DEBATE DEL MULTICULTURALISMO Y FILOSOFÍA. MIRADAS CRUZADAS.

Nicolás Gerardo Contreras Ruiz
Juan Francisco Novoa Acosta

EL MULTICULTURALISMO AMENAZADO HASTA EN LA SOPA.  Juan Granados Valdéz

Grado académico: Licenciado en filosofía por la Facultad de Filosofía de la Universidad Autónoma de Querétaro; pasante de Maestría por la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Autónoma de Querétaro
Adscripción: Universidad Autónoma de Querétaro, Ateneo Educativo de Formación Integral A.C.
E-mail: miguelfuego2@hotmail.com
Teléfono: 01442-3233894
Mesa de trabajo: Debate del multiculturalismo y filosofía

Resumen

Admitiendo con Alejandro Tomasini Bassols que la filosofía es una “reflexión de la cultura”, no pueden dejarse de lado -y menos cuando de lo que se trata es de la multiculturalidad amenazada por un modelo unidimensionalizante (H. Marcuse)- las manifestaciones culinarias de los pueblos, expresiones culturales de estos. La alimentación, como destaca el filósofo español Daniel Innerarity, es un asunto de política y de moral, en el momento en el que se lleva a cabo el acto de comer, pero no reducido a él. La obtención, selección, preparación y desecho de los alimentos revelan los antecedentes morales y políticos de quienes los llevan a cabo. El liberalismo capitalista atenta contra (violenta) el multiculturalismo gastronómico. Los países ricos acaparan los recursos, imponen –mcdonalización- un estilo de vida que garantiza la reproducción no sólo de la fuerza de trabajo (Marx) sino la disponibilidad para el trabajo mediante aparatos ideológicos de mercado (L. Althusser) contradictorios: la fast food, por ejemplo, se opone a la promoción de una vida sana (dieta balanceada, deporte, convivencia con “gente sana como tú”). Más aún el discurso pro-minorías se ve rebasado contradictoriamente por un discurso anti-otras-minorías: contra los gordos, calificados de improductivos. De esto es de lo que se tratará en esta comunicación.

La filosofía como reflexión de la cultura -ésta en sentido amplio (entiéndase todo producto humano)- no puede dejar de lado la alimentación, la producción de sustento, las manifestaciones culinarias y los usos y costumbres alimentarios de los pueblos. En esta comunicación nos proponemos presentar una breve reflexión (filosófica) sobre la amenaza al multiculturalismo en estos rubros.
Como se sabe hay ciertos productos agrícolas, ingredientes ellos de platillos de consumo recurrente en nuestro país, que se reconocen como originarios, en algunos casos, o domesticados, en otros, de México. Otros, aclimatados a estas tierras, han conseguido arraigo, sobre todo, en el gusto de la gente desde hace años. No todo, empero, lo que se consume en estas latitudes en la actualidad es de origen mexicano. Estudios del 20081 muestran que México importa 50.2 de cada 100 kilogramos de trigo que consume al año; compra en el exterior 23.6 de cada 100 kilogramos de maíz que necesita y también importa 75 de cada 100 kilogramos de arroz. Súmese que el 76% de la población (de 105 millones de habitantes para esas fechas) vive en ciudades, es decir, no produce alimentos. Por otro lado, recientemente (01/09/2011) Francisco Mayorga Castañeda, secretario de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Alimentación, en conferencia de prensa (con ocasión del quinto informe de actividades), comentó que los focos rojos en el sector agropecuario están en la producción de granos forrajeros (oleaginosas, sorgo y maíz amarillo), pues en el resto de granos, frutas, hortalizas y verduras hay suficiente producción  nacional. Aunque, no dejó de hacer notar, 1 millón de hectáreas se dañaron por las heladas al principio del año en curso, la mitad en Sinaloa (Estado conocido como “el granero de México”) y 85 mil más a mitad de año en Tlaxcala, Puebla e Hidalgo, sin contar con que el norte del país padece de sequía. A lo dicho las contradicciones se suman. Apuntó que México, por políticas anteriores y por el impedimento de sembrar transgénicos, no tiene el suficiente desarrollo tecnológico para producir sus semillas. Y los precios de los alimentos seguirán a la alza, “debido al incremento de los costos de los insumos y a la volatilidad de los precios internacionales”2. Tan sólo en un año el maíz ha incrementado su precio en un 100%, la soya un 80 y el huevo un 70. En otro asunto, la autorización de megaproyectos económicos como la siembra experimental de maíz transgénico y la construcción de complejos turísticos en zonas de riqueza natural fue realizada sin violar ninguna disposición legal, y sin presiones de ningún tipo, aseguró el titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), Juan Rafael Elvira Quesada, que indicó, también, “que el objetivo no es promover un conservacionismo al cien por ciento que no permita tocar para nada los recursos naturales, sino hacer un uso racional de ellos”3.
Nos parece que la tendencia internacional (al menos para México) es clara: un país no puede producir todo lo que consume (en ambos sentidos: porque no puede y porque no debe); es ineludible la dependencia de otros países; la vida activa, competitiva y productiva se desarrolla en las ciudades; las políticas anteriores impiden el desarrollo (el progreso, puede leerse) porque hoy no se tiene la tecnología adecuada, pero se aspira a ella (por ejemplo, la aprobación de siembre experimental de maíz transgénico); la tecnología determina el estatus de las naciones; el turismo y la explotación moderada del medio ambiente (hacer uso racional de él, dijo el titular de Semarnat) se invoca como salvación del país; la alza y la baja de precios de los alimentos se subordina a las crisis internacionales, a la especulación desenfrenada en la bolsa de valores, al megaproyecto neoliberal de hacerlo todo mercancía y mercado.
A esto se refería Herbert Marcuse, en 1954, en su Hombre unidimensional, donde distinguía dos dimensiones, una social, otra individual. La primera, auguraba, estaba absorbiendo la primera. Destacaba –y pensamos, con validez actual- que el aparato técnico de producción y distribución no funcionaba como la suma de meros instrumentos aislados de sus efectos sociales y políticos, sino como un sistema que determina de antemano el producto y las operaciones para servir y extender el aparato. En esta sociedad (la norteamericana en ese entonces, la global en nuestros días) el aparato tiende a hacerse totalitario, tiranizante, pues fija las ocupaciones, aptitudes y actitudes socialmente necesarias, lo mismo que las necesidades y las aspiraciones individuales4.
El liberalismo capitalista atenta contra el multiculturalismo gastronómico, contra las aspiraciones “particulares” de los pueblos y las culturas. Los restaurantes de alta cocina, por ejemplo, serían los únicos con los recursos adquisitivos como para conservar la cultura gastronómica de las distintas regiones de México. Dicho de otra forma: las manifestaciones culinarias regionales (los platillos típicos) conformantes de la cocina mexicana, propiedad intelectual y cultural del pueblo, no podrían ser ya cultivados por las clases sociales desposeídas porque los ingredientes necesarios para prepararlos o serían incosteables o los productores de dichos ingredientes los venderían al mejor postor. Piénsese tan sólo en el huitlacochi o los escamoles que, ya hoy, son productos de lujo. La tendencia convertirá los antojitos mexicanos o en fast-food o en platillos exóticos para turistas ávidos de probar cosas distintas (no todos lo quieren).
Los mercados, recintos sagrados de la compra-venta regateada de productos alimentarios, han sucumbido ante los supermercados. Los precios, por más que la campaña publicitaria de las distintas cadenas haga parecer que unos más, unos menos, se esfuerzan por dar el mejor precio, ya no depende de quién produce, sino de del distribuidor del distribuidor. Los productos enlatados, empaquetados y resguardados se caracterizan por su calidad. Hay que decir que esa calidad es la estándar. ¿La normal? La igual. Si todo está estandarizado, da igual qué comprar. Lo estandarizado y lo orgánico se contradicen, por poner otro ejemplo. Lo primero está a la mano de muchos, que no de todos, a lo segundo sólo acceden los menos. Los costos entre uno y otro productos es la razón.
Las contradicciones, pues, de este modelo de unidimensionalización o macdonalización de la cultura radican en que niega la posibilidad de otro modelo económico y demuestra que él es insuficiente para dar solución a todos los problemas que se presentan en el mundo, niega la multiculturalidad y demuestra su incapacidad para anularla y niega, desde la perspectiva alimentaria, el hambre (intenta, por lo menos, erradicarla) y demuestra que no lo ha logrado.
Y ya que de hambre se habla, cada año, como se sabe, la Organización de las Naciones Unidas para la alimentación y la agricultura (FAO), presidida por Jacques Diouf, celebra la Jornada Mundial de la Alimentación. El papa Benedicto XVI, desde 2005, ofrece un Mensaje con ocasión de cada una de ellas5. Los hasta ahora publicados insisten en que el hambre y la desnutrición figuran entre los escándalos más graves de la vida humana actual. En este sentido el Papa llama la atención de la comunidad internacional, en ellos, sobre este asunto: “uno de los desafíos más graves de nuestro tiempo: [es el de] liberar del hambre a millones de seres humanos, cuyas vidas están en peligro por falta del pan cotidiano” dijo en 2007.
El Sumo Pontífice expresa, en el Mensaje de 2005, que el hambre no depende únicamente de la geografía, el clima o las circunstancias desfavorables que afectan las cosechas, “También la provoca el hombre mismo y su egoísmo, que se traduce en carencias en la organización social, en la rigidez de estructuras económicas muy a menudo destinadas únicamente al lucro, e incluso en prácticas contra la vida humana y en sistemas ideológicos que reducen a la persona, privada de su dignidad fundamental, a un mero instrumento”.
Estas causas, muy humanas (las carencias en la organización social, la rigidez de las estructuras económicas y las prácticas contra la vida humana) se suman a las condiciones naturales adversas y a las calamidades naturales. La pobreza y la desnutrición son sus consecuencias. Para el Papa, en su Mensaje del 2006, el egoísmo, el hambre de poder y dinero, trastorna el orden natural de la creación y pone en peligro el respeto a la dignidad humana. Económicamente este egoísmo (de empresas, estados o países y, por supuesto, de individuos) se traduce en la “especulación desenfrenada” que condiciona los mecanismos de los precios y del consumo, haciendo imposible para muchos la adquisición de productos alimenticios. Es patente que la creciente globalización de los mercados no siempre favorece la disponibilidad de los alimentos y los sistemas productivos se ven condicionados por políticas proteccionistas y especulaciones que dejan al margen a muchos. A pesar de los esfuerzos realizados hasta ahora por las agencias nacionales e internacionales, no se ha visto disminuido significativamente el número de hambrientos en el mundo, a pesar de que se reconoce que la alimentación es un derecho primario.
La solución al hambre, sugiere en el Mensaje de 2008, va más allá de un simple estudio científico:
Una campaña eficaz contra el hambre requiere, por tanto, mucho más que un simple estudio científico para afrontar los cambios climáticos o para destinar en primer lugar la producción agrícola a la alimentación. Es necesario, ante todo, redescubrir el sentido de la persona humana, en su dimensión individual y comunitaria, a partir del fundamento de la vida familiar, fuente de amor y afecto, de la que procede el sentido de solidaridad y la voluntad de compartir. Este planteamiento responde a la necesidad de construir relaciones entre los pueblos basadas en una disponibilidad auténtica y constante para hacer que cada país sea capaz de satisfacer las necesidades de las personas, pero también de transmitir la idea de relaciones basadas en el intercambio de conocimientos recíprocos, de valores, de asistencia rápida y de respeto.
Se trata de un compromiso en favor de la promoción de una justicia social efectiva en las relaciones entre los pueblos, que exige que cada uno sea consciente de que los bienes de la creación están destinados a todos y de que en la comunidad mundial la vida económica debería orientarse a compartir estos bienes, a su uso duradero y a la justa repartición de los beneficios que se derivan.
La lucha contra el hambre no dará sus frutos hasta que no se acepte que para combatirla resultan insuficientes los cálculos tanto tecnológicos como estadísticos, hasta que no se asuma el factor humano, hasta que no se pongan a la base la solidaridad y la justicia, hasta que no se decida cambiar, de nuevo, el sistema de valores.
El Mensaje de 2009 señala que la Iglesia Católica se une al esfuerzo de la FAO y las agencias de acción nacionales e internacionales en la lucha contra el hambre y recuerda el llamamiento firme, inspirado en el Evangelio, se auto-impuso, “Da de comer al que se está muriendo de hambre, porque si no le das de comer, lo matarás” (Decretum Gratiani, c. 21, d. LXXXVI). Si fuera el caso no sólo no se cumpliría el derecho humano a la alimentación, sino también el derecho a la vida.
La obtención, selección, preparación y desecho de los alimentos revelan los antecedentes morales y políticos de quienes las llevan a cabo. El liberalismo capitalista atenta contra el multiculturalismo gastronómico. Los países ricos acaparan los recursos, imponen –macdonalización- un estilo de vida que garantiza la reproducción no sólo de la fuerza de trabajo (Cfr. Marx) sino la disponibilidad para el trabajo mediante aparatos ideológicos de mercado (Cfr. L. Althusser) contradictorios, como se ha visto. La alimentación es un asunto de política y de moral y de ética, en el momento en el que se lleva a cabo el acto de comer, pero no reducido a él.
 “La frase de Bertolt Brecht ‘primero es el comer y luego viene la moral’ ha quedado obsoleta. La justicia es hoy, ante todo, alimentaria. La moral se ha desplazado desde el dormitorio al comedor”6. Así inicia su artículo “Comerse el mundo” el filósofo español Daniel Innerarity.
En la food justice, dice, confluyen todas las exigencias y obligaciones morales y respecto a la naturaleza. Comer ya no es un acto privado, aislado de la ética y la política, irrelevante en estos aspectos, sino una práctica “en la que literalmente nos comemos al mundo”. Decidir qué comer es decidir cómo queremos vivir y qué clase de mundo queremos habitar.
En la justicia alimentaria, reconoce Innerarity, se concentra buena parte de nuestros principales dilemas éticos y políticos: los problemas de alimentación de la creciente población mundial, la sobrecarga ecológica del planeta, la supresión del hambre mediante transgénicos, la alimentación insana, la agricultura sostenible, una política respetuosa del ambiente y los derechos humanos, etc. La provisión de alimentos por primera vez en la historia permite que los consumidores de los países ricos puedan comer lo que quieran. Esta particularidad obliga a formular principios éticos en orden a la universalización de los bienes.
            Pero todo comienza con cada individuo. Si se desea un mundo distinto, más equitativo, no debe perderse de vista que los pequeños cambios diarios, desde la sopa que se come, lo posibilitan. Al menos así lo cree Daniel Innerarity:
El consumidor está obligado a examinar su conducta de acuerdo con criterios de justicia. El que come debe tomar en consideración el valor de justicia de lo que come, si está producido con equidad, si daña el medio ambiente, si pone en peligro su propia salud y se convierte por ello en una carga para otros, si lo hace responsablemente examinando sus consecuencias globales. Mejorar el estado de la alimentación mundial no está al alcance de uno solo, por supuesto, pero tampoco de los grandes poderes; las autoridades políticas y económicas no pueden nada sin los seres humanos, sin los consumidores y sus microdecisiones cotidianas
[…]
Las costumbres alimenticias permiten al individuo configurar el tipo de vida que desea para sí y modificar su relación con el mundo. Cada uno de nosotros, en el ámbito de su conducta alimentaria, puede llevar a cabo una mejora del mundo, inapreciable pero insustituible. Comer es hoy un acto político global, una verdadera conspiración revolucionaria. Nuestras decisiones cotidianas en esta materia configuran el mundo, para bien o para mal. Brecht no hubiera formulado aquella simplificadora oposición de haber sabido que, actualmente, el comer se ha convertido en un asunto moral, en una cuestión de ciudadanía.
            Se puede o no estar de acuerdo con la Iglesia Católica, con el Papa, en cualquier otra cosa, pero el llamamiento a la solidaridad y la justicia y la negación del egoísmo pueden compartirse, incluso, como valores laicos. La coincidencia entre la propuesta pontificia y la del filósofo español en esto se parecen. Sentir hambre para el ser humano adquiere tal importancia que lo requiere total y conscientemente, que lo emparenta con otros hombres, porque es él el que siente hambre y siente que siente hambre. Porque es él el que comparte el hambre con otros. Porque el hambre de justicia o de poder no es de uno, sino de todos. La decisión para satisfacer una u otra recae en los hombros de cada uno.
El hambre como criterio de multiculturalidad (están los que la padecen y los que no) o como lo único que no puede ser multicultural.
La alimentación es asunto de política; La alimentación es asunto de economía; La alimentación es asunto de moral y ética; La alimentación es asunto de cultura: tradición y costumbre; La alimentación es asunto de filosofía; La alimentación es un asunto de la cultura, es un asunto multicultural. Y como se ha tratado de mostrar, la multiculturalidad está amenazada hasta en la sopa.

Santiago de Querétaro, Querétaro, septiembre de 2011.

1 Roberto González Amador, “México es dependiente de importaciones de maíz, trigo y arroz, advierten especialistas”.  Jueves 8 de mayo de 2008, en http://www.jornada.unam.mx/2008/05/08/index.php?section=economia&article=026n2eco. Datos recabados por la Unidad de Tendencias Globales del BBVA.

2 Matilde Pérez, “Producción agrícola satisfará mercado interno: Sagarpa”. Jueves 1 de septiembre de 2011, en http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2011/09/01/141413119-produccion-agricola-satisfara-mercado-interno-sagarpa/?searchterm=maíz.

3 Fernando Camacho Servín, Dentro de la legalidad, proyectos sobre transgénicos y turísticos: Semarnat”. Jueves 1 de septiembre de 2011, en http://www.jornada.unam.mx/ultimas/2011/09/01/1496321-dentro-de-legalidad-proyectos-sobre-transgenicos-y-turisticos-semarnat/?searchterm=maíz.

4 Cfr. Herbert Marcuse, El hombre unidimensional. Barcelona: Seix Barral, 1968 (1ª ed. 1954).

5 Cfr. Juan Granados Valdéz, “Sentir hambre: mensajes del papa Benedicto XVI con ocasión de la Jornada Mundial de la Alimentación”. Ponencia con la que se participó en el II Congreso de investigadores en Gastronomía, “La gastronomía en cuestión”, celebrado en Querétaro, Qro. (IGES), del 24 al 26 de junio de 2009. Las fuentes consultadas fueron: MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI AL DIRECTOR GENERAL DE LA FAO CON OCASIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN , Vaticano, 12 de octubre de 2005, © Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana. MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI AL DIRECTOR GENERAL DE LA FAO CON OCASIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN , Vaticano, 16 de octubre de 2006, © Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana. MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI AL DIRECTOR GENERAL DE LA FAO CON OCASIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN , Vaticano, 4 de octubre de 2007, © Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana. MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI AL DIRECTOR GENERAL DE LA FAO CON OCASIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN , Vaticano, 13 de octubre de 2008, © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana. MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS PARTICIPANTES EN LA CUMBRE DE LA FAO CELEBRADA EN ROMA, Vaticano, 2 de junio de 2009, © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana. MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI AL DIRECTOR GENERAL DE LA FAO CON OCASIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN , Vaticano, 12 de octubre de 2005, © Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana.  MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI AL DIRECTOR GENERAL DE LA FAO CON OCASIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN , Vaticano, 16 de octubre de 2006, © Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana.  MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI AL DIRECTOR GENERAL DE LA FAO CON OCASIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN , Vaticano, 4 de octubre de 2007, © Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana. MENSAJE DEL PAPA BENEDICTO XVI AL DIRECTOR GENERAL DE LA FAO CON OCASIÓN DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN , Vaticano, 13 de octubre de 2008, © Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana.  MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS PARTICIPANTES EN LA CUMBRE DE LA FAO CELEBRADA EN ROMA, Vaticano, 2 de junio de 2009, © Copyright 2009 - Libreria Editrice Vaticana.

6Daniel Innerarity, “Comerse el mundo”. El País. Tribuna – 30/07/2008  en http://www.unizar.es/innerarity/comerse-el-mundo.html. Copyright © 2003-2005 Daniel Innerarity. Ésta y las siguientes citas son de este documento.

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