, la centro es la más industrializada y con los mejores suelos, y la región sur presenta un desarrollo económico intermedio (Blanco, Parra y Ruiz, 2000: 241-242).
De las tres delimitaciones utilizaré la primera, pues es más específica y podrá fundamentar las diferencias entre subregiones culturales. La segunda se basa únicamente en aspectos físicos, que después el mismo autor completa con evidencia histórica, pero no avanza más allá del siglo XVI. La última es bastante general y remarca sólo índices de desarrollo socioeconómico, por lo que no será utilizada mas que en términos generales.
En realidad, no se han determinado diacrónicamente los límites de la civilización purépecha y otomí en las postrimerías de la llegada de los españoles, mucho menos con los grupos llamados chichimecas (Cervera, 2009: 61-73). Por supuesto, esta investigación de largo aliento podría llevarse varios años de investigación de archivo y de campo, con la indispensable organización de un equipo interdisciplinario. Por lo pronto, mi trabajo de campo partiendo del sureste de Guanajuato, ya que he localizado subregiones diferentes en esa zona, la cual llamaremos de manera preliminar de “los valles abajeños”, en donde existen tradiciones dancísticas distintas a otras subregiones del Bajío.

El Bajío y los Valles Abajeños a partir de su danza

Los trabajos previos sobre manifestaciones dancístico-musicales en la amplia región del Bajío son pocos y se reducen a estudios sobre alguna variante de las llamadas danzas de concheros. Sin embargo, como lo veremos al examinar la bibliografía, existen aún muchas lagunas y bastantes generalizaciones; ni que decir de los trabajos sobre otras danzas de la región. La justificación para iniciar el estudio a partir de las danzas tradicionales, es que son las expresiones que tienen menos cambios al paso del tiempo, debido principalmente a su carácter ritual.
Dentro de los estudios sobre danzas de Guanajuato a la mano, el más analítico es el que realizó Carlo Bonfiglioli en el libro Las danzas de Conquista (1996: 91 y ss.). En él menciona cuatro grupos de danza del barrio del Valle del Maíz en San Miguel Allende “dos de chichimecas y franceses y dos de apaches, unos y otros llevan el nombre genérico de rayados, debido justamente a la rayas que llevan dibujadas en la cara”, y explica en una cita que la “región del Bajío” es una “Zona geográfica que comprende el sur de Guanajuato, el occidente de Querétaro y el norte de Michoacán”. Según un informante del Valle del Maíz, la danza de chichimecas y franceses se comenzó a “degenerar” hasta sólo tener un bando único, para llegar a ser definida como danza de apaches, lo cual es interesante, pues implica saber si esto se dio sólo en San Miguel de Allende o es un proceso que explicaría que son danzas con un origen común, pues en la actualidad siguen existiendo ambas versiones.
Más adelante, Bonfiglioli destaca un “renacimiento dancístico” sanmiguelense que trasciende “el micro-territorio urbano, por lo que el elenco podría extenderse a todo el Bajío, región que, dancísticamente hablando, bien podríamos llamar de la ‘chichimeca’”. Líneas después hace una comparación de la danza de apaches con “una danza muy emparentada, la de concheros”, asumiendo que no son las mismas (Bonfiglioli, 1996: 93). Por supuesto, a lo largo del país existen varias danzas también llamadas de apaches, por lo que es una categoría ambigua, e incluso, el usar conchas para acompañar la danza no era exclusivo de las danzas del Bajío, por lo que sería interesante saber si tienen relación con danzas chichimecas anteriores, y si también son distintas a las danzas de concheros, puesto que algunos investigadores engloban todas ellas.
Yolotl González Torres hace una buena revisión de la bibliografía sobre “danzas de concheros”, mencionando que existe “una crónica del siglo XVI acerca de una importante batalla que hubo en Querétaro entre los indios chichimecas conversos y los paganos, episodio mítico de la danza de los concheros”, siendo un referente emic; después aparecen “algunas descripciones de indios ‘salvajes’ que bailaban con flechas y plumas en la cabeza en la región del Bajío”. Luego menciona que Francisco Domínguez refiere una danza de apaches en Chalma en 1931, y que Higinio Vázquez Santa Ana describe “las danzas de Guanajuato, a las que llama de apaches” aunque dancen con conchas, y “Por otra parte, a los que llama ‘de la Conquista’ cuya danza representa precisamente la Conquista, indios contra españoles” (González, 2005: 14-15). De este autor, Yolotl González se queja de que sus datos resultan caóticos, pero tal vez, se trate de danzas distintas, a las cuales la autora se empecina en generalizar dentro del espectro de danzas de concheros: “los concheros conforman una red de danza, con relaciones muy complejas entre sí y han sido conocidos también con los nombres de hermanos de la Santa Cuenta, hermanos de Arco y Flecha, apaches, danza de conquista, danza azteca y danza chichimeca”, y que todos estos nombres son diferentes por ciertos factores de su quehacer: “El nombre de hermanos de la Santa Cuenta se debe a los rituales nocturnos que llevan a cabo en honor de los muertos; el de hermandad de Arco y Flecha es mencionado para los danzantes del Bajío desde el siglo XIX; el de apaches era un término despectivo con el que se les identificaba por las plumas que llevaban en la cabeza; danzantes de Conquista, por la conquista que hacían para el cristianismo […] y por las conquistas de otros grupos de danza, danza chichimeca y danza azteca por el supuesto origen de las danzas”.
A pesar de lo anterior, la autora cita a un jefe de danza que narra “Un capitán de danza del Bajío no podía cruzar a Tenochtitlán y un capitán de aquí no podía ir al Bajío sin un permiso especial” y que un informante “aseguraba que cuando era niño había quien los llamaba ‘guamaros’ en San Miguel de Allende, ‘guachichiles’ en Comonfort e incluso apaches”, los mismos nombres de grupos indígenas que vivían en la región a la llegada de los españoles (Blanco, Parra y Ruiz, 2000: 33-34). Al respecto, la autora menciona en nota al pie que:

Sería importante hacer un estudio posterior en relación con los nombres y las diferencias entre los distintos grupos, así como sus relaciones, pues en ocasiones los llamados “apaches” tienen características especiales, igual que los chichimecas o mecos. También están muy vinculados con los rayados, los broncos y los contradanzas, que se caracterizan por no tener que ver con la Iglesia (González, 2005: 48-49).

Por lo anterior me parece importante realizar un trabajo de campo más fino y poder definir un poco las diferencias entre estas danzas. El problema fundamental se basa en el “proselitismo” de los concheros y las danzas aztecas, las cuales van “conquistando” lugares fuera de la región en donde se representaban estas danzas en el siglo XIX. Sin embargo, a pesar de todo lo expuesto, no habría que generalizar que el sur de Guanajuato es una región cultural “chichimeca”, pues estas danzas no aparecen, hasta donde sabemos. en los municipios de Yuriria, Moroleón, Uriangato, Santiago Maravatío, Salvatierra, Jerécuaro, Tarandacuao y Coroneo, Guanajuato, por lo que habría que establecer el límite cultural de esa región con respecto a la de la faja central de Guanajuato y a la meseta purépecha, puesto que dos de las danzas existentes en los valles abajeños, la de palo y la de sonaja no aparecen en otros municipios, y a que los centros ceremoniales alrededor de la zona mantienen fuertes correlaciones culturales con grupos no purépechas.

La danza tradicional a finales del siglo XX

Antes de comenzar a describir tal regionalización, es necesario revisar dos trabajos que contienen información sobre la existencia de danzas que se llevaban a cabo en Guanajuato en las últimas dos décadas del siglo XX. Uno de esos documentos es el libro Fiestas de México (1983), el cual es una guía de índole turística, la cual sólo menciona datos generales de lo que uno puede observar en fechas y lugares específicos, sin hacer descripciones profundas, sin embargo, es de los pocos trabajos que intentan mencionar las fiestas que se realizan en todo el estado de Guanajuato. Las fiestas están clasificadas por estado de la República, y en cada estado se sigue un orden alfabético dependiendo del lugar en donde se lleva a cabo. Para su revisión, sólo mencionaré las fiestas del sureste en donde hay danza:

 

A continuación muestro las danzas del sureste de Guanajuato citadas en el texto (Yuriria, Acámbaro, Celaya y Santiago Maravatío):

Aztecas
Chichimecas y Pames
Franceses
Inditos
De las jícaras
Moros
Pastoras
Del Plumero
Sonajeros (3)
Del Venado
Viejitos

Varias de las danzas no se representan actualmente en las fiestas mencionadas. Incluso, algunas de las danzas referidas, seguramente no son de Guanajuato, sino que fueron grupos invitados de otros estados, o pertenecientes a ballets folklóricos, como la del Venado o de los Viejitos.
Otro estudio que menciona la danza en el estado de Guanajuato es un artículo de Luis Miguel Rionda (1990: 79 y ss.), el cual se organizó de acuerdo a regiones específicas dentro del estado, las cuales fueron: Valles del Bajío Sur, Bajío y Corredor Industrial, Bajío leonés, Sierra y Altos, y Sierra Gorda. Las que nos interesan son la primera y parte de la segunda.
De la primera región se menciona que ahí se encuentran los tunditos, de chirimía y tamborcillo, con que se acompañan algunas danzas, o “grupos como el dúo ‘El Colorado’”, de Jaral, de violín y guitarra, “que acompasa la danza de sonaja”. Entre las danzas, se mencionan como del lugar la de “la Sonaja” (Jaral del Progreso), la de “Paloteros” (Piñícuaro, San Lucas y Yuriria), la de “Moros y Cristianos” (Coroneo), la de “la Granada” (Moroleón y Uriangato), la de “Mojigangas” (Acámbaro y Yuriria), la de “Borrachos” (Yuriria, barrio de Tareta), la de “Los Pescadores” (Yuriria, barrio de Santa María), la de “La Pluma” (Jaral), la de “Concheros” (Jaral), la de “Panaderos”, la de “Locos”, la de los “Inditos”, la del “Cucunito”, entre otras.
En la segunda región hay danzas “en serio riesgo de desaparecer o degenerar”, como la Danza de las Ceras en Salamanca; la de Franceses y Mexicanos en Celaya; la de Apaches, Compadres, Vals, Sonaja, Torito y Viejitos en Comonfort; la de Negritos en Huanímaro; Concheros en Santa Cruz de Juventino de Rosas, Pénjamo y Cuerámaro.

Danzas del sureste en la actualidad

A partir del trabajo de campo que he podido realizar durante cerca de dos años es claro que no sobreviven todas las danzas arriba referidas. A partir de los resultados obtenidos, presento las danzas registradas por fecha del año en el sureste de Guanajuato:

 

Una regionalización a partir de la danza

Con el avance que llevo en mi investigación puedo proponer una regionalización y determinar algunas generalidades interesantes para el análisis diacrónico de algunas manifestaciones dancísticas específicas.

Región Yuriria-Puruándiro

Después de asistir a la fiesta de Yuriria, sabemos que la danza de viejitos y del Pescado que asisten son un ballet folklórico de Pátzcuaro, y que la danza de Chichimecas proviene de Jaral del Progreso. En relación con la danza de Palo (de Paloteo o de Paloteros), existen grupos desde Puruándiro, Villa Morelos y Huandacareo, Michoacán, hasta los municipios de Uriangato y Yuriria. Aún no tenemos información si se interpreta en el de Moroleón. No se interpreta en Santiago Maravatío, en Salvatierra, en Jaral ni en Valle de Santiago. Al parecer esta danza muestra tener el vigor para mantenerse en un estado de permanencia constante. Por tradición oral, sabemos que la danza tiene por lo menos cien años en la región y que proviene del estado de Guanajuato, a decir de los danzantes michoacanos.
La danza de Sonaja o Sonajeros se presenta en Victoria de Cortazár, Santiago Maravatío, San Nicolás de los Agustinos y Yuriria. La música que se ejecuta para esta danza es con violín y tambor, interpretada solamente por un violinista de Yuriria, por lo que podemos inferir que su música se perderá dentro de poco y se extenderán los grupos de danzantes que bailan la danza de sonaja con música de banda, como ya se hace en Victoria de Cortazar o en Acámbaro. Estos sonajeros con banda son ballets de escuelas, las cuales retoman tanto los pasos de danza de sonaja y otros “cuadros” del país, en los que la indumentaria se cambia según el gusto del profesor.
Ciertamente, otras danzas han desaparecido en las últimas décadas, pues no hemos podido apreciar la de Panaderos, la de la Granada, la del Cucunito, la de Moros y cristianos, y la de Borrachos, que sólo se representa en Moroleón, y existen grupos de Locos o Locas y de Mojigangas, que mucha gente mayor no considera como danza, sino como ”relajo”, lo cual puede deberse a que han perdido una estructura discursiva o porque realmente nunca la tuvieron.
Otras danzas registradas en los trabajos anteriores son invitadas de fuera, por lo menos desde hace cincuenta años, entre ellas, la de la Pluma o Plumero, la de Inditos, la de Viejitos y la del Venado.

Regiones de Araró y del Cerro de Culiacán

Esta región está determinada por los Centros ceremoniales de Araró y Cerro de Culiacán, el cual conjuga danzas de concheros principalmente, al menos en las últimas décadas. Puede ser dividido en dos subregiones, aunque existen lazos entre Celaya, Valle de Santiago, Jaral del Progreso y Acámbaro. Los danzantes de Araró provienen de la parte noreste de Michoacán, de todo el poniente del Estado de México, y de Acámbaro y Jerécuaro, en el estado de Guanajuato. Además hay presencia mazahua de San Felipe del Progreso y purépecha, aunque ésta última es más fuerte en el ámbito comercial que en el festivo. La danza de Moros y cristianos que se preserva en Coroneo, es una tradición recesiva, que no se presenta en otras poblaciones de la zona de Araró Los danzantes del Cerro de Culiacán provienen principalmente de Celaya, Jaral del Progreso, Valle de Santiago y, hasta hace algunos años, de Yuriria. En el cerro de Culiacán se unen las expresiones de danzas Aztecas y Concheros con las danzas de Chichimecas y franceses del Noreste de Guanajuato.
Por supuesto, ambos centros ceremoniales serían núcleos fuertes dentro de otras relaciones con las zonas aledañas, pero me parece pertinente aclarar que tienen distinto repertorio de danza, tanto en Acámbaro como en Celaya y Valle de Santiago, por ejemplo. También cabe apuntar que los regidores de Araró mencionan que antes no había danza Azteca, sino puros Concheros. La relación actual surge al parecer de que grupos de Concheros del Estado de México han conquistado a otras danzas Aztecas del Distrito Federal. Por tradición oral sabemos que Acámbaro fue conquistado por danzas del poniente del Estado de México, aunque cabría hacer un estudio muy profundo sobre repertorios dancístico-musicales, pues lo que queda claro es que estos danzantes no tienen una relación fuerte con las danzas de Concheros de Querétaro. Seguramente la relación entre danzantes de Araró y el Cerro de Culiacán no tiene más de treinta o cuarenta años, pero podemos afirmar que en veinte años se habrá consolidado tal relación.

La danza como testigo de la historia

Al preguntarse por los motivos de estas regionalizaciones es posible caer en generalizaciones y cierta idealización en un tema en el que no hay suficientes fuentes para hacer un seguimiento histórico; sin embargo, es posible partir de ciertos datos en la búsqueda de respuestas.
El sureste de Guanajuato se concibe como una zona de influencia purépecha por dos cuestiones: una es la toponimia de los principales asentamientos a la llegada de los españoles, la otra es la historia contada en la Relación de Michoacán (Alcalá, 2008), en donde varios autores observan que la región fue conquistada por los purépechas (Tapia, 1957); sin embargo, en este documento, el más importante para la historia tarasca, no aclara si este dominio se dio durante un largo periodo o si los pobladores solamente eran tributarios de los purépechas, por lo que conservarían ciertos rituales.
Para el momento de la colonización, David Wright ha hecho un trabajo importante en determinar que la cultura otopame fue fundamental antes y después del siglo XVI (Wright, 1995: 24 y ss.), y por ello es que aún mazahuas visitan poblaciones de los municipios de Tlalpujahua y de Zinapécuaro en Michoacán, y que en Araró se sigue subiendo al cerrito, tradición que aparece en toda la faja otopame entre Guanajuato y Querétaro y que no aparece con los purépechas. También que las danzas de Concheros y de Aztecas de los municipios de Acámbaro y Jerécuaro tienen relaciones con sus compadritos del Estado de México (mazahua-otomíes del sur), y entonces las danzas Aztecas de la Sierra Gorda, de Apaseo el Alto y de Celaya tienen más relación con sus hermanos de Querétaro (oto-pames del norte).
Por otro lado, las danzas de chichimecas, en donde se enfrentan a machete, son totalmente distintas a las danzas de Concheros y a las Danzas Aztecas, y representarían una emulación de los antiguos pobladores guamares-guachichiles, y su región dancística actual partiría del centro ceremonial del Cerro de Culiacán hacia el norte.
Por último, la subregión que va de Puruándiro a Salvatierra no presenta actualmente danzas de Concheros o Aztecas, y tampoco danzas de Viejitos, porque son invitadas de fuera. En esa misma zona, habría que comparar la indumentaria de las danzas de pastoras mazahuas con la de Sonaja (que es distinta a la danza de Sonajeros de Jalisco, en Tuxpan, por ejemplo), o realizar comparaciones con danzas tlaxcaltecas, pues hubo movilización de tlaxcaltecas durante la Colonia, pues los sonajeros estuvieron en una zona más amplia que la actual. En el caso de la danza de Paloteo, hay que verificar su antigüedad, pues los grupos del lado Michoacán aseguran que la danza viene de Yuriria o de Piñícuaro.
Aún queda mucho por investigar, pero este es un llamado a buscar en las danzas tradicionales de Guanajuato una manera de demostrar que las relaciones interétnicas aún tienen presencia en las manifestaciones tradicionales de un Guanajuato que durante décadas olvidó su fuerte pasado indígena.

Bibliografía

Alcalá, Fray Jerónimo de, Relación de Michoacán, México: El Colegio de Michoacán, 2008.
Blanco, Mónica, Parra, Alma y Ethelia Ruiz Medrano, 2000, Breve historia de Guanajuato. México: FCE / COLMEX.
Bonfiglioli, Carlo y Jesús Jáuregui, 1996, Las danzas de Conquista. I México contemporáneo. México: FCE / CONACULTA.
Cervera Delgado, Cirila, 2009, Pueblos indígenas de Guanajuato en el siglo XVI. Continuidad y conocimiento. México: Universidad de Guanajuato.
Fiestas de México, 1983, México: Panorama editorial S. A.
Guanajuato. Cerros y bajíos, testigos de la historia. Monografía estatal, 1989, México: SEP.
González Torres, Yolotl. Danza tu palabra. La danza de los concheros. México: CONACULTA / INAH / Plaza y Valdés editores. 2005.
Guevara Sanginés, María, 2001, Guanajuato diverso: Sabores y sinsabores de su ser mestizo. México: Ediciones La Rana.
Rionda, Luis Miguel, 1990, “Las culturas populares guanajuatenses ante el cambio modernizador”, en Revista Relaciones, no. 41, vol. XI, invierno, El Colegio de Michoacán A. C.
Tapia de Vizcaíno, Gloria “El Señor de Araró, Mich.” En Anuario de la Sociedad Folklórica de México, Núm XI, México, 1957.
Wright Carr, David Charles, 1995, La Conquista del Bajío y los orígenes de San Miguel Allende. FCE / Editorial de la Universidad del Valle de México.

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