DEBATE DEL MULTICULTURALISMO Y FILOSOFÍA. MIRADAS CRUZADAS.

Nicolás Gerardo Contreras Ruiz
Juan Francisco Novoa Acosta

Introducción

El reconocimiento del carácter múltiple, diverso de la condición humana no sólo ha desplazado la reflexión hacia otras zonas que la lectura del mundo de la modernidad mantenía en la indiferencia, negándoles no sólo valor sino toda suerte de legitimidad. Asimismo, ha venido a extender la dimensión de la inflexión del cuestionamiento sobre el criterio de la existencia de una sola cultura portadora del cuadro axiológico y preceptivo, perfectos, para dar estabilidad y regularidad a la dinámica de la vida en común, y postular los fines del conjunto del componente humano planetario, de las culturas históricas. Una situación que ha venido impulsando al discurso de la filosofía a volverse sobre sí mismo, a replantear el margen de sus preguntas, a reformular sus actividades, problemas, propuestas y proyectos. Algo que lleva a considerar la otra faceta de su expresión, su envés, aquello en lo que, a la vez que aparece dispuesto en el espacio de las tendencias del pensar contemporáneo —las corrientes analítica, fenomenológica, hermenéutica, personalista, marxista, estructuralista, etcétera—, se entiende perteneciente a una situación, a un contexto específico, a la particularidad de un dominio cultural desde donde salen a su encuentro cuestiones propias de ese ambiente real que exigen ser abordadas en un pensar diferente, una reconsideración a propósito de los vínculos con sus tradiciones, del acontecer de sus condicionamientos y el margen de sus posibilidades. Una disposición histórica donde el emplazamiento a una nueva toma en cuenta de la relación entre lo universal y lo particular, sale al paso con una intensidad apremiante, exigiendo otros modos de discusión y respuesta en el plano cultural. Una dirección opuesta, en el terreno de las concepciones teórico-filosóficas y científico sociales a los esquemas que entienden a lo cultural como un ámbito monocorde e invariante.
¿Es la cultura una realidad de lo humano que debe ser comprendida a la manera de una unidad homogénea, donde sus manifestaciones diversas son sólo entidades de hecho, una suerte de defecto en el curso histórico de la especie humana que será superado en algún punto del tiempo por venir? Por el contrario, ¿habría que entender a la diversidad cultural como algo insuperable o irresoluble, que más que una cuestión de hecho remite a una cuestión de derecho y, por ello, precisa de ser asumida antes como una virtud que como un defecto? ¿Ambas posiciones son de suyo, fatalmente excluyentes, es decir, la adopción de una implica necesariamente el rechazo de la otra? ¿Reivindicar una posición en favor de la multiplicidad cultural conduce obligadamente a la defensa de un relativismo que agota su perspectiva en el apoyo en sí y por sí del valor de las particularidades culturales existentes, dejando el camino abierto a la dispersión donde todo estaría permitido? ¿Cuál es el valor de la diversidad y particularidad culturales? ¿Es pertinente un pensamiento que apueste por otra forma de relación entre lo particular y lo universal, que no conduzca a la suposición de procesos dispersantes o uniformizantes? Todas ellas son cuestiones de formulación obligada ante las condiciones del escenario del mundo actual para la actividad de la filosofía, permitiendo la ampliación de los márgenes de reflexión y discusión, convocando compromisos a su elucidación y mejor comprensión. Todas ellas preguntas impostergables que demandan pensar más allá del dominio empírico de un pragmatismo agotado en los límites de la utilidad ramplona, de la razón instrumental o estratégica que domina el panorama del tiempo presente. La necesidad de un desplazamiento hacia el ejercicio de un pensamiento aspectal a la manera de la propuesta de Carlos Pereda que ve en ello una actividad reflexiva capaz de detenerse, de demorarse en los detalles de una cuestión desde las distintas perspectivas en que se ofrece, sopesando, matizando, separando y relacionando sus variadas facetas, penetrando en sus aspectos. Disposición a un examen minucioso de los pormenores del asunto cuestionado a partir de sus matices, sus puntos intersección con otros elementos. En suma, una reflexión capaz de elaborar con cada paso de su recorrido lo particular y la tensión entre lo particular y lo general.1
Desde esa orientación, una ubicación filosófica de la época a la que asistimos, puede ser situada en la filosofía de la cultura, lo que no lleva a suponer que habría que tomar a este campo a la manera de un aspecto particular más de ese territorio del conocimiento que es el discurso de la filosofía. De ello cabría más bien hablar de una forma integral, holista y decisiva del operar del pensamiento filosófico. En otros términos, la actividad filosófica tiene en la cultura —espacio y fuerza que se expresa heterogéneamente y de modo intricado, en simbolizaciones diversas— su perspectiva temática, su ámbito ineludible de referencia y de cuestionamiento. Pero no sólo esto, la actividad filosófica misma conforma un aspecto cultural manifiesto en la potencia humana creadora que atestigua el lado digno y dignificante de la propia cultura, una de sus traducciones más altas que vendría a concretarse en la orientación de la condición de lo humano hacia la apertura, la posibilidad, en suma, hacia el ser-más. De acuerdo con esto, estamos entonces frente a una pluralidad, una multiplicidad de formas de esa intensidad —la cultura—, un escenario que discurre en medio de la complejidad y el conflicto. Terreno problemático cuyo trato desde el hacer de la filosofía y de las ciencias sociales, se despliega en función de criterios y posiciones diversas de las que tiende a destacar, debido al nivel de enriquecimiento de los procesos de reflexión y discusión por ello propiciados, lo que se ha dado llamar multiculturalismo. Todo un espacio teórico en cuyo seno se alojan intervenciones discursivas en amplia disposición al debate en la oferta de una argumentación apropiada en favor de las apuestas propias, y a la obtención de acuerdos.


Los trabajos que a continuación presentamos, constituyen comunicaciones sobre temas concernientes a la cuestión de la cultura. Se trata de aportaciones que intentan contribuir, desde el campo la filosofía y de algunas de las disciplinas de la ciencia social, al diálogo, a la disputa cordial, sobre ese terreno intricado del multiculturalismo. Son también productos de un esfuerzo propio por pensar y proponer temas de reflexión pertinentes respecto de nuestra realidad, cada vez más demandante de formas alternas de reflexionarle, de encuentros comunicativos, de influencias sin plegamientos y de colaboraciones recíprocas.
Abre nuestro trabajo colectivo la contribución de Rafael Andrés Nieto Göller, “La subordinación de los pueblos: ni determinismo teológico ni físico”. Su propuesta estriba en el necesario cuestionamiento de la visión aceptada de manera natural, que tiende a ubicar las formas de relación interhumana desde el prisma de un darwinismo exacerbado, que supone el reforzamiento de la opresión, el exceso del sometimiento por quienes detentan las posiciones del privilegio económico y político sobre los que aparecen fuera de ellas, los omitidos, los postergados. Nieto Göller sugiere llevar la discusión al plano de la relación entre la cultura con los momentos parcelarios de la economía y de la política en las condiciones de existencia social actual, donde la primera se encuentra sometida a la fuerza de las segundas manifestaciones de la socialidad humana. Se trata de una relación entre las cuestiones de lo particular —la economía y la política— con lo general —la cultura—, a la que hay que situar no en función de la “inteligencia tuerta” que caracteriza varias de las formas de lectura de lo real de Occidente, y que agota su dimensión en los dominios ideológicos de un determinismo teológico o físico, sino en un pensamiento abierto a la posibilidad de inversión de esa relación que instala a la cultura como puente de enlace, para dar a la vida en común un sentido concordante con una tendencia hacia el bien común y hacia la dignidad de la condición humana como fundamento del orden ciudadano y como propósitos elementales del ejercicio del poder.
Juan Granados Valdéz, en su ejercicio titulado “El multiculturalismo amenazado hasta en la sopa”, desde un enfoque holístico de la cultura, somete a discusión el problema del riesgo cernido sobre las culturas de los pueblos en cuanto a sus costumbres alimentarias —un multiculturalismo gastronómico—, por los modelos unidimensionales promovidos desde un capitalismo liberalista dirigidos a la imposición y adaptación de los seres humanos, a hábitos culinarios y estilos de vida determinados por las necesidades de la reproducción de la fuerza de trabajo y la de fabricar seres humanos dispuestos al trabajo por la mediación de dispositivos ideológicos de mercado. El autor propone una lectura del fenómeno a partir de las situaciones paradójicas derivadas de la fórmula de la mcdonalización alimentaria, traducida en una reducción categórica de los nutrientes básicos requeridos por la condición orgánica de lo humano, y en la amplificación alarmante del círculo del hambre derivada de la organización del conjunto de los intercambios por la mediación de la unidad básica del mercado, operada en ese ámbito por la producción transgénica. Más allá de considerar el comer como un aspecto biológico, económico y político, Granados Valdéz nos invita a situarlo en su dimensión ética, por tanto cultural, y por tanto filosófica.
El argumento nodal del trabajo de David Juárez Castillo, “Contra la interdisciplina:la ciencia en Lévi-Strauss”, aparece dirigido en oposición a los criterios de fragmentación de la acción humana en los cursos de análisis o estudio de la misma. Juárez Castillo nos sugiere abordar ese problema en una toma de distancia respecto de la división operada en el terreno de las disciplinas cognitivas, en virtud de que se asiste en ello —en las acciones de los seres humanos— al ámbito de un fenómeno integral. A partir de esto, el interés por la cuestión de la multiculturalidad debe dirigirse a la búsqueda de universales donde no aparezca parcializada la comprensión de lo diferente, donde el horizonte de su lectura se amplíe a la complejidad de sus relaciones e intersecciones. Por eso señala el autor, la multiculturalidad debe ser enfocada como una vía de acceso antropológica a la reflexión filosófica; de ahí el necesario emplazamiento a ver en el pensamiento de Lévi-Strauss sobre la ciencia, un modelo de lo universal sólo conocido de manera particular, lo que lleva a considerarlo como un aporte ejemplar pertinente para pensar el problema planteado.


Cristina M. G. García Rendón Arteaga, en su ejercicio “El diálogo intercultural como encuentro con el otro”, discute con autores como Panikkar, Enrique Dussel y Fornet-Betancourt, en torno de uno de los problemas apremiantes del tiempo contemporáneo, el de la viabilidad del intercambio dialógico en el margen de la diversidad cultural. Para la autora, la realidad intercultural se ofrece al modo de una oportunidad para el aprendizaje de cuestiones indispensables a la preservación de la vida en común, una orientación hacia la creación de ambientes de colaboración entre lo diferente. Los intercambios dialógicos constituyen el puente para el encuentro de la diversidad. Pero contrariamente a esa tendencia, nuestros procesos de subjetivación se presentan como obstáculos decisivos para la apertura hacia esa posibilidad. El movimiento de nuestra coexistencia es desplegado en una actitud de negación de la otredad, de cierre hacia sus juicios y razones; la palabra de cada uno se juega principalmente en la posesión de la verdad absoluta. Entonces, desde el criterio de García Rendón Arteaga, la apuesta debe dirigirse a la creación de espacios propiciatorios del arte del diálogo, de la conversación afectuosa, de la disposición al comercio con las palabras, lo que supone una formación humana en el reconocimiento y respeto por lo diferente.


Francisco Javier Larios aborda el problema de lo cultural a partir de una de sus manifestaciones decisivas, la creación literaria. El tema tocado por su trabajo concierne a la crítica minuciosa, responsable, llevada a cabo sobre el trabajo poético de José Gorostiza Muerte sin fin, integrante distinguido del notable círculo intelectual de Contemporáneos, y referente obligado en la alusión a la literatura mexicana actual. A la manera de ejercer la tarea de interpretación de Cuesta sobre la creación poética de José Gorostiza, propone Larios titularla “Modelo Jorge Cuesta”, una especie de paradigma que emerge del ejercicio continuado de crítica sobre el arte de la literatura de México del tiempo posterior a la revolución. El mérito de Cuesta, desde el argumento de Francisco Javier Larios, es haber dispuesto el sustento para la crítica hermenéutica contemporánea, un trabajo escasamente conocido que por su relevancia para la ampliación de los niveles cognitivos sobre la cultura mexicana, debe ser analizado y valorado en sus alcances plausibles. Asimismo, “El modelo de interpretación de Jorge Cuesta a ‘Muerte sin fin’ ”, aborda el procedimiento característico asumido por la gente de Contemporáneos, el rigor y la disciplina expresados en sus producciones intelectuales.


Zazhil Citlalli Rico Medina, propone una interpretación de la diversidad cultural desde los juegos nominativos a partir de los cuales se asigna la distribución de las cosas, la organización de los espacios y de los papeles desempeñados por lo humano en la vida social. Desde ese argumento, la autora analiza una figura particular en el movimiento cultural, el payaso, que lo mismo se ofrece bajo el nombre de Augusto, Saltimbanqui, Pierrot, Doctor, Pantaleón, Arlequín, Polichinela. Un cuadro real donde la máscara marca la pauta de los cursos dados en las formas de coexistencia humana; la vida social humana constreñida al desempeño de una función determinada fundamentalmente por la obsesión del poder
Juan Francisco Novoa Acosta, sugiere una lectura de la dinámica cultural a partir del horizonte de pensamiento abierto desde el giro lingüístico hasta la corriente fenomenológica situada en el análisis del lenguaje cuyo mejor exponente ha sido el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty. La ampliación de la posibilidad de reformular y repensar el problema de la cultura, dibujada a partir del aporte merleaupontyano, sus despliegues relativos, variopintos, tiene en el conveniente de insertar en la mesa de discusión a la educación, considerándola parte fundamental de dichos despliegues, una de sus perspectivas más prometedoras. Lenguaje, educación y cultura. Una aproximación Merleaupontyana, muestra, por una parte, los límites, los alcances y conflictos de la sucesión de giros, además del ya mencionado, el pragmático, pragmático-trascendental y hermenéutico, donde se hace necesaria la continuidad del trabajo reflexivo sobre el lenguaje y su relación con la cultura. Por otra parte, expone la vasta oportunidad que ofrece la filosofía de Merleau-Ponty en cuanto a su preocupación incesante por ligar el lenguaje a los cursos del poder creativo, para repensar desde una perspectiva distinta los recorridos de las culturas, promoviendo la incidencia sobre la praxis educativa con la motivación de acentuar la pertinencia de horizonte, y vislumbrar un nivel de concreción en la educación que estimule a su advenimiento; a pesar de que  éste último ámbito no fue un tema propio de su interés.
Finalmente, Nicolás Gerardo Contreras Ruiz, desde el apoyo brindado por la actividad crítico-escritural de José Revueltas, plantea una lectura de la relación pensamiento mítico-religión, en un sentido positivo, ajeno al que le asignara el marco de los esquemas de la tradición ortodoxa marxista y positivista. El autor afirma, que una interpretación en ese sentido se advierte en los trabajos revueltianos sobre la vida indígena, particularmente en su relato a propósito del mundo yaqui, donde ambos fenómenos son situados en el margen de lo vital y activo de la vida humana, que les lleva a un vínculo obligado con el plano de la cultura. En este sentido, la escritura revueltiana permite un deslizamiento hacia una mirada alterna en torno de esas expresiones socioculturales respecto de su instalación en el campo del poder, de la dominación. La experiencia religiosa y su traducción en el leguaje oblicuo, lateral, poético del mito, conforman una negación de la ubicación del plano de lo sagrado bajo la estrechez de miras del enfoque que le asimila a una entidad con atributos humanos, y cuyo significado primordial se asienta en la violencia, en el terror, en la intimidación. El Dios iracundo, colérico y trascendente de las teologías naturales que disuelve el sentido cultural simbólico de lo divino, su connotación, su evocación más amplia, en prácticas de fuerza orientadas a la instalación de relaciones de dominio-subordinación, y concretando una de las maneras de enajenación de la vida humana y de la cultura. Para Contreras Ruiz, la interpretación deslizada desde una revisión crítica de la percepción de Revueltas a propósito del universo yoreme, de sus formas de ver el mundo y sus cosas, cobra traducción pertinente en una mirada sobre el plano religioso y el discurso mítico que le sustenta, que les dispone no ya bajo la categoría de formas ideológicas que legitiman relaciones de dominación, sino como aspectos decisivos del orden simbólico de lo cultural, como unidades donde tiene lugar el despliegue de la capacidad de imaginar y, con ello, de crear de la vida humana.

 
Nicolás Gerardo Contreras Ruiz.
UMSNH-Instituto de Investigaciones Filosóficas “Luis Villoro” 


1 Carlos Pereda, Crítica de la razón arrogante, México, Taurus, 1999.

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